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Vitoria-Gasteiz. Arte

Artículo principal Vitoria-Gasteiz

Cuando el viajero marchaba hacia Castilla desde la costa cantábrica, desde Francia, o desde Navarra, o bien, cuando hacía el camino a la inversa, encontraba en lo alto de una colina, en medio de un llano, una pequeña población. Los tiempos trajeron otras gentes, nuevos quehaceres y variados gustos; Vitoria creció y, a las puertas del siglo XXI se ha convertido en una venerable anciana con buena salud, bien arropada en sus múltiples capas artísticas, un tanto sobrias si se quiere, pero impermeables a cualquier frustración estética.

El Arte de la Edad Media pasa por Vitoria sin apenas dejar rastro de edificios Románicos, bien es cierto que la cercana Armentia nos ha proporcionado un buen ejemplo con su templo de finales del siglo XII y comienzos del XIII. Guarecidos en el pórtico, se encuentran los relieves del "Tímpano del Cordero" y los de "Cristo y los Apóstoles", entre otros. El Gótico, sólidamente asentado, perdura sin excesivos despojos y mutilaciones, ni demasiados añadidos que lo disimulen. Su reposado hacerse transcurre desde finales del siglo XIII hasta el siglo XVI y será en la arquitectura religiosa donde hallamos las obras más significativas.

La Catedral de Santa María, en lo alto de la loma de Villa Suso, comienza a edificarse en el último tercio del siglo XIII y continuará duante el XIV y comienzos del XV. De influencia navarro-francesa, su planta en cruz latina consta de tres naves y crucero; la cabecera con girola cuenta con cuatro capillas rectangulares y tres poligonales. La triple portada de acceso se distingue por la decoración escultórica de los tímpanos. En el bellísimo tímpano central se narran episodios de la vida de la Virgen cuya escultura preside el parteluz. En el tímpano de la derecha se nos muestra el Juicio Final y algunas escenas de la vida de Santiago, mientras que, en el de la izquierda, se desarrollan distintos episodios de la vida de San Gil Abad. El Renacimiento añade la capilla de la Concepción con el sepulcro de Diego Ortiz de Caicedo y su esposa, lo que nos lleva a recordar el interesante conjunto de monumentos funerarios renacentistas albergado en el templo. Así, Don Cristóbal Martínez de Alegría, Diputado General de Álava y alcalde de Vitoria está sepultado en el brazo izquierdo del crucero. Don Álvaro Díaz de Esquível, también alcalde de Vitoria, se encuentra junto con su esposa en la capilla del Rosario, y Martín Sáez de Salinas, tesorero de la reina Isabel la Católica, yace en su sepulcro detrás de la Capilla Mayor. Tres son también las sepulturas góticas que ocupan la capilla de Santa Ana en el brazo derecho del crucero, dos de las cuales son identificables como te conjunto de monumentos funerarios renacentistas albergado en el templo. Así, Don Cristóbal Martínez de Alegría, Diputado General de Álava y alcalde de Vitoria está sepultado en el brazo izquierdo del crucero. Don Alvaro Díaz de Esquível, también alcalde de Vitoria, se encuentra junto con su esposa en la capilla del Rosario, y Martín Sáez de Salinas, tesorero de la reina Isabel la Católica, yace en su sepulcro detrás de la Capilla Mayor. Tres son también las sepulturas góticas que ocupan la capilla de Santa Ana en el brazo derecho del crucero, dos de las cuales son identificables como pertenecientes a la familia de los Basterra. Si bien no podemos referirnos a una retablística importante en el recinto de la Catedral, si merece la pena mencionar el pequeño retablo renacentista llamado del Dulce Nombre que adorna la capilla de Santa Ana. Lienzos renacentistas y barrocos completan lo esencial del ajuar, destacando el de la Purísima Concepción pintado en 1666 por Juan Carreño de Miranda. Junto a la Catedral, en lo más elevado del poblamiento medieval, tres templos cumplen con su función parroquial para la feligresía de las calles que ordenadamente resbalan por las laderas hasta el llano: San Vicente, San Miguel Arcángel y San Pedro Apóstol.

La Parroquia de San Vicente se levanta en el lado sur del caserío sobre una antigua fortaleza mandada construir por los reyes navarros y reconvertida en templo por los Reyes Católicos en 1484. Su cuerpo constructivo se asemeja a las "hallenkische" o iglesias de salón con planta de tres naves de igual altura y bóvedas descargando sobre columnas cilíndricas. La potencia de su volumen y su aspecto exterior nos remite más a una arquitectura militar que a una religiosa. En el interior destacamos el Coro encargado por Don Ortuño Ibáñez de Aguirre, consejero de los Reyes Católicos y del Emperador Carlos V. La Capilla Mayor se complementa con un retablo barroco de principios del siglo XVIII y está dedicada a San Vicente Mártir. La escultura yacente de Don Nicolás Ortiz de Soto, Arcediano de Álava y Chantre de Armentia, y la Capilla de los Sarría con su escudo de armas, son buena representación del arte sepulcral en este recinto.

Hacia finales del siglo XIV comienza la construcción de la Parroquia de San Miguel Arcángel que continuará hasta bien entrado el siglo XVI cuando se cierre la cabecera. Esta iglesia asumía además una importante actuación social, tan estrechamente vinculada a la religiosa en la Edad Media y Moderna, pues en ella tenían su sede los artesanos pertenecientes al bando de los Ayala, mientras que sus adversarios los Calleja y sus gentes se reunían en la iglesia de San Pedro. Robusto y severo, sin concesiones superfluas a la ornamentación en el exterior, en el interior encontramos la conocida y frecuentemente repetida planta rectangular, ordenada en tres naves, compartimentadas por columnas de fuste cilíndrico que soportan las bóvedas. La Capilla Mayor resalta especialmente por el magnífico trabajo que constituye el retablo de Gregorio Fernández realizado en 1632. Sin embargo, es la capilla de la Virgen Blanca, construida en 1556, con su imagen de la Patrona de Vitoria del siglo XIX, la que atrae la devoción de los vitorianos, aunque es la imagen gótica de piedra policromada en el exterior del pórtico la que concentra las mayores efusiones. Junto a esta bellísima imagen hay que destacar los relieves del tímpano de la portada principal entre finales del siglo XIV y comienzos del XV, con escenas de la vida del Santo.

