Pelotari inventor de la gran chistera. Según los datos proporcionados por el viejo campeón Cesario, de Irún, durante la temporada de 1888, hallándose Melchor Curuchague en Buenos Aires tuvo la mala suerte de romperse la muñeca derecha. Una vez curado quiso nuevamente figurar en los frontones pero, habiendo perdido su puño la destreza y vigor habituales, le resultó imposible jugar con la misma maestría que antes, por lo que, resultándole duro el renunciar a este deporte que le suponía un oficio lucrativo, imaginó un medio de compensar, mediante un artificio mecánico, la deficiencia de su muñeca. Él mismo fabricó una chistera mucho más larga y curvada que la que se hallaba al uso y, de esta forma, dotado de una palanca más potente, volvió Curuchague al juego. Resistió a sus adversarios y llegó incluso a vencerlos, debido a la fuerza considerable que imprimía a la pelota al lanzarla. Inventada de esta forma la gran chistera, Aduna y Pedros, reconociendo sus ventajas incontestables, la adoptaron y la introdujeron en el sur del País Vasco, mientras que Amíe, de Bidart, que había aprendido a utilizarla en Valencia, la ponía de moda, algunos años después, en la zona norte de Euskalerria. Ref. Blazy, E.: La pelote basque, Bayonne, 1929, pp. 76-77.
