Sailkatu gabe

VIVIENDA (URBANISMO)

La vivienda a lo largo del s. actual ha evolucionado profundamente; se podría decir que a la par que la sociedad vasca ha ido cambiando de formas de vida y producción. El abandono del medio rural implica una masiva urbanización de nuestras ciudades. El caserío, como vivienda, queda reducido a una mínima expresión. La vivienda urbana, de ciudad, (ensanches, barrios obreros, zonas residenciales, etc.) adquieren un protagonismo de tal magnitud que configura una Euskal Herria urbana similar, en cuanto a la fisonomía externa, a cualquier área de Europa Occidental. Estos profundos cambios se han producido a lo largo de todo el s., pero con mayor intensidad durante los últimos años y obviamente los mismos se reflejan de manera más profunda en las ciudades o áreas urbano-industriales.
Aparición de la iniciativa privada. La vivienda como "bien de consumo". La vivienda ha conocido en el último s. y medio profundas transformaciones, al pasar del concepto clásico de "vivienda o casa", a otro más amplio, al de "bien de consumo", con lo que ello implica a todos los niveles, fundamentalmente el económico al adquirir entre otros conceptos el de mercancía con un importante valor de cambio. Este hecho conlleva la aparición del sector público, hasta el punto que la construcción adquiere un protagonismo, del que carecía, en la economía en su conjunto. Protagonismo que todavía es mayor al producirse el masivo éxodo del campo a la ciudad, fundamentalmente en el período postbélico. La construcción en altura y el poligonismo son la antesala de un período de crisis donde la rehabilitación de zonas degradadas en el centro de la ciudad (cascos históricos) y la aparición de viviendas de baja altura y en áreas periurbanas adquieren un protagonismo desconocido hasta entonces. Es por ello, que al analizar el tema de la vivienda en Euskal Herria debemos referirnos a varias etapas y siempre teniendo presente que hay un País Vasco Urbano y un País Vasco Rural, con diferentes modos y entramados urbanos a ambos lados del Bidasoa, y que es el primero el más afectado por todas las transformaciones acaecidas en estos años, sobre todo en Bizkaia y Gipuzkoa y en las capitales y núcleos comarcales del interior. Desde principios del s. y hasta la actualidad, podemos referirnos a varias etapas:

a) Desde principios del s. XX hasta la guerra civil.
b) Desde 1939, la postguerra hasta el "I Plan Nacional de la Vivienda" (1955).
c) 1956-1976. El período desarrollista de la economía española. La vivienda en Iparralde.
d) Desde 1976 hasta la actualidad. El futuro.
a) Desde principios del siglo XX hasta la guerra civil. Este primer ciclo lo extendemos desde el inicio del s. XX hasta la guerra civil, aunque sus orígenes se deben retrotraer unos cuantos años y podemos situarlo paralelo a los primeros asentamientos industriales de finales del XIX. El modelo urbano medieval se puede considerar vigente, sobre todo en las grandes ciudades, hasta bien entrado el s. XIX. La expansión de la trama urbana fuera del recinto medieval, en base al modelo urbano del Ensanche, configura un nuevo tipo de ciudad substancialmente diferente al precedente y que se puede considerar como de gran valor arquitectónico e incluso cultural. A la par, se produce un destacado proceso de asentamientos industriales en la periferia de muchos núcleos que conlleva una primera oleada de inmigrantes hacia estas áreas. Esta actividad demanda una importante cantidad de vivienda obrera, que obviamente no tenía cabida en los nuevos ensanches burgueses de las ciudades más importantes. La demanda supera a la oferta y el desequilibrio existente se resuelve, en estos años veinte, en base a la construcción de barriadas obreras al amparo de una Ley promulgada en los primeros años del s. (Ley de Casas Baratas). Obviamente, estas construcciones se realizan con distinta intensidad según la incidencia que la industria adquiere en los territorios vascos. En el litoral alcanzan un desarrollo bastante más considerable que en el interior. Bizkaia intentó solventar el problema de la vivienda con la construcción de barrios obreros, en base a la mencionada Ley, a través de un proyecto de construcción de vivienda obrera en plan cooperativa que se desarrolló en el conjunto comarcal del Gran Bilbao. Dentro de este Plan, con la colaboración de entidades locales se construyeron más de 600 viviendas en torno a los años veinte (entre 1918 y 1923 se edificaron 636 viviendas obreras). Estas viviendas obreras constituyeron los Barrios de la Cruz, Torre-Urizar, Solokoetxe y