Concepto

Nacionalismo vasco y europeísmo

El primer partido nacionalista vasco se creó en 1895 y ya para principios de siglo, como ha demostrado el profesor Alexander Ugalde, se puede identificar una tendencia europeísta en numerosos artículos de la prensa nacionalista (Euskalduna, La Patria, Patria,...). Así, en 1913 y 1914 Luis de Eleizalde ("Axe") sostenía la importancia que el contexto europeo tenía para los vascos. En la década siguiente el nacionalismo vasco se posiciona con mayor claridad al hilo de las primeras propuestas paneuropeístas contemporáneas. La figura clave del momento es Engracio de Arantzadi, puesto que sus opiniones influyeron tanto en el Partido Nacionalista Vasco (PNV) como en Comunión Nacionalista Vasca (CNV). Este dirigente nacionalista, en una serie de artículos publicados en el diario Euzkadi entre 1926 y 1929, manifestaba que,

"por un lado, la unidad internacional iba a ser un hecho más allá de los deseos que cada cual tuviere, lo que en el contexto continental europeo podría materializarse a través del paneuropeísmo; y por otro, los ideales nacionalistas no iban a sufrir merma, es más, se va a razonar (...) que en el caso de Euskadi hasta resultaría positivo un europeísmo que acogiese las demandas de aquellas nacionalidades que seguían reclamando sus derechos con mayor o menor graduación de exigencia política entre el autonomismo y el independentismo". (Ugalde 1994:6 y 9).

Además, Arantzadi entendía -casi una década antes que Ortega y Gasset (1997:44-46)-, que "de hecho ya existía una "unidad europea", conceptuando a la misma como el conjunto de "vínculos de solidaridad europea que enlazan a los hijos de esta zona del mundo", a pesar de lo cual, era consciente de las grandes dificultades que entrañaba su plasmación institucional. Por eso el nacionalismo vasco, cuando el 5 de septiembre de 1929, el ministro de exteriores francés Briand presentó en la Sociedad de Naciones un "Proyecto de Unión Europea", analizó detenidamente este proyecto sobre el cual Aniceto de Rezola -quien lo calificó de "feliz iniciativa"-, concluyó que las mayores dificultades radicaban en los "egoísmos estatistas",

"a la vez que de forma muy lúcida subrayaba que un proyecto de este tipo debía aunar las esferas económica y política, previniendo que en la necesidad de vencer todo género de obstáculos, la finalidad económica y el pensamiento político habrían de fundirse para la defensa de los intereses comunes". (Ugalde 1994:10) 1.

Arantzadi, por su parte, "aseguraba que el europeísmo iba a ser 'singularmente amable' para las minorías étnicas y las pequeñas nacionalidades, siendo precisamente una de las ventajas de 'inapreciable valor' el 'respeto' con que se trataría a aquellas en la hipotética nueva configuración del continente". En síntesis, concluía: '¿Cómo no habremos de anhelar esa Unión Europea siendo católicos y miembros de una nacionalidad a la que fuerzas mayores sojuzgaron en un régimen imperialista e irresponsable?'. Nosotros nos apuntamos a la idea de Briand por las razones apuntadas (...)". (Ugalde 1994:10)

Estas tesis se mantendrán agrupadas bajo la denominación de "Doctrina Aguirre", desde la época del exilio tras la guerra civil, debido al impulso internacionalista y, fundamentalmente europeísta, que le dio el lehendakari Aguirre a la doctrina nacionalista.

"Así, los miembros de aquel equipo vasco [de gobierno] en el exilio plantearon ya, en aquella época, una cuestión muy actual: el futuro debilitamiento del Estado-nación y la búsqueda de una alternativa supraestatal. La Doctrina Aguirre representa, pues, la base ideológica sobre la cual se fundamentan, hoy en día, los dirigentes del Partido Nacionalista Vasco para enfocar el futuro del País Vasco en la Unión Europea y más globalmente, para idear la Europa de los pueblos." (Galeote 1999:267).

A mediados de los años cuarenta se va consolidando el movimiento federalista europeo, culminando en el denominado Congreso de Europa, que se celebró en La Haya entre los días 7 y 10 de mayo de 1948, y al que asistieron personalidades del nacionalismo vasco entre las que se encontraba el propio Lehendakari Aguirre (Ugalde 2001:82). A la vez que se consolida el movimiento europeo también lo hace la orientación europeísta del nacionalismo vasco, así como de otros sectores políticos de Euskadi (Ugalde 1994:11). De hecho, durante los años posteriores a la Segunda Guerra Mundial, "el PNV se constituyó en la fuerza antifranquista peninsular con mayor presencia en Europa, siendo avanzadilla en temas europeos y, en ocasiones, la única representante estatal en organizaciones continentales" (Arrieta 2007:84).

