Diputado de los Altos Pirineos en la Convención Nacional francesa y representante del pueblo que más se ocupó del ejército.
Dice Duceré que casi siempre se le podía encontrar en la división de izquierda, acantonada en St-Jean-Pied-de-Port (Baja Navarra) y que no hacía mucho caso de las sociedades populares, pues su indiferencia sobre este punto le valió durante algún tiempo la animosidad del Club de los Sans-Culottes de Baiona, hasta el punto que más tarde le fue necesario desplegar mucho celo para hacer desaparecer la prevención que le tenían. El combate y la organización de las tropas parecen haber sido su única meta. Tan pronto como llegó a Baiona anunció que se proponía tomar, a la bayoneta, Hondarribia; pero tenía que transcurrir un año, aún, para alcanzar este resultado. No tardó en ser calumniado por Batdebat; el 16 de abril de 1793, en la sesión del Club de los Jacobinos, el vicepresidente del Directorio del departamento, le denunció "como no cumpliendo las obligaciones que sus deberes le imponían". Féraud se justificó brillantemente en una carta fechada, desde St-Jean-Pied-de-Port, el 29 de abril de 1793, y dirigida al Comité de Salut Public, es decir, trece días después de ser denunciado por Batdebat.
"El desea, dice, que yo sea reemplazado por uno de mis colegas de una fe republicana más acendrada, por Dartigoeyte. Ciudadano, este hombre no me ha conocido nunca. Yo no he sido nunca del departamento de las Landas. La parte del interior ha sido confiada a mis colegas menos aptos que yo para los combates y las penalidades. Me atrevo a decir que se trata de una intriga, para arrebatarme las compensaciones, que, con todo derecho, esperaba como fruto de mis fatigas y desvelos. Y puesto que es preciso hablar de mí os diré simplemente que San Juan Pie de Puerto no tenía ejército, ni fortificaciones disponibles, y que yo llegué después de una derrota. San Juan Pie de Puerto hubiera podido ser tomado muy bien por 100 hombres. Pues bien, ni 40.000 podrían tomarlo ahora, pues está abundantemente provista de todo lo necesario; 10.000 hombres la defienden y la confianza reina en ellos en el más alto grado. Hemos resultado vencedores por todas partes donde hemos atacado o lo hemos sido. Yo he ido siempre a la cabeza de la vanguardia y de los granaderos. Y sable en mano, he cargado siempre con ellos. Fui herido, es cierto, en una circunstancia, y en otra mi penacho resultó estropeado por una bala que lo atravesó. Salvé de las llamas a un anciano enemigo que iba a perecer en ellas. Y con ocasión de una partida, en el bosque de Mixe fue cuando destruí quizá el germen de la guerra civil en Saint-Palais. He hecho tratar a los prisioneros con la consideración que exige el derecho de gentes y de una nación magnánima, y me atrevo a decir que a mi manera de actuar se deben los amigos que comenzamos a tener más allá de los montes. He establecido en Saint-Palais una panadería para 17.000 hombres, abundantemente provista, unos hospitales en buen estado, dos prisiones seguras donde la honradez es respetada enteramente, una escuela de artillería de 200 a 300 cañoneros. He reparado en parte los edificios de la administración de forrajes, los que guardan el heno sobre todo. No he pasado un solo día sin visitar a los soldados bajo la tienda ni sin velar por sus necesidades ni preocuparme por mitigar los fatigas que tenían que soportar. No os hablaré del orden que reina en esta división. Respondo con mi cabeza que es, quizá, una de las más republicanas y dé las mejor disciplinadas de todas las de la República".
Féraud continúa así su propia apología, pero el 15 de noviembre de este mismo año de 1793 -15 de brumario del año II- tuvo que enfrentarse de nuevo con dos denuncias y fue obligado a justificarse. Dejémosle, pues, la palabra en una causa que defiende tan bien.
"He leído en una hoja del Antifederalista, que buscaban arrebatarme la confianza que he tenido la suerte de ganar en todo el país donde vuestra voluntad me ha retenido tanto tiempo. Conozco el objeto de la diatriba, ya estaba prevenido; motivos de interés la han dictado. Y lo voy a poner en claro rindiéndoos una cuenta exacta de mi conducta. Prefiero morir antes que satisfacer a los ambiciosos. Cómo han podido reprocharme el haber provocado una orden de acusación contra Marat, el 28 de febrero, a mí, que propuse en el orden del día pasar por alto la orden de ejecución. El decreto que yo presentaba fue apoyado por Tallien, Choudien y toda la Montaña. Leed el Monitor del 28 de febrero que da cuenta de esta sesión. Yo proponía las mismas medidas, poco más o menos, que Barère y que fueron apoyadas por Collot de Herbois y Châteauneuf Randon.
