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VILLAFRANCA

La cuestión agraria. Durante el s. XIX, las desamortizaciones eclesiásticas pusieron en manos particulares gran parte de las tierras de Villafranca, que poseían la catedral de Pamplona y la orden de San Juan de Jerusalén, aumentando las posesiones de terratenientes como el conde de Rodezno y la familia Victoria. En 1894 hubo una importante revuelta popular, cogiéndose leña y uva de las corralizas del conde de Rodezno y de la marquesa de Oroquieta y decidiéndose los agricultores a cultivar tierras de corralizas. Esta movimiento fue duramente reprimido por unidades del ejército. A finales de los años 20 del s. XX se pondrán en cultivo unas 2.500 robadas de pasto. La explotación de tierras vírgenes y su ulterior arrendamiento a campesinos de la localidad fue beneficiosa, dada la urgente necesidad de ampliar el espacio de cultivo. En 1931 una docena de familias disfrutaban de la posesión legal del 50 % de las 12.000 robadas de regadío y 43.000 de secano del término. Los antecedentes del enfrentamiento político durante la República se encuentran a partir de 1924, con la división del pueblo en "amarillos" y "coloraus", consecuencia de las opciones políticas de la época y del fracaso del cooperativismo católico en Villafranca. El paro agrícola hará de difusor de las ideas socialistas, que alcanzarán gran predicamento con el establecimiento del régimen republicano en 1931, instalándose en Villafranca el Partido Radical-Socialista (abril de 1932), y, en las mismas fechas, el Partido Socialista, así como la UGT, con su sección de Oficios Varios y Trabajadores de la Tierra. Nació asimismo el Casino de Unión Republicana. La paralización de las obras de la carretera a Marcilla motivó la declaración de huelga legal por parte de UGT en noviembre de 1932, interrumpiendo por varios días las faenas agrícolas en la época de siembra del cereal y de la recogida de la remolacha. La concesión de un préstamo de 20.000 ptas. al Ayuntamiento por parte de la Caja de Ahorros de Navarra para continuar las obras de la carretera, calmó los ánimos. Todos los intentos de reformas quedaron abortados con la guerra. (Ref. Virto, J. J.; Arbeloa, V .M.: La cuestión agraria..., "P. de V.", 1985).