Observando esta orientación iniciada a principios de siglo, no sorprende que el PNV, en su ponencia política de 1977, mediante la que se adaptaba el partido a la realidad política abierta por la transición, manifestase que "las estructuras estatales europeas originadas en el periodo absolutista y liberal e imperantes aún en la actualidad, son inadecuadas a las necesidades actuales" (PNV 1977:45). Así, se entiende que estos Estados son demasiado pequeños para manejar los grandes mercados y la moderna tecnología, y demasiados grandes para un desarrollo político democrático en su interior. Estas ideas se desarrollaron ampliamente en dicha ponencia:

"Los Estados europeos, anclados aún en sus estructuras de Estado-nación, no disponen ya, sin embargo, de la capacidad de decisión soberana de la que hasta hace poco disfrutaron. La aparición de las grandes potencias y la política de bloques les ha arrebatado el protagonismo político e internacional que ejercieron hasta la Segunda Guerra Mundial. Se anuncian elecciones generales para un Parlamento Europeo 2, porque el nuevo marco económico europeo exige ineludiblemente un nuevo marco político. Si Gran Bretaña, Francia o Alemania ya no pueden sostener su autoestatalidad en la plenitud de soberanía como hasta ahora, es lógico que el pueblo vasco no debe caer en la tentación de pretender darse a sí mismo una estructura estatal caduca y superada. Ha de luchar y colaborar para que esa nueva estructura política europea, aún por hacer, sea democrática y plurinacional, una Europa en la que cada pueblo pueda desarrollarse plenamente a partir de su propio ser y peculiaridad, laborando codo a codo con los demás en la construcción de una Europa nueva, libre, progresiva, democrática y con vocación mundial." (PNV 1977:47)

Tras este análisis del marco político, se exponen las principales metas del partido: 1) "la recuperación del poder político originario y que se concretará en la fórmula política más apta para la situación actual de nuestro pueblo, en el marco de una estructura democrática"; 2) el refuerzo de los lazos con los territorios vascos dentro del Estado francés, para los que exige la creación de un departamento propio (territorialidad); Pero el objetivo más interesante, desde el punto de vista de este artículo, es el tercero y último de esta lista, donde "el Partido Nacionalista Vasco reitera su vocación europea, afirmada ya públicamente en el Aberri Eguna [Día de la Patria Vasca] de 1933 con el lema Euzkadi-Europa..." (PNV 1977: 47- 53). Y es que:

"En el marco de esta Europa de los pueblos es donde hallará su realización la unidad política de los vascos y su libertad, en igualdad y solidaridad con los demás pueblos europeos, y con una estructura política propia surgida de la voluntad de todos los vascos." (PNV 1977:55).

Autogobierno, democracia y territorialidad, siempre en el marco europeo, se constituyen así en los objetivos políticos fundamentales del PNV. De esta forma, "partiendo de la consideración según la cual el autogobierno del País Vasco debe desarrollarse en el contexto de una Europa federal integrada por nacionalidades y países en pie de igualdad y no en un Estado vasco en el sentido clásico del Estado-nación, el PNV se presenta como un partido fundamentalmente europeísta. Más allá de una simple adhesión a la construcción europea, este partido ha elaborado su proyecto político para Euzkadi en torno al marco europeo." (Galeote 1999:268, subrayado nuestro)

El programa electoral de las elecciones europeas de 1989, las primeras tras la adhesión del Estado español a la Comunidad Europea, propició la ocasión idónea de sintetizar y plasmar en un único documento los sucesivos aportes de Asambleas nacionales, informes, ponencias, etc. Allí se partía del diagnóstico sobre el "resquebrajamiento de las formas políticas tradicionales, y de la forma política por excelencia: el Estado"; cediendo soberanía hacia arriba y asistiendo a un "fenómeno de regionalización europea que, más allá de una mera reordenación territorial, está produciendo una nueva reordenación basada en unos parámetros conceptuales distintos". En vista de lo cual el PNV "mantiene la opción europeísta" que siempre tuvo y la concreta

"en el símbolo de la Europa de las trece estrellas, de manera que Euzkadi se coloque, en los futuros Estados Unidos de Europa, al mismo nivel de soberanía y sea tan Estado como cualquiera de los actuales doce miembros de la Comunidad. Bien entendido que la integración en Europa no supone una renuncia a su soberanía ni al derecho de seguir ejerciendo su autodeterminación en el futuro.
Entiende que en este marco se nos ofrece una gran oportunidad de avanzar en la articulación nacional vasca, superando las divisiones entre los Estados (división Iparralde-Hegoalde) o las divisiones jurídico-políticas establecidas dentro de un Estado (división en dos Comunidades autónomas en Euzkadi Sur)." (PNV 1989:13) 3.

Es decir, partiendo de la base de que los Estados, en su configuración clásica, están abocados a ser superados y sustituidos por una estructura supranacional y federal, se establece cuál debe ser uno de los principios democráticos fundamentales de la misma: el reconocimiento del derecho de autodeterminación de los distintos pueblos que la forman.

Desde este punto de vista, el PNV entiende que este marco político ofrece "una gran oportunidad" para la construcción nacional vasca, por encima de los Estados y las divisiones jurídico-políticas.

