Poesia

Euskaldunak (1934). Nikolas Ormaetxea

El eco de América. El eco en Buenos Aires no se hizo esperar. El P. Gabino Garriga, Director del "Boletín Americano de Estudios Vascos", escribía en 1950: "La lengua vasca está de fiesta con la publicación de este libro. Trátase de un volumen de 569 páginas, de 22 por 15,5 cm., más un apéndice de XV con la música y letra de 60 canciones euskéricas y bailables. El poema contiene 10.356 versos originales que forman 15 cantos precedidos de sendas ilustraciones de Santos Etxeberria. Además, van intercalados entre aquéllos, pero fuera de numeración, 23 letrillas y poesías populares que suman más de 1.000 versos, y cinco poemitas selectos de Elissamburu, Arrese Beitia, canónigo Adema, M. Lekuona y el bardo suletino Etxaun: con todo lo cual la obra encierra 11.800 versos, bien cumplidos, casi once veces más que el "Linguae Vasconum Primitiae". El autor usa diversos metros en la versificación y diverso número de versos en las estrofas, si bien la mayor parte de aquéllos son de 10 sílabas alternando con los de 8, en octavas, o de 13 y 14 sílabas, en cuartetos. En las octavas hay consonancia entre los versos pares: en los cuartetos la rima es varia, y frecuentemente los cuatro versos tienen una misma consonancia. Sabido es que en el campo de literatura euskérica no han faltado autores de largos poemas, entre ellos el Pbro. J. M. Hiribarren, cura de Bardotze (Benabarra), originario de San Juan de Luz, quien en 1853 hizo imprimir en Bayona el libro "Escaldunac, de 258 páginas, en 18 °, poema que podíamos denominar biográfico, pues en él se canta a los vascos ilustres, pasados y presentes, asi como se describen muchos oficios y profesiones del país. El poema de "Orixe" es descriptivo de algo más trascendental: las costumbres del pueblo vasco. Siete de sus cantos, a saber, Arta Zuriketa, Gaztaiñaro, Iruleak, Axurtaro, Artajorra, Belarrekoan y Eultzia, nos ponen ante los ojos, en cuadros panorámicos, los usos labradorescos en las principales fechas y etapas de la vida agrícola: la escarda del maíz y su deshoje, la cosecha y agramamiento del lino, el corte, esparcimiento y recolección de la hierba, la trilla, la cose cha de castañas y la aparición de corderos. En otros tres cantos, Pestaburu, Olentzaro e Iñauteri, descríbanse otras tantas solemnidades públicas: la fiesta patronal de cada pueblo, los ritos profanos del tiempo de Navidad y los del triduo de Carnestolendas. En el canto Letari (procesión) asistimos a las manifestaciones de la religiosidad vasca: en el Denok-Bat se pone de relieve la unidad fraterna de las seis circunscripciones históricas de Euskalerria: las celebridades nupciales, las de la tornaboda y luna de miel son narradas en los cantos Eztaletan y Eztaiondo: las que acompañan y siguen a la muerte y funeral, en el último de ellos, Amonaren Illetak. Es de advertir que dentro de varias de estas composiciones (alguna de las cuales consta de un millar de versos) hay capítulos valiosos con epígrafe propio, que no pueden barruntarse por el solo titulo inicial del canto. Así, en el Denok-Bat va ingerida, con otras, la parte rotulada Itxas-gizona de 192 versos, epitome de las virtudes y glorias de nuestros marinos; en el Eztaiondo, en el segmento denominado Estropadak, de 536 versos, bastante por sí sólo para acreditar a un cultor de la rima; en el Eultzia, los 144 versos que llevan por título Sorginkeria; en el Amonaren Illetak, el capítulo final intitulado Apezen pilota jokua. Hay otro elemento capital que corre semioculto a lo largo de toda la obra, sirve de vinculo y trabazón de sus quince poemas, y por tanto, confiere a éstos la unidad que debe existir en todo poema épico. Nos referimos a la acción que en el libro desarrollan los protagonistas Eleder y Gerrieder, o sea Mikel y Garazi, con su amor puro, envidiado por el provocador Gorritxo, su noviazgo y matrimonio, que viene a enlutar la muerte de la abuela. Hay que leer cuidadosamente la obra, para darse cuenta de la significación de este elemento idílico dentro de ella, porque el carácter multitudinario, popular, de sus estampas, al ensombrecer la actuación de la pareja enamorada, podría afectar a la integridad del argumento pemático. Eso sin contar con que la presencia de los mencionados amantes, sobre contribuir a la unificación del plan literario, representa de por sí otro aspecto fundamental de las costumbres vascas: la forma digna y serena como en el país evoluciona el sentimiento amoroso entre los adolescentes resueltos a establecer un hogar. Las escenas de respetuoso cariño entre Mikel y Garazi en el castañar de ésta, la descripción que de la persona de la novia hace para sí el joven, la caza valiente de las marmotas y el gracioso ofrecimiento de ellas a la niña, la declaración de amor, en el canto "Gaztaiñaro", no menos que las descritas en "Axurtaro" cuando él y ella, pastoreando el rebaño del caserío Errekalde presencian e intervienen en el parto de los corderuelos, y en "Iñauteri", al salir Mikel al "antzara-jokua", montado en la yegua, propiedad de Garazi y luciendo la roja faja de seda que ésta le