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Historia del País Vasco. Prehistoria

Información complementaria


         · Historia del País Vasco
         · Prehistoria
         · Edad Antigua


         · Edad Media
         · Edad Moderna
         · Edad Contemporánea


Ya que no se conocen restos antropológicos, la presencia humana durante el Achelense está avalada únicamente por vestigios arqueológicos recuperados. A partir de ellos, se calcula que los primeros humanos aquí conocidos remontan a unos 200.000 años, pero teniendo en cuenta procesos de hominización que se dieron con anterioridad cerca de nuestro entorno, se puede suponer una aparición más temprana en algunos lugares de nuestra geografía.

La etapa más desconocida de nuestra Prehistoria únicamente la conocemos a partir de unos pocos restos arqueológicos (sobre todo bifaces de sílex o de cuarcita). Éstos, por lo general, aparecen en terrazas fluviales y se pueden agrupar en tres conjuntos: los restos aislados de Vizcaya y de Guipúzcoa (los restos del yacimiento de Irikaitz pueden ser la excepción), los aparecidos en las terrazas de los afluentes del Ebro, unos como evidencias aisladas y otros en contextos más densos (el conjunto de la cuenca de Pamplona, del embalse de Urrúnaga y algunos de Urbasa), y los recuperados en la zona costera de Lapurdi y orillas del Adour.

En Europa el Paleolítico Inferior se suele dividir en dos amplias etapas: el Paleolítico Inferior arcaico (por el momento desconocido en nuestro entorno) y el Achelense. Si esta última duró unos 300.000 años, en nuestro territorio únicamente se conocen sus últimas etapas (desde fines del Riss hasta principios del Riss-Würm), que abarcan el período que va del 150.000 al 75.000.

Para sobrevivir, los grupos humanos de entonces practicaban actividades depredadoras (caza y recogida de frutos silvestres) agrupados en grupos de gran movilidad. Entre los animales más cazados se encuentran uros, caballos, ciervos y, en alguna ocasión, elefantes. Emplearon el fuego para cocinar y calentarse, y los lugares de habitación se encuentran preferentemente al aire libre, ya sea cerca de playas o en terrazas fluviales, ya sea en lomas pequeñas y zonas de cuesta que dominan valles cerrados.

Estos humanos manifiestan una habilidad considerable para trabajar el sílex y otras rocas duras. Entre los objetos más significativos está el bifaz, además de las raederas, puntas, discos, etc. Aquellos útiles les permitían matar presas, descuartizarlas, trabajar el cuero, la madera, etc.

Ya que los restos arqueológicos recuperados son mucho más abundantes, el Musteriense se conoce bastante mejor. Además, en algunos yacimientos se han recuperado restos humanos neandertalenses, como en Axlor, Arrillor, Olha, Isturitz y Lezetxiki (el conocido húmero femenino).

El musteriense se desarrolla entre fines del Riss-Würm y primeras etapas del Würm (I y II).

Entre los yacimientos más significativos están Murba, algunos de Urbasa, Axlor, Lezetxiki, Olha I y II, Isturitz y Gatzarria.

Los grupos humanos optan por habitar en cuevas y abrigos rocosos, y al aire libre, ya sea en litoral marino, ya en terrazas fluviales. Algunas habitaciones se encuentran en parajes abiertos (Isturitz y Murba) y otros en parajes accidentados, cuencas cerradas y entornos abruptos (Lezetxiki, Axlor, Arrillor, Amalda...).

