Las pinturas murales de Alaiza. Denunciada la posibilidad de ser halladas pinturas bajo el encalado interior de la iglesia de Alaiza por la profesora Micaela Portilla (CMDV), la Diputación de Alava encargó en 1982 al especialista en conservación y restauración Andrés Escalera Ureña la prospección del ábside. El levantamiento de las primeras capas de cal da como resultado el hallazgo de varias capas de pinturas pertenecientes a diversas épocas, debajo de las cuales se encuentra una decoración primitiva en color rojo sangre sobre fondo claro que constituye un sensacional descubrimiento en la historia de la pintura vasca. El conjunto queda a la vista a comienzos de 1983. Rufino López de Alda que da la primera aproximación al estudio del descubrimiento en la revista "Kultura" (n.º 6, 1984) describe las pinturas de esta forma: "El tratamiento general del tema se divide en tres zonas bien diferenciadas. Los dos paramentos de la bóveda de cañón y la superficie del cascarón del ábside. En esta última predomina una escena de asedio a una fortaleza por huestes heterogéneas bien pertrechadas, sobresaliendo los elementos montados a caballo que ostentan un mayor porte y dignidad. El árbol de la vida se ve representado en lo alto y debajo un grupo de tres ángeles con símbolos en la mano. A un costado, el derecho, dos ángeles, un ciervo y un cuervo custodian a dos personajes situados en el interior de una pequeña construcción. En la zona superior izquierda y como si se situara en el espacio, aparece una iglesia hacia la cual se dirige un cortejo fúnebre a través de una línea que parte de las almenas de la fortaleza. Entre estos temas se prodigan animales simbólicos como el gallo, algún ciervo, etc. El paramento de la izquierda se nos presenta en tres niveles: En el superior una mujer en posición sentada ofrece su sexo, un grupo o recua de arrieros en movimiento, un señor con su perro y un ángel que se dispone a castigar a un fornicador, espada en mano. En el nivel intermedio observamos cinco figuras con una ofrenda en la mano, que parecen haber salido de un monasterio o iglesia, donde un campanero en posición de semisentado hace doblar las esquilas de la espadaña. Ya en el inferior, aparece la figura de satanás, desnudo, arrojando sus heces sobre la tierra, en posición similar a la mujer situada dos líneas por encima, ambos sentados de frente. A continuación unos jinetes con lanzas y estandartes se preparan para la acción. El panel derecho, que es el más perjudicado por la acción del agua, los hongos y demás microorganismos, conserva un sesenta por ciento aproximadamente del argumento, representando otros tres niveles. El más elevado conserva un personaje en perfecto estado y que es pieza clave para la interpretación del conjunto, es un ángel con una trompeta o cuerno en posición de toque. Debajo varios personajes en postura casi idéntica son portadores de un atillo, una cruz y llevan colgando al costado una cartera, parecen en actitud de estar realizando un viaje. El nivel más inferior representa varios animales en postura libre, caballos y un bóvido". En cuanto a la fijación cronológica de las pinturas López de Alda dice: "podemos aventurar que el entorno a que hicimos mención en párrafos anteriores ha quedado reducido a finales del XI, principios del XII y el siglo XIII, en el que basándose en el documento del Obispo Aznar (1257), la iglesia ya estaba abierta al culto.". "La temática de la obra realizada, es otra de las características fundamentales, que diferencian la representación de Alaiza de cuantas he podido consultar. La novedad que supone la representación de un tema bélico en el interior de un templo, aderezada por motivos doctrinales, se proyectan al espectador en forma de catequesis gráfica, panorámica, en la que el Ministro, a través de la vista, intenta introducir en las mentes de unos fieles, carentes de la más elemental estructura intelectual, las enseñanzas de un texto de perenne espiritualidad, casi amenazadora, en la que el autor utilizó hábilmente el extremado laconismo del lenguaje bíblico, del lenguaje mesiánico, por su fuerza de catarata mágica, insospechada, terriblemente sugestiva y decididamente profética".
