Lexique

ESCLAVITUD (HISTORIA)

El posicionamiento del clero vasco. Admitida esta doctrina por parte de la Iglesia oficial, no debió constituir un escándalo para la sociedad vasca que importantes jerarquías eclesiásticas de Iruña tuviesen esclavos entre su servidumbre, o que algunos sacerdotes dispusieses de esclavos a su servicio. El hecho de que fueran civiles los dueños de esclavos ofrecía, obviamente, menos problemas de conciencia al clero vasco.

Este, según se deduce de actuaciones puntuales pero muy significativas, consideraba que poseer esclavos era algo que no chocaba con la religión cristiana, antes bien, defendía los derechos de los dueños que los poseían. El verano de 1616 se produce en el río Bidasoa un sorprendente episodio en el que están implicados dos esclavos y del que resultan testigos cuatro clérigos. Estos habían salido a dar un paseo en barca con el ánimo de gozar del fresco de la ría, cuando observaron a dos esclavos fugitivos. La fuga les llevó a transmitir los oportunos avisos, sintiéndose, según confesaron, en el deber de denunciar el hecho y colaborar a la captura de quienes buscaban su libertad superando el río Bidasoa.

Una reacción semejante se produjo en Zestoa, el año 1555, cuando un adolescente negro se fugó de la torre donde el Alcalde de Hermandad lo tenía preso. Para apresar al fugitivo no se dudó en recurrir al repique de campanas de la iglesia para alertar a los vecinos y movilizar a la población a la persecución del negrito.

Una señal de la naturalidad con que el clero admitía la presencia de esclavos en Euskal Herria se observa en los libros sacramentales, donde es bastante frecuente encontrarse con noticias de bautizos de esclavos negros ya adultos, así como de recién nacidos que, obviamente, pasaban a formar parte de la hacienda de los dueños de las madres esclavas.