Trabajan el sílex y la cuarcita con suma habilidad consiguiendo un utillaje más pequeño y de tipología más amplia. Estos útiles, se relacionarían, sobre todo, con actividades cinegéticas: servían para matar presas, despellejarlas, descuartizarlas, desgrasarlas, fracturar y abrir huesos, trabajar la madera... Las puntas, raederas, "cuchillos", denticulados y otros útiles hay que relacionarlos con esos trabajos. Practicaban la caza en grupos; de otra manera no se entiende la facultad que tenía aquella gente para cazar animales de gran talla como los rinocerontes, mamuts, bisontes y otros. A la hora de cazar supieron aprovechar las posibilidades que les brindaba la naturaleza (cuencas cerradas, zonas pantanosas y abruptas...). En ocasiones el lugar de habitación se encuentra en zonas de caza abundante (Lezetxiki, Axlor, Gatzarria...).

A pesar de que el número de yacimientos es muy superior, los restos humanos de cromañones recuperados son muy escasos. Entre los más importantes, además de Erralla, se encuentra Isturitz.

Esta etapa se desarrolla en la segunda parte del Würm (III y IV). El clima, por lo general, es frío y seco, con alternancias de épocas más cálidas y húmedas. Según estudios realizados se ha podido establecer que en los momentos más fríos (fines del Würm III) la temperatura media anual sería unos 12º inferior a la actual, y en consecuencia, el nivel del mar estaría en torno a 120 metros por debajo del actual. Por frío extremo la expansión de la especie humana estuvo limitada en zonas altas y del interior; por el contrario, al ser la zona litoral más amplia que la actual, los grupos humanos tuvieron en ella una zona adecuada para vivir (posiblemente algún yacimiento se encuentra hoy bajo el nivel del mar).

Del mismo modo, la fauna y flora tuvieron que sufrir los rigores del clima frío, cambiando y adaptándose a las condiciones imperantes. La fauna periglaciar de la Europa boreal (mamut, rinoceronte lanudo, reno...) apareció en algunos puntos de nuestra geografía, sobre todo en el País Vasco continental; no obstante, cabras monteses, sarrios, bisontes y ciervos fueron los animales más abundantes.

Secuenciación del Paleolítico Superior: Los yacimientos más significativos.

  1. Paleolítico Superior Inicial o Auriñaco-Gravetiense (35.000-18.000). Entre los yacimientos más importantes están los siguientes: Aitzbitarte IV, Amalda, Labeko Koba, Lezetxiki, Bolinkoba, Laperrako Benta, Lumentxa, Santimamiñe, Mugarduia sur, Alkerdi, Isturitz, Gatzarria y Le Basté.
  2. Paleolítico Superior Medio o Solutrense (18.000-15.000): Aitzbitarte IV, Amalda, Ermittia, Antoliña, Bolinkoba, Santimamiñe, Koskobide, Isturitz, Haregui...
  3. Paleolítico Superior Final o Magdaleniense (15.000-8.500): Antoliña, Lumentxa, Santimamiñe, Aitzbitarte IV, Ekain, Ermittia, Erralla, Urtiaga, Abauntz, Berroberria, Zatoia, Isturitz...

Además de los citados yacimientos hay otros muchos, algunos en vías de excavación y estudio. Entre todos ellos hay que subrayar el de Isturitz por su gran riqueza: para algunos, uno de los yacimientos más importantes de Europa.

Los útiles líticos son cada vez más ligeros y estilizados, y los de asta o hueso conocen un incremento extraordinario (azagayas, agujas, arpones...).

Como lugares de habitación optaron por cuevas y abrigos rocosos, habiendo entre ellos algunos que los utilizaron como vivienda permanente y otros como vivienda estacional en lugares de caza.

El País Vasco, con su repertorio de ecosistemas y paisajes diferentes, ofrecía recursos numerosos para la práctica depredadora. Durante el Paleolítico Superior la caza manifiesta un proceso de especialización: si durante la mayor parte de este período la caza era oportunista (se cazaba indiscriminadamente), en el Magdaleniense se cazan las especies previamente seleccionadas. La dieta se complementaba a base de frutos silvestres, y en las zonas litorales el marisqueo aportó una ayuda estimable. Esas actividades, además de solucionar el problema de subsistencia, aportaban materias para fabricar vestidos, calzados, colgantes y otros adornos.

