Variedad marítima. Entresacamos de la obra "Pasajes, resumen histórico", del licenciado Fermín Iturrioz Tellería: Pedro Vicente Laboa y otros suscribieron una petición al Ayuntamiento (de Pasajes) el año 1824. Se proponían organizar una corrida de gansos, por mar, los días de Santiago y Santa Ana, "a fin de que huya toda melancolía que padecía el lugar desde el año pasado" (1823), a causa de la fiebre amarilla. Estas corridas despertaban en el público una extraordinaria alegría. Desde un cable bien tenso que unía un galeón con tierra, colgaba una cuerda que sostenía a distancia de un metro escaso del agua, un ganso fuertemente atado por el cuello. Desde un lugar señalado, ágiles remeros enfilan hacia el ganso su embarcación en cuya popa va de pie un muchacho en traje de baño. A una señal convenida la barca se desliza veloz por debajo del ganso suspendido. El muchacho le agarra y queda colgado de aquél. Como es difícil separar del cable la cuerda, el esfuerzo del "cazador" que tiene en sus manos la presa, se concentra en descoyuntar y separar, a tirones y a mordiscos, el cuerpo, del cuello del ganso. Los dirigentes de la fiesta, en lugar de ayudar al cazador en su ardua tarea, dejándole en paz, hacen funcionar las poleas que sostienen el cable, de forma que al muchacho agarrado al ganso, ora le obligan a bajar rápido hasta zambullirse en el agua, ora le levantan por encima de las embarcaciones. Los victoriosos se retiran a nado a una barca, llevando en una mano la pieza cobrada; los frustrados también se retiran a descansar, pero unos y otros vuelven a probar fortuna con los restantes gansos que se han de colgar del cable. En la citada ocasión Pedro Vicente Laboa y sus compañeros pidieron al Ayuntamiento docena y media de gansos para organizar esta fiesta. Hasta el siglo XIX el tamboril de San Sebastián, Rentería u Oyarzun amenizaba estas fiestas, pero en 1810, el Pasaje, tiene un tamboril propio, don José Joaquín Bastarrica.
