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Real Astillero de Basanoaga

Apostado en la parte sur del puerto Pasaia en jurisdicción de Errenteria, fue uno de los grandes centros de fabricación de navíos del País Vasco. Hasta él se acercaron algunos de los maestros constructores más célebres de los siglos XVII y XVIII, contribuyendo a que su fama y notoriedad se extendieran más allá del ámbito vasco.

Recibió su nombre del topónimo del paraje en el que fue erigido y su calificativo de Real, pese a ser de titularidad municipal, por su dedicación casi exclusiva a satisfacer los pedidos de barcos de la Corona para las flotas de las Armadas del Mar Océano y la Carrera de Indias.

Su emplazamiento no podía ser más óptimo para el desarrollo de la manufactura naval. Sus instalaciones estaban levantadas en el que fuera considerado en siglos pasados como el mejor puerto, más seguro y más fondable de todo el Cantábrico para la conservación y el apresto de las embarcaciones. Pero además, por su lado sur pasaba la Calzada Real que unía Errenteria con Donostia, principal arteria de comunicación terrestre de aquélla época.

No se sabe a ciencia cierta la fecha exacta de su erección y puesta en funcionamiento, mentándose por primera vez en la documentación mediada la década de 1610. No obstante, es probable que su antigüedad se pueda remontar a los últimos años del siglo XVI, momento en el que empezó una de las etapas de mayor prosperidad para la industria naval de Errenteria.

Basanoaga
Croquis de situación del Real Astillero de Basanoaga

Sea como fuere, hasta 1638, fecha en la que fue quemado por el ejército galo, el astillero de Basanoaga contó con una infraestructura compuesta por varias gradas, un edificio erigido por el Rey y otros dos levantados a iniciativa particular para vivienda de la maestranza y almacén de los pertrechos navales.

Su destrucción no significó la clausura de estas instalaciones, siendo rehabilitadas en el decenio siguiente por Joan de Amasa. Las obras de reconstrucción comenzaron en 1643 y consistieron en la cimentación de dos nuevas edificaciones en un área de dieciséis pies de tierra de manzano que, concretamente, eran una casa con su huerta para asistencia de su promotor y residencia de los operarios y sus familias; y unos grandes hangares para depósito y almacenaje de los suministros y materiales de las fábricas navales. Años después, se remató con los inmuebles establecidos en 1699 por el asentista Miguel de Aristeguieta.

No sabemos lo que pudo pasar, pero en 1700 las instalaciones del complejo eran mínimas: se reducían a la casa y cobertizo que ese mismo año construyó el vecino de Errenteria Sebastián de Iriarte.

Basanoaga fue un astillero de carácter municipal, propiedad de la villa de Errenteria, especializado en la producción de naves de gran tonelaje. El Concejo optó por no explotarlo directamente y arrendarlo, siempre y cuando podía, a personas particulares, bien parcialmente o bien su en totalidad, con una doble finalidad: por una parte, garantizar su mantenimiento y conservación sin gasto alguno porque era una de las obligaciones que se imponía al inquilino en el contrato; y por otra, obtener unos ingresos complementarios para el erario municipal.

La actividad de este tinglado estuvo orientada preferentemente a atender los pedidos que generaban los monarcas castellanos para las flotas de sus armadas y el comercio con las colonias americanas. Esta acusada especialización incidió de manera directa en su trayectoria, unas veces positivamente y otras negativamente, al verse la producción de sus gradas totalmente supeditada a esta demanda y fluctuar, al alza o a la baja, en función de ella.

Basanoaga vivió su época de mayor apogeo, tanto en términos de unidades como de toneladas manufacturadas, en el periodo comprendido entre 1664 y 1699 que, precisamente, fueron los años en los que la Corona suscribió el mayor número de asientos, básicamente, por la reactivación experimentada en el comercio indiano. De sus gradas salió una extensa lista de naves con arqueos superiores a las 600 toneladas, cuya manufactura estuvo al alcance de un reducido número de maestros navales por la gran complejidad técnica y los importantes desembolsos de capital que entraña su confección.