Hacia el oeste, bordeando la muralla de la ciudad por este lado, parece que ya existió una iglesia en la primera mitad del siglo XIII que fue experimentando ampliaciones sucesivas, la Parroquia de San Pedro. En ella se congregaban los ciudadanos adscritos al bando de los Calleja reforzados por parte de la nobleza rural, y siempre en luchas más o menos cruentas con los Ayala. El templo presenta planta de cruz latina con tres naves. En el exterior llama la atención por su riqueza la portada principal. Adorna el parteluz una imagen gótica de la Virgen con el Niño y a ambos lados los Apóstoles; en el tímpano se representan diversas escenas de la vida de San Pedro, de la Asunción de Nuestra Señora y del Nacimiento de Jesús. Justo en la entrada actual del templo se encuentra el sepulcro renacentista de Don Diego Martínez de Salvatierra y en la nave izquierda, la escultura yacente de Doña María Martínez de Orraindia. En la antigua capilla de Santa Catalina, hoy de la Cofradía de San Isidro, se encuentra el sepulcro de los García de Estella datable en la primera mitad del siglo XVI. Las imágenes de San Isidro y de Santa María de la Cabeza proceden de la mano de los santeros de Payueta. La Capilla Mayor está dedicada a San Pedro y contiene un interesante conjunto de monumentos sepulcrales: el de Don Pedro Martínez de Álava, el de Don Diego de Álava y Esquível, y el magnífico de Don Juan Ruiz de Vergara con imagen orante en alabastro de finales del siglo XVI. Se atribuye a Juan de Juni la imagen de la Virgen Dolorosa en la Capilla de los Dolores. Asimismo merecen mencionarse el retablo del Angel de la Guarda, del siglo XVII, en la capilla-baptisterio, y el renacentista retablo de los Reyes. A finales del siglo XIX, el arquitecto Fausto Iñíguez de Betolaza construye el pórtico exterior.

No podemos dejar el arte religioso durante la Edad Media sin mencionar al menos las pinturas góticas de la Ermita de San Martín de Abendaño. Escenas del Calvario, de la Anunciación, Martirios y el Juicio Final, se acompañan con algunos personajes de difícil identificación. El programa un tanto confuso puede fecharse en el siglo XIII.

En el apartado de arquitectura civil y doméstica quedan algunos vestigios medievales. Así, la Torre de los Hurtado de Anda, quizá uno de los ejemplos más antiguos, tal vez del siglo XIII, aunque con modificaciones posteriores.

De finales del siglo XV es la llamada Casa del Cordón, palacio edificado por el mercader Juan Sánchez de Bilbao envolviendo una torre más antigua. Combina la doble función de vivienda y local de ventas por lo que los vanos de la fachada principal servían de entrada al edificio y de expositores de mercancías. Los arcos se adornan con el cordón franciscano, el escudo de los Reyes Católicos y la marca del comerciante. En el interior destaca una bóveda estrellada cuya plementería, pintada de azul, representa el cielo estrellado.

El palacio de Arrieta-Maestu, también llamado de Bendaña, es una fusión de medievalismo tardío y renacimiento. Sus fundadores fueron, a mediados del siglo XV, Juan López de Arrieta y su mujer María Martínez de Maestu. El arco apuntado encuadrado en alfiz del exterior, nos conduce al bello patio renacentista del interior.

En cuanto a torres medievales de Vitoria se pueden mencionar:

  1. Torre de los Abendaño, situada al oeste de la villa, en el término de la Herrería, perteneciente primero a los Abendaño y posteriormente a los Álava.
  2. Casa fuerte de los Abendaño, situada en San Martín de Abendaño, quemada con motivo de las guerras de Navarra.
  3. Torre de los Anda, en la subida desde el portal de Arriaga a la antigua colegiata, construcción de mampostería con el cuerpo superior de ladrillo separado por una imposta lisa y dos torres rematando las esquinas de la fachada principal. Conserva un matacán, modillones de triple curva y ventana de dintel festoneado.
  4. Casa fuerte de los Ayala, de construcción medieval, de la que no quedan rastros.
  5. Casa fuerte de los Guevara, situada en las puertas de la Cuchillería, de la que no quedan rastros aunque se conocen grabados del siglo XIX.
  6. Casa fuerte de los Hurtado de Mendoza, en la Pintorería.
  7. Torre de los Iruña. Llamada de Doña Ochanda, en una de las salidas de la calle de la Herrería, del siglo XV; constaba de palacio del XVI de mampostería sólida en sus dos plantas primeras y de ladrillo en las superiores, puerta principal con el escudo de los Iruña, Colodro, Guereña y Álava y torreón rematado por almenas con voladizo sobre modillones de triple curva según el gusto medieval.
  8. Casas fuertes de los Landa, erigidas en la entrada de la calle Nueva, de gran interés en el dominio del flanco occidental de Vitoria medieval, de la que no quedan rastros.
  9. Torre del palacio de López de Arrieta-Maestu; se conservan restos en la calle Cuchillería de una torre medieval situada en el interior del palacio de Bendaña, ejemplo característico de arquitectura renacentista, en el interior, y gótico tardío, en la fachada. En la fachada principal arco apuntado, escudos, amplios vanos rematados con arcos conopiales coronados en cornisa moldurada.
  10. Casa fuerte de los Nanclares en la entrada de la Correría, existente en el XIX, con torreón rematado en chapitel barroco junto a una casa fuerte maciza.
  11. Torre de los Sánchez de Bilbao, situada en la Casa del Cordón, cuyos restos dejan ver muros de mampostería con sillares en las esquinas, arcos en la planta baja y piso principal, cubierta por bóveda estrellada.
  12. Torre "en el prado de Armentia", de la que no quedan restos, perteneciente a D. Hortuño Ibáñez de Aguirre.

El Renacimiento florece tardíamente en Vitoria de la mano de artífices que vienen de fuera. El cantero y escultor Iñigo de Zárraga procede de Bizkaia; el guipuzcoano Juan de Elorriaga se acerca desde Santo Domingo de la Calzada, y el también cantero Juan Vélez de la Huerta desde la Trasmiera en Cantabria. Así, tantos otros. Durante los dos primeros tercios del siglo XVI la práctica renacentista se aplicará a obras de vieja planta ornándolas con motivos muy variados. Más adelante, ya en el último tercio surgirán obras de nueva planta unas veces anexionadas a viejos edificios en forma de pórticos, capillas, sacristías; otras veces, como obras independientes: hospitales, conventos, palacios. Como no es posible tratar en profundidad todas las manifestaciones artísticas, tomaré unas pocas para ilustrar estas palabras.

Gracias al mecenazgo de Ortuño Ibáñez de Aguirre, a partir de 1530 se funda y edifica el Convento de la Santa Cruz, pero hasta finales de la década siguiente no se completará con la fachada. Consiste en una portada monumental organizada a la manera de un retablo, con zócalo, cuerpo intermedio de tres calles, y remate recto. Su equilibrio clásico recuerda a los arcos de triunfo romanos. En la cartela, en lugar de una inscripción, se ha esculpido un relieve de Cristo llevando la Cruz camino del Calvario. Sobre el ático campea el blasón de Carlos V.

