La frontera, escenario en busca de libertad. La frontera y sus inmediaciones adquieren un particular protagonismo en el movimiento de esclavos. La promesa de incentivos por parte de los dueños de esclavos fugitivos activaba la vigilancia de los vecinos de las zonas montañosas cercanas a la muga, convirtiendo su persecución en un aliciente que compartía la comunidad campesina, experta en detectar sujetos que vagaban perdidos por los campos.
Un claro ejemplo de persecución organizada se observa en el caso de un esclavo que, el verano de 1616, trata de ganar la frontera. Esta circunstancia, que se repite con bastante frecuencia, nos ofrece la escenografía perfecta para imaginarnos con qué panorama se podían encontrar estos fugitivos. Pedro Pimentel, escapado de la casa de su amo en Valladolid, confiesa haber sido botín de guerra, y fue capturado, una vez más, cuando se dirigía a Francia.
Punto clave por diversos conceptos, la región fronteriza se convierte en escenario privilegiado para observar el fenómeno del esclavismo. A veces su paso no reviste ninguna complicación, pues se trata simplemente de meros acompañantes o criados de viajeros y mercaderes que se dirigen a Francia, Flandes o Italia. Pero alcanzar la frontera se convierte en el objetivo difuso de los esclavos fugitivos que buscan su libertad y, a veces, en un drama añadido, debido a que la vecina Francia podía frustrar sus anhelos. La razón es que el Bidasoa se convierte también, triste ironía la de los esclavos, en testigo mudo de movimientos rumbo al Sur. Frecuentemente con el conocimiento de las autoridades fronterizas, cruzan la muga esclavos procedentes del Norte y destinados al mercado ibérico, de donde probablemente procedían en origen, como parte de expediciones esclavistas que habían viajado a las Indias. En este fenómeno intervenían, al estilo del contrabando tradicional, vascos de ambos lados de la frontera.
Esta es la oscura trama con que se encontraban los esclavos ante la línea que les separaba de la presunta libertad transfronteriza. Pero la realidad ofrece también motivos para sospechar que no se trataba de una actitud compartida por toda la ciudadanía. El caso de la esclava María nos proporciona datos ante los que la presencia de los mercaderes de esclavos se opone a la actitud humanitaria de sectores mayoritarios de la sociedad fronteriza.
La esclava María disfrutó en Irun, zona en teoría conflictiva para los esclavos, de una situación de privilegio. Es probable que su caso no se puede generalizar, pero su historia invita a la reflexión sobre la desigual suerte que vivieron los esclavos en Euskal Herria. La muchacha había llegado a la población fronteriza antes del año 1581, enviada desde Portugal como muchacha de compañía para la mujer del mercader Juanes de Astigar. La esposa de éste, dada su posición económica, permitía a la esclava llevar una vida libre y desahogada.
Su aceptación por parte de la comunidad llegó a tal grado, que a nadie parecía crear ningún problema que la muchacha acompañase a sus amigas a las romerías que se celebraban al otro lado del Bidasoa. Obviamente, las normas prohibían a la población esclava pasar a Francia. Nadie puso objeción al hecho de que María pasase el Bidasoa en la propia gabarra oficial de la Provincia, cuyo encargado debía velar por evitar estas irregularidades. En realidad, fueron varias las ocasiones en las que María tuvo oportunidad para celebrar los festejos de Urruña ( Urrugne) y otras localidades de las cercanías, todas ellas allende la frontera.
Una denuncia obligó a tomar cartas en el asunto a unas autoridades que, conocedoras de los movimientos de la esclava, no habían tomado medidas al respecto. La solución fue buscar un culpable, que no fue otro que el gabarrero, a quien correspondía requerir el permiso a las personas que pasaban la frontera.
El desarrollo de las investigaciones generadas por el conflicto nos muestra un balance claramente favorable a la perfecta integración de esta esclava en la vida comunitaria de Irún. Hay que tener en cuenta que se trataba de una esclava especial, una doméstica de una conocida familia de prestigio de la localidad. En efecto, los testigos nunca la vieron como una esclava.
La acusación de un vecino obligó a movilizar el mecanismo previsto. Sin embargo, María, que confesaba estar perfectamente integrada en la comunidad, no tiene empacho en mostrar cierto recelo sobre su seguridad. Es curioso que la esclava mostrase temor a que le aplicaran las marcas en la cara propias de los esclavos, temor que revela que se le había respetado en este punto. De hecho, en sus incursiones al otro lado de la frontera le asaltó la tentación de quedarse a vivir en Francia. Frente el apoyo social de que gozaba se vislumbra el temor a la presión que acechaba al común de los esclavos, situación que ella demuestra conocer al manifestar sus temores.