Pues bien, las obras de algunas de estas unidades fueron ejecutadas bajo la dirección de varios de los arquitectos navales más prestigiosos de la época, siendo éste el caso de Miguel de Aristeguieta (1666-1675) asentista donostiarra ligado al comercio americano; Ignacio de Soroa (1664-1678), Capitán de Maestranzas de las Fábricas del Rey y considerado como uno de los mejores fabricantes navales de toda la cornisa cantábrica, fue el que mayor número de embarcaciones labró en Gipuzkoa entre 1662 y 1686; Pedro Aróstegui (1679-1683), asentista del Rey; el ilustre Antonio de Gaztañeta (1714-1718), Superintendente de las Fábricas Reales y pionero en la redacción de un método constructivo para la racionalización sistemática de la manufactura naval; Felipe de Zelarain (1713-1718), constructor donostiarra encargado de la elaboración de varios de los navíos línea confeccionados según el método constructivo de Gaztañeta; o Pedro Antonio de Berroeta (1728-1729), contratado por la Compañía Guipuzcoana de Caracas para la realización de algunos de buques su flota mercante.

Beko Kalea
Galeón del siglo XVII tallado en el dintel de una casa de Beko Kalea de Errenteria

La ambiciosa política naval emprendida por la dinastía Borbónica en el intento de instaurar una poderosa Armada Real dirigida a recuperar el control de los mares y el poder marítimo de los últimos Austrias, significó el principio del fin del Real Astillero de Basanoaga.

Entre las disposiciones aprobadas estuvo la concerniente a la creación de los Departamentos de Marina de El Ferrol, Cartagena y Cádiz y el comienzo de la construcción de sus correspondientes Reales Arsenales. Tenía como finalidad última concentrar en ellos la manufactura de los navíos de la Real Armada, lo que implicaba el abandono tácito por parte de la Monarquía de los astilleros guipuzcoanos y, entre ellos, el de Basanoaga. O lo que es lo mismo, esta medida supuso para Basanoaga la pérdida de su principal cliente y fuente de financiación, y la interrupción de la labra de navíos de guerra y mercantes con dinero público.

Pese a todo, el Rey no perdió su interés por el complejo de Basanoaga, pero lo hizo con unas miras y filosofía diferentes. Precisamente, en 1727 arrendó la casa del astillero y una parcela de terreno de doscientas brazas de largo por tres de ancho para el establecimiento de una fábrica cordelería. Espíritu Pascali -Intendente de Marina y Comisario Ordenador de Marina- fue la persona encomendada por Patiño para negociar las condiciones del contrato de arrendamiento.

El acuerdo al que llegaron las dos partes no tenía precedentes, y marcó un antes y un después en la historia de la factoría: en su condicionado se pactó que era obligación de la Villa mantener y reparar, a su costa y riesgo, las propiedades alquiladas a cambio del abono de una renta anual de 300 reales der vellón. Llegados a este punto, el siguiente paso dado fue la habilitación del edificio rentado para la instalación de la cordelería, obras que dieron comienzo en el otoño de 1727 y no finalizaron hasta la primavera siguiente. A la par, ante la queja que presentó el Comisario de Marina, el Concejo procedió al acondicionamiento del inmueble en donde se alojaría el maestro cordelero encargado del establecimiento fabril.

Pese a que el Cabildo Municipal de Errenteria accedió a las exigencias impuestas por el Intendente de Marina y trató de complacerle en todo, de poco o nada le sirvió. Por razones que se desconocen, ya en 1732 Pascali había abandonado las instalaciones y trasladado la cordería a un punto próximo, en el mismo el término de Basanoaga; concretamente, a los pertenecidos del mayorazgo fundado por Magdalena Ochoain, lugar en el continuó por lo menos hasta el año 1749.

Estando aún vigente la contrata anterior, las gradas de Basanoaga fueron elegidas por el fabricante naval Pedro Antonio de Berroeta para llevar a cabo la construcción del navío que le había encargado la Real Compañía Guipuzcoana de Caracas. Con tal fin, en el mes de junio de 1729 las Autoridades Municipales le autorizaron a levantar una barraca pegante a la casa y en el lado de la huerta para guardar en ella los aparejos y herramientas que precisaba para su trabajo.