Este partido, que ha gobernado la Comunidad Autónoma Vasca desde su creación hasta 2009, ha dado numerosas muestras de su europeísmo en su acción de gobierno. Pueden destacarse la creación de una Dirección de Asuntos Europeos, dentro de la Secretaría General de Acción Exterior, que dependía directamente de la Lehendakaritza (Presidencia de Gobierno), indicando así la máxima importancia política que se le daba a esta área.

También merece señalarse la llamada del Lehendakari Juan José Ibarretxe al eurodiputado Josu Jon Imaz, en 1999, para formar parte de su gobierno como Consejero de Industria, Comercio y Turismo, además de ser portavoz del gabinete. Sin duda este diputado europeo era una da las personas más capaces y que mejor comprendía el entramado comunitario. Es especialmente significativo este nombramiento en un momento en el que el principal objetivo del gobierno vasco, en el contexto de la tregua de ETA, era alcanzar la paz y la normalización política, que como se ha visto pasa, para este partido, por el encaje en el marco europeo.

El tercer ejemplo continúa con el periplo vital del señor Josu Jon Imaz, cuando, en contra de todo pronóstico, que le señalaba como el candidato más probable para suceder al propio Lehendakari Ibarretxe, fue convencido por ciertos sectores de su partido para presentarse a la presidencia del PNV. No cabe duda que estos sectores buscaban renovar en el partido algunos aspectos de su discurso y estrategia, para adaptarse a un contexto europeo marcado por el debate sobre la Constitución europea (Filibi 2007). Las elecciones, muy reñidas, terminaron con el triunfo de Imaz sobre el otro candidato, Joseba Egibar. Durante su mandato como presidente del PNV (enero de 2004-septiembre de 2007), las referencias a Europa, a sus instituciones y a los condicionantes de dicho marco, pasaron al centro del discurso y acción del partido, como muestran los documentos y ponencias políticas aprobados en sus años de mandato (Filibi 2008:20-21). Cabe destacar la influencia de este giro ideológico en el debate político vasco.

Todos los partidos nacionalistas se han posicionado respecto a la integración europea. Eusko Alkartasuna, partido que nace como consecuencia de la escisión producida en el seno del PNV en 1986, desde su congreso constituyente de abril de 1987 "manifiesta su voluntad de establecer vínculos asociativos con otras naciones, muy particularmente en un proyecto federal de la Europa de los Pueblos, siempre que se respete la presencia de todas las naciones en pie de igualdad y se reconozca permanentemente su derecho afectivo a la libre determinación" (introducción del apartado 1.1. Identidad política de EA).

En el segundo Congreso, sin perjuicio de la proclamación del derecho del Pueblo Vasco a su autodeterminación y a la constitución de un Estado propio,

"EA apoya un proyecto de Unidad Política Europea, en la que todas las naciones y no sólo los actuales Estados, sean finalmente los protagonistas de una federación de pueblos que unan su esfuerzo solidario desde la igualdad y el reconocimiento recíproco y permanente de su libre determinación." (EA 1989:11)

No obstante, EA no se hace ilusiones sobre el actual proceso de integración, llegando a reconocer que "la incorporación a las Comunidades Europeas del Estado español no ha representado un avance para la causa nacional vasca" y que "frente a la mitificación ingenua o interesada de la idea de Europa como marco propicio para el reconocimiento de un proyecto nacional vasco, es preciso señalar que, al menos a corto y medio plazo, sólo dificultades adicionales va a reportarnos la reciente incorporación". Por ello, el proceso a seguir debe ser (EA 1989:47-49):

  • "Profundización del autogobierno y mayor presencia en Europa.
  • Aproximación progresiva de los territorios de Euskal Herria.
  • Estado Vasco.
  • Replanteamiento de nuestra presencia en una Europa en transformación."

Se puede decir que, en este congreso, EA da un giro pragmático en su concepción de Europa y sus posibilidades para el nacionalismo vasco, inclinándose por orientar su actividad política hacia el logro de una mayor presencia en las Comunidades Europeas y en los mecanismos de formación de la voluntad estatal en tales asuntos. Ello, sin renunciar al Estado vasco como objetivo final -siempre dentro de la Comunidad-, y percibiendo la necesidad de un replantemiento de la presencia vasca en Europa como consecuencia de su transformación, de su dinamismo, de constituir un proceso en construcción.

En las siguientes elecciones al Parlamento Vasco (1990), el programa electoral incidía de nuevo en la cuestión de "la reforma del marco político actual, desde la perspectiva de la construcción política de Europa" (EA 1990:12). Pero, además, se asociaba esto con otra idea: "Nuestra lucha a favor del autogobierno parte del mismo objetivo que el movimiento pacifista: apoyar la construcción de un mundo que se desarrolla incontenible hacia la unidad en la diversidad" (EA 1990:24, subrayado nuestro). Es decir, el partido se comprometía a favorecer el "impulso al proceso político de la Unidad Europea como factor de paz" (EA 1990:26, subrayado nuestro). Hasta ahora no se había establecido con tanta claridad la asociación entre proceso político europeo, desarrollo del autogobierno y factor de paz.

