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FUNCIONARIO

Funcionariado vasco en el Estado. En la Monarquía española, sobre todo con la casa de Austria, gran parte de los cargos públicos, civiles o eclesiásticos, estaban desempeñados por vascos. Tales confesores y capellanes del rey, inquisidores, catedráticos, militares, escribano de Real Audiencia o de Cámara, tesoreros, contadores, consejeros, proveedores, corregidores, secretarios, fiscales, etc. Isasti, antes de reproducir un supuesto diálogo mantenido por un arriero navarro y el emperador Carlos, dice: "El emperador Carlos Quinto de gloriosa memoria gustaba de hablar bascuence, que por tener al confesor, capellán y médico bascongados, como se nota en su lugar, o por curiosidad aprendió algunas palabras; y así de personas fidedignas he sabido, que encontrando en el camino a un arriero de Navarra le preguntó en bascuence". El mismo Isasti, en su relación de guipuzcoanos sobresalientes de 1625, de 12 secretarios de estado menciona a 5 nacidos en la provincia. Y si enfocamos a sólo el reino de Felipe II, nos salta a la vista el gran número de burócratas vascos que rodean al monarca: Francisco de Idiáquez, secretario de Estado; Esteban de Garibay, cronista del reino; Domingo de Zavala y Francisco de Eraso, escribanos de cámara; J. Eraso, Esnarrizaga, Zuazo, Echave, Arce, Dr. Amézqueta, Dr. Salazar, Pedro de Azcarraga, rey de armas, etc. Garibay era consciente de esta profesionalización vasca cuando escribió en su Compendio: "Sus naturales, así hombres como mujeres, son en general de buenos gestos y disposición y de buena habilidad no sólo para las cosas de pluma, como se ve de ordinario entre los ministros de la casa real y en la arte mercantiva y en los demás ejercicios de péndola, mas también para el arte de la navegación y profesión de la disciplina militar y no menos en el ejercicio de las letras, aunque no sucede a muchos tomar esta vía". Tampoco ha de olvidarse el célebre pasaje del Ingenioso Hidalgo de Cervantes en que, a la pregunta de Sancho sobre qué secretario puede tener en la ínsula Barataria, contesta uno de los presentes: " -Yo señor, porque sé leer y escribir, y soy vizcaíno". Pendolistas vascos de todos los géneros abundaron, pues, tanto en el ejercicio privado como en el público, tanto en la península como en Italia, Flandes o Indias. La existencia de un gran contingente de funcionarios públicos vascos, incluso en Ultramar, es puesta de manifiesto por el representante de Guipúzcoa en las Cortes de Bayona de 1808 -"...colonias españolas, pobladas en muchas partes de naturales de las tres Provincias Vascongadas y Navarra, quienes ocupan casi todos los empleos del Gobierno, conferidos por la Metrópoli"- para inducir a Bonaparte a mantener los Fueros y, de paso, a los funcionarios coloniales adictos al nuevo régimen. [Actas, p. 107].