Historia I. Los subsidios extraordinarios y ayudas fueron lo que con el tiempo produjeron lo que se llamó cuarteles, que se regularon y fijaron en cantidad determinada como las alcabalas. En esta regulación se tomó por base al principio el vecindario de cada pueblo en cuanto a los cuarteles, y más adelante la riqueza territorial o bienes inmuebles, aunque, al parecer, no fue del todo uniforme esta regla. [Las ordenanzas del año 1524 sobre la forma de contribuir el clero a los cuarteles y alcabalas, dicen que era costumbre, a lo menos en la mayor parte del reino, que los cuarteles se tasasen por los bienes sedientes: Novísim. recop., lib. I, tít. 14, ley 15].
Respecto a las alcabalas, se imponían por el tráfico o comercio de cada pueblo. En 1362 se acordó por las Cortes una contribución de decen florín (diez florines) por cada fuego para la guerra con Aragón, con inclusión del clero, y en 1363 se exigían 15 sueldos también por fuego. Decía el rey en este año que los prelados, ricos hombres, caballeros y hombres de buenas villas y labradores, excepto los coillazos encartados, le habían concedido por dos años 6.000 florines de oro por cada mes para la guerra y a causa también de la prisión del infante D. Luis. El clero de Pamplona ofreció por su parte 5.000 florines en cada año; los obispos de Calahorra, Bayona, Dax y Tarazona entraron también en este subsidio. En 1366 los pueblos, buenas villas y labradores concedieron al rey 40.000 florines de oro. Esta cantidad se repartió por fuegos, de los cuales se formó un censo por merindades y pueblos, resultando que, según el número de ellos, correspondía a 2 florines y medio a cada fuego; por cuya cuenta aparece que había en Navarra 16.000 fuegos o familias, pero la distribución se hizo en cada pueblo según las facultades de sus respectivos habitantes, divididos en cuatro clases: la primera pagó 4 florines, 3 la segunda, 2 la tercera y uno la más pobre. Todo esto resulta del libro del censo del año 1366, donde está copiado auténticamente lo que se practicó entonces.
En 1368 las Cortes acordaron una ayuda de 4 sueldos por cada fuego. En 1371 otra ayuda de 40.000 florines y en 1372 otra de 50.000 libras para disponer 1.000 hombres de armas y 2.000 de a pie por los peligros de guerra que había en España. Estas ayudas se distribuyeron por fuegos a cada pueblo, pero en ellos se hacían los repartimientos según los bienes de cada vecino, sin excluir los eclesiásticos ni los nobles.
En 1375 concedieron las Cortes 20.000 libras; inclusas 12.000 que prestaron al rey los pudientes para socorrer a su hermano, el infante D. Luis, en la empresa de conquistar el reino de Albania, que decía corresponderle por su mujer.
En 1376 se concedieron 25.000 libras al rey y 10.000 al príncipe D. Carlos para su viaje a Francia.
En 1377 se concedió otra ayuda de 30.000 libras en cada uno de los dos años siguientes, y además 6 dineros por cada robo de trigo que se moliese en los molinos del reino y 3 dineros por robo de los otros granos. De las 30.000 libras correspondió pagar a la merindad de Tudela 2.745, a Tudela 1.400, a Corella 105 y a Monteagudo, 24.
En 1378 se dieron al rey 60.000 florines para la guerra, de los cuales pagó el clero 4.000.
En 1379 pidió el rey Carlos II al pueblo el rediezmo de todos los frutos, pero se le contestó que juntase los tres Estados. Reunidos en efecto los prelados, hijosdalgo y diputados de las buenas villas, le ofrecieron los dos primeros estamentos 50.000 libras por un año, y el tercero el moleo, esto es, 6 dineros por robo de trigo y 3 por el de cebada como en el año 1377; mas habiéndose suscitado por algunos la cuestión de si sería mejor que esta ayuda del moleo se hiciese por fogage, no se pudieron convenir; y visto por el rey que la cosa se dilataba de día en día, mandó en su gran consejo que la imposición se verificase sobre todas las cosas que se vendiesen, escepto las heredades y que se diesen además 24.000 libros por año, en cuatro plazos; con lo que dio principio lo que luego se llamó cuarterones, cuartes y cuarteles, porque se estableció la costumbre de pagarse por cuartas partes de tres en tres meses.
