Politikariak eta Kargu publikoak

Galíndez Suárez, Jesús de

Jurista y escritor vasco, nacido en Amurrio (Álava) el 12 de octubre de 1915. Desaparecido en New York el 12 de marzo de 1956.

Hijo de un médico oculista, al morir su madre se traslada con toda la familia a Madrid. Durante ocho años estuvo interno en el colegio de los jesuitas de Chamartín (Madrid), de donde pasó a estudiar la carrera de Derecho en la Universidad Central (Complutense) de la misma capital. Será en estos años cuando surja en él un gran interés por todo lo relacionado con el País Vasco.

Afiliado en 1932 al PNV, asiste asiduamente a los Cursos de Verano de la Sociedad de Estudios Vascos en San Sebastián. Metido de lleno en la asociación Euzko Ikasle Batza, apenas ha cumplido 18 años cuando publica dos monografías de carácter histórico y político: La M. N. y M. L. Tierra de Ayala, su Señorío y su Fuero, Madrid, 1933, e Ideas políticas de Saavedra Fajardo, Madrid, 1933. Un año más tarde daría a la imprenta dos folletos: La legislación penal en Vizcaya, Bilbao, 1934; Psicología-Herencia-Delincuencia Infantil, Granada, 1934. Este mismo año pronunció una conferencia en el Hogar Vasco de Madrid bajo el título Fantasías y realidad en torno a las Juntas Vascas, publicada en Bilbao en 1935. Se licenció en Derecho el 20 de junio de 1936 (tesis: "El caserío vasco") y, a continuación, ocupó en la misma facultad una plaza de profesor ayudante en la cátedra de Derecho Civil, de la que era profesor Felipe Sánchez Román.

Al iniciarse la guerra civil española (18 de julio de 1936) se creó en Madrid un Comité-Delegación del Partido Nacionalista Vasco, encargado oficialmente de proteger a los vascos que residían en la capital de España. Desde el primer momento se puso al servicio del mismo, del cual llegaría a ser Agregado Jurídico y encargado de la Sección de Presos y Desaparecidos. Su labor humanitaria, en apoyo de la política del ministro vasco Manuel de Irujo, hizo que muchos encarcelados vascos (y no vascos) gozasen nuevamente de la libertad. Durante la permanencia de Irujo como ministro de Justicia, Jesús de Galíndez desempeñó el cargo de Letrado Asesor de la Dirección General de Prisiones. La última parte de la contienda la pasó incorporado a la Brigada Vasca. De esta época es su libro de poesía Ensueños. Treinta ensayos poéticos, Barcelona, 1938.

Como tantos otros combatientes republicanos, el 10 de febrero de 1939 cruzaba la frontera francesa camino del exilio. Gracias a los servicios del Cónsul de la República Dominicana en Burdeos pudo embarcarse en dirección a dicha República, llegando a la misma el 19 de noviembre de 1939. En esta isla del Caribe permanecería por espacio de seis años, los cuales le habrían de dejar una huella indeleble para el resto de sus días. Pronto su dinamismo le llevó a pronunciar una conferencia en el Ateneo Dominicano, sobre Los vascos, raza misteriosa y de leyenda, así como otra sobre Viaje sentimental a través de Euzkadi, dada en el Instituto Colón. Un año más tarde se puso al frente de la Delegación del Gobierno Vasco en Santo Domingo, coincidiendo con su labor de profesor de Ciencia Jurídica de la Escuela de Derecho Diplomático y Consular. Su capacidad de trabajo y dinamismo hizo que se le nombrara secretario del Instituto de Legislación Americana Comparada de la Universidad de Santo Domingo y, un año antes de su salida de la isla, se le designó Asesor Legal del Departamento Secretaría de Trabajo y Economía. Al mismo tiempo se multiplicaba en conferencias y colaboraciones en revistas (Revista Jurídica Dominicana, Clío, etc.). De esta época son los escritos siguientes: Los problemas actuales del matrimonio y el divorcio ante los conflictos de leyes, Buenos Aires, 1942; La aportación vasca al Derecho Internacional, Buenos Aires, 1942; Programa de elementos de ciencia jurídica, Ciudad Trujillo, 1945; Principales conflictos de leyes en la América actual, Buenos Aires, 1945; Los vascos en el Madrid sitiado. Memorias del Partido Nacionalista Vasco y de la Delegación de Euzkadi en Madrid, desde setiembre de 1936 a mayo de 1937, Buenos Aires, 1945. En 1944 consiguió el primer premio en un concurso literario organizado con motivo del Primer Centenario de la República Dominicana. El trabajo se titulaba El Bahoruco y fue publicado, junto con cuatro ensayos más, bajo el título Cinco leyendas del Trópico, Ciudad Trujillo, 1944.

