Reunión de Guayaquil: Bolivar y San Martín. El general argentino San Martín (El Protector), desembarcó en Guayaquil para entrevistarse con Simón Bolívar, a las nueve de la mañana del 26 de julio de 1822
"... por el muelle que enfrentaba a la lujosa casa de Luzurriaga, donde se le había preparado hospedaje".
(Encina: Historia de Chile).
El Libertador Simón Bolívar le aguardaba en el suntuoso vestíbulo del palacio, vestido de gala y rodeado de su estado mayor. En el salón de honor Bolívar le presentó a sus generales y coroneles. Después recibió la bienvenida de las corporaciones y las damas de Guayaquil.
"Carmen Garaycoa, la más esplendente belleza del Guayas, a la sazón joven de 18 años, le colocó en las sienes, en nombre de Colombia, una corona figurando hojas de laurel de oro esmaltado. El Protector se la quitó de la cabeza, y dirigiéndose a la niña que se la ciñera, le dijo cariñosamente que él no merecía este honor, habiendo otros cuyos méritos estaban por encima de los suyos, pero que la conservaría como uno de los días más felices de su vida, por venir de quien venia y por el sentimiento que había inspirado el obsequio".
A continuación, Bolívar y San Martín sostuvieron una conferencia de hora y media, a solas, sin ningún testigo. El día 27, a la una de la tarde, el Protector San Martín se dirigió al palacio de Bolívar donde se verificó otra entrevista, de cuatro horas, sin testigos. A las 5 los dos próceres se dirigieron al comedor donde se celebró un banquete de 50 cubiertos, homenaje de Bolívar a San Martín. A las 9 se celebró el baile de gala que la municipalidad ofrecía en su honor. Bolívar lo esperaba rodeado de sus oficiales. San Martín no bailó. Después de la última conferencia los concurrentes al banquete habían observado que apenas podía contener su sorda irritación. A las 2 de la mañana del 28 de julio embarcó San Martín. Bolívar lo acompañó hasta el bote entregándole un retrato suyo en prueba de su sincera amistad. La estancia de San Martín de Guayaquil duró 40 horas. El objeto aparente de las conferencias era la suerte de Guayaquil: su anexión a Colombia, deseo de Bolívar, o a Perú, deseo de San Martín.
Estas conversaciones secretas, a través de la correspondencia de los protagonistas con sus amigos o subordinados, dejan traslucir otros aspectos. Bolívar es el prototipo del criollo brillante, audaz, sicólogo, generoso. En el talante de San Martín al embarcar rumbo a Chile está escrita su derrota. Ha tropezado con un genio en sus aspectos militar y humano. Salvando las distancias, Bolívar posiblemente le ha recordado a San Martín la brillante figura de aquel José Miguel Carrera, el patriota chileno fusilado por él en Mendoza. Bolívar, en su carta a Santander, dos días después de la conferencia, se expresa así: "Dice que no quiere ser rey (San Martín); pero que tampoco quiere la democracia y sí que venga un príncipe de Europa a reinar en el Perú. Esto último yo creo que es pro-forma"... En otra carta al mismo político colombino, de 14 de setiembre, le confía:
"Yo creo que el general San Martín ha tomado el freno con los dientes y piensa lograr su empresa, como Iturbide la suya; es decir, por la fuerza, y así tendremos dos reinos a los flancos, que acabarán probablemente mal, como han empezado mal. Lo que yo deseo es que ni uno ni otro pierdan su tierra por estar pensando en tronos".
El recibimiento fastuoso que dispensa Bolívar al argentino, la corona de oro que le hace ceñir un momento por manos de la bella Carmen Garaycoa, podía significar que estaba bien informado sobre las intenciones ocultas de San Martín. En su correspondencia, el Protector no perdona a Bolívar su victoria total que termina anexionando Guayaquil a la Gran Colombia. Y sobre todo su brillante victoria personal sobre la personalidad inmutable, aunque versátil del argentino.
