Los tres tiempos románticos. Se pueden distinguir tres tiempos románticos en el País Vasco, tres romanticismos a la postre, llenando el XIX. No se trata de una singularidad vasca. Sin obviar la variedad geográfica y cronológica del movimiento romántico, hoy se tiende a superar la rígida frontera cultural que antaño se trazara entre Romanticismo y Positivismo como dos mundos opuestos, máxime si la muga se sitúa hacia 1850. Ni siquiera el último cuarto de siglo, más claramente envuelto en una atmósfera positivista, deja de mostrar en sus intelectuales una profunda huella romántica. No al menos en el contexto europeo más inmediato a Euskalerria. El libro ya clásico de Rovira (Els corrents ideologics de la Renaixença catalana, 1966) hace considerar para Cataluña la existencia de dos fases románticas solapadas, un período positivista a continuación, y la vuelta a un período romántico-crucial para la renaixença- que se extendería de 1890 a 1905 más o menos. Esa cuña positivista, con la que se quiere acentuar la influencia intelectual de Taine, pierde fuerza a la luz del claro trasfondo romántico de Taine y de otros ilustres positivistas franceses caracterizados más recientemente como falsos maestros de escuela (Carbonell). En el marco español, el krausopositivismo, el regeneracionismo y la generación literaria del 98 hablan por sí solos de un romanticismo largo. La diferenciación de los tres tiempos tiene significación europea, y acaba subrayando la unidad del Romanticismo europeo sobre la multiplicidad de los romanticismos nacionales, la unidad de esa multiplicidad en definitiva. La cronología europea de esos tres tiempos románticos es, a grandes trazos, la siguiente: los años finales del s. XVIII y el primer tercio del XIX para el primero, el grueso del XIX para el segundo, y el último tercio o cuarto de siglo para el tercero. Los años 1794-1833, 1833-1876 y 1876-1902 pueden servir en el ámbito vasconavarro como cronología más precisa. Las fechas, no se oculta, guardan relación con las del llamado problema vasco a lo largo del XIX (hasta la muerte de Sabino Arana). Y es que en el fondo la mayor particularidad del Romanticismo vasco, aprehendido en su globalidad, es su estrecha vinculación con tal cuestión, difícil de comprender plenamente si se aleja de las coordenadas europeas.
