Léxico

LINO

Proceso de elaboración. "Primeramente se procedía a extraer la semilla. Ya en el campo se curaba en manojos; y una vez seca la semilla había que desgranarla. Todas las cabezas venían en la misma dirección. Demostraban enorme interés por presentarse en el pueblo con la carga más lucida de mies. Eskutada es el nombre que recibían los manojos. Para arrancar la semilla contaba con bancos alargados, que llevaban un peine de madera clavado en el centro. La acción de desgranar se llamaba azorraztu. Cada mesa servía para dos personas, que sentadas en ambos extremos de la misma se valían de medio peine (azorrazi) cada una. Una vez desprendida, golpeaban con mazos de madera la semilla y el tallo se volvía a atar en haces mayores llamados urtako. Las ligaduras de los manojos eran del mismo lino. En cambio el empaquetado para el agua suponía una técnica especial. Se pasaba un ramal por las ligaduras de los haces hasta cubrir la cuerda necesaria para abrazar toda la cosecha. Anudados los extremos de esta guirnalda servía de anillo para rellenar con el resto de los manojos. El gran paquete era introducido en el río. Se cubría de mimbres y colocaban encima pesadas piedras para impedir que fuera arrastrado por la corriente. A pesar de estas precauciones no siempre se lograba el objetivo y desaparecía el lino. El empozado duraba seis días, a juicio de una de mis comunicantes (María Goicoechea); otras me aseguran que necesitaba ocho días con sus noches respectivas (Engracia Galarza). Una vez extraído del agua era necesario secarlo. Lo hacían en algún prado. Soltaban para ello los haces y extendían cuidadosamente sobre el suelo. Más tarde se retiraba definitivamente al desván. Es cuando empieza propiamente la elaboración del hilo. Majado o mazado ( liyua jotze): Por medio de varas gruesas se majaba el lino sobre una mesa consistente. La empuñadura del garrote es más delgada para utilizarlo con más comodidad. La mesa lleva una cuerda que arranca de un lateral, de modo que abrazando el lino colocado sobre las tablas vaya a parar a la planta del pie. El otro extremo de la cuerda remata en lazo que sirve para introducir el pie y presionar las gavillas para que no puedan levantarse. El mejor aliado para realizar esta operación solía ser el sol. En días lluviosos o de ausencia solar calentaban la mies al horno, lo que dificultaba seriamente la labor y el rendimiento (...)."