Ya en marzo de 1996, con ocasión de las elecciones generales anticipadas, se proclama que "la aspiración a hacer realidad el lema 'Independencia en Europa' que compartimos con otros partidos nacionalistas europeos, es la pretensión legítima de asumir los atributos de una estatalidad acorde con las circunstancias políticas del siglo XXI. Cualquier argumento encaminado a desacreditar la idea de un estado vasco por anacrónico, debería servir para desacreditar por igual motivo el papel de cualquier otro estado de la Unión" (EA 1996:48).

El III Congreso, celebrado ese mismo año, sienta las nuevas bases de la estrategia política de Eusko Alkartasuna. 'Independencia en Europa' y el repudio absoluto de cualquier forma de violencia -sea por parte de ETA o del Estado-, pasan a ser los polos principales de acción para EA (EA 1996:5).

Por encima de sus distintos matices, el PNV y EA han demostrado un núcleo ideológico común en su visión de Europa. Así, en las elecciones europeas de 1999 ambos partidos se presentaron en coalición electoral. En dicho programa electoral conjunto se desarrollaba su modelo político europeo. Allí se planteaba la idea de que además de la Europa de los Estados y la de los ciudadanos, "se ha introducido cada vez con más fuerza una tercera propuesta: la Europa de los Pueblos o de las Naciones", fenómeno debido en parte a la superación de los nuevos espacios económicos y políticos, pero también debido a que "los pueblos y naciones cobran mayor importancia en la vida interna de los estados europeos" (PNV/EA 1999:29).

No obstante, no todos los partidos nacionalistas comparten el diagnóstico sobre lo que es la integración europea y sus oportunidades. Así, la izquierda abertzale oficial (antigua Herri Batasuna, luego Batasuna) ha mostrado siempre una actitud claramente distinta a la de los dos partidos que se acaban de ver. Nos centraremos únicamente en dos documentos para extraer la actitud de esta formación política ante la Unión Europea. En 1994, HB editó una serie de seis libros, agrupados bajo el título genérico de "Europa, Kritika eta Alternatiba". Allí se afirmaba contundentemente que:

"Está claro que son los estados, y no las regiones y mucho menos los pueblos, los elementos básicos de la arquitectura europea construida por la Derecha y el Capital. los actuales estados comunitarios, cuyas estructuras políticas son en más de un caso anuladoras de los derechos de los Pueblos y Naciones que lo conforman, continúan negándoles toda capacidad política y económica en la Europa diseñada en el Tratado de Maastricht." (HB 1994:21)

Completando esto, se veía a la Unión Europea como un "proyecto autoritario, insolidario, antisocial e imperialista", lo que hacía que la idea de una Unión Europea se volvía "abstracta y vacía en sí misma". La conclusión era la falta de identificación con este proyecto y la demanda de una mayor democracia en la euroburocracia (HB 1994:22-23 y 27).

Un año después, en 1995, la ponencia Oldartzen manifestaba la pertinencia de distinguir entre la Unión Europea y Europa, que era "algo más que el proyecto de ciertos estados y oligarquías": "Europa es una realidad concreta que (...) no puede ser patentada por nadie" (HB 1995:13).

Y se distingue además entre esta Europa actual de los Estados de una futura Europa supranacional que, aunque llegara a existir, tampoco reconocería el hecho nacional (HB 1995:14). Pero se observa ya un creciente interés ante el fenómeno supranacional, aunque siga siendo criticado por su centralismo y falta de democracia.

También la organización armada ETA fue mostrando un creciente interés por la integración europea, sobre todo tras el Tratado de Maastricht y la creación de la Unión Europea. Resultó significativo que en el documento en el que ETA proclamaba la tregua de 1998, una vez expuestas las razones para declararla, ETA constata que paralelamente a la evolución de la situación política de la propia Euskal Herria, se estaba produciendo otro fenómeno importante:

"Europa está construyéndose como centro político, social y económico, como centro de decisión de los temas principales, pasando por Madrid y París, y alejándose de las estructuras estatales que nos someten directamente. Y sin un proyecto de independencia eficaz, el sometimiento y la desestructuración que padece Euskal Herria se acrecentará. Más aún, si estamos sin recursos ni alternativas que hagan frente a los gigantescos proyectos de unidad cultural y económica a nivel mundial."

Hasta este comunicado, apenas había referencias a la Unión Europea en los escritos de ETA. Y cuando se producían, solía ser para mofarse de una realidad ficticia, algo etéreo con lo que se trataba de justificar una serie de medidas económicas neoliberales. Con este texto se produce una alteración importante del discurso. Ahora "Europa" pasa a ser algo con entidad propia y, más aún, inevitable. Ya no se puede luchar contra una realidad que se impone -incluso a los propios Estados- a nivel mundial y que va a adquirir cada vez más poder como "centro político, social y económico". Esta nueva forma de considerar el nivel europeo, a su vez dentro de un contexto mundial, reorientará gran parte del discurso político de ETA, que ya comenzó su proceso de transformación con la "Alternativa Democrática" (Filibi 1999).