En 1380 concedieron las Cortes al rey 40.000 libras por cuarterones, en 1381 10.000 libras para la vuelta de Francia del príncipe D. Carlos. En el mismo año de 1381 se concedieron al rey por las Cortes 40.000 libras; la parte del clero la destinó a los gastos de reponer las lámparas y cálices que había tomado de las iglesias del reino para las necesidades de la guerra.
En 1382 se repitió la concesión de las 40.000 libras. En el mismo año decía el rey al arcipreste de la Ribera, Miguel Martín de Rufas: "Bien sabedes como Nos, ante de agora en nuestro conseillo, hobiesemos ordenado que todos los fijosdalgo, que estan apareillados de cabaillos et armas, así de clérigos, como de otros, et non son nuestros mesnados, non fuesen tenidos de pagar cuarteres ningunos á Nos..." y concluía mandando que no se les exigiese; de esta manera dio principio la exención de la nobleza en el pago de contribuciones, y de aquí procedió después el nombre de remisionados.
En 1385 Carlos II mandó exigir 120.000 francos para el casamiento de la infanta D.ª Juana, su hija, pero viendo las dificultades de conseguirlo recurrió a las Cortes. Decía el rey acerca de esto, en 8 de junio, que había mandado juntar a todos los tres Estados del regno tanto clérigos, fijosdalgo et hombres de buenas villas, y les manifestó le necesidad en que se veía de que le socorriese y ayudasen al matrimonio de su hija Doña Juana: et esto lejándolo el rey á su eleccion, é autoridat, ordenanza é poder, á fin que no entendiesen que el no queria hacer otra cosa que todo bien; et que mas graciosament eillos le ayudasen al dicto matrimonio como eran obligados; y que después de muchas cuestiones todos acordemente le dieron el rediezmo de pan, vino y de las demás cosas que se diezmaban, tanto cuanto pagarían a la iglesia, y además 20.000 francos repartidos por tasa capital o número de vecinos. Todo esto se calculó en 70.000 francos. Pero la contribución del rediezmo tuvo malos resultados, y ya en 7 de septiembre el rey se vio en la necesidad de cambiar de medio. Decía que había observado varios inconvenientes: el primero del servicio de Dios por la malicia de los maliciosos, que habían defraudado a las iglesias reteniendo la mitad del diezmo para no pagar sino la otra mitad al rey; el segundo, que sería necesario vender el trigo fuera del reino, de que se podría seguir una carestía y falta de pan; el tercero, los fraudes que se habían comenzado a experimentar en el pago de la parte del rey; el cuarto, que las gentes, con el temor de que se perpetuase esta contribución, se retraían de sembrar; y el quinto, que no era cosa igual, ante mui desigoal, á los unos mui Ligera, é á los otros de muit grant et inmoderada carga. Por todas estas razones mandó el rey que dicha ayuda se pagase por manera de tasacion, cada uno según su facultad, y que los recibidores tasasen a franco de oro en todas las villas y lugares, según su discreción y con consejo de hombres sabidores. El rey perdonó en dicho año al cardenal de Aragón 118 libras, que le correspondía pagar de la ayuda de los 70.000 francos para el casamiento de la infanta D.ª Juana, a 8 francos y 12 sueldos por fuego. Este es el primer acto de exención de contribuciones que se encuentra en favor de los eclesiásticos. [Esto es, después del sistema de las ayudas o donativos voluntarios; pues en lo demás ya en el año 1255 convinieron el rey Teobaldo II y el obispo de Pamplona en que ni el obispo ni el cabildo pagasen portazgo, y en que el rey no hiciese exacción alguna a personas eclesiásticas].
Sigue después en el año 1393 perdón concedido al monasterio de Roncesvalles de los cuarteles del año anterior, otro al priorado de Falces en el año 1395, mientras el Padre Santo nuestro seinor el Papa (decía el rey) toviere el dicto priorado; al monasterio de Leire en 1418; al de Tulebras en 1432; y a la catedral de Pamplona y sus parroquias en 1438. Y aunque estas concesiones se limitaban a casos particulares, la repetición de ellas produjo una costumbre que al fin se perpetuó.
En 1386 las Cortes acordaron dar al rey 40.000 francos para la gente de guerra.
