Militarrak

Zumalacárregui Imaz, Tomás

Pese a lo mucho que se ha escrito sobre el caudillo guipuzcoano, dadas las pasiones que aún suscitan las carlistadas, resulta difícil conocer con exactitud su verdadera personalidad.

Quienes le trataron más directamente podrían resultar sospechosos, por ser gentes de su entorno. Así, el capitán escocés Henningsen, lancero carlista, dice (1836) que era "preciso y brusco en su conversación, triste y sereno en sus maneras, fruto natural de los grandes e innumerables peligros sufridos a lo largo de su carrera". Su biógrafo y ayudante, J. A. Zaratiegui, lo describe como "enérgico con los orgullosos.., afable y sencillo con las gentes modestas". Lo cual explica su poca simpatía por la Corte carlista y sus duras cartas a la Junta Gubernativa de Navarra con la finalidad de librarse de capellanes y "alimañas que se comen y devoran este pobre país".

Los comentarios de sus contrincantes, por lo general, resaltan su dureza y oscurantismo, olvidando su honradez sin tacha. Incluso en nuestros días, J. P. Fusi (1988) simboliza su llegada al mundo con el "nacimiento de la España negra". A la polémica sobre conducta personal hay que añadir la perenne controversia sobre su calidad de defensor de los Fueros vascos (a los que no alude en sus escritos), polémica estéril, a todas luces, debido al carácter global de la ideología legitimista en la cual se insertaba el ordenamiento jurídico foral como un elemento sustancial -implícito o explícito- del mismo. Otra cosa sería la interpretación que los autores tradicionalistas o prenacionalistas (Chaho, Hiribarren), o el mismo nacionalismo vasco hicieran del general carlista, mitificado por la historia y las sucesivas derrotas militares (1839, 1876).