Egiarena. Posteriormente, entre 1923 y 1926, se construyeron otros 30 grupos de viviendas de baja densidad con un total de 1.293 viviendas obreras en régimen cooperativo. Las mismas se edificaron en numerosos municipios. A saber: Bilbao, Barakaldo, Sestao, Portugalete, Zalla, Güeñes, Erandio y Arrigorriaga; municipios todos ellos de fuerte y acentuado carácter industrial. En San Sebastián, al igual que en Bilbao, surgen barriadas obreras pero en menor cantidad. La actividad industrial, aunque importante, no alcanza la intensidad de la vizcaina; no obstante el déficit de viviendas es palpable. Al amparo de la Ley de Casas Baratas, (en Alza-Donostia en 1916, la construcción la realiza la "Sociedad General para la construcción de casas baratas"), se construyeron barriadas obreras en Azkoitia, Irun y Lasarte-Oria. En Donostia se construyeron casas baratas como el Barrio de Nuestra Señora de Aranzazu en 1922. También se producen construcciones de tipo "ciudad jardín" bajo un régimen cooperativo en Bilbao o en Loyola en Donostia-San Sebastián, o en Vitoria-Gasteiz. En Pamplona, también hay construcciones como el barrio de La Rochapea, que surge como alternativa al modelo de Ensanche de 1900. En Vitoria-Gasteiz se construyen barrios de casas baratas en el Paseo de Zumakera, San Martín, Ali y Judizmendi. No obstante lo expuesto, la vivienda, en el período anterior al conflicto bélico, sigue siendo un problema acuciante en las zonas urbo-industriales del País. La administración comienza a tomar conciencia del papel económico de la construcción como actividad de desarrollo y mitigadora del paro. Estos objetivos económicos se dejan ver de manera diáfana en la denominada "Ley Salmón" (1935).
b) 1939-1955 "I Plan Nacional de la Vivienda". El grave problema de la vivienda se hace más agudo tras las secuelas del conflicto bélico. Al déficit de viviendas existente en los años treinta se unen dos variables que lo agudizan. De una parte las destrucciones propias del conflicto bélico y de otra el éxodo masivo que se produce desde las áreas rurales a las industriales. Este déficit conlleva la necesidad de nuevas construcciones y la aparición de un planteamiento urbanístico que ordene el previsible desarrollo de las ciudades. Así comienza, y de manera paralela a la construcción de las viviendas obreras, una importante gestión de planeamiento urbanístico que, si en un primer momento afecta a las capitales de los territorios, con posterioridad se extiende a los principales núcleos industriales. A finales de los cuarenta comienzan los procesos de ordenación urbana de las capitales y/o comarcas más importantes. Su desarrollo queda mediatizado por la escasa capacidad de gestión de la Administración. El Estado comienza a aplicar políticas tendentes a la construcción de nuevas viviendas, bien a través de construcción de viviendas, bien a través de medidas de apoyo a la construcción. El intervencionismo de los años cuarenta y principios de los cincuenta, dará paso a una cierta liberalización a partir de 1955, cuando se aprobó el "I Plan Nacional de la Vivienda", que realmente es el fin de esta etapa. En abril de 1939 se crea el régimen de "viviendas protegidas", nace el Instituto Nacional de la Vivienda (INV) con beneficios fiscales, se conceden préstamos a bajo interés, se crea el régimen de "Viviendas bonificables" (1944), etc. No obstante la carencia de recursos económicos y la incapacidad de gestión de los Organismos Oficiales dificultaba cualquier proyecto como el Plan de Vivienda (1945-1954) que no llegó a cubrir los planteamientos inicialmente previstos (10.000 viviendas al año). Hasta mediados de los cincuenta, quince años después de finalizar la guerra, la incidencia de las viviendas con algún tipo de protección no tuvo excesiva repercusión en el parque de viviendas, cuyo aumento prácticamente se centraba en el esfuerzo de la iniciativa privada que resultaba claramente insuficiente para solucionar un problema cuyos orígenes se situaban muchos años atrás. Resulta muy difícil cualificar las construcciones destinadas a usos en estos años postbélicos. Sólo podemos señalar las referencias a la vivienda libre. Entre 1943 y 1948, en los cuatro territorios peninsulares se construyeron 7.667 nuevas viviendas, cifra de valor muy modesto. El Instituto Nacional de Estadística, en su memoria anual (1950), refleja los diversos proyectos de construcción de edificios de nueva planta, destinados a viviendas. El total de proyectos aprobados para el conjunto de las cuatro capitales peninsulares, se refleja a continuación:

  N.º edif. N.º viviendas Miles ptas.