Mucho más que la arquitectura religiosa, es la arquitectura doméstica la gran beneficiada por las nuevas corrientes. Los palacios y las casas señoriales desplazan a las más modestas construcciones anteriores desde lo alto del Campillo. Ilustres ciudadanos han prestado a la Corte sus conocimientos y capacidades. Han negociado, concertado, combatido, pactado, curado. Han trabajado, viajado mucho, y han regresado enriquecidos y honrados. Sus mansiones no son otra cosa que la expresión material de un legítimo orgullo del que hacen partícipe a la ciudad. Es el caso de Don Fernando López de Escoriaza, médico de los Reyes de Inglaterra Enrique VIII y Catalina de Aragón y protomédico del Emperador Carlos V, quien junto a su mujer Doña Victoria de Anda y Esquível, construye entre los años 1530 1541 su enorme palacio de claras influencias burgalesas. Exteriormente, llama la atención la gran cadena que, como cornisa, circunda el volumen y la portada finamente ornamentada con relieves vegetales, balaustres, grifos, leones, niños y jóvenes, los escudos de armas de los fundadores, alegorías y la cartela con la inscripción F.V.C. que, según la opinión más generalizada, corresponde a la frase "Faciendum Uterque Curaverunt" ("uno y otro cuidaron de hacerlo"). En el interior, el patio no tiene nada que envidiar a los patios de los palacios castellanos. En torno a él se distribuyen las diferentes dependencias y su organización es la convencional en estos espacios. Dos pisos unidos por la escalera de tres tramos bajo un doble arco de medio punto. En el piso inferior, la secuencia de arcos de medio punto, descargan sobre columnas de fuste tripartito: acanalado, estriado y liso. En el piso superior, se utilizan arcos carpaneles. Las enjutas se decoran con medallones. En este patio se percibe una constante en los escasos ejemplos de patios vitorianos, que únicamente se desarrolla en tres de sus lados, sustituyéndose el cuarto por un muro continuo que interrumpe bruscamente y sin razón aparente el desarrollo completo del patio. Sin que se pueda precisar la autoría del Fray Martín de Santiago y su paso por Vitoria hacia 1539.

El palacio de Salinas se construye entre 1528 y 1542 por deseo de Don Martín de Salinas, embajador de Carlos V. El edificio construido a dos niveles, ha sufrido diversas y desafortunadas reformas con el correr de los tiempos. Su gran mole se aligera e italianiza gracias a la galería que se abre por el lado sur en la parte superior; y se ornamenta con una pesada portada adintelada que lleva en el friso la inscripción "Ave maría purísima" y, en el ático, el escudo de armas con la leyenda "Villa suso". Las mismas armas aparecen en un gran escudo esquinado. En esta obra encontramos de nuevo una adecuación de modelos castellanos.

Hacia 1524, Don Ortuño Ibáñez de Aguirre construye el palacio de Aguirre o de Montehermoso, muy modificado por revitalizaciones neogóticas y hasta hace poco utilizado como palacio episcopal.

En cuanto a la escultura, se da una escasa representación de retablos y un amplio conjunto de monumentos sepulcrales que ya hemos reseñado al hablar de la arquitectura religiosa en la Edad Media. Merecen unas palabras las obras importadas, en especial los bustos-relicarios de Santas Vírgenes y Mártires procedentes de Flandes, depositadas en el Museo Provincial, y donadas por Don Ortuño Ibáñez de Aguirre para su capilla en la Parroquia de San Vicente. Durante el último tercio del siglo XVI, el Romanismo se impone en todo el orte de España y aquí está señalado por la intervención desde 1560 de Pedro López de Gámiz, autor del retablo de Santa Clara de Briviesca. Sin embargo, tuvo mayor fuerza el escultor guipuzcoano Juan de Ancheta o Anchieta, quien participó en la parroquia de San Miguel.

Poco a poco se va produciendo la transición del Romanismo al Barroco. En las dos primeras décadas del siglo XVII hacen su aparición las columnas de fuste entorchado y los frontones curvos partidos. Es entonces también cuando aparecen las primeras huellas de la actividad de Gregorio Fernández en San Miguel y San Antonio. A finales de la década de los sesenta del siglo XVI, Juan de Ayala, imaginero de Vitoria, hace el Retablo de los Reyes en la Parroquia de San Pedro, sufragado por el escribano real Don Diego Martínez de Salvatierra. Por los mismos años se contrata a Juan de Anchieta y Esteban de Velasco para hacer un gran retablo en San Miguel. Luego, Velasco fue sustituido por Lope de Larrea y, finalmente se abandonó el proyecto de retablo romanista para dar lugar al retablo de Gregorio Fernández. Del intento, sobrevive el relieve de la Flagelación. La pintura sobre tabla, de procedencia flamenca, se encuentra representada en el Museo Provincial por dos interesantes trípticos, el de la Epifanía y el del Descendimiento.

El Barroco tuvo su desarrollo durante todo el siglo XVII y el primer tercio del XVIII. Durante los dos primeros tercios del XVII se prefiere un barroco de tipo herreriano caracterizado por su desornamentación. Contrariamente, el último tercio del XVII y primero del XVIII, se caracteriza por la riqueza decorativa. Luego, el Rococó se impone. Vitoria abunda en mecenas en ese tiempo; bajo el patronazgo de Don Martín de Salvatierra se levanta el Hospicio; Doña Mariana Vélez Ladrón de Guevara dispone un legado para construir el Convento de San Antonio y la familia Galarreta funda su capilla en la Catedral Vieja; Don Pedro de Oreitia y Vergara hace donación de tres lienzos de Ribera que se encuentran en el Museo de Bellas Artes. Pero es gracias a la mediación de Fray Juan de Orbea, provincial de los Carmelitas, que el escultor Gregorio Fernández aparece por la ciudad.

En arquitectura, del Hospicio, luego Real Colegio Seminario de San Prudencio, sabemos que, hacia 1638, proyecta la traza el franciscano Fray Lorenzo de Jordanes. Su fachada consta de dos cuerpos que alternan órdenes en sus columnas pareadas; el escudo de los Salvatierra remata la parte superior de la portada.

Para realizar el Convento de San Antonio, antes de la Purísima Concepción, se contrata a canteros cántabros establecidos en Valladolid, Juan Vélez de la Huerta y su hijo Pedro, quienes lo terminaron en 1622. Su fachada es uno de los ejemplos más claros del barroco desornamentado, tan preferido en las obras destinadas a las órdenes religiosas y, así, resulta evidente la semejanza con la fachada de la iglesia del Convento de la Encarnación de Madrid del carmelita Fray Alberto de la Madre de Dios. La fachada de San Antonio es claro ejemplo de severidad contrarreformista. En ella dominan las formas planas y las líneas rectas, suavizadas por la triple arquería de ingreso, el frontón curvo y los nichos semicirculares en los dos cuerpos inferiores. El tercer cuerpo presenta un vano adintelado flanqueado por los escudos de los Álava y de los Guevara.