En 1387 acordaron 30.000 florines. En este año murió Carlos II y no resulta haberse dado ninguna ayuda a su hijo Carlos III hasta el año 1390, en que se le concedieron por las Cortes 60.000 florines, los 40.000 para el mantenimiento de su estado y los 20.000 restantes para la honra (honores o fiestas) de su coronación. En el mismo año se dio al rey un subsidio de 12.000 florines para su viaje a Roma, y otro de 30.000 florines para el cesamiento de la moneda. [Esto es, porque cesase la acuñación de nueva moneda].
En 1391 exigió el rey la vigésima parte de los sueldos que disfrutaban los funcionarios públicos y empleados sobre el erario.
En 1392 se concedió una ayuda de 85.000 florines para el viaje del rey a Francia. De los 85.000 florines los 40.000 debían cobrarse por cuarteles. Los judíos del reino ofrecieron al rey 6.000 libras para el mismo objeto. En el mismo año exigió el rey el diezmo de lo que sus mesnaderos, caberos o caballeros, ujieres, sargentos de armas y otros empleados, percibían del erario en granos y dinero. También concedieron las Cortes al rey un donativo de 30.000 florines, pagados en 6 años, para el casamiento de su hermana la infanta D.ª María. No se verificó el proyectado viaje del rey a Francia hasta el año 1396, en que las Cortes volvieron a concederle con ese objeto 80.000 florines. En esta ocasión, queriendo manifestar el rey su gratitud a la ciudad de Tudela por la buena voluntad con que se condujo en el otorgamiento de dicho donativo, le perdonó las tres partes de su contingente. En el mismo año impuso el rey el diezmo y veinteavo sobre las tierras y rentas del Estado que disfrutaban los señores del reino.
En 1398, estando el rey en Francia, concedieron las Cortes a la reina 40.000 florines en cada uno de 3 años.
En 1401, estando ya el rey en Navarra, le concedieron las mismas Cortes 50.000 florines para su segundo viaje a Francia; ayudas capitales se titulaban algunas veces estas concesiones, sin duda porque se imponían, como las pechas capitales, por el número de vecino o cabezas de familia. Ya para este tiempo el rey había hecho extensiva la gracia concedida a Tudela en 1396 a otros pueblos, facilitando de esta manera la liberalidad de ellos en el otorgamiento de los donativos, y llegó a ser una costumbre contra la igualdad.
En una ayuda de 35.000 francos, otorgada por las Cortes en 1403 para el mantenimiento del estado de la reina (el rey estaba en Francia) y de sus hijas, y de la guarnición de Chereboug, decía el mismo rey que las Cortes se la habían concedido dejando en manos de la reina proveer de las gracias y remisiones acostumbradas hacer por el rey a las ciudades y buenas villas del reino. A su virtud, considerando que los de Puente la Reina se son mostrados (decía la reina) muit obedientes et volunterosos, les concedió que sólo pagasen 40 florines por la dicha ayuda, y Pamplona, por la misma razón, 1.000 florines. De aquí tuvo principio también la distinción que se hacía por las Cortes, en tiempos posteriores, de cuarteles con gracias, y sin ellas; los cuarteles sin gracias eran aquellos en que se prohibía al rey la facultad de hacer remisiones, que llegaron a ser gravosas al común de los pueblos cuando todo lo necesario para el Estado salía de ellos [Sin embargo, no se echó de ser en mucho tiempo este inconveniente: 1.° por que los donativos eran voluntarios; 2.° porque las gracias que hacía el rey se deducían de la cantidad concedida por las Cortes, apareciendo de esta manera que el verdadero donador era el monarca; pero estos descuentos contra el erario producían la necesidad de pedir nuevos subsidios y el conflicto de las Cortes entre su concesión o negativa]. La exención que se concedía a las buenas villas, se había fijado en la tercera parte de sus contingentes. Sin embargo consta que en 1441 sólo pagaban la cuarta parte.
