Concepto

Energía sostenible

La energía sostenible es aquella cuyo suministro actual no compromete la capacidad de las generaciones futuras para seguir abasteciéndose de ese flujo de energía. Por tanto, la energía sostenible es aquella que cumple con los criterios de sostenibilidad tradicionalmente ligados al Desarrollo Sostenible.

Existen diversas opiniones en torno a qué flujos de energía y tecnologías concretas deben o pueden ser consideradas sostenibles. Los flujos de energía renovables son los que con un consenso más amplio recogen el carácter de sostenibles. Son en concreto la energía geotérmica y la energía solar, que tienen su origen respectivamente en los procesos de fisión atómica de átomos radiactivos en el núcleo terrestre, y de fusión de átomos de hidrógeno en el interior del Sol. La energía geotérmica es captada en forma de calor, aunque puede ser también transformada en electricidad. La energía solar puede ser captada en forma de radiación térmica mediante colectores térmicos para suministrar calor o agua caliente sanitaria, o puede ser transformada en electricidad mediante sistemas fotovoltaicos o en centrales termosolares de alta temperatura. La energía solar también se transforma en la Naturaleza en energía eólica, en energía hidráulica de los ríos y en energía de las olas. Diversos dispositivos como aerogeneradores, turbinas hidráulicas y otros transforman estos flujos de energía en electricidad o energía mecánica.

La radiación solar es también capturada en los tejidos verdes de los vegetales en forma de energía química mediante la fotosíntesis. Los residuos y desechos orgánicos de los seres vivos, tanto animales como plantas, utilizados como fuente de energía, reciben el nombre de biomasa. La biomasa, además de ser una energía renovable, es un vector energético almacenable a mayor escala que otros como la electricidad y puede ser utilizada de muy diversas formas: para generar electricidad, luz, calor, e incluso combustibles líquidos, denominados biocombustibles.

La energía de las mareas, por otro lado, tiene su origen en las fuerzas gravitatorias que ligan la Tierra y su satélite, la Luna.

En la Comunidad Foral de Navarra, en 2007 la producción primaria de energía renovable ascendió a 325,5 ktep (miles de toneladas equivalentes de petróleo), lo que equivalió al 13,9 % del consumo interior bruto de energía. La electricidad de origen renovable generada ese año equivalió a 246,1 ktep, o al 63,1 % del consumo final bruto de electricidad.

En la Comunidad Autónoma del País Vasco, en 2007 las energías renovables proporcionaron 400 ktep, o el equivalente al 5,1 % del consumo interior bruto. La electricidad de origen renovable, por su parte, supuso 79,6 ktep, o el equivalente al 4,5 % del consumo final bruto de electricidad.

En 2006, en Iparralde la energía eléctrica de origen renovable ascendió a 11,4 ktep, siendo el 85 % energía hidroeléctrica.

Las energías renovables se consideran sostenibles porque su apropiación y transformación por parte de la humanidad o bien no agota el recurso, o si lo hace este agotamiento sucede a una escala no humana: el Sol se acabará apagando, pero la humanidad con toda seguridad ya no estará aquí para verlo. Sin embargo, en algunos casos también puede darse la explotación no sostenible de recursos renovables. Este es el caso, por ejemplo, de la explotación intensiva de áreas forestales que derivan en su deforestación si no se asegura la repoblación forestal necesaria para mantener el recurso en el tiempo.

Los criterios de sostenibilidad aplicados al ámbito de la energía acarrean consigo una constante preocupación por minimizar los impactos sobre el medio natural y utilizar los recursos finitos disponibles de la mejor manera posible. Por ello, las tecnologías orientadas a mejorar la eficiencia energética son también consideradas un pilar fundamental de la energía sostenible. Sin embargo, debe subrayarse que la utilización de tecnologías orientadas al logro de la eficiencia energética no garantizan, per se, la consideración de sostenible para la energía concreta involucrada.