El 31 de enero de 1946 abandonó la isla de Santo Domingo, instalándose días más tarde en Nueva York (13 de febrero). Allí se puso a trabajar en la Delegación Vasca y colaboró con el Gobierno republicano español en el exilio en los trabajos que hicieron que las Naciones Unidas condenaran el régimen recién implantado. Su biógrafo y amigo, Pedro de Basaldua, al comentar este período de su vida, escribe:

"Quienes hemos seguido paso a paso su obra y hemos estado al tanto de sus trabajos, podemos afirmar que poseía el don de adelantarse a los acontecimientos, y que el enjuiciamiento de los episodios internacionales que desmenuzaba con singular habilidad para llegar a la entraña misma del problema, le acreditan como un hombre de extraordinario temperamento político. Tenía verdadera vocación para ello".

Jesús de Galíndez, pp. 66-67.

Entre tanto continúa su labor de escritor. En agosto de 1946 envía la comunicación Raíces vascas en la doctrina del P. Vitoria al I Congreso Vitoriano, celebrado en Buenos Aires. En 1947 publica la obra El derecho vasco, Buenos Aires. Este mismo año sale de imprenta Divorce in the America, Búfalo, escrita en colaboración con Ireland. En el II Congreso de Escritores Vascos, organizado por la revista Euzkadi de Caracas, consigue el premio con su trabajo La revolución francesa repercute en Euzkadi. En 1948 viajó a Europa para tomar parte en el Congreso Internacional de Estudios Vascos y en la Asamblea General de las Naciones Unidas, que iba a tener lugar en París. Al Congreso aportó los siguientes trabajos: Un siglo de lucha por la libertad vasca ; Valor de los Fueros Vascos considerados según las circunstancias históricas que les dieron origen; Los vascos en la lucha por la libertad de América; Semejanza entre los Fueros de Ayala y Bizcaya. Vuelto a Nueva York (1949), quedará al frente de la Delegación Vasca. Este mismo año aparecerá su escrito El divorcio en el derecho comparado de América, México, 1949. Al año siguiente acompañará a José Antonio Aguirre en la inauguración de la sede social del Centro Vasco de Caracas, donde pronunciará la conferencia Sobre la influencia vasca en América.

Su trabajo aumenta en gran manera. De todas partes le piden conferencias, comunicaciones, colaboraciones para periódicos, etc. Publica la obra Estampas de la guerra, Buenos Aires, 1951. Envía una comunicación sobre Protección de algunos derechos humanos en documentos Constitucionales Vascos, especialmente de los siglos XV y XVI, a la Conferencia Internacional de la "International Bar Association", celebrada en Londres. Poco después logra un premio especial en los Juegos Florales Catalanes de Nueva York, con su trabajo La Confederación del Pirineo, en la época del Príncipe Carlos de Viana y de Gerona. Por las mismas fechas se le nombraba profesor de Derecho Público Hispanoamericano y de Historia de la Civilización Iberoamericana, en la Universidad de Columbia; da a la imprenta un nuevo escrito, La inestabilidad constitucional en el derecho comparado de Latinoamérica, México, 1952, y al final del curso universitario hace un nuevo viaje a Europa. Su nuevo curso versó sobre La civilización hispanoamericana, política y cultural. Pronuncia gran número de conferencias, colabora en Excelsior, de México, y se le nombra secretario del Comité Ejecutivo de la Asociación de Profesores Universitarios sobre temas de Hispanoamérica. En 1953 aparece su escrito Nueva Fórmula de Autodeterminación política de Puerto Rico (México) y un año más tarde el volumen Iberoamérica. Su evolución política, socio-económica, cultural e internacional, Nueva York, 1954. Esta documentada obra produjo escándalo en algunos medios, sobre todo en la República Dominicana, donde pronto se publica un folleto contra el libro y su autor.

