Léxico

LANA

Hasta mediados de siglo por lo menos el esquilado de la lana era tarea muy importante en los valles ganaderos sobre todo en los orientales de Navarra y Zuberoa. Una vez llegados los rebaños de las Bardenas y otras tierras meridionales, o de las Landas incluso, se esquilaba el ganado en los meses de mayo, junio y julio para la obtención del producto cuya venta constituía uno de los ingresos más saneados del ganadero. Hay que distinguir los grandes rebaños de trashumancia a gran escala de los de pequeña. Después del esquileo, se reservaba lana para el hilado en casa por mujeres, y en el oriente vasco también por hombres. La lana se carda una vez limpia y seca. El lavado requiere el secado que viene a durar un par de días. Según refiere Idoate en Rincones... [t. II, pág. 403] en el año 1825 un comerciante de Estella, llamado Pedro José Arriola, ofrecía a la diputación una máquina para mejorar el lavado de las lanas. La máquina era hidráulica y hacía el trabajo de treinta hombres. La diputación decidió tomar en cuenta la propuesta, pero se desconocen más datos sobre este asunto. El cardado, después, requiere las cardas, una especie de peines con púas largas de alambre, un peine para cada mano. Estas cardas son cuadradas tal como lo dice la «Tía Martina» en sus coplas roncalesas: «Estas cardas son cuadradas con a cada pequeño mangoy frotando una con otra la lana se va cardando».Conforme se carda se va colocando en una cesta para que quede hueca y esponjosa. He aquí la descripción del hilado en Isaba (Nav.) en su forma más rústica: «Y luego le llega el turno a la burkilla famosa que pronto se hace la dueña de aquella lana preciosa.Ajustada a la cintura con su cabellera blanca una mano habilidosaempieza a sacar la lana. Pronto la sujeta al huso al huso que la esperaba para empezar la faena de sus vueltas en la danza.Pero que no crea el huso que con esto ya bastaba pues aún le faltaba algo antes de empezar a husarla. El último toque era torcer la lana hilada la ponían en el techo por una escarpia pasada. Las dos puntas hacia abajo una era el ovillo en la otra puesto el huso para dar vueltas al hilo.Con las palmas de las manos al huso hacían girar dando vueltas y más vueltas dando vueltas sin cesar. Muy pronto ellas veían si estaba el trozo torcido lo recogían al huso y soltaban el ovillo.Y así por aquella escarpiala lana iba pasando se deshacía el ovillo y en el huso iba quedando. Esta operación del hilado ofrece variantes de interés en los valles cantábricos y alaveses. Garmendia Larrañaga nos da este resumen: «La hilandera recibe la lana según queda una vez esquilada. Después la lava en el lavadero público de la aldea, y la deja secar al sol, en los alrededores de la casa. El proceso del secado lo podemos fijar en un par de días; pero en su mayor o menor duración influye el tiempo. Debidamente seca la lana, la extiende sobre el piso y la apalea, valiéndose de una vara. De esta manera consigue que la lana quede esponjosa y hueca. Más tarde la lana irá estirando, reduciéndola a tiras. Tiras que por medio de la rueca accionada por medio de un pedal que queda al alcance del pie de la hilandera, a la que vemos sentada, las convertirá en hilo. Con la mano izquierda la hilandera sostiene la lana, y con la diestra, sirviéndose de los dedos índice, pulgar y corazón, que hacen de guía, consigue el hilo. Hilo que llega a un hierro llamado gavilán. Esta pieza metálica lleva varias hendiduras por toda la supeficie, y el hilo, que pasará por aquella que convenga a la hilandera, se irá arrollando, repartida por toda la superficie del huso, que es de madera. Convertida la lana en hilo, retira las cuerdas por medio de las cuales la rueda encanalada pone en movimiento al huso, y la hilandera saca, primero, un ovillo, ,y seguidamente, otro, que serán de un cabo. Más adelante recoge los cabos de los dos ovillos, y, nuevamente, por medio de la rueca, uniéndolos, los retuerce y queda logrado el hilo de dos cabos. Si la hilandera desea que el hilo sea más grueso, repite la operación anterior cuantas veces crea necesario. Por último, el hilo deja en madejas, preparado ya para su ulterior empleo en la confección de las diferentes prendas.