El rey Don Juan II en el año 1452 perdonando a la villa de Monreal la tercera parte de cuarteles, decía que esta gracia era además de la otra tercera que debía rebajársele como gracia general concedida a las otras ciudades y buenas villas del reino, ultra otra tercera part, que ante de agora (así se explicaba) habían de gracia, en la forma é manera que las otras ciudades, é buenas villas de nuestro regno, han, gozan é aprovechan. Estas gracias no tenían lugar en los donativos que se concedían para casamientos de las infantas. Se había fijado también por este tiempo la cantidad de cada cuartel, pues en dicho año de 1403 decía el rey que perdonaba a su consejero el abad de Montearagón todas las ayudas y cuarteles que le pudieran pertenecer durante su vida, cuya parte por cada cuartel, al respecto de nueve fuegos, era nueve florines, esto es, un florín por cada fuego. La cantidad total de un cuartel era 10.000 florines. En 1407 las Cortes de Estella otorgaron al rey 4 cuarteles, que eran 40.000 florines.
En 1408 dieron las Cortes un donativo de 50.000 florines para pagar las deudas hechas por el rey en su viaje a Francia.
En 1410 acordaron otro donativo de 15.000 florines para la venida del rey desde Francia, adonde había hecho ya tercer viaje; y en el año siguiente le dieron tres cuarteles, que dice importaban 30.000 florines para pagarle las deudas que había contraído con dicho motivo. Al mismo tiempo le concedieron 6 cuarteles pagados en tres años para armar gente.
En 1413 otorgaron las Cortes 2 cuarteles y en 1414 otros dos cuarteles para gastos del Estado: medio cuartel para los caminos de San Sebastián y Fuenterrabía, y 4 cuarteles, que dice valían 40.000 florines, para la venida de la reina de Sicilia, D.ª Blanca.
En 1416 las Cortes acordaron un cuartel, y cinco en 1418, los cuatro para las necesidades de la monarquía, y el quinto para los gastos del conde de Cortes en su ida a gobernar los estados del rey de Francia.
En 1419 se concedieron tres cuarteles para el matrimonio de la infanta D.ª Isabel con el conde de Armañac.
En 1420 se otorgaron diez cuarteles. En 1421, dos cuarteles y medio pagados en tres años.
En 1424, catorce cuarteles pagados en 4 años. Pero en este año la costumbre de conceder cuarteles de cantidad determinada se había consolidado de tal manera que llegó a considerarse como obligatoria, y las Cortes, celosas de su libertad, exigieron del rey las explicaciones convenientes; a su virtud confesó que loscuerteres, que dichas córtes le habían concedido hasta entonces en cada año, cuando mas, cuando menos, había sido á su grant requesta et rogaría, é no por derecho que tuviese á tomarlos; é que no se siguiese perjuicio por eillo á los Estados en su derecho; antes declaraba que si muriese en el término de los cuatro años, en que se debian pagar los cuarteles últimamente otorgados, cesasen desde el dia de su fallecimiento. Y al año siguiente murió el rey.
Respecto a las alcabalas, se imponían por el tráfico o comercio de cada pueblo. En 1362 se acordó por las Cortes una contribución de decen florín (diez florines) por cada fuego para la guerra con Aragón, con inclusión del clero, y en 1363 se exigían 15 sueldos también por fuego. Decía el rey en este año que los prelados, ricos hombres, caballeros y hombres de buenas villas y labradores, excepto los coillazos encartados, le habían concedido por dos años 6.000 florines de oro por cada mes para la guerra y a causa también de la prisión del infante D. Luis. El clero de Pamplona ofreció por su parte 5.000 florines en cada año; los obispos de Calahorra, Bayona, Dax y Tarazona entraron también en este subsidio. En 1366 los pueblos, buenas villas y labradores concedieron al rey 40.000 florines de oro. Esta cantidad se repartió por fuegos, de los cuales se formó un censo por merindades y pueblos, resultando que, según el número de ellos, correspondía a 2 florines y medio a cada fuego; por cuya cuenta aparece que había en Navarra 16.000 fuegos o familias, pero la distribución se hizo en cada pueblo según las facultades de sus respectivos habitantes, divididos en cuatro clases: la primera pagó 4 florines, 3 la segunda, 2 la tercera y uno la más pobre. Todo esto resulta del libro del censo del año 1366, donde está copiado auténticamente lo que se practicó entonces.
En 1368 las Cortes acordaron una ayuda de 4 sueldos por cada fuego. En 1371 otra ayuda de 40.000 florines y en 1372 otra de 50.000 libras para disponer 1.000 hombres de armas y 2.000 de a pie por los peligros de guerra que había en España. Estas ayudas se distribuyeron por fuegos a cada pueblo, pero en ellos se hacían los repartimientos según los bienes de cada vecino, sin excluir los eclesiásticos ni los nobles.