Vitoria
Donostia
Pamplona
Bilbao
27
51
12
46
255
271
400
1.919
12.027
23.984
31.428
149.858

En total no se llega a 3.000 nuevas viviendas, con un coste inferior a las 250.000 ptas. de la época, lo que es un fiel reflejo de la dinámica imperante en aquellos años. Esto hace que la gran mayoría de los centros urbanos del País vasco-español mantengan una estructura urbana bastante equilibrada. A partir de los años sesenta, la situación cambiará de manera drástica y su deterioro será palpable. Las cifras que se consideraban oficiales a través de los datos del Nomenclator de 1950, reflejan un parque de viviendas que asciende a casi 300.000 distribuídas de la siguiente manera: Alava 25.677 Gipuzkoa 72.769 Navarra 84.018 Bizkaia 112.968 Total 295.432 Reflejo de la política de viviendas del Estado en estos años son la Txantrea de Pamplona, San Ignacio de Deusto, Legazpi de Zumárraga, San Juan de Mondragón, Ibaeta en Donostia y Alaberga en Rentería.
c) 1956-1976. A partir del "I Plan Nacional de la Vivienda (1956-1960)", proyecto que aspira a eliminar el déficit de viviendas con un volumen medio, para todo el Estado, de 110.000 viviendas/año, comienza un destacado proceso de construcción con importantes repercusiones en Euskadi peninsular. La política de vivienda estatal se canaliza a través de Sindicatos y otras Instituciones del Movimiento, e incluso Ayuntamientos. La construcción de viviendas para funcionarios, los nuevos barrios obreros, etc. hacen que el sector comience a adquirir un protagonismo especial dentro de la economía; su potenciación tiene criterios económicos como motor de desarrollo y mitigador del paro, más en el País Vasco peninsular que vive un momento especial con la llegada de importantes contingentes humanos provenientes de numerosos lugares rurales del interior de la Península. Es entonces cuando surge la iniciativa privada, alcanzando un significado e importancia hasta entonces desconocida. El "I Plan Nacional de la Vivienda" dará posteriormente paso a otros. Sus repercusiones fueron significativas, sobre todo en Gipuzkoa, ya que se establecieron programas tendentes a disponer suelo para cubrir las futuras necesidades de la población. Durante años asistimos a un proceso desarrollista que afecta a los cuatro territorios peninsulares. La Obra Sindical del Hogar jugará un papel importante durante muchos años. Polígonos en Lezo, Hernani, Pasai Donibane y Pasai San Pedro son reflejo de la política de vivienda de finales de los cincuenta y primeros años de los sesenta. En posteriores programas (2º Plan de Vivienda) se establecen otras actuaciones: Txurdinaga y Begoña en Bilbao, Intxaurrondo en Donostia, Ermitagaña en Pamplona, Txagorritxu en Vitoria-Gasteiz, La Florida en Portugalete y San Juan en Somorrostro, aunque sólo se cumplieron los objetivos previstos en Txurdinaga-Begoña y Txagorritxu. El tercer programa de Vivienda, con especial relevancia en el Valle de Asúa y El Casal, se sitúa en plena época desarrollista. Las grandes superficies de miles de Has. hacen que en vez de intentar promocionar viviendas y barrios se pase a la configuración de auténticas ciudades que en ocasiones aparecen desprendidas del núcleo original. El deterioro urbano es palpable y la renovación de los instrumentos urbanísticos vigentes necesaria. El resultado es un importante aumento del suelo residencial, en muchas ocasiones sin ninguna planificación y carencias elementales de todo tipo de servicio de