Las diversas manifestaciones artísticas de esta época se desarrollaron durante un período que dura unos 20.000 años. En nuestro territorio esas manifestaciones se suelen englobar en lo que llamamos arte parietal y arte mueble. El primero de ellos engloba las manifestaciones artísticas que aparecen en el interior de las cuevas: pintura y grabado. Esas manifestaciones aparecen en Vizcaya (Arenaza, Santimamiñe, Venta de Laperra y El Rincón), en Guipúzcoa (Ekain y Altxerri), en Navarra (Alkerdi), en Baja Navarra (Isturitz, Haristoi -Otsozelaia- y Erberua), y en Zuberoa (Etxeberri, Xaxixiloaga y Sinhikole). Las manifestaciones artísticas del Magdaleniense de Santimamiñe, Ekain, Altxerri y Erberua sobresalen sobre las demás.

En lo referente al arte mobiliar, Isturitz ofrece un repertorio espectacular en número y variedad. Haregui, Urtiaga, Lumentxa, Abauntz, Berroberria, Torre, Ekain, etc. ofrecen piezas aisladas pero importantes.

En esta época que duró entre cuatro mil o cinco mil años, la presencia humana está también testimoniada mediante hallazgos antropológicos. Entre ellos merece atención especial el enterramiento de la mujer de Aizpea (Navarra) que apareció prácticamente entera, además de los restos recuperados en el conchero J3 de Hondarribia.

Tras el Würm, durante unos dos mil años, se produjo una lenta evolución climática y cultural. El Preboreal y el Boreal trajeron consigo una cambio climático drástico, ya que terminado el período glacial el clima fue poco a poco adquiriendo características similares a las actuales; por su parte el nivel del mar fue subiendo hasta aproximarse al nivel actual. Como consecuencia, animales adaptados a los rigores extremos del clima frío (el reno y otros) desaparecieron o emigraron hacia el norte; otros (cabra montés, sarrio, caballo) disminuyeron, y algunos se mantuvieron (ciervos) e incluso aumentaron (jabalíes y corzos). La subida del nivel del mar inundando zonas costeras junto con el cambio climático trajeron una serie de cambios que repercutieron en la expansión de la especie humana. La benignidad climática permitió poblar zonas que antes habían estado despobladas (zonas de montaña o regiones muy altas del interior); por el contrario, la invasión del mar restringió otras zonas del litoral que anteriormente fueron ocupadas.

Aitzbitarte IV, Ekain, Ermittia, Marizulo, Urtiaga (Guipúzcoa), Abauntz, Aizpea, Berroberria, Padre Areso, Portugain, Zatoia... (Navarra), Berniollo, Fuente Hoz, Kukuma, Socuevas, Atxaste, Kanpanoste, Montico de Charratu, (Álava), Arenaza I, Atxeta, Atxurra, Bolinkoba, Lumentxa, Santa Catalina, Santimamiñe, Silibranka, Tarrerón, (Vizcaya), Isturitz (Baja Navarra), etc. son algunos yacimientos donde aparece representado este período.

Si las formas de vida no cambiaron demasiado, la tecnología y tipología líticas sí lo hicieron; si, por lo general, los útiles del Aziliense son deudores de los del Paleolítico Superior Final, las nuevas necesidades que la benignidad climática trajo consigo impuso una adecuación a las mismas: el proceso de microlitización siguió, pero el uso de las piezas geométricas se hizo cada vez más abundante.

Como lugares de habitación se siguieron empleando las cuevas, y la mejora climática permitió el uso de los abrigos rocosos en territorios de interior (Álava y Navarra). Además de la caza, la pesca y el marisqueo tuvieron gran importancia. En el Aziliense, no encontramos las manifestaciones artísticas del anterior período.

La diversidad de los ecosistemas de País Vasco posibilitó un poblamiento rápido, y como consecuencia, los grupos humanos aumentaron.