regaló, y en "Belarrekoan" cuando la culebra pincha a Mikel en el dedo, y Garazi con su madrele curan solícitamente, formarían, aun desglosadas del conjunto, un hermoso poema bucólico. No sabríamos cuál de los quince cantos ponderar más, en lo relativo al efecto que en el ánimo del lector producen. Los hay deliciosos, a causa de la alegría que entrañan e inspiran, como Artazuriketa; pintorescos y rebosantes de sano realismo, como Belarrekoan y Eultzia; profundamente conmovedores por el fervor religioso, como Letari, cuyas 26 octavas, a partir del verso 206, son una plegaria tiernísima por la paz del pueblo vasco, la pureza de sus costumbres e idioma. Izkuntza au birauz loi bear balu, Ez nuke nai Euskerarik. ------------------------------------------------------ Erritasuan gorde badeza, Erri-lurraz jabetuko. Esto, por lo que hace al fondo de la obra, imposible de captar suficientemente a través de un sucinto comentario: ¿qué decir de su forma o envoltura artística? "Orixe" confiesa en el prólogo, que su intento fue trazar y escribir la obra "erriak egin zezaken gisan", y en la estrofa final del poema se cuenta asimismo entre los bertsolaris. Lo ha realizado en lo posible: en lo que atañe al pensamiento y a la imaginativa. Reconozcamos que ha sabido tener a raya su inspiración, no dejando volar a su fantasía poética ni alardear a su capacidad de escritor refinado. Tratándose de un poema descriptivo, se ha limitado a traducir en palabras la objetividad de las cosas, hechos y actores, dejando que la belleza de su libro surja de la interpretación serena de la belleza exterior. Nada de imágenes selectivas, de sutiles versiones sentimentales, de frases vagas, de sugestiones indefinibles: nada de lírico, personal y transformador, allí donde la simple realidad descrita es ya altísima poesía. Y no supone habilidad mediocre saber guardar en las grandes empresas literarias la propiedad y adecuación que la retórica y el buen gusto exigen para el género que se cultiva. Pero en lo tocante a la elocución, el buen propósito del autor era difícil de realizar, mayormente en una obra de la extensión y alcance de "Euskaldunak". Podrá el escritor culto imitar el estilo del poeta popular y aun del bertsolari en sus condiciones de sencillez y espontaneidad: pero en estas mismas sencillez y espontaneidad imitadas, campearán forzosamente la pureza, armonía, propiedad, nitidez y demás cualidades esenciales del lenguaje que la preceptiva y su educación literaria enseñaron al primero. Por otra parte, siendo una de las aspiraciones del autor -como no podía menos de ocurrir- levantar al euskera un monumento literario en las páginas de su libro, tenía que sacar a relucir las posibilidades, caudal, hermosura y excelencias del idioma en la mejor forma posible, y al hacerlo, distanciarse de la imperfección y pobreza inherentes al habla popular. Por eso vemos que "Orixe" ha vertido en "Euskaldunak" una cantidad extraordinaria de nuestro léxico, sin dar en neologista ni erderista: ha concedido lugar a formas verbales -v. gr., del tiempo futuro- vigentes en los sectores norteño y meridional del país; ha quitado el polvo y puesto en uso a algunas otras, máxime del modo potencial, que Detxepare y Leizarraga emplearon corrientemente y hoy apenas conocen más que los estudiosos; ha mondado infinitivos, condicionales y varias personas del presente e imperfecto de indicativo de "izan"; ha economizado artículos y genitivos; en fin, ha mantenido las pequeñas características que diferencian del guipuzkoano a su dialecto natal, el alto nabarro, en uno de cuyos pueblos, Uitzi (Huici), está el escenario de la obra. ¿Deficiencias y lunares? Aunque los mencionados capítulos "Itxas-gizona" y "Estropadak", que pertenecen a dos cantos diferentes, narran y describen aspectos de la vida marítima vasca, el lector echa de menos, con sólo ver el índice, un canto siquiera, dedicado exclusivamente a representar esa vida, que es la de gran parte de nuestro pueblo. También habríamos preferido que la descripción del juego de pelota, el más difundido y caracterizador entre nosotros, ocupara mayor espacio en el poema, y como practicado por los que en mayoría lo practican. Por último, estimamos que desentona un poco -y no por anacrónico, ciertamente- haber puesto dentro del "Amonaren Illetak", y por añadidura, como final de la obra, el capítulo "Apezen pilota jokua": hay en éste, como también en su inmediato anterior "ilkizuna", algunos detalles concernientes al clero comarcal, que no teman por qué salir a luz en un poema épico. Pero estos reparos bien se ve que no disminuyen el valor extraordinario de la obra, tesoro del idioma, modelo literario de primer orden, rico archivo del deporte, folklore, usos, creencias y tradiciones que distinguen y enaltecen al pueblo vasco, prueba superabundante y definitiva de la virtualidad omnímoda del euskera para los más sublimes empeños poéticos. Si antes de ahora el autor había demostrado su calidad de dueño y señor de la lengua vasca, como prosista, vate y traductor de obras clásicas, con esta obra pone el sello a sus merecimientos y a su nombre.