No, sin duda, no tuve amistad con Marat cuando vivía, porque yo no abro mi corazón más que a los que conozco; he aprendido, por una larga experiencia, a no fiarme ni de mí mismo. Pero no fui injusto nunca en lo que respecta a él, ni a ninguno de mis colegas. Y lo que prueba mi actitud justa frente a él, es que tuve buen cuidado de recoger y de hacer valer sus actos meritorios. Ved mi respuesta a la dirección federalista del departamento de los Altos Pirineos; en ella decía: "He oído a Marat declarar en la tribuna de la Convención Nacional, en un momento de crisis, que se arrojaría delante de sus colegas y que les haría una muralla con su cuerpo"; y he sospechado del valor de todos mis colegas. Mi respuesta es anterior a los acontecimientos del mes de marzo. Cómo han podido reprocharme el haber nombrado generales aristócratas o ineptos, a mí, que no he participado más que en dos nombramientos que honran a la República: el de los generales Duprat, solicitado por todo el Ejército, cubierto de heridas, habiendo tomado parte en catorce asedios y 18 campañas y de un patriotismo bien demostrado, y el de Darnaudat, que salvó una gran parte del Ejército en Hendaya, donde fue herido, y en el nombramiento del cual yo no di más consentimiento que el exigido por mis colegas en interés de la República.
Cómo han podido decir que he perseguido a los partidarios de Marat, yo que he sostenido valientemente a los patriotas, que he roto sus cadenas y que no me he preocupado más que de combatir y de organizar la defensa de esta frontera desguarnecida y abandonada de todos, hoy día terrible y casi sin otras necesidades que las de armas y subsistencias. Cómo han podido reprocharme no haber hecho nada. Yo he cumplido con mi deber: mi correspondencia con vosotros, los numerosos decretos de los que sois depositarios, la revista, por cuatro veces, de toda la frontera, la organización de un ejército, trece o catorce combates a los que he asistido personalmente, el estado de las fortificaciones de San Juan Pie de Puerto, los testimonios de todo el Ejército, de todas las sociedades populares, etc. ¡Qué más se exige de mí! ¿Mi vida? Pertenece a mi país, y yo soy muy feliz al perderla combatiendo por su gloria.
Se me reprocha que me acueste temprano y me levante tarde. ¡Oh!, por una vez esta broma es un poco fuerte. Pongo por testigos a todos los que me conocen para que n si, durante diez meses, me he tomado tres horas de reposo. Que lean los certificados de todo el Ejército y que se sepa que he tomado parte en todas las expediciones, en todos los vivacs importantes que han tenido lugar en sesenta leguas de frontera. Se me habla de mi peinado, yo que no llevo más que un pañuelo atado a la cabeza y que no tengo cabellos. Me puedo congratular de que no hayan podido reprocharme ni insumisión ni federalismo, y de que se llame sapos de ciénaga a los que se han manifestado en contra del llamamiento al pueblo para la muerte del tirano, y que están cubiertos de honorables heridas. Pero, ciudadanos, como al parecer alguien piensa que yo pudiera estar empleado más útilmente, y como mi salud me reclama imperiosamente un poco de descanso y tengo que cuidarme del accidente que tuve en los combates de Gistoy y de Plau, solicito mi retirada y un permiso de tres semanas para acabar de restablecerme".
En fin, el 21 de marzo de 1794 -1 de Germinal del año II- Féraud, después de ser llamado varias veces y no pudiendo decidirse a dejar este ejército que consideraba como cosa suya, tuvo que volver a la realidad ante una carta un tanto brutal del Comité de Salut Public que se extrañaba de que no pusiese más empeño en obedecer. No debió de guardar mucho aprecio a la vida tras estas sordas querellas, ya que sabemos que el año III, concretamente el 3 prairial, se celebraba en Baiona un acto fúnebre, presidido por Moncey, en el que se honraban los manes del esforzado comisario ya fallecido.