Entre los yacimientos más significativos de esta época se encuentran Abauntz, La Peña, Los Cascajos, Padre Areso y Zatoia (Navarra); Santimamiñe, Arenaza y Kobeaga (Vizcaya); Berniollo, Fuente Hoz, La Renke, Los Husos, Peña Larga y Montico de Charratu, (Álava); Marizulo (Guipúzcoa) y Mouligna (Lapurdi).

En los ritos funerarios se observan cambios: los muertos se entierran en cuevas, dólmenes y túmulos, y por ello la acumulación de restos funerarios en el mismo lugar suele ser frecuente. Como consecuencia, los restos humanos recuperados en esta época son mucho más abundantes que los de épocas anteriores; son cientos los yacimientos que pueden dar información sobre el hombre de aquellos tiempos.

En el País Vasco el proceso neolitizador se dio durante el período climático Atlántico (5.500-2-500 a.C.), siendo éste más cálido y húmedo que el precedente. Comparando con otros lugares de Europa, aquí, la agricultura y la ganadería, se dieron más tardiamente. Si en la Península Ibérica los primeros síntomas se dieron en la zona del Levante en torno al 5.000 a.C., en nuestro entorno los comienzos del proceso neolitizador se retrasarán, a pesar de que algunas poblaciones van conociendo algunas técnicas (cerámica y pulimento) innovadoras propias del período. Habrá que esperar hasta el Calcolítico o Eneolítico (III milenio) para que la agricultura y la ganadería arraiguen definitivamente. La costumbre de vivir en cuevas persiste, pero como consecuencia de la mejora climática, algunos grupos abandonan las mismas y optan por vivir fuera, al aire libre. Poco a poco, y sobre todo al sur de la divisoria de aguas, los grupos humanos conformaron los primeros poblados.

Entre los animales domésticos que se introdujeron están las ovejas, cabras, vacas y el cerdo. Las cerámicas eran de formas ovoides, algunas cerradas y otros abiertas, y por lo general, no tenían ni cuello ni adornos. Además de ese tipo de cerámica común y ordinaria hay excepciones como la aparición de la cerámica cardial que connota relaciones con gentes mediterráneas. La industria lítica de microlitos geométricos pervive con fuerza, pero la aparición y la abundancia de la piedra pulimentada testimonia actividades del nuevo tipo de economía.

El comienzo de la Edad de los Metales está marcado con la aparición del Eneolítico (2.500 - 1.800 a.C.), en el que se dieron un clima (Subboreal) y una vegetación parecidos a los actuales.

Al sur de las divisorias de aguas, sobre todo, la costumbre de vivir al aire libre se irá afianzándose cada vez más. Ahí y en zonas cercanas a grandes ríos (Ebro, Adour...) la agricultura resultará exitosa, impulsando, de esa manera, el proceso sedentarizador. En zonas de montaña, por el contrario, la ganadería (sobre todo el pastoreo de ovejas y cabras) será la que impulsará la economía. Los pastores con sus prácticas nómadas en busca de pastos nuevos reforzaron las relaciones entre los grupos humanos de distintos valles y entre los de ambas vertientes del Pirineo; de ese modo pudieron intercambiar entre ellos innovaciones tecnológicas y culturales, y establecer relaciones comerciales. Alguno ha sugerido que aquellos encuentros pudieron ayudar a establecer un vínculo cultural y lingüístico.

En lo referente a la industria lítica se da el aumento sucesivo de geométricos, puntas de flecha y dientes de hoz. Las hachas pulimentadas también experimentaron un aumento considerable, y al parecer, se emplearon después de cortar el árbol para elaborar vigas, postes, etc.

