La evasión. A la 1 ,15 de la tarde del lunes día 5 de abril, funcionarios de la prisión pasan lista a los presos, sin que ocurra nada anormal. Tras el segundo control, a las 6 de la tarde, se advierte que faltan 29 reclusos, de los 53 penados internados en el centro. Según se descubre después, la evasión se inicia desde uno de los váteres de la cárcel. Allí, habían practicado una perforación de unos cincuenta centímetros de anchura y sesenta de profundidad hasta alcanzar uno de los desagües. Diariamente cubrían el orificio con 6 azulejos de 15 x 15 cms. con los que habían construido una tapa que, accionada por 2 anillas, se adaptaba perfectamente al hueco, disimulándolo totalmente. Los fugados caminaron desde allí desnudos a lo largo de una galería de 31,30 metros de longitud, 40 centímetros de profundidad y 37 de ancho hasta alcanzar un colector que discurre por el arroyo San Rafael y va a parar al arroyo de Clamores. Dicho arroyo se halla a unos cuatrocientos metros de la cárcel. La salida se efectúa aproximadamente sobre las 2,30 de la tarde y a las 3,15 o 3,30 montan en una camioneta que les está esperando. Además hay dos turismos que les precederán, guiándoles durante el viaje.
