Businessmen

Echevarría y Rotaeche, Federico de

Bilbao, 01-08-1840 - Bilbao, 30-01-1932. Industrial y empresario bilbaíno.

En el País Vasco -y en particular, en la Bizkaia- de finales del siglo XIX surgió, de entre los miembros de su burguesía o a partir de otros orígenes más modestos, un selecto grupo de individuos que ascendieron socialmente como consecuencia del éxito que cosecharon con negocios relacionados con la siderurgia moderna, la explotación minera o la construcción naval.

Estos mismos individuos -muchos de ellos sin estudios superiores, pero con larga experiencia empresarial- protagonizaron, en más de una ocasión, iniciativas relacionadas con la innovación o, por lo menos, con la importación de tecnología, que les convirtieron en pioneros en sus respectivos sectores. Federico Echevarría perteneció, sin duda, a ese selecto grupo.

Aunque es difícil encasillar su figura -fue empresario, político, polifacético-, Federico Echevarría ocupa un lugar peculiar en la historia de la técnica, y de la siderurgia vasca en particular. Una escueta aproximación a su vida nos muestra un momento crucial de historia de la industrialización vasca.

Hijo de un hojalatero de origen humilde, Federico Echevarría nació en el Casco Viejo de Bilbao. No se tienen datos precisos sobre su educación, pero es probable que se formara al calor del negocio familiar. Una vez finalizados sus estudios, abrió una Casa de Comercio para la exportación de artículos a Ultramar y probó fortuna con otras operaciones mercantiles. Por entonces, Bilbao no contaba aún con teléfono urbano (el primer intento de instalación había fracasado). En 1867, Echevarría se hizo con la concesión del servicio y se planteó la posibilidad de si se podría instalar la central en Barakaldo de manera que los pueblos de la ría pudieran conectarse a la red. El éxito de este primer negocio le reportó suculentas ganancias.

No es posible apreciar la contribución de Federico a la industrialización vizcaína sin tomar primero en consideración a la empresa Echevarría S.A., una de las fundadoras de la industria vasca de laminación, que se ha vinculado siempre con Bilbao y el barrio de Begoña. Cuando en 1878 compró -junto con su padre y su hermano José- el caserío Recalde y sus terrenos adyacentes, el objetivo que se marcaron fue el construir un pequeño taller de laminación y estampación de hojalata, que luego se extendió a la fabricación de calderería y baños galvanizados. Sólo una década después emergió la compañía Echevarría Hnos. como una empresa pionera que introducía innovaciones en el sector. Importante en este sentido fue la ampliación de la fábrica de Recalde en 1886, con la que se iniciaba la fabricación de clavos de herrar, que se comercializaron en todo el mundo. También hay que destacar el contrato de colaboración técnica que suscribió con Frederick Siemens (1826-1904), por el que Echevarría pasaba a instalar el primer horno de acero Siemens montado en el Estado español, junto con varios trenes de laminación; se hacía así patente que la transferencia tecnológica era esencial para liderar la expansión de la industria siderúrgica.

En 1901 Federico adquirió la fábrica de alambres Santa Ana existente en Castrejana, iniciando la expansión industrial del complejo siderúrgico que había creado su padre. Pocos meses después unió dicha fábrica con la de Recalde por medio de una línea de ferrocarril, y en seguida emprendió una serie de iniciativas dirigidas a diversificar y asegurar el proyecto siderúrgico iniciado (así, por ejemplo, adquirió la Fábrica de Hierros y Fundición Santa Agueda, y fundó un taller de construcción y reparación de maquinaria). En 1903 se le ocurrió la idea de la sociedad comanditaria, la idea de que era mejor fusionar las factorías de Recalde y Castrejana mediante una sociedad en la que participasen todos sus hijos (¡diez en total!) a arriesgarse a una división del patrimonio empresarial; la razón era el fallecimiento de su esposa, Felipa de Zuricalday, miembro de una familia de comerciantes de productos alimenticios, en 1902. El resultado fue la sociedad Federico Echevarría e Hijos y un incremento considerable de la producción (2.500 ton. de acero anuales).

La Gran Guerra trajo consigo nuevas necesidades y respuestas en Europa, pero al hacerlo afectó favorablemente, aunque esta palabra pueda parecer repulsiva, a los sectores de la siderurgia y del acero de aquellos países que habían defendido posiciones neutrales. Echevarría modernizó entonces sus instalaciones y en 1920 se transformó en sociedad anónima. La primera consecuencia fue la fabricación de aceros finos y especiales, que se comercializaron con el nombre de HEVA, en honor a los ingenieros artífices Mario Herrán y Santiago Vallhonrat (en realidad, los ensayos comenzaron en 1915). Empujado por la ola bélica, S. A. Echevarría vivió su etapa más próspera: creció el número de sus obreros (de unos 780 en 1920 a 1300 en 1930) y su rentabilidad financiera (entre el 4% y el 8% en 1925-30) -de hecho, la mayoría de las empresas del sector tuvo un comportamiento similar-, tanto es así que, gracias a esto, pudo soslayar relativamente los años de la depresión de entre 1929 y 1931.

En los mundos de la empresa y comercio, Echevarría es elogiado especialmente por la diversificación de sus intereses y por la variedad de sectores y empresas de las que fue socio, accionista o consejero. Cuando alcanzó los cuarenta años, participó en algunas empresas, que figuran entre las más significativas de la industrialización vizcaína, en las que desplegó su espíritu innovador y su talante emprendedor (e, incluso, agresivo). Buscando producir lingotes destinados a Europa, fundó, junto a otros, Metalurgia y Construcciones de Vizcaya (La Vizcaya), en 1882; contribuyó, también, a fundar, en 1888, La Iberia, en Sestao, para la fabricación de hojalata; fue miembro del consejo de administración de Altos Hornos de Vizcaya (desde su constitución, en 1902) y uno de los organizadores de la Cámara de Comercio, Industria y Navegación de Bilbao en 1886. En una escueta biografía como ésta, no hay espacio para la larga lista de sus participaciones.

Es curioso que su apellido se haya vinculado a menudo en enciclopedias y otras fuentes con la política, como consecuencia de, entre otras actuaciones, su intervención en el bando liberal durante la 2ª Guerra Carlista (sitio de Bilbao, 1874), además de su papel fundador --y primer presidente- del Partido Liberal de Bizkaia en 1910, de la Liga de Acción Monárquica en 1919 y de sus innumerables participaciones en actividades políticas (no en vano, fue regidor del Ayuntamiento de Bilbao en 1872 y 1873, diputado por Bizkaia en 1899 y senador entre 1901-1910 y 1916).

  • Ignacio Arana Pérez, Eduardo J. Alonso Olea, 'Federico Echevarría Rotaeche (1840-1932)', in: Eugenio Torres (dir.), Los 100 empresarios españoles del siglo XX (Madrid: LID Edit. Empresarial, 2000), 28-33;
  • Isidoro Delclaux Aróstegui, Pequeña historia de un desarrollo singular (Bilbao: Induban, 1975), 145-146.