Las vasijas cerámicas ganaron en complejidad, y el cuello de las mismas se hizo casi habitual. La decoración no solía ser muy rica: algunas adherencias e impresiones digitales. Junto a ellas apareció la cerámica campaniforme, presente prácticamente en todo País Vasco; se suele relacionar su aparición con la llegada de prospectores de mineral; no obstante, la gran escasez de los hachas planas de cobre del Eneolítico sugiere que la metalurgia apareció muy poco a poco.

El empleo de dólmenes como lugar de enterramiento colectivo se convirtió en práctica habitual. Esas construcciones (más de 800 en el país) adoptan formas diferentes. Los más habituales son los dólmenes simples (se componen sólo de cámara) que suelen encontrarse repartidos en zonas de montaña, y se relacionan con prácticas pastoriles. Los que poseen una arquitectura más compleja (además de la cámara, el corredor) son bastante menos numerosos, y se encuentran preferentemente en la Llanada Alavesa (Aitzkomendi), en la Rioja (San Martín) y en la Navarra Media (Farangortea). Al mismo tiempo, las cuevas también se emplearon para enterrar. Los ajuares, en unos y otros, no suelen ser excesivamente ricos: collares simples, abalorios, hachitas pulimentadas, puntas de flecha de sílex, y unos pocos objetos de metal.

El período que transcurre del Eneolítico hasta el Bronce Pleno está subrayado por la expansión del megalitismo, la difusión del vaso campaniforme y el arraigamiento de la ganadería, la agricultura y la metalurgia. Mientras lo citado seguía su curso, se advierten relaciones con algunas culturas de la Península Ibérica y otras de Europa. En el Bronce Final, gentes provenientes de Europa pasaron por nuestro territorio, quedándose algunas en él; su lengua indoeuropea, sus avances tecnológicos y sus costumbres (practicaban la incineración) influyeron en la de los autóctonos.

Al comienzo del primer milenio, la gente que todavía vivía en cuevas opta por dejarlas para ir a vivir en pequeños poblados. Por su parte, los poblados que anteriormente se habían establecido, experimentan un crecimiento considerable.

En el País Vasco la Edad del Bronce está representada en unos 200 yacimientos.

Se ha referido anteriormente que las gentes provenientes de la Europa Occidental y Central influyeron en los viejos pobladores autóctonos surgiendo de ello unas sociedades más complejas. No parece que fueran épocas de mucha paz, ya que los poblados se sitúan en zonas de paso de valles y cuencas cerradas con el objeto de controlar el paso; además, con el objetivo de levantar murallas y empalizadas escogen los sitios topográficamente más adecuados.

La población de Álava y Navarra, por lo general vive en poblados amurallados. Esos núcleos suelen situarse en colinas de no mucha altura, y cerca de ríos y manantiales. En esos poblados se aprecia algún tipo de organización, ya que aparecen calles (muchas veces siguiendo los desniveles topográficos), y en zonas más llanas se pueden apreciar planos urbanos más evolucionados.

Las casas, básicamente, se levantan siguiendo dos plantas: unas son rectangulares o parecidas a éstas, y otras circulares (restringidas a Álava). La primera de ellas es la que más presencia tiene en Navarra y Álava. En su construcción se empleó piedra para el zócalo y adobe para levantar las paredes; los tejados se hacen con elementos vegetales que se soportan sobre vigas y postes de madera. En algunas ocasiones, las casas de plano rectangular tienen compartimentos diferentes, y para que fueran más cómodas suelen aparecer fuegos bajos, asientos y otros elementos; los hornos de adobe se construían fuera adosados a una pared de la casa.

Practican una economía basada en la agricultura y ganadería (ovejas, cabras, vacas y cerdos). En adelante, la dieta sobre todo constará de productos derivados de la agricultura.