Los edificios domésticos adquieren especial relevancia durante el Barroco marcando una tipología característica y homogénea con respecto a las casas señoriales urbanas extensible a todo el País Vasco. Se erigen sobre la agrupación de dos o más parcelas góticas, y dan mayor anchura y prestancia a la fachada principal por la ordenación y amplitud de los vanos, además de por el trabajo cuidadoso y la calidad de los materiales. Los elementos a destacar en la inmensa mayoría de las casas señoriales son las portadas adinteladas o de arco de medio punto, las ventanas abalconadas subrayando la importancia de la planta noble, los escudos de armas, y los amplios aleros con sus elaborados trabajos en madera. Aisladas, semiexentas o medianiles, todas ellas reflejan la condición de sus fundadores. Es larga la relación de estas mansiones.

Hacia 1665, Don Juan Bautista Ortiz de Landázuri y Gámiz y su esposa Doña María González de Junguitu y Amézaga construyen su casa en la calle de la Herrería, como también lo hacen entre 1731 y 1735 Don Bartolomé Ortiz de Urbina Ruiz de Zurbano, primer marqués de la Alameda, y su mujer Doña Brígida Ortiz de Zárate y González de Junguitu. En la calle de la Pintorería se encuentra la casa levantada por Don Miguel de Gobeo Mendiola y su mujer Doña Teresa de Caicedo y Lazarraga hacia 1670. La piedra de sillería, la mampostería y el ladrillo se combinan en los muros. Y así continuaríamos una lista interminable para este espacio que jalonan la Vitoria barroca en el contexto de su casco antiguo y a lo largo de sus viejas calles de nombres gremiales. Como ya hemos señalado, Gregorio Ortiz de Landázuri y Gámiz y su esposa Doña María González de Junguitu y Amézaga construyen su casa en la calle de la Herrería, como también lo hacen entre 1731 y 1735 Don Bartolomé Ortiz de Urbina Ruiz de Zurbano, primer marqués de la Alameda, y su mujer Doña Brígida Ortiz de Zárate y González de Junguitu. En la calle de la Pintorería se encuentra la casa levantada por Don Miguel de Gobeo Mendiola y su mujer Doña Teresa de Caicedo y Lazarraga hacia 1670. La piedra de sillería, la mampostería y el ladrillo se combinan en los muros. Y así continuaríamos una lista interminable para este espacio que jalonan la Vitoria barroca en el contexto de su casco antiguo y a lo largo de sus viejas calles de nombres gremiales.

Como ya hemos señalado, Gregorio Fernández es la clave de la escultura de este periodo. En 1624 se contrata con él el retablo mayor de la parroquia de San Miguel. Sus imágenes están llenas de emoción, dinamismo, teatralidad y naturalismo barrocos y, son tan importantes en sí mismas, que la ornamentación queda en segundo lugar. Se trata de un retablo contrarreformista que consta, horizontalmente, de un pedestal de piedra, dos cuerpos y ático. Y, verticalmente, de cinco calles. Las escenas e imágenes se distribuyen por las casas y los bancos. De tal manera, podemos contemplar la Anunciación, Epifanía, Presentación de la Virgen, Visitación, Nacimiento, Circunscisión, Calvario; las imágenes de la Inmaculada, del arcángel San Miguel, San Pedro, San Pablo, San Sebastián, San Felipe, San Juan Bautista y Santiago el Menor, y los arcángeles San Gabriel y San Rafael.

De comienzos del siglo XVIII es el retablo mayor de la parroquia de San Vicente. En él trabajan Gregorio de Larranz, Andrés de Mauri, Manuel Izquierdo y José de Aguirre. Consta de banco, un cuerpo y ático, y está subdividido en tres calles separadas por columnas salomónicas. Dedicado a San Vicente, se acompaña con escenas de su vida y martirio más las imágenes de San José y San Francisco Javier.

En la parroquia de Nuestra Señora de los Desamparados, construcción de mediados de este siglo XX, se encuentra un retablo procedente de la parroquia del lugar de Galarreta, hoy completamente arruinada. La traza se debe a Juan Bautista de Jáuregui, aunque la ejecución final coste a cargo de José López Frías. Pertenece al gusto churrigueresco por la desbordante decoración que oculta la estructura: hojarasca, roleos, cabecitas y niños. Los relieves están dedicados al Nacimiento e infancia de Jesús, y las imágenes son las de San Pedro, San Pablo, la Virgen y San Antonio de Padua. Con respecto a la pintura, Vitoria cuenta con las aportaciones de ciudadanos a fundaciones y conventos y que hoy pueden contemplarse en el Museo de Bellas Artes. Así, una Inmaculada de Alonso Cano y tres lienzos de José de Ribera donados al Convento de Santo Domingo por Pedro de Oreitia y Vergara: San Pedro, San Pablo y Cristo Crucificado.

El siglo XVIII vendrá acompañado del Neoclasicismo que aportará claridad y austeridad a las costumbres y a las artes al mismo tiempo que una visión de modernidad e ilustración. Nos topamos, en el terreno artístico, con el primero de los neoestilos y con la reinvención del mundo clásico y renacentista. La arquitectura es la más relacionada con el neoclasicismo vitoriano. La ciudad que apenas había cambiado desde la Edad Media, necesita ampliarse hacia el sur una vez demolidas sus murallas. Los Arquillos y la Plaza Nueva establecen el enlace entre la ciudad vieja preservada y la moderna ciudad que se inicia. Justo Antonio de Olaguíbel será el más importante de los artífices de la nueva Vitoria. En 1781 presenta los planos de la Plaza Nueva y, al mismo tiempo, interviene en los Arquillos y en el Convento de Santa Brígida.

La Plaza Nueva estuvo promocionada por la Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País y las obras se prolongaron durante diez años. Deriva de las plazas mayores españolas y consiste en un cuadrado de 220 pies de lado. Tres de los frentes se reservan a viviendas particulares y el cuarto para la casa Consistorial. Exteriormente la uniformidad es total. Los planos fueron aprobados por Ventura Rodríguez, maestro de Olaguíbel en Madrid, y con él trabajó su padre Rafael Antonio. Esta plaza sirvió de modelo a las plazas de San Sebastián y Bilbao.