El caso de esta esclava sirve, en cierto modo, de paradigma que muestra el panorama de los esclavos enVasconia. Su situación oscila entre la integración y el rechazo. Se trata de una integración social que se enfrenta a una reglamentación impuesta por las autoridades y que, en la práctica, resulta con frecuencia inoperante o simplemente sin ánimo de aplicación.
Un claro ejemplo de persecución organizada se observa en el caso de un esclavo que, el verano de 1616, trata de ganar la frontera. Esta circunstancia, que se repite con bastante frecuencia, nos ofrece la escenografía perfecta para imaginarnos con qué panorama se podían encontrar estos fugitivos. Pedro Pimentel, escapado de la casa de su amo en Valladolid, confiesa haber sido botín de guerra, y fue capturado, una vez más, cuando se dirigía a Francia.
Punto clave por diversos conceptos, la región fronteriza se convierte en escenario privilegiado para observar el fenómeno del esclavismo. A veces su paso no reviste ninguna complicación, pues se trata simplemente de meros acompañantes o criados de viajeros y mercaderes que se dirigen a Francia, Flandes o Italia. Pero alcanzar la frontera se convierte en el objetivo difuso de los esclavos fugitivos que buscan su libertad y, a veces, en un drama añadido, debido a que la vecina Francia podía frustrar sus anhelos. La razón es que el Bidasoa se convierte también, triste ironía la de los esclavos, en testigo mudo de movimientos rumbo al Sur. Frecuentemente con el conocimiento de las autoridades fronterizas, cruzan la muga esclavos procedentes del Norte y destinados al mercado ibérico, de donde probablemente procedían en origen, como parte de expediciones esclavistas que habían viajado a las Indias. En este fenómeno intervenían, al estilo del contrabando tradicional, vascos de ambos lados de la frontera.
Esta es la oscura trama con que se encontraban los esclavos ante la línea que les separaba de la presunta libertad transfronteriza. Pero la realidad ofrece también motivos para sospechar que no se trataba de una actitud compartida por toda la ciudadanía. El caso de la esclava María nos proporciona datos ante los que la presencia de los mercaderes de esclavos se opone a la actitud humanitaria de sectores mayoritarios de la sociedad fronteriza.
La esclava María disfrutó en Irun, zona en teoría conflictiva para los esclavos, de una situación de privilegio. Es probable que su caso no se puede generalizar, pero su historia invita a la reflexión sobre la desigual suerte que vivieron los esclavos en Euskal Herria. La muchacha había llegado a la población fronteriza antes del año 1581, enviada desde Portugal como muchacha de compañía para la mujer del mercader Juanes de Astigar. La esposa de éste, dada su posición económica, permitía a la esclava llevar una vida libre y desahogada.
Su aceptación por parte de la comunidad llegó a tal grado, que a nadie parecía crear ningún problema que la muchacha acompañase a sus amigas a las romerías que se celebraban al otro lado del Bidasoa. Obviamente, las normas prohibían a la población esclava pasar a Francia. Nadie puso objeción al hecho de que María pasase el Bidasoa en la propia gabarra oficial de la Provincia, cuyo encargado debía velar por evitar estas irregularidades. En realidad, fueron varias las ocasiones en las que María tuvo oportunidad para celebrar los festejos de Urruña ( Urrugne) y otras localidades de las cercanías, todas ellas allende la frontera.
Una denuncia obligó a tomar cartas en el asunto a unas autoridades que, conocedoras de los movimientos de la esclava, no habían tomado medidas al respecto. La solución fue buscar un culpable, que no fue otro que el gabarrero, a quien correspondía requerir el permiso a las personas que pasaban la frontera.
El desarrollo de las investigaciones generadas por el conflicto nos muestra un balance claramente favorable a la perfecta integración de esta esclava en la vida comunitaria de Irún. Hay que tener en cuenta que se trataba de una esclava especial, una doméstica de una conocida familia de prestigio de la localidad. En efecto, los testigos nunca la vieron como una esclava.
La acusación de un vecino obligó a movilizar el mecanismo previsto. Sin embargo, María, que confesaba estar perfectamente integrada en la comunidad, no tiene empacho en mostrar cierto recelo sobre su seguridad. Es curioso que la esclava mostrase temor a que le aplicaran las marcas en la cara propias de los esclavos, temor que revela que se le había respetado en este punto. De hecho, en sus incursiones al otro lado de la frontera le asaltó la tentación de quedarse a vivir en Francia. Frente el apoyo social de que gozaba se vislumbra el temor a la presión que acechaba al común de los esclavos, situación que ella demuestra conocer al manifestar sus temores.
El caso de esta esclava sirve, en cierto modo, de paradigma que muestra el panorama de los esclavos enVasconia. Su situación oscila entre la integración y el rechazo. Se trata de una integración social que se enfrenta a una reglamentación impuesta por las autoridades y que, en la práctica, resulta con frecuencia inoperante o simplemente sin ánimo de aplicación.