El uso del bronce está atestiguado por la presencia de adornos (fíbulas, botones, pulseras, agujas, collares, anillos, torques...), armas (espadas, hachas y puñales) y útiles (asadores, coladores, tapas...). La metalurgia, por su parte, lo está por la aparición de moldes, hornos, escorias... que se han encontrado en Álava (Peñas de Oro, Kutzemendi, Henaio, Lastra y La Hoya) y en Navarra (Alto de la Cruz, La Custodia y otros). La metalurgia del hierro se dará más tarde, y el empleo masivo del nuevo metal no se dará con anterioridad de la Segunda Edad del Hierro.

Las cerámicas hechas a mano (el torno se introducirá más tarde) se dejaban al aire libre o se cocían en hornos donde no se alcanzarían muchos grados. No obstante, en lo referente a la calidad suele haber diferencias: al lado de algunas elegantes (las de mesa y urnas de incineración), lo habitual es encontrar cerámicas bastas (vajilla para cocinar y vasijas de almacenamiento).

Además de esa población que habita en poblados más o menos extensos, existe, sobre todo en la vertiente norte, otra población, enraizada desde antiguo, que todavía vive en cuevas,

Algunas poblaciones practicaban una economía de subsistencia, mientras otras, con un grado de desarrollo mayor, dieron los primeros pasos en actividades comerciales. En excavaciones y en otras obras se han recuperado hallazgos que denotan comercio con lugares lejanos, como es el caso de los cuencos de oro de Axtroki (Eskoriatza) que provienen de Europa Central.

El rito funerario más extendido fue la incineración. Los restos se depositaban en cromlech (mairubaratzak, jentilbaratzak...) o se enterraban en campos de urnas. Los primeros son círculos de ortostatos de piedra de entre 3 a 10 metros de diámetro. En su interior, ya sea en urnas, ya en cistas, o simplemente en un hoyo excavado en el suelo, se depositan las cenizas de los muertos acompañados de un pobre ajuar. Esas construcciones se suelen encontrar formando conjuntos en cumbres y divisorias de aguas de Guipúzcoa y norte de Navarra y en las provincias del País Vasco continental. Algunas veces, junto con los cromlech y formando parte de los mismos, suelen aparecer menhires (sanson harri, errolan harri, irun harri...); en otras circunstancias suelen aparecer aislados. En los campos de urnas (La Torraza, La Atalaya, La Hoya...) el ajuar que acompañaba a los restos incinerados solía ser algo más rico (botones, fíbulas...).

En contacto con la cultura ibérica en zonas de Navarra Media y cuenca del Ebro se produce un proceso de celtiberización, que según nos alejamos hacia el norte va poco a poco deteriorándose y arrinconándose.

El empleo del torno cerámico trajo consigo la producción de cerámica con nuevas formas y tamaños. Algunos vasos y cajitas de cerámica se decoraban con temas geométricos. Se empleaba también la cerámica para elaborar pesas y cuentas o bolitas que se relacionan con operaciones de contabilidad.

La metalurgia del hierro destinada a elaborar utensilios y armas experimentó un gran avance. No obstante, muchos adornos se seguían todavía elaborando con bronce, aportando únicamente novedades en cuanto a su diseño. En lo referente a la construcción de casas y a urbanismo se notan avances considerables.

Los ejemplos de esta forma de vida las encontramos en los poblados más o menos grandes de la cuenca del Ebro, por ejemplo en La Hoya. Algunos núcleos de esta zona, basados en la producción de cereal, llegaron a ser centros comerciales considerables. Al norte de la divisoria de aguas se asiste a los primeros intentos de "urbanismo", como lo atestiguan los restos de Intxur, Buruntza, Basagain, Marueleza, Kosnoaga, etc. No obstante, el desarrollo anteriormente citado se hace cada vez más lento según nos alejamos de la cuenca del Ebro hacia el norte.

Al final de la Prehistoria el proceso romanizador se encontrará con este mundo cultural del Hierro. Los primeros escritos relativos a nuestro entorno no revelan gran cosa; de los mismos, lo que se sugiere es que encontraron el territorio dividido en tribus.

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