Danse

Zinta-dantza

La danza de cintas (zinta dantzak), danza del árbol, danza de cordón, etc. ha sido y es ampliamente conocida, durante siglos, en la cultura campesina y agraría de toda Europa e incluso, es de suponer, fue exportada a América latina donde obtuvo gran implantación al producirse el proceso de sincretismo cultural y religioso.

Antes de hacer un análisis puntualizado de los casos concretos donde aparece esta danza, debemos señalar que los símbolos vegetales en las sociedades tradicionales agrícolas son algunos de los elementos más recurridos. Aspecto que durante el periodo primaveral (jalonado de bendiciones, protecciones o defensa de la potencial cosecha) o el periodo estival (abundando las celebraciones festivas en torno a una recolección satisfactoria), se evidencia o materializa en la presencia figurativa de árboles o de su espíritu vegetal.



Los árboles de mayo o "mayos" (con su parangón cristiano en la Santa Cruz) son cortados por los jóvenes locales, trasladados desde su hábitat natural (el bosque) y una vez adornados o bendecidos, elevado en un lugar alto y visible para protección de toda la comunidad. Lo mismo viene a suceder con los árboles comunitarios o enramadas particulares que caracterizan la jornada festiva de San Juan (24 de junio) y las diferentes fiestas locales de abundantes zonas. En este último caso, se erige o es elevado en la plaza local por los miembros jóvenes, adornado y coronado de diversos productos y en muchas ocasiones, usado como cucaña festiva.

También ha sido habitual, entre los jóvenes locales el colocar réplicas de éstos para demostrar su "amor cortés", anunciar el eminente enlace matrimonial de una joven o incluso, sancionar ciertos aspectos no acordes a las costumbres de la comunidad.

Quizás en su origen fue así, pero con el surgimiento (en el siglo XV) de la figura del maestro de danza y su apreciada labor en los ámbitos cortesanos, se crean estampas fantásticas o singulares de carácter coreográfico. Dichas composiciones luego solían ser copiadas o emuladas por las clases populares en sus celebraciones festivas.

Por ello, buena parte de las danzas de cintas se encuentran engarzadas en unos montajes dancísticos o teatrales más amplios (representaciones escénicas, "dances" o "pastoradas" y sus diálogos versificados y alardes o escenificaciones de moros y cristianos) o bien, asociadas a una serie de ciclos de danzas ritualizados y llevados a cabo por jóvenes locales o gremios artesanos en destacadas procesiones festivas (Corpus Christi, fiestas patronales o gremiales, visitas de relevancia, etc.). Aunque en ocasiones su ejecución y origen se suele relacionar con un hecho puntual (apresamiento de malhechores o enemigos, batallas vencidas, sucesos, etc.) acaecido en el devenir de la comunidad.

En general, la danza de cintas se caracteriza por situar en la punta de un mástil adornos diversos (flores, vegetales, artilugios mecánicos o muñecos), desde donde penden un número de cintas de colores que sostienen a su alrededor un número par de danzantes (8, 12, 16, etc.) que tras unos pasos iniciales en el sitio, evolucionan cruzándose y trenzando las cintas en el palo y una vez conseguida la figura tejida, se mueven a la inversa para proceder a su destrenzado. A veces, la danza de cintas es dirigida por un capitán (buruzagia), mayoral, bastonero, etc.

La danza de cintas es conocida en las provincias subpirenaicas de Euskal Herria, pues en las norpirenaicas no hay noticia de su existencia. A continuación, podemos ver las características particulares de las existentes.

En este territorio dicha tipología de danza ha recibido la denominación genérica de "Danza del árbol" y se ha asociado a los ciclos dancísticos propios de la Rioja alavesa. Así, en Pipaón por San Roke y La Cruz de septiembre se realiza en el conjuto de dichas danzas rituales de herramientas y en este contexto ejecutan la clásica "Danza de las cintas o del árbol" que es bailada por los ocho danzantes en torno a un mástil con cintas, mientras las trenzan y destrenzan.

Del mismo modo, la villa de Laguardia conserva una danza de palos ("Troqueados de San Juan Degolla(d)o"), una novedosa "Danza de arcos" (sobre la melodía popular del "Junco Verde"), así como la clásica danza de cintas o "Danza del árbol" y se remata el ciclo con la "Jota de Laguardia".

Las danzas rituales de la villa de Elciego presentan un marcado carácter religioso. Conjunto de danzas ejecutadas en la procesión del 8 de septiembre en honor de la Virgen de la Plaza. Entre las danzas que bailan delante de la imagen, se encuentra la llamada "Danza del árbol" que difiere de las anteriores, ya que no se usa un mástil y cintas que parten de su punta, sino que cada una de las danzantes va colocando los lazos que llevan en sus manos, mientrás realizan varias mudanzas alrededor del denominado "árbol".

Con motivo de la visita real de Fernando VII en 1828 y la posterior celebración de las Fiestas Euskaras, en Durango, de 1886, una comparsa infantil efectúo tres coreografías con un origen diferente, por lo tanto su unión se observa para tales ocasiones.

La primera es una estampa cantada alusiva a las clásicas labores de las antiguas hilanderas, la segunda es una danza de aros u arcos realizada en otra época por chicas jóvenes y la tercera, el Domingiluen Dantza que es una danza de cintas multicolores alrededor de un mástil, portando en la punta un pelele o muñeco (dominguillos como se ponían en las plazas de toros) que se mueve al ritmo, realizando numerosas contorsiones irrisorias. Este muñeco se asocia a la versión popular del apresamiento y empalamiento, después de la Batalla de Tavira, del caudillo árabe Bajamelú. Esta última danza, clásicamente, se ha asociado con las fiestas del Corpus y ocasionalmente, con algún Carnaval en la Villa de Durango.

En el ciclo de danzas de la "Brokel dantza" que no deja de ser un conjunto de danzas ritualizadas, con herramientas o sin ellas, se realiza la llamada "Zinta dantza". Ésta se realizaba tradicionalmente, según nos señala Juan Inazio de Iztueta, por 12 jóvenes que eran dirigidos por un capitán o buruzagia, donde el grupo evolucionaba primero en sus sitios respectivos, para proseguir con el habitual trenzado y destrenzado.

Dicha danza estaba extendida por toda la provincia (Zaldibia, Renteria, Donostia, Antzuola, etc.) y en ocasiones, en la punta colocaban un artilugio que a modo de jaula esférica, albergaba dos palomas que al accionarse o abrirse, permitía el espectacular o sorpresivo vuelo libre de las mismas.

El conjunto de danzas de cintas se concentra en la Ribera de Navarra, donde se conoce con el nombre genérico de "encintado o trenzado" y se asocia a los episodios dancísticos, teatralizados o versificados, que denominan "Dances" en toda la zona (Cortes, Fustiñana, Ablitas, Murchante, etc.) e incluso, son muy conocidas a lo largo de la vecina Aragón.

Estos "Dances"se inician con una serie de reverencias o cortesías de los danzantes, sigue una alternancia de sus pastoriles versificaciones con una serie de danzas de palos, las consabidas danzas de cintas que se presentan con dos versiones de trenzados: simple y doble y suelen realizar, como colofón, la clásica torre humana o "castillo".

Aquí la danza de cintas se baila en torno a un palo coronado de flores, la música es más viva o moderna (suele llevar ritmo de mazurca), los pasos son sencillos comparando con las evoluciones del trenzado y suele ser bailado por mozos.

  • ARAMBURU URTASUN, Mikel. "Danzas y bailes de Navarra". En colección Temas de Navarra nº 15.
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