En 1375 concedieron las Cortes 20.000 libras; inclusas 12.000 que prestaron al rey los pudientes para socorrer a su hermano, el infante D. Luis, en la empresa de conquistar el reino de Albania, que decía corresponderle por su mujer.
En 1376 se concedieron 25.000 libras al rey y 10.000 al príncipe D. Carlos para su viaje a Francia.
En 1377 se concedió otra ayuda de 30.000 libras en cada uno de los dos años siguientes, y además 6 dineros por cada robo de trigo que se moliese en los molinos del reino y 3 dineros por robo de los otros granos. De las 30.000 libras correspondió pagar a la merindad de Tudela 2.745, a Tudela 1.400, a Corella 105 y a Monteagudo, 24.
En 1378 se dieron al rey 60.000 florines para la guerra, de los cuales pagó el clero 4.000.
En 1379 pidió el rey Carlos II al pueblo el rediezmo de todos los frutos, pero se le contestó que juntase los tres Estados. Reunidos en efecto los prelados, hijosdalgo y diputados de las buenas villas, le ofrecieron los dos primeros estamentos 50.000 libras por un año, y el tercero el moleo, esto es, 6 dineros por robo de trigo y 3 por el de cebada como en el año 1377; mas habiéndose suscitado por algunos la cuestión de si sería mejor que esta ayuda del moleo se hiciese por fogage, no se pudieron convenir; y visto por el rey que la cosa se dilataba de día en día, mandó en su gran consejo que la imposición se verificase sobre todas las cosas que se vendiesen, escepto las heredades y que se diesen además 24.000 libros por año, en cuatro plazos; con lo que dio principio lo que luego se llamó cuarterones, cuartes y cuarteles, porque se estableció la costumbre de pagarse por cuartas partes de tres en tres meses.
En 1380 concedieron las Cortes al rey 40.000 libras por cuarterones, en 1381 10.000 libras para la vuelta de Francia del príncipe D. Carlos. En el mismo año de 1381 se concedieron al rey por las Cortes 40.000 libras; la parte del clero la destinó a los gastos de reponer las lámparas y cálices que había tomado de las iglesias del reino para las necesidades de la guerra.
En 1382 se repitió la concesión de las 40.000 libras. En el mismo año decía el rey al arcipreste de la Ribera, Miguel Martín de Rufas: "Bien sabedes como Nos, ante de agora en nuestro conseillo, hobiesemos ordenado que todos los fijosdalgo, que estan apareillados de cabaillos et armas, así de clérigos, como de otros, et non son nuestros mesnados, non fuesen tenidos de pagar cuarteres ningunos á Nos..." y concluía mandando que no se les exigiese; de esta manera dio principio la exención de la nobleza en el pago de contribuciones, y de aquí procedió después el nombre de remisionados.
En 1385 Carlos II mandó exigir 120.000 francos para el casamiento de la infanta D.ª Juana, su hija, pero viendo las dificultades de conseguirlo recurrió a las Cortes. Decía el rey acerca de esto, en 8 de junio, que había mandado juntar a todos los tres Estados del regno tanto clérigos, fijosdalgo et hombres de buenas villas, y les manifestó le necesidad en que se veía de que le socorriese y ayudasen al matrimonio de su hija Doña Juana: et esto lejándolo el rey á su eleccion, é autoridat, ordenanza é poder, á fin que no entendiesen que el no queria hacer otra cosa que todo bien; et que mas graciosament eillos le ayudasen al dicto matrimonio como eran obligados; y que después de muchas cuestiones todos acordemente le dieron el rediezmo de pan, vino y de las demás cosas que se diezmaban, tanto cuanto pagarían a la iglesia, y además 20.000 francos repartidos por tasa capital o número de vecinos. Todo esto se calculó en 70.000 francos. Pero la contribución del rediezmo tuvo malos resultados, y ya en 7 de septiembre el rey se vio en la necesidad de cambiar de medio. Decía que había observado varios inconvenientes: el primero del servicio de Dios por la malicia de los maliciosos, que habían defraudado a las iglesias reteniendo la mitad del diezmo para no pagar sino la otra mitad al rey; el segundo, que sería necesario vender el trigo fuera del reino, de que se podría seguir una carestía y falta de pan; el tercero, los fraudes que se habían comenzado a experimentar en el pago de la parte del rey; el cuarto, que las gentes, con el temor de que se perpetuase esta contribución, se retraían de sembrar; y el quinto, que no era cosa igual, ante mui desigoal, á los unos mui Ligera, é á los otros de muit grant et inmoderada carga. Por todas estas razones mandó el rey que dicha ayuda se pagase por manera de tasacion, cada uno según su facultad, y que los recibidores tasasen a franco de oro en todas las villas y lugares, según su discreción y con consejo de hombres sabidores. El rey perdonó en dicho año al cardenal de Aragón 118 libras, que le correspondía pagar de la ayuda de los 70.000 francos para el casamiento de la infanta D.ª Juana, a 8 francos y 12 sueldos por fuego. Este es el primer acto de exención de contribuciones que se encuentra en favor de los eclesiásticos. [Esto es, después del sistema de las ayudas o donativos voluntarios; pues en lo demás ya en el año 1255 convinieron el rey Teobaldo II y el obispo de Pamplona en que ni el obispo ni el cabildo pagasen portazgo, y en que el rey no hiciese exacción alguna a personas eclesiásticas].
