De Espinal a Yeu. Diez días después, a principios de Semana Santa, los del chalet, acabadas las reservas y comprobando que en el exterior las cosas parecían normales, preparaban la salida. Decidieron aprovechar el coche de los dueños para la retirada. Prepararon un plan para sorprenderles, porque la casa tenía dos entradas: la de la calle y la del garaje. Los del chalet llegaron en Jueves Santo. En cuanto oyeron ruido de coches en la entrada de la casa, y comprobaron que no eran de la Guardia Civil, pusieron en marcha el plan previsto. Eran dos personas con dos coches. Mientras uno se quedaba fuera, el dueño entró por el garaje. Debido al calor o al olor de las comidas, se dio cuenta de que había alguien dentro y preguntó, en voz alta, quién estaba. El que tenía la metralleta le salió al paso y le dio el alto. El dueño, asustado, salió corriendo hacia la calle. Su compañero, que estaba fuera, hizo lo propio. Una vez los tres en la calle, el de la metralleta les volvió a dar una vez más alto. Cuando estaba a punto de disparar, frenaron y dieron la vuelta. Los fugados les tranquilizaron, diciéndoles quiénes eran. Los ataron y amordazaron y les dejaron 30.000 pesetas por los gastos de la estancia. En uno de los coches, se dirigieron directamente a Alsasua. Dieron un gran rodeo porque, estando próximo el Aberri Eguna en Pamplona, probablemente tendrían las carreteras controladas. En Alsasua, contactaron con un conocido que les facilitó ayuda y orientación. El coche lo dejaron en un servicio de la Renault, junto a otros muchos. Lo descubrirían bastantes días más tarde. Habían decidido seguir por monte hasta Tolosa, donde tenían pensado establecer contacto con la organización. En el camino, les pilló una gran nevada y se perdieron. Decidieron parar hasta que dejase de nevar y, para darse calor, se acurrucaron unos contra otros junto a un árbol. Pasaron así toda la noche. Cuando llegaron a Tolosa entraron en un restaurante a comer algo. La entrada la hicieron individualmente, para no levantar sospechas como grupo. Estaba todo lleno de montañeros. Tenían bastante hambre, pero a «Txaflis» la comida no le aprovechó. Tuvo que salir apresuradamente. Frente a él, un individuo leía un periódico que tenía en su primera página la foto de cada uno de ellos. Junto a los fotos, anunciaba la celebración del Aberri Eguna en Pamplona. «Txaflis» esperó fuera a los otros. Más tarde, contactaron con el enlace. Días después, y una vez preparado el viaje hasta la frontera, que resultó difícil debido a los numerosos controles en la carretera, pasaron por el monte Larun. Muñoa, Lascurain, Aizpurua, García y Amilibia estaban a salvo. Una vez presentados a la policía francesa, fueron conducidos a la isla de Yeu, desde donde escaparon de nuevo. Los demás compañeros de la fuga se encontraban, sancionados, en los penales más duros del Estado español: Puerto de Santa María, Córdoba, Cáceres y Cartagena. Los detenidos por apoyar la fuga, que pasaban de la docena, fueron concentrados en Madrid y Ocaña.
