Léxico

HÍPICA

El esplendor de Lasarte y Biarritz. Un año más tarde el Gran Premio de San Sebastián es para "Niceas", propiedad del Príncipe Aga Kahn, cuyos caballos volverán a vencer en Lasarte, como "Le Bijou", que triunfa en 1924 en el Gran Criterium Internacional. Paulatinamente van desapareciendo las cuadras europeas a la par que se van consolidando las españolas, siendo punteras la del Duque de Toledo y la del Conde de la Cimera. De muy importante puede calificarse la temporada de 1925, debutando, con gran éxito por cierto, muchos productos nacidos y criados en España, que se miden y superan a los importados. Al final de la década de los veinte adquiere una especial importancia el Grand Prix de Biarritz, donde se sigue con inusitado interés la lucha que sostienen el caballo español "Colindres" y el galo "Petit Poncet". Atraviesan emparejados la meta, compartiendo el triunfo. La franco- española pugna se repite cada temporada en Biarritz y Lasarte y añade interés al "turf" vasco, que durante la temporada estival polariza el interés de la afición internacional. Y llegados a este punto es obligado hacer referencia a las pruebas hípicas celebradas en Biarritz y no sólo en la especialidad de carreras, sino también en su renombrado Concurso Hípico, que constituye uno de los más clásicos dentro del calendario galo de la especialidad. Se debe el éxito en gran parte a M. Cartassac que durante muchos años consigue que el concurso biarrota mantenga un alto prestigio, habiendo desfilado por los terrenos de Aguilera los mejores jinetes del mundo. Durante varias décadas se enfrentarán españoles y franceses para dirimir su superioridad ante los obstáculos de Aguilera, famosos entre los más difíciles de Francia. La tradición hípica de Biarritz se remonta a mediados del pasado siglo y ya en 1870, tras la asamblea general celebrada el 14 de febrero, se funda la Sociedad Hípica de Bayona-Biarritz, siendo su primer presidente el Marqués d'Arcangues, al que sucederá el Conde de Lalande y más tarde el Dr. Moynac, Arbaud Detriyat... Ya en 1873 reparte la Sociedad 13.100 francos en premios, de los cuales 2.000 y 3.000 corresponden respectivamente a los Grandes Premios de Biarritz y Bayona, que se pagan en francos oro. Van superándose cada año las dotaciones de los premios hasta llegar a 62.700 en 1913, pero un año más tarde llega el conflicto bélico y se suspende toda actividad deportiva. Se cierra el Hipódromo de La Barre que se verá seriamente afectado y cuya reapertura tendrá lugar en 1920, año en el que se consignan 77.100 francos en premios. Tal auge va tomando la temporada biarrota, que cuatro años más tarde los premios suman la importante cifra de 217.000 francos. Para ello ha sido necesario una remodelación del bellísimo Hipódromo de La Barre, situado junto al lago del mismo nombre, siendo necesaria la incorporación de una ingente cantidad de nueva tierra, hasta el punto de que prácticamente se ha trasladado una colina entera desde Hurt hasta La Barre. Regresando al otro lado de la muga, sigue la pugna entre las cuadras del Conde de la Cimera y del Duque de Toledo, que como se recordará es en realidad el propio monarca Alfonso XIII, gran aficionado a los deportes en general y a la hípica en concreto. El advenimiento de la República en 1931 tiene una especial incidencia en el mundo de las carreras de caballos. Con el exilio del Rey desaparece su cuadra, uno de los más firmes puntales del "turt" nacional. Otra circunstancia adversa viene a sumarse a la ya apuntada y es el probable desmantelamiento del Hipódromo del madrileño Paseo de la Castellana, que al fin se consuma en 1933 fecha en que se cancela la concesión otorgada a la Sociedad de Fomento de la Cría Caballar para utilizar los terrenos en que se halla enclavado el Hipódromo. Se decide trasladar las pruebas al Hipódromo de Legamarejo en Aranjuez, circunstancia que tendrá una incidencia claramente negativa por la masiva disminución de espectadores. La crisis madrileña repercute positivamente en la temporada lasartearra que reúne un mayor número de aficionados, si cabe, que en temporadas precedentes. Pero es un espejismo, ya que la crisis se va acrecentando y afectará a todo el entorno del mundo hípico. El Conde de la Cimera, acaparador de premios en las últimas temporadas, intuye los difíciles años que se avecinan y va liquidando sus purasangres como "Montecassino" y "Frascati". En 1935 la Sociedad de Fomento, ante el evidente fracaso de las reuniones en el Hipódromo de Legamarejo, decide que los programas de Madrid y San Sebastián se celebren conjuntamente en Lasarte, suprimiendo el de Aranjuez.