Sigue después en el año 1393 perdón concedido al monasterio de Roncesvalles de los cuarteles del año anterior, otro al priorado de Falces en el año 1395, mientras el Padre Santo nuestro seinor el Papa (decía el rey) toviere el dicto priorado; al monasterio de Leire en 1418; al de Tulebras en 1432; y a la catedral de Pamplona y sus parroquias en 1438. Y aunque estas concesiones se limitaban a casos particulares, la repetición de ellas produjo una costumbre que al fin se perpetuó.
En 1386 las Cortes acordaron dar al rey 40.000 francos para la gente de guerra.
En 1387 acordaron 30.000 florines. En este año murió Carlos II y no resulta haberse dado ninguna ayuda a su hijo Carlos III hasta el año 1390, en que se le concedieron por las Cortes 60.000 florines, los 40.000 para el mantenimiento de su estado y los 20.000 restantes para la honra (honores o fiestas) de su coronación. En el mismo año se dio al rey un subsidio de 12.000 florines para su viaje a Roma, y otro de 30.000 florines para el cesamiento de la moneda. [Esto es, porque cesase la acuñación de nueva moneda].
En 1391 exigió el rey la vigésima parte de los sueldos que disfrutaban los funcionarios públicos y empleados sobre el erario.
En 1392 se concedió una ayuda de 85.000 florines para el viaje del rey a Francia. De los 85.000 florines los 40.000 debían cobrarse por cuarteles. Los judíos del reino ofrecieron al rey 6.000 libras para el mismo objeto. En el mismo año exigió el rey el diezmo de lo que sus mesnaderos, caberos o caballeros, ujieres, sargentos de armas y otros empleados, percibían del erario en granos y dinero. También concedieron las Cortes al rey un donativo de 30.000 florines, pagados en 6 años, para el casamiento de su hermana la infanta D.ª María. No se verificó el proyectado viaje del rey a Francia hasta el año 1396, en que las Cortes volvieron a concederle con ese objeto 80.000 florines. En esta ocasión, queriendo manifestar el rey su gratitud a la ciudad de Tudela por la buena voluntad con que se condujo en el otorgamiento de dicho donativo, le perdonó las tres partes de su contingente. En el mismo año impuso el rey el diezmo y veinteavo sobre las tierras y rentas del Estado que disfrutaban los señores del reino.
En 1398, estando el rey en Francia, concedieron las Cortes a la reina 40.000 florines en cada uno de 3 años.
En 1401, estando ya el rey en Navarra, le concedieron las mismas Cortes 50.000 florines para su segundo viaje a Francia; ayudas capitales se titulaban algunas veces estas concesiones, sin duda porque se imponían, como las pechas capitales, por el número de vecino o cabezas de familia. Ya para este tiempo el rey había hecho extensiva la gracia concedida a Tudela en 1396 a otros pueblos, facilitando de esta manera la liberalidad de ellos en el otorgamiento de los donativos, y llegó a ser una costumbre contra la igualdad.