En el comunicado del 26 de febrero de 1999, ETA hace una "reflexión acerca de la situación que en estos últimos cinco meses ha vivido Euskal Herria y la decisión que como consecuencia ha tomado". Es la primera vez que la Unión Europea no se ve exclusivamente como una amenaza, sino que se le reconoce algún tipo de ayuda o apoyo a la liberación nacional vasca. Aunque el texto parece referirse únicamente a la dimensión económica, a la ventaja comparativa del tamaño regional, se mantiene que el proceso de construcción europea está en marcha. Además, el entorno próximo de Euskal Herria es esa Europa, ya no entrecomillada, que pasa así a sustituir a los Estados como referente del nuevo escenario internacional.

Una oportunidad poco habitual de encontrar material añadido para interpretar la doctrina política de ETA, fue la entrevista que los periódicos Gara y Egunkaria realizaron a varios miembros de su dirección y que fue publicada el 16 de mayo de 1999 (seguimos aquí la publicada por Gara). En lo referente a la dimensión internacional, se puede decir que ETA confía en que: 1) se produzcan "presiones de otros Estados" para obligar a que el gobierno español se mueva y responda a la oferta de abrir un proceso político que resuelva el conflicto; y 2) la comunidad internacional es importante además porque, en el último momento, "prestará su ayuda" siempre que se vea que Euskal Herria es un pueblo y que sus métodos son democráticos, con lo que además de un requisito para que te ayuden en el nivel internacional, la democracia es una garantía que este nivel otorga al final del proceso. En otro punto de la entrevista ETA lamentaba que el acuerdo de Lizarra-Garazi no se hubiese plasmado en una candidatura conjunta para las elecciones europeas.

Tras el fin de la tregua de 1998 se produjo un importante debate dentro de la izquierda abertzale y un sector crítico, principalmente navarro y aglutinado alrededor de Patxi Zabaleta, se constituyó en corriente interna que terminaría por crear su propia organización independiente a partir de julio de 2001. Esta nueva formación, Aralar, se define en su documento "Línea ideológica" por ser un "partido abertzale e independentista de izquierdas" cuyo objetivo es la creación de la República Federal de Euskal Herria y, en política internacional, "la solidaridad entre los pueblos será su divisa, y propugnará la Europa unida de los pueblos" (Aralar sf:3). El ejercicio del derecho de autodeterminación debe servir también para decidir el lugar de Euskal Herria en concierto internacional. Aunque Aralar "apuesta por la estructuración política de Europa", también es muy crítica con el actual modelo de integración, "dominado por macroestructuras que cuentan con un serio déficit en lo que respecta a las posibilidades de control ciudadano", por lo que los vascos "también tendremos que decidir si queremos seguir siendo miembros de la Unión Europea". En este sentido, Aralar reivindica una "Europa de los Pueblos" (Aralar sf:5).

En el año 2004 se creó en el ámbito de la Comunidad Foral Navarra una coalición de partidos políticos denominada Nafarroa Bai (NaBai) formada por Aralar, Batzarre, Eusko Alkartasuna, y el Partido Nacionalista Vasco, así como diversas personalidades independientes. En su programa electoral para las elecciones forales de 2007, en las que se convirtieron en la segunda fuerza política navarra, se señalaba con claridad que "Nafarroa Bai está profundamente comprometida con la construcción de la Europa política y social". Por un lado, "aboga por una Europa democrática, que reconozca el derecho a la autodeterminación, basada en la participación efectiva de todos los pueblos del continente. Asimismo, aboga por una Europa social, con políticas económicas que se pongan al servicio del bienestar de todos los ciudadanos" (NaBai 2007:6).

En el mismo documento se defiende "la participación navarra en las instituciones comunitarias (Consejo de Ministros de la Unión y Comités)" y se "postula que Navarra disponga de capacidad de codecisión y de presencia directa en las instancias directas que tratan de los asuntos de su interés o competencia, teniendo además una delegación permanente en Bruselas volcada en la defensa de nuestros intereses". Asimismo, "Nafarroa Bai reivindica la recuperación del Protocolo de Cooperación entre Navarra, la Región de Aquitania y la CAV (que fue derogado por el gobierno de UPN) con el fin de mejorar nuestras oportunidades en el ámbito europeo..." (NaBai 2007:7).

1Nótese el avance de las ideas del "interés común" y de la naturaleza política de la integración, absolutamente claves en el pensamiento de Jean Monnet, padre de las Comunidades Europeas tras la Segunda Guerra Mundial.

2El texto se refiere a las elecciones al parlamento Europeo de 1979, las primeras en las que los miembros de la antigua Asamblea fueron elegidos directamente por los ciudadanos de los Estados miembros, dotando así a esta institución -hasta entonces muy poco relevante-, de legitimidad democrática, con el consiguiente incremento de su autoridad y poder político.

3Es interesante notar que el título de este programa es "...y ahora Europa", y en la contraportada aparece el titular: "La apuesta del Partido Nacionalista Vasco por la Unión Europea".