urbanización, espacios verdes, etc. El País Vasco Sur pasó de 295.432 viviendas en 1950 a 899.494 en 1981. El proceso fue sumamente espectacular en los municipios industriales y en una capital, Vitoria-Gasteiz, que conoció el desarrollo demográfico más importante de los experimentados dentro del Estado español. El Anuario Estadístico del INE en 1962 recoge un total de 764 proyectos de edificaciones de nueva planta con un total de 10.616 nuevas viviendas, de las cuales 7.106 son del territorio vizcaino. Las cifras se sitúan en valores comprendidos entre las 236 nuevas viviendas de Alava a las mencionadas 7.106 de Bizkaia, pasando por las 2.409 de Gipuzkoa y las 865 de Navarra. Son cifras superiores a las de épocas pasadas y que ocho años después (1970) continúan en aumento. Las viviendas construidas con ayuda del Estado (el INE ya recoge esta definición en sus anuarios) ascienden a casi 18.000, de las cuales más de la mitad se ubican en Bizkaia, tal y como se recoge a continuación:

Viviendas construidas con la protección del Estado (1970)
  N.º de Viviendas Miles ptas.
(sin contar terreno)
Vitoria
Donostia
Pamplona
Bilbao
1.241
3.615
3.034
10.191
245.743
859.671
614.309
2.319.296

Vitoria-Gasteiz pasó de 10.231 viviendas en 1950 a 33.175, en 1975 surgiendo una periferia urbana que integra a numerosos núcleos rurales del entorno. Es el período de máximo desarrollo demográfico del municipio que se corresponde con un período de intensa y continuada demanda de vivienda, que se traduce en una absorción por parte de la ciudad de los núcleos periféricos a ésta. Barrios obreros, construcciones periféricas, promociones participadas por el Ayuntamiento y la Caja de Ahorros Municipal, etc. son el reflejo del período expansivo por excelencia de la trama urbana de Vitoria-Gasteiz. La crisis económica y el parón demográfico experimentado en los primeros años de la década de los setenta ponen fin a este período que conoce la desaparición del régimen político imperante durante 40 años.
En Iparralde. El Rapport sur la situation économique dans la région de Bayonne de la Cámara de Comercio e Industria de Bayona y de la Federación interprofesional de la Región de Bayona y País Vasco de 1971 subdivide la situación de la vivienda en este período en dos: a) La zona costera. En ella la situación se presenta de forma satisfactoria. Cualitativamente, el porcentaje de viviendas centenarias no sobrepasa el 19% cuando pasa del 40% en la media francesa. En cuanto a los niveles de confort, la costa vasca supera la media. El coeficiente de ocupación por pieza es sólo del 0,85% en tanto que la media nacional es de 1,01%, lo que significa que los habitantes de esta zona disponen de un número de piezas de habitación 15% más elevado que el resto de Francia. Cuantitativamente, el número de viviendas terminadas se elevó cada año, de 1962 a 1968, a alrededor de 1600, de las cuales 1.100 fueron residencias principales y 500 secundarias. Desde 1968, el número de viviendas terminadas aumentó sensiblemente (debido principalmente a las construcciones del Z.U.P. de Bayona) alcanzando las 2.500 por año. b) Zona rural. La construcción de viviendas es mucho menor debido a las dificultades de comunicación y al déficit de preparación de artesanos y promotores respecto a las técnicas de construcción moderna (prefabricados). Desde 1962 a1968 el sector fue relativamente próspero tanto en lo referente a la vivienda nueva como a la mejora del hábitat rural.