Aunque la idea inicial de los Arquillos fue de Justo Antonio de Olaguíbel, los primeros, o Arquillos del "Juicio", se debieron a la iniciativa de Don José de Segurola. Deben su nombre al empleo de una solución de arcos sobre los que se edifican las viviendas. Los Arquillos resuelven el problema del desnivel entre la colina y el llano. Los Arquillos del "Ala" o de San Miguel, se proyectan paralelos a la fachada posterior del Ayuntamiento. Con Olaguíbel, trabaja Eustaquio Díaz de Güemes, más el segundo que el primero, puesto que la idea de Olaguíbel pareció demasiado ambiciosa. En realidad son una continuación de los primeros aunque con unos rasgos de rusticidad un tanto impropios del neoclasicismo. La estética neoclásica pervive bien avanzado el siglo XIX y lo hace tanto más en la periferia.

Esto sucede con el Palacio de la Diputación Foral de Álava cuya autoría se debe a Martín Saracibar. Construído en dos veces, la primera de 1833, consta de un cuerpo central y dos laterales avanzados, con altura de una planta sobre semisótano. En 1858 se levanta una planta más y se añade al cuerpo central una escalinata y un pórtico tetrástilo de orden toscano.

En 1820, Silvestre Pérez arquitecto aragonés y uno de los más interesantes de la segunda generación de arquitectos neoclásicos españoles, construye el primer bloque de viviendas del ensanche sur de Vitoria, las casas de Echevarría en la calle Diputación y del Prado. Su altura de cinco plantas resulta sorprendente para la época.

En escultura, la forma humana es el centro de un universo de conceptos, modelos, virtudes y alegatos. Los deberes y el servicio de los ciudadanos a la comunidad rivalizan con las funciones de la Iglesia. Mauricio Valdivielso, perteneciente a una familia de imagineros conocidos como los "Santeros de Payueta", hace el relieve de las Ánimas en la capilla de Santiago de la Catedral Vieja. El contrato se firma en 1817. Por la misma fecha proyecta su retablo Benigno Moraza, representando a San Prudencio, Patrono de Álava, intercediendo ante la Virgen y el Niño por las ánimas del purgatorio. En 1854, Alejandro e Inocencio Valdivielso hacen la imagen de la Virgen Blanca para su capilla en la parroquia de San Miguel. Se inspiraron en la imagen gótica que está en el exterior del templo.

En la estatuaria civil Carlos Imbert hace los retratos en piedra y de cuerpo entero de Prudencio María de Verástegui y del General Álava para el exterior de la Diputación.

El Cementerio de Santa Isabel se inicia en este periodo. Es un conjunto magnífico donde se conjugan arquitectura, escultura y urbanismo. Ofrece al visitante interesado un variadísimo repertorio de reinvenciones procedentes de los más diversos periodos de la Historia del Arte. La pintura puede quedar representada dentro de su parquedad por el retrato de Don Mariano de Urquijo, de Antonio Carnicero. Este prohombre fue ministro, consejero de Estado y embajador en Holanda durante el reinado de Carlos III. Ministro también con José I, murió exiliado en París en 1817.

En los dos últimos siglos y conforme nos vamos acercando al final del siglo XX y al final del segundo milenio, los acontecimientos de todo tipo se precipitan y experimentan una aceleración que a veces los hace inaprensibles. El hecho artístico no es una excepción. A mediados del siglo XIX, al mismo tiempo que se continúa con el gusto neoclásico, el Romanticismo se introduce con un nuevo sentido estético. En arquitectura, los neoestilos y pintoresquismos hacen acto de presencia tanto en los edificios religiosos como en los domésticos.

Dentro de la corriente neogótica se construye la Catedral Nueva de María Inmaculada, encargada en 1905 por el Obispo Cadena y Eleta y proyectada por los arquitectos Julián de Apraiz y Javier Luque. Por diversas circunstancias, las obras se detuvieron y reiniciaron, prolongándose hasta su finalización entre 1969 y 1973. El templo de cruz latina, tiene cinco naves y un crucero de tres más girola.

Cristóbal de Lecumberri y Fausto íñiguez de Betolaza levantan el Monasterio de las Salesas en 1879. Responde al neogótico francés de una sola torre. Las casas que se construyen en el ensanche sur responden a un eclecticismo muy propio del momento que perdurará hasta bien entrado el siglo XX. Se conservan muchos y variados ejemplos así que nos limitaremos a unos pocos.

En 1866, el arquitecto Salustiano Ydalga construye para Don Heraclio Fournier las casas de la calle Manuel Iradier nº 9. Las fachadas de almohadillado y sillería dan a dos calles y se suaviza el chaflán con una rotonda.

Para el mismo ciudadano, Julio Saracíbar construye en 1903 la casa nº 41 de la calle San Antonio que hace esquina con la calle Manuel Iradier, también con rotonda en el chaflán.

Francisco Albiñana proyecta en 1916 la casa-taller para Don Antonio Bonilla en la calle de Vicente Goicoechea nº 15, ya dentro de la corriente modernista. De tres plantas, enlucida en blanco, abre la fachada con amplias ventanas abalconadas y miradores donde se concentran los motivos ornamentales.

El siglo XX inaugura la expansión de Vitoria hacia el campo. Lo hace a través del Paseo de la Senda, Paseo de Fray Francisco y Paseo de Cervantes. La alta burguesía construye sus villas y palacetes próximas al centro urbano pero en contacto con la naturaleza.

Julio Saracíbar construye en 1901 la casa para Rudesindo Zuloaga al final del Paseo de la Senda. Recuerda los hoteles franceses del barroco con sus dos plantas coronadas por mansardas y decoración en los dinteles y repisas de los vanos.

El mismo arquitecto y en el mismo año levanta la llamada "Casa de las jaquecas" en el paseo de Fray Francisco nº 2. Destaca por la decoración vegetal y por la doble pareja de dos hombres y dos mujeres que soportan el suelo de los miradores.

De nuevo Julio Saracíbar en el Paseo de Fray Francisco hace Villa Sofía y Villa María en 1901. La primera responde a planteamientos historicistas del más diverso signo con predominio de elementos islámicos, mientras que la segunda se define por su pintoresquismo. Podríamos decir que los pintoresquismos de distintos orígenes y basados en arquitecturas tradicionales europeas están presentes en mayor o menor medida en las villas que jalonan los tres paseos.

Como edificio para espectáculos, Vitoria contaba desde 1817 con el Nuevo Teatro. El autor de los planos fue Silvestre Pérez y llevó la dirección de la obra Manuel Ángel Chávarri. De raigambre clásica, fue destruido por un incendio en 1914. En su lugar, José Yarnoz levanta un edificio parecido para el Banco de España.

El edificio de Correos y Telégrafos, en la calle de Postas nº 9 data de 1922, siendo su autor Luis Díaz Tolosana. Tiene aspecto de casa torre, con arquerías en la planta baja, esquinales cilíndricos y ventanas en arco de medio punto.