Las negociaciones previas al tratado de Maastricht, que creó la Unión Europea, forzaron una seria reflexión en la sociedad vascofrancesa (Ipar Euskal Herria). En su condición de área fronteriza la construcción del mercado interior y la inevitable abolición de las fronteras dentro de la Unión ofrecía importantes peligros y oportunidades. Por un lado, se desmanteló todo el entramado económico que vivía de la frontera, lo que causó desempleo y obligó a reconvertir a cientos de personas. Por otro lado, la libre circulación de personas establecida por el Acuerdo de Schengen facilitó enormemente las relaciones físicas entre ambos lados de Euskal Herria, y esta ventaja se intensificó cuando entró en vigor la moneda única, el euro, mejorando las condiciones para los intercambios.

El análisis de estos grandes cambios se plasmó en el documento estratégico "Pays Basque 2010", que advertía del riesgo de que el territorio vasco en Francia quedase marginado en la periferia del nuevo y enorme mercado que se estaba creando si no se articulaba correctamente, se dotaba de instituciones propias y usaba su identidad distintiva como un valioso recurso de desarrollo endógeno (Ahedo 2002). El documento se hizo público en febrero de 1992, exactamente a la vez que se firmaba el tratado de Maastricht, lo que indica que se elaboró a la vez que las negociaciones que desembocarían en dicho tratado.

Este documento fue el punto de arranque de un potente movimiento a favor del Departamento vasco, uniendo los grupos que en los 80 apoyaban el departamento y los que defendían un departamento con verdadera autonomía. Uno de los mayores logros fue que cientos de personalidades de Iparralde fueron capaces de "consensuar una definición compartida sobre la problemática económica, territorial, social y cultural del Pays Basque" (Ahedo 2002:217-221, 246 y 585; Ahedo 2005). Dentro de esa estrategia general la cooperación transfronteriza pasó a ser un elemento de gran interés.

Simultáneamente, en Hegoalde los gobiernos de la Comunidad Autónoma Vasca y de la Comunidad Foral Navarra también llegaban a la conclusión de la necesidad de crear espacios de colaboración económica y política más amplios, aunque el gobierno navarro se descolgó de la cooperación a tres por sus diferencias ideológicas con el gobierno vasco. De modo que la cooperación transfronteriza vasco-aquitana se vio tremendamente impulsada en los años 90, dentro de una tendencia general europea que además ha ido contando con crecientes recursos comunitarios (De Castro 1994; Letamendia 1998; Bray 2004; Filibi 2008). La última evolución de esta cooperación es la creación de la Conferencia Euro-regional, en la que participan todos los agentes institucionales y políticos de Iparralde y Hegoalde, entendiendo que constituye el único medio para superar las dificultades de la profunda asimetría en la capacidad política y los recursos disponibles en las instituciones de ambos lados.

En este sentido, la integración europea afectó decisivamente al nacionalismo vasco de Iparralde, al modificar su estrategia y variar su discurso para aglutinar fuerzas y, en cierto sentido y a pesar de ser minoritario, liderar el proceso de cambio que demandaba nuevos mecanismos institucionales y una reactivación de la identidad vasca como herramienta imprescindible de desarrollo.

El 14 de marzo de 2004 Rodríguez Zapatero fue elegido presidente del gobierno español tras ganar en las elecciones generales. Un elemento clave de su discurso de investidura fue el concepto de "España plural", en un claro guiño a quienes proponían una revisión del encaje de las naciones vasca y catalana en el Estado español. También apostaba por reafirmar la vocación europeísta de su gobierno tras el cambio de prioridades del anterior gobierno de José María Aznar. La renovación interna del Estado y la apuesta por Europa, en el momento en que se aprobaba la Constitución europea, establecieron el marco político de la legislatura.

Durante unos años pareció darse una conjunción de líderes en Euskadi (Imaz), Catalunya (Carod Rovira) y España (Rodríguez Zapatero) con un perfil ideológico distinto, que rebajaron el tono nacionalista de sus respectivos discursos y que parecieron abrir la posibilidad de transformar el Estado español en un Estado plurinacional. El mayor hito en este sentido fue el reconocimiento del carácter nacional de Catalunya en su propuesta de estatuto de autonomía, aprobado casi por unanimidad en el parlamento catalán. No obstante, diversos acontecimientos, entre los que destacan los recortes del texto en el parlamento español y, tras su aprobación en referéndum en Catalunya (2006), el recurso ante el Tribunal Constitucional de diversas disposiciones, así como la dimisión de Josu Jon Imaz en Euskadi, que abandonó la vida política activa, terminaron por malograr el espíritu con el que se inició dicha legislatura.

Tras repasar los discursos de los distintos partidos nacionalistas vascos, puede concluirse que la voluntad de transformar Europa en una "Europa de los pueblos" en la que Euskal Herria esté presente en pie de igualdad es una meta compartida por todos ellos. Ahora bien, dentro de esta tendencia general subyacen distintas concepciones de la nación vasca, de la soberanía y de la Unión Europea.