d) Desde 1976 hasta la actualidad. El futuro. Estos factores dan un giro profundo a las nuevas políticas de Vivienda. Cambio que se completa con la asunción de competencias por parte del Gobierno Vasco y Navarro y que también debe enmarcarse en la construcción de una nueva sociedad más concienciada en muchos temas, entre ellos los referentes a la calidad de vida urbana, tan deteriorada en muchas de las edificaciones de los años sesenta y principios de los setenta. Todos los Estatutos de Autonomías, sin excepción, asumen para sus CC. AA. la competencia sobre vivienda con carácter exclusivo. El artículo 10.31 del Estatuto de Autonomía del País Vasco, por ej., señala: "Art. 10. La Comunidad Autónoma del País Vasco tiene competencia exclusiva en las siguientes materias (...) 31. Ordenación del territorio y del litoral, urbanismo y vivienda". El Gobierno Vasco desarrollará diversos programas de apoyo a la vivienda, bien en forma de adquisición de vivienda terminada, en forma de financiación a viviendas no acogidas a regímenes de protección oficial, rehabilitación, etc. etc. La transición democrática se desarrolla en unos momentos de extremada debilidad económica, que afectó con gran intensidad al País y sobre todo a las zonas o áreas de actividad industrial como es el caso de Euskadi. La construcción sufre directamente los efectos de esta crisis que se refleja en un importante estancamiento del parque de viviendas. Con posterioridad, y a la par de una mejora económica generalizada, el mercado de la vivienda repunta con un matiz importante: la construcción, sobre todo en las capitales de los territorios y, fundamentalmente en Donostia, se dispara en sus precios, lo que obliga a una mayor participación de la iniciativa pública, para poder compensar los elevados precios del mercado libre. Entre 1981 y 1991, el parque de viviendas pasó de 899.493 a 975.948, crecimiento muy inferior al registrado en épocas pasadas, ya que supone un incremento medio anual de 7.645,5 viviendas/año, cuando entre 1970 y 1981 fue de 24.500 viviendas/año. Sin embargo, hay un hecho muy significativo. Frente a este menor incremento en términos absolutos del parque de vivienda, asistimos a una fuerte e importante participación del sector público bien a través de vivienda de VPO, concertada, etc. o bien a través de proyectos de rehabilitación que supone la adecuación de los espacios residenciales, sobre todo de cascos históricos y áreas degradadas. Son numerosos los ejemplos de rehabilitación efectuados en estos últimos años donde la participación pública ha sido muy significativa. Ello ha supuesto un proceso de rejuvenecimiento y dinamismo social de estos cascos históricos que se contraponen con el abandono en que vivieron inmersos durante muchos años. La evolución de la vivienda en próximos años no va a ser semejante a la conocida en épocas precedentes. Los cambios o modificaciones de hábitos de vida van a traer consigo una demanda más cualificada donde la vivienda unifamiliar va a adquirir gran protagonismo. Un protagonismo que también va a ir ligado a la segunda residencia que en algunos municipios o áreas ha adquirido un dimensionamiento hasta hace pocos años impensable. El caso más significativo sería el de Hendaia (Lab.) y el litoral, donde en estos años se ha asistido a una proliferación de urbanizaciones de vivienda de temporada cuyos usuarios, en su mayoría, son residentes de municipios del otro lado de la muga. Las previsiones demográficas en un futuro no muy lejano señalan un progresivo aumento de unidades familiares de uno o dos miembros y un acusado envejecimiento de la población. Ello va a repercutir en el modelo de vivienda. Por una parte los alojamientos de reducido tamaño, tipo apartamentos, algo que ya es realidad en la actualidad y por otra los destinados a la tercera edad en alojamientos colectivos, experiencia que hoy día ya se produce como en el caso del "aparthotel de Donostia".

Pedro PICAVEA SALBIDEA