Ferrón guipuzcoano natural de Aia. Se trasladó a Holanda -según Seoane- pensionado por la Compañía Guipuzcoana de Caracas para estudiar los más modernos procedimientos de fabricación de anclas. Conseguido su propósito, trabajo le costó a Guilisasti regresar sano y salvo a su tierra pues tuvieron los holandeses noticia de las intenciones del guipuzcoano. Trajo de Holanda, además del conocimiento del uso del carbón de piedra que estaba revolucionando la metalurgia, un pescante mayor, un mazo de veinte arrobas y otros varios útiles necesarios para la fabricación de anclas de gran tamaño. Florecieron en Gipuzkoa numerosas empresas dedicadas a la producción de anclas de grandes dimensiones con lo que se frenó la importación de tal producto en todas las posesiones de la Corona española, llegando los industriales guipuzcoanos a abastecer a la armada francesa. Guilisasti, que instaló su propia industria en el barrio de Arrazubia de su pueblo natal, fabricó el año de 1739 el mayor ancla construido hasta la fecha para un barco español, alcanzando un peso de 72 quintales castellanos, trabajo por el que le felicitaron altas personalidades de la marina. Abasteció a la Real Armada y Compañía de Caracas. Nombrado en 1752 por Real Orden inspector de anclas del Real Asiento de Hernani, con un sueldo mensual de 40 escudos de vellón, reglamentó hasta quince tipos diferentes de anclas según su peso que podían oscilar entre 7 y 12 quintales. Al morir este vasco emprendedor, su viuda e hijos siguieron con la fábrica de Arrazubia. En el Museo Oceanográfico de San Sebastián se conserva un retrato suyo, varias anclas fabricadas por él y una ejecutoria de su nobleza.
Ainhoa AROZAMENA AYALA
Ainhoa AROZAMENA AYALA