En una ayuda de 35.000 francos, otorgada por las Cortes en 1403 para el mantenimiento del estado de la reina (el rey estaba en Francia) y de sus hijas, y de la guarnición de Chereboug, decía el mismo rey que las Cortes se la habían concedido dejando en manos de la reina proveer de las gracias y remisiones acostumbradas hacer por el rey a las ciudades y buenas villas del reino. A su virtud, considerando que los de Puente la Reina se son mostrados (decía la reina) muit obedientes et volunterosos, les concedió que sólo pagasen 40 florines por la dicha ayuda, y Pamplona, por la misma razón, 1.000 florines. De aquí tuvo principio también la distinción que se hacía por las Cortes, en tiempos posteriores, de cuarteles con gracias, y sin ellas; los cuarteles sin gracias eran aquellos en que se prohibía al rey la facultad de hacer remisiones, que llegaron a ser gravosas al común de los pueblos cuando todo lo necesario para el Estado salía de ellos [Sin embargo, no se echó de ser en mucho tiempo este inconveniente: 1.° por que los donativos eran voluntarios; 2.° porque las gracias que hacía el rey se deducían de la cantidad concedida por las Cortes, apareciendo de esta manera que el verdadero donador era el monarca; pero estos descuentos contra el erario producían la necesidad de pedir nuevos subsidios y el conflicto de las Cortes entre su concesión o negativa]. La exención que se concedía a las buenas villas, se había fijado en la tercera parte de sus contingentes. Sin embargo consta que en 1441 sólo pagaban la cuarta parte.
El rey Don Juan II en el año 1452 perdonando a la villa de Monreal la tercera parte de cuarteles, decía que esta gracia era además de la otra tercera que debía rebajársele como gracia general concedida a las otras ciudades y buenas villas del reino, ultra otra tercera part, que ante de agora (así se explicaba) habían de gracia, en la forma é manera que las otras ciudades, é buenas villas de nuestro regno, han, gozan é aprovechan. Estas gracias no tenían lugar en los donativos que se concedían para casamientos de las infantas. Se había fijado también por este tiempo la cantidad de cada cuartel, pues en dicho año de 1403 decía el rey que perdonaba a su consejero el abad de Montearagón todas las ayudas y cuarteles que le pudieran pertenecer durante su vida, cuya parte por cada cuartel, al respecto de nueve fuegos, era nueve florines, esto es, un florín por cada fuego. La cantidad total de un cuartel era 10.000 florines. En 1407 las Cortes de Estella otorgaron al rey 4 cuarteles, que eran 40.000 florines.
En 1408 dieron las Cortes un donativo de 50.000 florines para pagar las deudas hechas por el rey en su viaje a Francia.
En 1410 acordaron otro donativo de 15.000 florines para la venida del rey desde Francia, adonde había hecho ya tercer viaje; y en el año siguiente le dieron tres cuarteles, que dice importaban 30.000 florines para pagarle las deudas que había contraído con dicho motivo. Al mismo tiempo le concedieron 6 cuarteles pagados en tres años para armar gente.
En 1413 otorgaron las Cortes 2 cuarteles y en 1414 otros dos cuarteles para gastos del Estado: medio cuartel para los caminos de San Sebastián y Fuenterrabía, y 4 cuarteles, que dice valían 40.000 florines, para la venida de la reina de Sicilia, D.ª Blanca.
En 1416 las Cortes acordaron un cuartel, y cinco en 1418, los cuatro para las necesidades de la monarquía, y el quinto para los gastos del conde de Cortes en su ida a gobernar los estados del rey de Francia.
En 1419 se concedieron tres cuarteles para el matrimonio de la infanta D.ª Isabel con el conde de Armañac.
En 1420 se otorgaron diez cuarteles. En 1421, dos cuarteles y medio pagados en tres años.
En 1424, catorce cuarteles pagados en 4 años. Pero en este año la costumbre de conceder cuarteles de cantidad determinada se había consolidado de tal manera que llegó a considerarse como obligatoria, y las Cortes, celosas de su libertad, exigieron del rey las explicaciones convenientes; a su virtud confesó que loscuerteres, que dichas córtes le habían concedido hasta entonces en cada año, cuando mas, cuando menos, había sido á su grant requesta et rogaría, é no por derecho que tuviese á tomarlos; é que no se siguiese perjuicio por eillo á los Estados en su derecho; antes declaraba que si muriese en el término de los cuatro años, en que se debian pagar los cuarteles últimamente otorgados, cesasen desde el dia de su fallecimiento. Y al año siguiente murió el rey.