Los criterios de sostenibilidad aplicados al ámbito de la energía recogen un consenso mínimo en cuestiones centrales y fundamentales, pero también existe una encendida discusión con respecto a otras cuestiones también importantes, como el papel de los combustibles fósiles y la energía nuclear dentro de la sostenibilidad.

Existe consenso en lo que respecta a los dos siguientes criterios:

  • Para ser sostenible, el uso de los recursos renovables debe suceder a un ritmo no superior al ritmo de renovación de dicho recurso en la Naturaleza (3er axioma de Heinberg, y 3ª condición de Natural Step).
  • La sostenibilidad requiere que las sustancias vertidas al medioambiente por la actividad humana -en este caso el consumo de energía- puedan ser minimizadas y resulten inocuas para las funciones de la biosfera (5º axioma de Heinberg y 2ª condición de Natural Step).

El consenso se rompe al tratar de delimitar el carácter sostenible o no, y bajo qué condiciones, del consumo de los combustibles de origen fósil -que por otro lado tienen, también, un origen solar-. A este respecto, existen dos posiciones extremas.

La postura ligada a lo que en el ámbito económico se conoce como sostenibilidad fuerte defiende que la extracción y consumo de combustibles fósiles implica una reducción del capital natural del planeta. Como esa reducción, de mantenerse en el tiempo, acabaría con el recurso, esta postura considera que el consumo de combustibles fósiles no puede ser de ninguna forma sostenible, al margen de que se pueda cumplir o no el segundo criterio más arriba enunciado, que exige minimizar el impacto ambiental del consumo de energía -en el caso de los combustibles fósiles, fundamentalmente las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI)-.

La postura ligada a lo que se conoce como sostenibilidad débil defiende, por su parte, que en la sociedad actual el capital natural -por ejemplo los combustibles fósiles- y el capital humano -entre otros el conocimiento y la tecnología- son sustituibles entre sí, y por tanto se puede considerar el consumo de combustibles fósiles como sostenible si cumple el segundo criterio, ante la asunción de que el saber humano logrará en el futuro otras fuentes de energía, renovables o no, que puedan sustituir los recursos energéticos que hasta ese momento se hayan ido agotando.

Esta segunda postura despierta muchas críticas por su excesiva fe en el desarrollo tecnológico y su muy discutible equiparación de recursos materiales y medios tecnológicos. Sin embargo, el maximalismo de la posición ligada a la sostenibilidad fuerte tampoco está exento de críticas, ya que su estricta adopción derivaría en la imposibilidad de consumir combustible fósil alguno. Por ello, también existen algunas propuestas a medio camino entre estas posiciones extremas, aunque más cercanas a lo defendido por la sostenibilidad fuerte.

El economista ecológico Herman Daly ("Sustainable Development: Definitions, Principles, Policies", ), por ejemplo, defiende que para que el consumo de combustibles fósiles pueda ser considerado sostenible, ese consumo debe estar orientado al logro de otras alternativas de origen renovable que puedan sustituirlo en el futuro.

Por otro lado Richard Heinberg, basándose en trabajos previos de Albert Bartlett ("Reflections on Sustainability, Population Growth, and the Environment-Revisted"), defiende que para ser sostenible, el uso de los recursos no renovables debe proceder a un ritmo decadente con una tasa de declive igual o mayor que la tasa de agotamiento ("Five Axioms of Sustainability"). La tasa del agotamiento es la cantidad de recursos extraídos y consumidos en un determinado plazo temporal -normalmente, en un año- expresada como porcentaje de la cantidad que queda por extraer. Dicho de otro modo, la tasa de agotamiento es la producción de recursos dividida entre las reservas de dichos recursos, normalmente indicada en porcentajes. En lo que respecta al consumo de petróleo, este criterio ya se ha materializado en una propuesta concreta conocida como el Oil Depletion Protocol o Protocolo de Agotamiento del Petróleo. Esta propuesta ha sido asumida, por ejemplo, por la ciudad de Oackland (California, EE.UU.), que en un Plan de Acción aprobado en 2008 ("Oil Independent Oakland Action Plan", ) propuso una reducción sostenida del consumo de petróleo de aproximadamente el 3 % anual durante las próximas décadas.