Históricamente puede observarse la coexistencia -tensa- de dos grandes fuentes que alimentan el pensamiento político nacionalista. Por un lado, la tradición foralista y pactista, basada en la libre puesta en común de la soberanía con entidades políticas supranacionales: primero el reino de España, y hoy la Unión Europea. No extraña, visto así, que esta tradición, vinculada principalmente con el PNV, haya estado siempre asociada al pensamiento federalista europeo y se haya adaptado ideológicamente con tanta facilidad al contexto de soberanías difuminadas y compartidas que caracterizan hoy la Unión Europea (Filibi 2007). Además, el caso del primer nacionalismo vasco sugiere la existencia en Europa occidental de cierto tipo de nacionalismo no orientado a la estatalidad, que habría sido dominado por los Estados-nación dominantes; y ello plantea la cuestión de la posible existencia de otras manifestaciones nacionalistas que hayan sido olvidadas o sumergidas, desde su nacimiento, en la Europa estatista de los dos últimos siglos (Flynn 2000:157).

Por otro lado, una rama distinta del nacionalismo, más propia de la era moderna inaugurada por la Revolución Francesa, persiguió desde mediados del siglo XX la creación de un Estado-nación propio y homogéneo, igual y simétrico a aquellos de los que trataba de separarse. Estos dos troncos se han ido desarrollando durante más de un siglo simultáneamente, en cambiantes y tensas relaciones de complementariedad y antagonismo.

Con el tiempo, ambas se han ido nutriendo mutuamente. Esta última rama está siendo crecientemente influida por ciertas ideas-fuerza de la primera, especialmente, la central de compartir la soberanía; en gran medida condicionada por el entorno europeo basado en la supranacionalidad.

A esta confluencia de ideas entre el citado sector del nacionalismo vasco y ciertas características del contexto mundial y europeo, se suman las reflexiones de un cierto sector de la doctrina constitucional española. Así, Herrero de Miñón, en línea con Jellineck, ha calificado a los sistemas forales como "fragmentos de Estado", tratando así de aprehender su compleja realidad. Para este autor las comunidades forales poseen su "propia identidad", y ello significa que "sus competencias no están subordinadas, sino yuxtapuestas a las del Estado". Herrero desafiaba a quienes criticaban (y todavía hoy critican) este planteamiento, exigiendo que presenten una alternativa, pues es necesario oponer

"otra fórmula capaz de explicar por qué la Diputación de Vizcaya o el Gobierno Foral Navarro ejercen funciones netamente estatales en campo tan importante como el haciendístico; por qué dichas funciones no proceden de delegación alguna sino que, frente al principio general de competencia tributaria exclusiva del Estado (art. 133,1), son originarias y se ejercen mediante un pacto; por qué la estructura institucional alavesa, vizcaína o guipuzcoana nada tiene que ver con la de una provincia, sino que reproduce a escala la de una comunidad autónoma; por qué la revisión del Amejoramiento del Fuero navarro exige un pacto entre las instituciones forales y estatales; y por qué la autonomía de Euskadi no es, ni en su articulación interna ni en las competencias que tiene atribuidas ni, sobre todo, en su significado político, homologable con la autonomía de Madrid. Una interpretación que prescinda de estas consideraciones de hecho es huera e inútil, porque no da cuenta de la realidad." (Herrero de Miñón 1991:72-73)

Para responder a estas cuestiones hay que atender, además, a los cambios históricos producidos con el tiempo. Nadie demanda la pura reintegración foral, muchas de cuyas disposiciones han quedado obsoletas. Sin embargo, "a la vez, se ha producido una reafirmación de pretensiones políticas a las que los Derechos Históricos han servido de expresión, y a los mismos se han remitido tanto los modernos movimientos fueristas como el propio nacionalismo". Herrero de Miñónsugiere que, derivado de todo esto, "la esencia de los derechos históricos no puede encontrarse en un 'complejo competencial' determinado (...) Porque, ante el Estado, la comunidad histórico-política tiene una personalidad propia e infungible". Y remata su argumento recordando que "ya en el Antiguo Régimen, fuero no era tanto lo excepcional frente a lo general, como lo propio frente a lo ajeno, hasta el punto de que se recurrió a la vía de la generalización de privilegios para afirmar la común diferencia. (...) De ahí que la plena formalización pueda llevar a considerar el fuero, convertido ya en derecho histórico, en título de comunidad política diferenciada" (Herrero de Miñón 1991:76-77) 4. Lo dicho desde el plano jurídico tiene su correlato en el ámbito social, pues es indudable que el conjunto de los territorios vasco-navarros constituyen una unidad desde el punto de vista social, cultural (y en gran medida económico), como atestiguan los estudios realizados sobre los valores y actitudes sociales (Elzo 1996:281-282) 5.

De esta forma, "los derechos históricos serían manifestación de la soberanía originaria del pueblo vasco, expresada a través del régimen singularmente protegido de su foralidad", y de esto se derivaría, añadiría Herrero de Miñón en un texto posterior, que "los derechos históricos son plenamente compatibles con el ejercicio de autodeterminación por ese mismo sujeto" (Herrero de Miñón 1998:272).