Ajuria Enea, en el paseo de Fray Francisco responde a un historicismo autóctono de casa-torre. Se levanta en 1920 por encargo del Industrial Don Serafín Ajuria y el proyecto se ha venido atribuyendo a Alfredo Baeschlin, figurando como contratista Hilarión San Vicente. En el mismo paseo, en 1912, Don Ricardo Augusti encarga su palacio a los arquitectos Julián de Apraiz y Javier Luque. De planta cuadrada y gran volumen, entremezcla elementos renacentistas y barrocos. Actualmente es la sede del Museo de Bellas Artes.

El racionalismo arquitectónico hace acto de presencia en la década de los treinta del siglo XX de la mano de Jesús Guinea, autor de las viviendas de la calle San Antonio nº 30, 32 y 34, aunque, casi simultáneamente Pedro de Asua levanta el Seminario Diocesano dentro de la tradición herreriana-escurialense pero con la estructura realizada en hormigón.

Miguel Mieg y Eugenio Arraiza construyen entre 1946 y 1950 el conjunto de Gobierno Civil siguiendo las pautas de una arquitectura oficialista neoherreriana característica del franquismo.

Las tres últimas décadas aportan las más decididas soluciones dentro de las nuevas corrientes arquitectónicas, sin que por ello se abandonen recurrencias un tanto sorprendentes. Entre las primeras contamos con:

  1. Las oficinas municipales de la calle Dato nº 11 de Miguel Mieg, Miguel Mieg Solozábal y Enrique Guinea, de 1968.
  2. La Casa de la Cultura de Antonio Fernández Alba y José Erbina, de 1976.
  3. Las oficinas de la Hacienda Foral de José Luis Catón, en 1992.
  4. El palacio de Justicia de Iñaki Aspiazu y Javier Botella, de 1994.

Entre las segundas:

  1. El Banco de Santander de Fernando Chueca Goitia, realizado en 1975 bajo el recuerdo del neomedievalismo
  2. El edificio de Bankoa, de 1985, obra de Luis Peña Ganchegui, con elementos autóctonos.

En cuanto a la arquitectura religiosa, tenemos que mencionar tres nuevas parroquias.

Entre 1958 y 1960, los arquitectos Javier Carvajal y José María García Paredes erigen Nuestra Señora de los Ángeles. Se aúnan diferentes funciones: templo, servicios parroquiales, club social. El templo triangular tiene planta en forma de proa y la nave converge hacia el presbiterio. Separado, se encuentra el campanil de hormigón.

En 1960 se inaugura la parroquia de la Coronación de Nuestra Señora, de Miguel Fisac. De planta elíptica, con muro recto sobre la entrada y en el lateral derecho, hace confluir la atención sobre el altar.

Luis Peña Ganchegui levanta la parroquia de San Francisco de Asís entre 1969 y 1970. De planta cuadrada, está inspirada en la Plaza Nueva; su cubierta a cuatro aguas tiene forma piramidal.

Por último, en 1979, Luis Peña Ganchegui y Eduardo Chillida nos ofrecen la Plaza de los Fueros. Se trata de una plaza-monumento a los Fueros, un símbolo y lugar de reunión, la suma de arquitectura y escultura.

A lo largo del siglo XX, Vitoria se ha convertido en un museo de escultura al aire libre. El ornato de la ciudad ha proporcionado las debidas oportunidades a los artistas para situar sus obras en relación directa con los ciudadanos desde la figuración a la abstracción, desde la narración al concepto.

El Monumento a la Batalla de Vitoria de Gabriel Borrás se inaugura en 1917. Con un planteamiento didáctico narra acontecimientos bélicos de la Guerra de la Independencia.

La exaltación de las virtudes cívicas se encuentra en el Monumento a Eduardo Dato de Mariano Benlliure en el parque de la Florida. Inaugurado por Alfonso XIII en 1925, nos presenta la efigie de Dato en un medallón y la alegoría a la Ley de Accidentes de Trabajo.

Lo mismo se puede decir del monumento al explorador Manuel Iradier, también en el parque, fruto de Lorenzo Ascasibar. O del Monumento en bronce a Mateo Benigno de Moraza, de cuerpo entero, aparece en actitud de pronunciar su discurso de los fueros.

En la Plaza del Arca se nos aproxima la altísima figura del Caminante de Juanjo Eguizabal; fechada en 1985 resultan inevitables las referencias a Giacometti. Casto Solano representa su Reflexión en la figura de un hombre barbudo sentado en un banco de la calle Dato y en 1995 conmemora el sufrimiento de los niños en la escultura dedicada al paquistaní Iqbal Masih.

En los jardines del Museo de Bellas Artes se congrega una muestra escultórica propiedad de la Diputación: Composición geométrica, en hierro, de Ricardo Ugarte; Roncesvalles de Xabier Santxotena, El Viento de Martín Chirino, El Alcalde de Julio López, Movimiento orgánico de José Luis Álvarez Vélez, Homenaje al Dolmen de Néstor Basterretxea, Homenaje a Visconti de Andrés Alfaro, Arri-Biur de Remigio Mendiburu, y otras más.

Desde los años ochenta, el Ayuntamiento promociona las obras de artistas noveles y de artistas ya reconocidos, llenando las calles y plazas con sus creaciones. La relación de sus nombres se prolonga hasta el infinito. Josetxu Aguirre coloca en la Plaza de Santa Bárbara su escultura en madera Brisas de Mar. Jorge Oteiza instala una de sus Cajas Metafísicas en el jardín lateral izquierdo de la Plaza de la Diputación. Agustín Ibarrola coloca sus Abstracciones en piedra en la Plaza del General Loma.

Para acceder a la pintura de los dos últimos siglos es preciso dirigirse al Museo de Bellas Artes y a sus ricas colecciones. Desde el costumbrismo, el realismo, pasando por el impresionismo y sus secuelas, hasta los últimos "ismos" del siglo XX, en él se han dado cita todas las corrientes en una muestra de indudable representatividad. En el abanico de una temática decimonónica se despliegan retratos, paisajes, folclore, escenas populares, oficios y ocios; el vivir y el estar de unas determinadas gentes en unos lugares concretos.

La obra de Ignacio Díaz de Olano bascula entre el realismo localista y amable, y un impresionismo tardío con no pocas indecisiones. Más resuelta en su vertiente impresionista es la pintura de Pablo Uranga, aunque sin abandonar en cuanto a temática las costumbres populares. Fernando de Amárica es el paisajista por excelencia; su técnica impresionista se ilumina por influencia de Sorolla y, en ocasiones, la fuerza de su cromatismo alcanza a los fauves. Durante las primeras décadas del siglo XX proliferan los pintores de paisaje que siguen la estela de Ignacio Díaz y Fernando de Amárica. Citaremos a Adrián de Aldecoa, Teodoro Dublang, Mauro Ortiz de Urbina, Clemente Arraiz, Aurelio Vera-Fajardo, Obdulio López de Uralde, Tomás Alfaro, Jesús Apellániz...

