Léxico

ROMANTICISMO

La transición al segundo romanticismo: la siembra de Alberto Lista. Pero no es Zamacola el intelectual que conduce al segundo romanticismo en el ámbito vasco. Es Alberto Lista: la personalidad que mejor representa la problemática conjunta del liberalismo y romanticismo español del primer tercio de siglo, y que implica en ella a Euskalerria merced a la siembra que aquí y desde aquí hiciera en momentos cruciales de su biografía intelectual y política, singularmente emblemática. Sus primeros pasos transcurren en Sevilla alumbrando un foco de pensamiento que, junto con el que se desarrolla paralelamente en Salamanca, pone los cimientos de la escuela liberal en España. Su relación con Meléndez Valdés hace de puente entre ambos núcleos. Por otra parte, el trato que Lista mantuvo con Jovellanos y Juan Pablo Forner marca un entronque con la generación ilustrada anterior, aunque no sintonizase él por entonces con el prerromanticismo de aquéllos en la inteligencia de España. Tras converger con M. J. Quintana en el Semanario Patriótico (1808-1809), Lista optaría por la causa Bonaparte colaborando sinceramente con ella, por lo que tendrá que emigrar a Francia en 1814. A partir de ese momento se inicia un proceso de transformación interior, íntimamente ligado a la inteligencia del tiempo vivido en la nueva era abierta con la Revolución francesa. Lista madurará una conciencia romántica que le hará pasar de la abstracta y radical desvalorización del pasado, de sus inicios, al diálogo con la tradición más viva y capaz de asentar la conquista del futuro. Sus etapas de residencia en Euskalerria (Pamplona, Bilbao: 1817-1820; Bayona, San Sebastián: 1828-1831) delimitan ese proceso crucial, que sólo alcanza su pleno sentido si se atiende al tiempo europeo coetáneo: es el momento en que el Romanticismo desplaza su potencial de Alemania a Francia, silenciosamente. Son los años cruciales de 1818-1830 durante los cuales la apertura francesa al Romanticismo alemán, y su inteligencia -la inteligencia francesa de la reflexión alemana sobre la Revolución francesa-, corre pareja a la elaboración de la filosofía liberal (Jouffroy, Constant, Cousin, Guizot), que preparará y conducirá a la Revolución de 1830. El liberalismo doctrinario -la síntesis responsable de Revolución y Tradición, como actitud intelectual- fue el mayor exponente del horizonte de 1830: el horizonte liberal-romántico que abre las puertas del segundo Romanticismo. La dimensión de Lista como maestro de un nutrido grupo de jóvenes que destacarían en el mundo de las letras románticas y de la política liberal de la España isabelina, arranca de sus años de docencia en el Consulado de Bilbao y de su breve estancia previa en Pamplona, cuando solicitando permiso para regresar a España sólo fue autorizado a residir en el País Vasco. Los primeros discípulos de Lista fueron, pues, vascongados y navarros: Juan Ignacio Mencos, Pedro Lemonauría, Víctor Luis Gaminde, Sotero de Goicoechea, Francisco Hormaeche, sin que se agote ahí la nómina. Eugenio de Ochoa corresponde a la etapa siguiente, a los años del Trienio Liberal, cuando Lista revolucionó el Colegio de San Mateo de Madrid. Lista preparó el futuro protagonismo de la nueva generación colaborando decididamente en la estrategia diseñada por López-Ballesteros, el hombre que representaba la oposición dentro del régimen fernandino. A ello obedece la segunda presencia de Lista en Euskalerria, al frente de dos publicaciones, la Gaceta de Bayona (1828-1830) y la Estafeta de San Sebastián (1830-1831): muy hábiles, mientras pudieron tenerse en pie, en la siembra de las ideas del juste milieu y en la comunicación con la élite de la emigración política española, reunida desde 1828 en Francia y especialmente atenta y receptiva a cuanto ocurriese en París y Madrid. Los editoriales sobre España y la información sobre la Revolución de 1830 y su onda expansiva por Europa, el despertar de las nacionalidades, terminaron de movilizar a la policía secreta de Fernando VII, que alertó de cómo desde San Sebastián se enseñaba «el arte de revolucionarse» a todo el reino. Lista tuvo que trasladarse a Paris (1831-1832), donde pudo estrechar lazos con la élite española y francesa. El nuevo régimen de 1833 reconoció aquella labor y hace de Lista el portavoz oficial del liberalismo al confiarle la dirección de la Gaceta de Madrid. En esa tarea quiso contar con la ayuda de Eugenio de Ochoa. Cuando en 1838 se den cita en la Revista de Madrid los principales hombres del liberalismo doctrinario, allí estará de nuevo Lista acompañado de uno de aquellos primeros discípulos del solar vasco, Hormaeche.