Zerbitzuak

CAJA DE AHORROS Y MONTE DE PIEDAD MUNICIPAL DE BILBAO (1907-1989)

El ahorro (1907-1940).

La Caja comenzó sus actividades el 3 de febrero de 1907. Se incorporaba al grupo de Cajas Municipales Vasco Navarras, como es lógico, con un espíritu similar a estas últimas, que era diferente al que tenían las secciones de ahorro de la banca privada. El Ayuntamiento se hizo responsable de los fondos, donó una pequeña cantidad como capital inicial, que no fue necesario utilizar, y cedió unos locales municipales situados en la antigua Alhóndiga, en la Plaza de los Santos Juanes. Sus potenciales clientes estaban en las .siete calles., obreros, artesanos y vendedores, además de los hombres y mujeres de los caseríos cercanos que iban allí a vender sus productos, más tarde acudirían vecinos de otros barrios.

En 1912 se abrieron las primeras sucursales en la Rivera de Deusto y en la Plaza Circular; en 1914 en Amorebieta, Murgia, Bermeo, Amurrio, Miravalles, Llodio, Durango, Gernika, Lekeitio, Markina, Elorrio, Mundaka; en 1921 en Portugalete, Barakaldo, Plentzia, Sopuerta, Gallarta, más otras agencias urbanas en la capital y en Burgos (Espinosa de los Monteros, Medina de Pomar y Villarcayo, oficinas éstas últimas que tuvo que ceder tras la guerra civil, por la presión ejercida por la Caja de Ahorros Municipal de Burgos a quien pasó su control, ya que la legislación de ese momento limitaba la actuación de las cajas a su provincia original). En 1927 eran 42 las oficinas abiertas.

Hasta 1914 tuvo un crecimiento lento, pero a partir de esa fecha sus saldos aumentaron notablemente, debido a la suspensión de pagos del Crédito de la Unión Minera, que hizo que el ahorro buscara cobijo en una institución mejor respaldada y considerada más segura para el ahorro familiar. A partir de ese momento su desarrollo fue espectacular. Tal y como puede apreciarse en la siguiente tabla. Veinte años más tarde de su apertura, en 1927, ocupaba el tercer puesto por la importancia de sus saldos entre las Cajas de Ahorros Confederadas y el primero en la Confederación de Cajas Vasco Navarras. Los saldos de ahorro siguieron su línea ascendente durante todo este periodo y tan sólo hubo un pequeño bache en 1939, algo comprensible si se tiene en cuenta las circunstancias por las que atravesaba Bizkaia en el año de terminar la Guerra Civil.

AñoImponentesSaldos *
1907
1910
1920
1930
1935
1936
1939
1940
1.181
4.052
52.360
137.109
149.552
155.162
179.026
184.627
995.213
2.985.539
75.336.487
188.417.532
186.215.794
188.128.125
187.006.632
190.575.982

* Saldos en pesetas

Hay algo muy peculiar en los estatutos de esta Caja, modificados el 3 de noviembre de 1924. Si lo normal en estas instituciones era hablar del protagonismo que iba a tener el ahorro de los más humildes, en los de la Municipal de Bilbao se decía que estaba destinada a .recibir las economías que le confíen todas las clases sociales, para emplearlas en operaciones que les den completa seguridad., no se cerraban las puertas a nadie y empleaban un pragmatismo económico muy de destacar y que no extraña teniendo en cuenta los potentes competidores que tenían en la Banca vizcaina que, pese a estar especializada en la gran industria, la minería y el comercio, tampoco hacía ascos a la hora de captar el ahorro popular.

La Caja de Ahorros comenzó sus operaciones con las libretas ordinarias, que posteriormente se ampliarían a libretas de ahorro escolar (1915), a plazo fijo, cuentas corrientes, cuentas de corporaciones, etc.. Las inversiones, que en un principio se hicieron según el criterio del director y del Consejo, posteriormente tuvieron que ser adaptadas a la normativa dictada por el Estado. El Ayuntamiento tenía abierta una cuenta de empréstito que empleaba para atender obras públicas o otras necesidades (en 1930 era de 6.423.112 pesetas); proporcionaba préstamos con garantía hipotecaria, de valores, personal, y sobre alhajas, ropas y otras prendas (Monte de Piedad); cuentas de créditos y créditos especiales. Además, concedía a la provincia otros servicios gratuitos, como pago de haberes al clero y al magisterio vizcaino.

Entre los préstamos hipotecarios que realizaba, hay que destacar los dedicados a la compra de caseríos en condiciones muy especiales. El préstamo cubría el 75% del valor del caserío a un interés del 4,5% (1927) y por un periodo de veinte años. La cantidad máxima prestada era de 20.000 pesetas. Igualmente, concedía hasta un máximo de 10.000 pesetas para la ampliación, reforma e higienización de los caseríos habitados por sus dueños.

Lo mismo cabe decir de los dedicados a paliar el grave problema de la vivienda. Para facilitar la puesta en práctica de la Ley de Casas Baratas (1922), la C.A.M. aportó una importante ayuda financiera, anticipando hasta el 70% del valor del presupuesto a las cooperativas de construcción de casas baratas, hasta que llegaba el dinero del Estado. Cuando las subvenciones estatales terminaron, la Caja siguió otorgando préstamos a largo plazo y bajo interés. En 1921 construyó una manzana de casas para alquilar a familias de clase media en el Ensanche (el importe máximo del alquiler era de 125 pesetas). Un total de 213 amplias viviendas con ascensor, cuartos de baño y calefacción. Pero esta operación no tenía el fin social de las casas baratas, era una forma de diversificar las inversiones, haciéndolo en un inmueble del que pudiera obtenerse una renta similar a otras operaciones inversoras de la Caja, aunque con menor riesgo.