Aunque en algunos ámbitos se defiende la sostenibilidad de la energía nuclear de fisión, esta postura es tremendamente discutida. Por un lado, expertos aluden que considerado el ciclo de vida completo de esta energía -desde la extracción del mineral hasta el almacenamiento de los residuos, pasando por la construcción de la central-, las emisiones de carbono pueden llegar a ser incluso superiores a las de las centrales térmicas de ciclo combinado que queman gas natural ("Nuclear power - the energy balance"). Tampoco debe olvidarse que el combustible nuclear procede de minerales también sujetos a agotamiento, y que por tanto esta energía requiere un tratamiento equivalente al de los combustibles fósiles. Por último, el hasta el momento insoluble problema del almacenamiento de residuos radiactivos y el inevitable riesgo de accidentes nucleares graves refuerza la insostenibilidad de esta fuente de energía.

Las administraciones son conscientes del reto que supone la sostenibilidad en el ámbito energético. En junio de 2009, la Unión Europea aprobó la Directiva 2009/28/CE relativa al fomento del uso de energía procedente de fuentes renovables. Esta Directiva establece un objetivo equivalente a una cuota del 20 % como mínimo de energía procedente de fuentes renovables en el consumo final bruto energético de la Unión en 2020. También establece que la cuota de energía procedente de fuentes renovables en todos los tipos de transporte en 2020 sea como mínimo equivalente al 10 % del consumo final energético en ese sector. La Directiva también pone un fuerte énfasis en promover la eficiencia energética y el ahorro de energía.

Ante el fuerte debate suscitado en torno a la insostenibilidad del consumo de biocombustibles, tal y como queda reflejado por ejemplo en el informe de Intermón-Oxfam "Otra verdad incómoda. Cómo las políticas de biocombustibles agravan la pobreza y aceleran el cambio climático" la Directiva 2009/28/CE especifica en su Artículo 17 los criterios de sostenibilidad que deben cumplir los biocombustibles para poder ser tomados en cuenta como aportación al logro de los objetivos antes señalados. Estos criterios incluyen por un lado la necesidad de que, considerado todo el ciclo de producción de los biocombustibles, éste suponga una reducción real de las emisiones de CO2 con respecto a los combustibles de origen fósil equivalente. Este nivel mínimo de reducciones se fija en el 35 %, que ascenderá al 50 % en 2017 e incluso más en años posteriores. Tal y como queda recogido en los anexos de la Directiva, que recogen tanto las normas de cálculo de los niveles de emisión de diversos biocombustibles producidos de diferentes modos como los valores típicos y por defecto de cada biocombustible, en la Unión Europea biocombustible ya no es sinónimo de sostenible, como puede ser el caso del biodiésel de aceite de palma o el etanol de trigo fabricado quemando carbón.

Los criterios de sostenibilidad de la Directiva 2009/28/CE también exigen no utilizar materias primas procedentes de tierras de elevado valor en cuanto a diversidad o con elevadas reservas de carbono; los biocombustibles deberán ser producidos cumpliendo con unos requisitos mínimos para las condiciones agrarias y medioambientales; y en países vinculados por diversos tratados internacionales y convenios de la Organización Internacional del Trabajo relativos al trabajo forzoso, la libertad sindical o el trabajo infantil.

En el marco del Programa Emblemático BAI Berezko Aurrerapen Iraunkorra - Progreso Genuino y Duradero, Eusko Ikaskuntza ha puesto en marcha en otoño de 2009 el Foro de concertación sobre Energía "Hacia un nuevo modelo de producción y consumo de energía y recursos", con el objetivo de estimular y enriquecer el imprescindible debate social en torno a las recetas para hacer frente a la actual situación de crisis de sostenibilidad a la que se enfrenta nuestra sociedad en el ámbito de la energía.