Léxico

TABACO

Difusión mundial. Las virtudes del tabaco y el hecho de que fuera utilizado por los adivinos indígenas para pronosticar el futuro a través de la forma de las volutas de humo que se producían al fumar, provocó mucha curiosidad entre los conquistadores. Un compañero de Colón, el portugués Juan Ponce de León, llevó semillas de tabaco a Portugal después del Segundo Viaje a América (1496). En 1518 un misionero español, fray Romano Pane, remitió al emperador Carlos V semillas. Sabemos que estas semillas fueron sembradas en Valladolid. Posiblemente este fue el origen de la introducción del tabaco en Europa, pues del intento portugués no conocemos nada. Aunque Fray Bartolomé de las Casas, en 1502 ya habló del tabaco y Hernández de Oviedo, en su Historia Natural de las Indias (1535) hizo la primera descripción científica de la planta, el uso del tabaco no se popularizó en Europa hasta que Jean Nicot, embajador francés en Portugal, después de adquirir semillas de tabaco a un aventurero flamenco recién llegado de la Florida, ordenó sembrarlas en el patio de la embajada. En un año consiguió una abundante cosecha y en 1561 Nicot presentó la planta y los productos elaborados a partir de sus hojas a la reina Catalina de Médicis, regente de Francia, en su corte de París. La propia reina y el gran prior Francisco de Lorena, su director espiritual, se convirtieron rápidamente en entusiastas propagandistas del tabaco, que al principio, en Francia, era conocido con el nombre de «hierba de la Reina». Francis Drake y Walter Raleigh, los navegantes corsarios, fueron los introductores del tabaco en Inglaterra. Drake, en su Viaje a las Indias de 1585 (así llamaban a la expedición anual al Nuevo Mundo, sufragada por la propia reina Isabel I) intentó acceder a las costas de Venezuela para cargar tabaco, pero la flota española se lo impidió. Para acabar con el monopolio que los españoles ejercían sobre el tabaco del Caribe, Drake ordenó que parte de su tripulación, a la que se unieron otros grupos de aventureros ingleses, se instalara en las tierras vírgenes de Guayana, para convertirse en granjeros, y dedicarse al cultivo del tabaco. Poco tiempo después un grupo de comerciantes londinenses introdujo la planta en Virginia, canalizando hacia aquellos territorios los excedentes de mano de obra británica provocados por la Revolución Agrícola. La ciudad de Jamestown se convirtió en la capital mundial del tabaco, cuyo comercio se regulaba a través de la Compañía de Virginia. Misioneros franciscanos fueron los introductores del tabaco en el archipiélago Filipino. Llevaron las semillas desde México, y muy pronto consiguieron aclimatarlas, logrando las mejores calidades, capaces de competir con el tabaco cubano. Esto ocurría a mediados del s. XVI y por esa época, también los portugueses intentaron introducir el consumo del tabaco en Asia. Hacia 1560 iniciaron un importante comercio de productos elaborados a partir de la solanácea americana, rapé y picadura fundamentalmente, con Japón y la costa oriental de la India, pasando después a China y otras regiones del continente asiático, donde no tardó en cultivarse dadas las excelentes características que para ello presentaban las tierras subtropicales del SE. asiático e Insulindia. En menos de un siglo el uso del tabaco se fue popularizando en la mayor parte del mundo. La costumbre de fumar se convirtió en un hábito social imprescindible, lo mismo que la práctica de inhalar polvo de tabaco (rapé), para descongestionar la vías respiratorias y como estimulante cerebral. Pero al tabaco se le atribuían otras muchas virtudes terapéuticas y sus hojas, en infusión, se usaban como astringente; también se hacían con ellas emplastos para úlceras y heridas, por su poder desinfectante y cicatrizante, o se aplicaban en la cavidad umbilical de los niños como remedio contra las lombrices.