La obra del vitoriano Gustavo de Maeztu, costumbrista y monumentalista, vigoroso y romántico, se halla principalmente en el Museo de su nombre en Estella (Navarra). Carlos Sáenz de Tejada es más conocido como dibujante e ilustrador. Elegante y cosmopolita, decorativista y seguidor de las modas, hace del cartel un modo de comunicación. En el conjunto de su obra, la mujer, imprescindible, se torna distante, bella y mágica al mismo tiempo. Sus trabajos no excluyen cierto simbolismo.

El grupo "La Pajarita", formado por Suárez Alba, Jimeno Mateo, Pichot, Moraza, Armesto y Jimeno Martínez de Lahidalga, constituye una vanguardia moderada y sin estridencias a partir de los años cincuenta. Su tema preferido es el paisaje alavés y, aunque parten de postulados impresionistas, derivan tibiamente hacia el fauvismo y el expresionismo.

Son inconfundibles los pintores contemporáneos Víctor Ugarte Bejega y Moisés Álvarez Plágaro con sus paisajes.

En la década de los sesenta nacen nuevos grupos de pintura vasca: "Gaur" (Hoy), en Gipuzkoa; "Emen" (Aquí), en Vizcaya; "Orain" (Ahora), en Álava; y "Danok" (Todos), en Navarra. Se proponen abrir nuevos caminos a la investigación pictórica y arrinconar viejas fórmulas de tintes academicistas. "Orain" integra al fotógrafo Alberto Schommer, al escultor Juan Echevarría, y a los pintores Joaquín Fraile, Juan Mieg y Carmelo Ortiz de Elguea.

Luego, ya en la década de los setenta y en torno a Carmelo Ortiz de Elguea, se forma la llamada Escuela de Vitoria con Juan Mieg, Santos Iñurrieta y Alberto González. Su itinerario parte del informalismo apoyado en la naturaleza a través de un paisajismo ordenado y geométrico.

Por otro lado transcurre la actividad de José Luis Álvarez Vélez, sin problemas entre la abstracción y la figuración. Por su parte Fernando Illana desarrolla una pintura organicista de compleja composición y suave cromatismo. José Antonio Fiestras se desliza desde un neoimpresionismo hasta un realismo mágico cargado de lirismo.

Las postrimerías del siglo XX subrayan la relevancia de muchos nombres y notables esfuerzos. José Antonio García Díaz, Juncal Ballestín y sus estructuras, Antonio Ciprés y su atractiva pintura Pop, Iñaki Cerrajería, y sus seductoras abstracciones últimas suaves y líquidas, Gustavo Almarcha, José Carlos Fernández Marcote tan preciso como un antiguo maestro apresando los más esquivos rincones de la realidad, Lourdes Vicente y la botánica enclaustrada. Todos ellos y muchos más (Rafael Lafuente, Miguel González de San Román, etc.) llenan galerías y salas de exposiciones con un empuje constante inmune al desaliento.

En los últimos años han sido declarados "Monumentos" del Patrimonio Cultural Vasco la Casa Taller Bonilla y la Gasolinera Goya.

200 obras arquitectónicas incluidas en la Guía de Arquitectura de la Delegación en Álava del Colegio Oficial de Arquitectos Vasco Navarro. (1995). Se trata de 200 obras agrupadas en las siguientes 10 zonas:

Z1 - CASCO MEDIEVAL
Catedral de Santa María
Lienzos y vestigios de murallas
Iglesia de San Pedro
Iglesia de San Miguel
Iglesia de San Vicente
Casa del Cordón
Palacio de los Álava-Esquível
Torre de los Anda
El Portalón
Torre de doña Otxanda
Palacio de Montehermoso
Palacio de Bendaña
Convento de Santa Cruz
Palacio de Escoriza-Esquível
Antiguo Hospicio
Casa del Marqués de la Alameda
Plaza de España
Los Arquillos y plaza del Machete
Antiguo Seminario Conciliar
Plaza de la Brullería
Casa de los Corcuera
Casa Maturana-Verástegui
Vivienda en la calle Cuchillería 17
Casa de los Gobeo
Casa Martínez de Chávarri
Casa de los Álava-Velasco
Casa de la Aduana
Casa de los Gobeo-Caicedo
Casa de alforja
Antiguo Conservatorio
Centro de educación de adultos
Antigua Escuela Normal
Antiguo depósito de aguas
Casa parroquial Santa María
Muebles Mosel
Z2 - ENSANCHE DEL SIGLO XIX
Iglesia de San Antonio
Parlamento Vasco
Casa Fournier
Casa de Arrieta
Casa de la Música
Instituto Vasco de la Mujer/Emakunde
Casa Pando-Argüelles
Teatro Principal
Banco de España
Correos y telégrafos
Antigua Caja Municipal
Paños Losa
Viviendas en calle San Antonio 30-34
Viviendas en paseo de la Senda 1
Oficinas municipales
Casa de Cultura
Viviendas en calle Ramón y Cajal 1
Plaza de los Fueros
Caja Laboral
Instituto Nacional de la Seguridad Social
Viviendas en calle Manuel Iradier 9.
Viviendas en calle Manuel Iradier 60-62.
Viviendas en calle Manuel Iradier 14-16.
Fachada de viviendas en calle General Álava 2.
Casa Erbina.
Banco de Vitoria.
Estación de Renfe.
Viviendas en calle San Antonio 39.
Conjunto del Gobierno Civil.
Casa Ezquerra.
Viviendas en calle Florida 32.
Antigua Caja Provincial.
Viviendas en Paseo de la Florida 1-3.
Banco Bilbao.
Viviendas en calle Rioja 22-24.
Banco de Santander.
Viviendas y oficinas en portal del Rey 8.
Bankoa
Z3 - ENSANCHE OESTE
Fachada de la Magdalena.
Palacio de la Diputación
Catedral Nueva.
Muebles Bonilla.
Estación de Servicio Goya.
Viviendas en plaza de la Provincia 1-3
Antiguo edificio de Sindicatos.
Iglesia de la Coronación.
Iglesia de los Angeles.
Viviendas en avenida de Gasteiz 28 y 42.
Oficinas de la Hacienda Foral.
Palacio de Justicia.
Casas de Echevarría.
Juntas Generales.
Noviciado de las Carmelitas.
Palacio Zulueta.
Colegio público Santa María.
Escuela de artes y oficios.
Viviendas en plaza Juan de Ayala.
Policlínica San José.
Z4 - PARQUE DEL NORTE, SANTIAGO, DESAMPARADAS
Hospital de Santiago
Conjunto de casas baratas.
Viviendas en calle Paz 10.
Viviendas en plaza de Santa Bárbara 4-6.
Centro cívico Judizmendi.
Casa Goicoechea.
Viviendas en calle los Herrán 17-21
Viviendas en calle Florida 55.
Ambulatorio de Olaguibel.
Plaza de Abastos.
Viviendas Panticosa.
Galerías Preciados.
Viviendas en plaza de Santa Bárbara 8.
Viviendas en pasaje Arrieta 2-10.
Viviendas en avenida de Estíbaliz 8.
Z5 - ZARAMAGA, ARAMBIZKARRA, SANTA LUCIA
Barrio de Zaramaga
Iglesia de San Francisco
Cuatro Ikastolas
Cuatro Escuelas Infantiles
Polideportivo de Aranalde
Centro cívico Iparralde
Residencia Arana
Torre de Zaramaga
Z6 - GAZALBIDE, SAN MARTIN, ARIZNABARRA
Seminario diocesano
Centro de formación ocupacional
Convento de Carmelitas Descalzas
Viviendas de Ajuria
Escuela de música Jesús Guridi
Centro cívico Europa
Centro de salud de San Martín
Polideportivo de Ariznabarra
Viviendas en portal de Castilla 42
Colegio San Martín
Viviendas en portal de Castilla 60
Convento de las Hijas de la Caridad
Residencia de ancianos de Ajuria
Z7 - FRANJA SUR
Basílica de San Prudencio
Monasterio de las Salesas
Antiguos cuarteles de Flandes
Palacio de Augusti.
Ajuria Enea.
Conjunto de Ciudad Jardín.
Viviendas en calle Flandes 1-15.
Casa Aranzábal.
Escuela de Ingeniería Técnica.
Viviendas en paseo de Cervantes 7.
Frontones de Mendizorroza.
Dos viviendas adosadas en la calle San Saturio 10.
Archivo provincial.
Casa Ercilla-Ballesteros.
Palacio Díaz Espada.
Residencia de las Nieves.
Casa de las jaquecas.
Casa Zuloaga.
Villa Sofía
Capilla de la Sagrada Familia.
Villa Vergara.
Zortzigarren etxea.
Edificio industrial Sarralde.
Escuela del Profesorado.
Sociedad Deportiva Estadio.
Oficinas de Esmaltaciones San Ignacio.
Casa Martínez de Soria.
Facultad de Filología, Geografía e Historia.
Viviendas en calle Herminio Madinabeitia 8-18.
Centro ocupacional de Adurza.
Z8 - ABETXUKO Y POLIGONOS INDUSTRIALES DEL NORTE
Edificio Industrial Kas.
Cúpula del pabellón Araba.
Parque de Bomberos.
Iglesia de San Esteban en Betoño.
Iglesia del convento de las Carmelitas en Betoño.
Oficinas de HOFESA.
Protección Ciudadana.
Z9 - LAKUA Y ZONA INDUSTRIAL DE ALI-GOBEO
Torre de San Vicente en Arriaga.
Viviendas en calle Blas López.
Centro cívico Sansomendi.
Ampliación del colegio San Prudencio.
Oficinas del Gobierno Vasco.
Azucarera alavesa.
Parque de Servicios de Diputación.
Centro de educación especial.
Polideportivo de Arriaga.
Centro cívico Arriaga.
Viviendas en el sector 1 de Lakua
Z10 - ALREDEDORES
Basílica de Estíbaliz.
Torre de Mendoza.
Iglesia de San Andrés en Estarrona.
Casa Gómez en Durana.
Oficinas HEASA-ACESA.
Casa Lasagabáster en Ullíbarri de los Olleros.
Casa Lasagabáster Gómez en Ullíbarri de los Olleros.
Edificio industrial Azol-Gas en Júndiz.
Iglesia de San Pedro en Matauco.
Iglesia de San Vicente en Hueto Abajo.
Iglesia de la Purificación en Lopidana.
Iglesia de San Miguel en Abetxuko.
Iglesia de San Julián y Santa Basilisa en Oreitia.
Iglesia de San Julián y Santa Basilisa en Aríñez.
Iglesia de la Asunción en Mendiola.
Iglesia de la Asunción en Lasarte.
Iglesia de la Asunción en Gamarra Mayor.
Pórtico de la iglesia de San Esteban en Aberásturi.
Antiguo centro de educación especial en Arkaute.
Edificio para el aeropuerto en Foronda.
Hotel Ruta de Europa en Subijana.
Ampliación de la ikastola Olabide en Lasarte.

Como es sabido, ya la guerra de Africa de 1859 y nuestra segunda carlistada conoce la fotografía. En nuestra ciudad, "Bausac y sobrino" en San Antonio 21 es uno de los pioneros, a mediados del siglo XIX. Pablo Bausac era un pintor nacido en Aranjuez y su sobrino era el también pintor Ruperto Zaldúa nacido en Durango. La viuda del primero, Basilia Tarrios y Uriondo, prosiguió con el negocio familiar a la muerte de ambos. En los inicios de la guerra se aposentó en la ciudad el murciano Eduardo de Lucas Moreno y Nadal, que se asoció a Eugenio de Onís. Les sucedió Antonio Salinas y Pastrana, sevillano, que ejerció su profesión durante mucho tiempo y fue fotógrafo de la familia real española. Tras la guerra, surge el nombre de otro pintor y fotógrafo alavés establecido en la capital, Pedro López de Robles, y el del oscense Pedro Mur y Yuste, al que sucedió su viuda, la vitoriana Eustaquia Montoya. Coexistió con Juan Perea e Isasi-Isasmendi, vitoriano y litógrafo, con el guipuzcoano Patricio Sasiain, y varios otros de finales del siglo como Gómez, Moreno y Gutiérrez y ya los primeros fotógrafos de prensa.

El nuevo siglo disfrutó con el arte fotográfico que proliferó escapando al monopolio de los profesionales. La revista gráfica Novedades (1909) de El Pueblo Vasco de Donostia tuvo un corresponsal en Vitoria, testigo de los principales acontecimientos en ella acaecidos hasta bien entrado el siglo (Ref. Sáenz de San Pedro, E. / Val de,V./Vidal Abarca, J.: Álava ayer. Fotografías de la sociedad alavesa. Siglo XIX, CP de A, Vitoria, 1982).

Antonio Salinas, aprendiz del fotógrafo y el promotor cinematógrafico Eduardo de Lucas, trajo a Vitoria la primera cámara de Lumère en 1897, llevando a cabo el rodaje de la Plaza de la Virgen considerado por Letamendi y Seguin (1997) la primera filmación cinematográfica efectuada en tierra vasca -y probablemente en España- amén de muchas otras. Tras la muerte de E. de Lucas (1899), Salinas se asoció hasta 1902 con su viuda y luego traspasó sus cámaras y su caravana itinerante a los hermanos Pradera, José y Manuel, de Valladolid.