Pero ello fue como un espejismo porque en lo que restaba de siglo tan sólo Antonio Arístegui se interesó por Basanoaga para poner en grada la quilla de su barco. Ante este desolador panorama, el Ayuntamiento de Errenteria reanudó la práctica de arrendar la casa de Basanoaga y sus tierras a varios particulares, pero ahora con una finalidad agrícola. Aún y todo, no perdió la esperanza de que algún día aquí se pudiera reanudar la construcción naval puesto que en su previsión, en ocasiones, en los contratos se impuso al inquilino la exigencia de tener que abandonar el inmueble en el plazo que se le indicase siempre y cuando se diere esta circunstancia.

Desafortunadamente no fue así. Después de haber estado trabajando más de cien años, cesó la actividad naval en el Real Astillero de Basanoaga siendo sus instalaciones únicamente aprovechadas para usos y fines agropecuarios.

A día de hoy, su recuerdo se reduce al nombre que la villa de Errenteria ha dado a una de las calles de su barrio de Capuchinos.

Barcos fabricados en el Real Astillero de Basanoaga, 1615-1754
Fuente. Odriozola Oyarbide, Lourdes. "La construcción naval en Rentería: una actividad económica de la Edad Moderna", pp. 71-78.
AñoConstructorBarco Tns.
1615Fabián ZuaznabarGaleón -
1616León CuzcoGaleón -
1622Fabián de Zuaznabar Galeón -
1623Juan de OlazabalGaleón San Juan600
1625Juan Pérez de IrazabalGaleón
1664Miguel de Aristeguieta Navío812
1664Ignacio Soroa --
1666Miguel de AristeguietaGaleón-
1666Miguel de AristeguietaGaleón Ntra. Sra. del Pilar de Zaragoza, Santiago y San Martín
1667Miguel de AristeguietaGaleón-
1668DesconocidoGaleón-
1673Desconocido Galeones (¿?)-
1674Miguel de AristeguietaGaleón-
1675Miguel de AristeguietaGaleón1007
1677Cristóbal de OlazabalGaleón San Ignacio, San Cristóbal y San Felipe394
1678Ignacio de SoroaEscuadra de galeones3600
1678Cristóbal de OlazabalNavío -
1678Mariana PérezGaleón 1100
1679Pedro de ArósteguiCapitana Ntra. Sra. del Rosario y San José800
1679Pedro de ArósteguiGobierno Jesús, María y José800
1679Pedro de ArósteguiPatache Ntra. Sra. de las Estrellas, San Felipe y San Francisco
1680Cristóbal de OlazabalGaleón El Ángel y las Benditas Ánimas300
1683Pedro de Aróstegui Galeón1200
1683Pedro de Aróstegui Galeón1200
1697Juan de IturriaGaleón 800
1698Sebastián de Iriarte--
1713Felipe de ZelarainNavío San Juan Bautista930-950
1713Felipe de ZelarainNavío San Isidro930-950
1715Simón y Felipe de ZelarainNavíos de línea (3)-
1718Felipe de ZelarainBajel-
1728Pedro Antonio de BerroetaNavío de línea-
1729Pedro Antonio de BerroetaNavío -
1754Antonio ArísteguiNavío-

  • ODRIOZOLA OYARBIDE, Lourdes. La construcción naval en Gipuzkoa, siglo XVIII. Donostia: Diputación Foral de Gipuzkoa, 1997.
  • ODRIOZOLA OYARBIDE, Lourdes. "La construcción naval en Rentería: una actividad económica de la Edad Moderna". Bilduma nº 11. Errenteria: Ayuntamiento de Errenteria, 1997, pp. 47-80.
  • ODRIOZOLA OYARBIDE, Lourdes. "El Real Astillero de Basanoaga: un ejemplo de la industria naval de Rentería". Oarso nº 26 (Segunda época). Errenteria: Ayuntamiento de Errenteria, 1991, pp. 113-114.
  • ODRIOZOLA OYARBIDE, Lourdes. "La industria naval guipuzcoana y la producción de navíos para el Rey (1650-1799)". Boletín de la R.S.B.A.P., Tomo L-1994-1. Donostia: Real Sociedad Bascongada de los Amigos del País, 1994, pp. 3-41.