Que duda cabe de que esta cierta confluencia ideológica entre sectores europeístas, nacionalistas vascos y constitucionales españoles ha sido posible sólo en el contexto de un proceso político de gran calado como el de la integración europea, basado en la idea-fuerza de compartir soberanía. Esta era también la principal inspiración de la propuesta que el Lehendakari presentó bajo el título de Un nuevo pacto político para la convivencia en el Parlamento Vasco (diciembre de 2004), y que descansa, en línea con la tradición histórica del pensamiento político del PNV, en el citado pilar de la puesta en común de la soberanía en el ámbito de marcos políticos más amplios (Unzueta 2003:107-113; Herrero de Miñón 2003:46). No obstante, la negativa del parlamento español incluso a debatir este texto (enero de 2005), implicó el principio del fin del proyecto de la "España plural", marcó un punto de inflexión en la política vasca y complicó mucho la oportunidad de desarrollar más estas ideas sobre la gestión conjunta de la soberanía dentro del Estado español.

Paralelamente, en el plano europeo también se produjeron algunos hechos que contribuyeron a cambiar el diagnóstico político de los distintos partidos nacionalistas. En este sentido, destaca la no inclusión en la Constitución europea de ninguna disposición favorable al reconocimiento de las naciones sin Estado y ni siquiera el establecimiento de ningún avance destacable en el aumento del poder político de las regiones. Además, las votaciones contrarias a la ratificación del texto constitucional en Francia y Holanda sumieron a la Unión Europea en una crisis profunda que se trató de salvar mediante la aprobación de un texto rebajado que terminó siendo el tratado de Lisboa (ratificado definitivamente a finales de 2009).

Puede decirse, por tanto, que las esperanzas que despertó la Unión Europea entre las naciones sin Estado y las regiones respecto a poder encontrar un mejor acomodo en la Europa política (Keating 1996; Rojo 1996) se vieron frustradas en gran medida, ya que el freno en la integración política producido a partir de mediados de los años 90 también afectó a los posibles avances en el encaje político de las regiones y naciones sin Estado en la UE. Una propuesta muy debatida fue la de Alain Lammassoure, respecto a la posibilidad de que la UE reconociese un status especial de "asociación" con las regiones que poseen parlamentos elegidos democráticamente. No obstante, pese a diversos intentos, la Convención constitucional se negó a discutir este asunto, fundamentalmente por las fuertes presiones en contra de varios Estados, y en particular del gobierno español presidido por José María Aznar.

El reducido papel de las regiones y el nulo reconocimiento político de las naciones sin Estado en la UE -dejando de lado pequeños gestos en relación a la utilización de algunas lenguas minoritarias (pero sin reconocimiento oficial)-, más de quince años después de la creación de la Unión Europea, han obligado a las regiones más dinámicas y a los distintos nacionalismos a redefinir sus estrategias y adaptar sus discursos (Hepburn 2008). En definitiva, durante los primeros años del Siglo XXI se puede apreciar en los partidos nacionalistas minoritarios y regionalistas una considerable reducción de las expectativas respecto a las posibilidades ofrecidas por el proceso de integración (Elias 2008).

En este contexto, diversos partidos nacionalistas han reformulado sus estrategias y proponen la celebración de referéndum y consultas sobre la idoneidad de crear sus propios Estados para asegurarse su representación política en la Unión Europea. Destacan la propuesta del Partido Nacionalista Escocés de realizar un referéndum sobre la independencia en 2010, reforzada tras su victoria electoral, o las consultas no oficiales producidas en Catalunya en el último trimestre de 2009, primero en Arenys de Munt (12 de septiembre de 2009) y posteriormente en 166 municipios catalanes (13 de diciembre de 2009). La pregunta de estas consultas catalanas era explícita tanto respecto a la cuestión de la estatalidad propia como a la de su pertenencia a la Unión Europea: "¿Está usted de acuerdo con que Cataluña se convierta en un Estado de Derecho independiente, democrático y social integrado en la Unión Europea?". Al parecer, roto el sueño de una Europa de los pueblos o, al menos, una Europa política que reconozca a estos pueblos, en beneficio de una Europa controlada por los Estados, los partidos nacionalistas de toda Europa parecen comenzar a apostar de nuevo por lograr un Estado propio. Además, el elevado número de Estados de tamaño medio y pequeño en la Unión Europea, con lenguas oficiales que en ocasiones tienen un menor número de hablantes que algunas naciones sin Estado, parecen avalar la viabilidad económica y la idoneidad política de dicha estrategia. En cualquier caso, tanto las regiones como las naciones sin Estado siguen siendo una dimensión política clave a la que la Unión deberá responder institucional y políticamente de alguna forma, una vez comprobada la insuficiencia del Comité de las Regiones.

4Este "ser" comunidad política, anterior a la Constitución y por tanto no derivado de ella, hace que, en opinión de Herrero de Miñón, los derechos históricos sean "inmunes a la revisión constitucional" (Ibid., p. 80).

5Además, este estudio demuestra, en contraste con lo mantenido mediante algunos clichés que han llegado a calar en la literatura científica, que es el sector nacionalista vasco el que presenta una mayor influencia de los valores postmaterialistas.

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