Metido de lleno en las actividades públicas neoyorquinas, fue presidente durante dos años (hasta la Junta de 1956) del Círculo de Escritores y Poetas Iberoamericanos, y Secretario de Publicidad de la Federación de Sociedades. En estos años cursó también la carrera de Filosofía, cuya tesis doctoral versó sobre La era de Trujillo: un estudio casuístico de dictadura hispanoamericana, que fue aceptada formalmente por la Universidad de Columbia el 27 de febrero de 1956. En ella hace un estudio documentado de la dictadura trujillista en la República Dominicana. Días más tarde (12 de marzo), Jesús de Galíndez desaparecía de forma misteriosa, como tantos otros elementos que se atrevieron a atacar el régimen de Trujillo. El acontecimiento causó conmoción en el mundo entero. Ya desde el 1946 vivió preocupado por su destino final, como lo prueban ciertas declaraciones hechas a sus amigos. El 5 de junio de 1956 en ceremonia solemne, la Universidad de Columbia le otorgó "in absentia", el grado de Doctor en Filosofía. Su tesis sería publicada el mismo año en Santiago de Chile. En 1957 aparecería su obra La Tierra de Ayala y su Fuero, Buenos Aires, y, poco más tarde, Euzkadi, el país de los vascos dinámicos, México. En el momento de su desaparición se hallaba ultimando una novela costumbrista dominicana. Colaboró en gran número de revistas, entre ellas: Eusko Jakintza, Boletín del Instituto Americano de Estudios Vascos, Revista de América, Ibérica, Hogar, Cuadernos Americanos, Gernika, América, Boletín de la Real Sociedad Bascongada de Amigos del País, etc.

El ilustre ensayista colombiano Germán Arciniegas escribe en El Tiempo de Bogotá, 1957, a un año de su desaparición, "Presencia de Galindez". Lo recuerda en una asamblea de "hombres libres", en Nueva York:

"Yo le recuerdo cuando nos hablaba con su manera tan vasca y tan directa, como un estudiante, apremiado por decirlo todo en la forma más franca y desnuda. Pero eran discursos que tenían el brillo encantado de lo que se sueña en una noche de verano, y se disipa al amanecer. Ahora no. Como nos reunimos esta noche en Nueva York, se están reuniendo amigos de Jesús de Galíndez en todos los rincones del mundo libre dondequiera que hay un grupo de gentes que aman la libertad y la decencia. Ellos se juntan para escuchar su voz que nos llega más fresca, más clara, más persuasiva que nunca y nos repite la misma admonición que es ahora el tema grande de nuestro tiempo: Defended la libertad si queréis conservarle al hombre lo único que le coloca cerca del espíritu".

Félix Martínez Suárez, en El Universal de Caracas, 1960, lo recuerda en su cuarto aniversario con una apretada biografía: "Aquel Jesús de Galíndez". La Universidad de Columbia, de la que era profesor, reivindica la personalidad de Galíndez en su órgano Columbia Dally Spectator. El escritor peruano Luis Alberto Sánchez escribe en El Tiempo de Bogotá, 1962. Bajo el título "La lección de Galíndez", esboza su semblanza:

"... No era Galíndez un hombre predestinado aparentemente para la tragedia. De buena firma y mejor humor, gustaba de la vida y el estudio. Su magisterio en la Universidad de Columbia, de Nueva York, era de los más preferidos por sus alumnos... Tenía la tenacidad de su tierra. Era cristiano, luchador, sistemático y belicoso. Estaba apenas dando sus primeros frutos. Destilaba simpatía, vitalidad. No tenía pasta de vencido. No temía a nadie. Eso sin duda le perdió."

Enrique Lafourcade, máximo definidor de la "generación chilena de 1950", afectado por la suerte de Galíndez, lanza su novela El festín del rey Acad. En ella describe imaginativamente su martirio a manos del dictador. Por otra parte, el semanario argentino Voz de Mayo publica un poema dedicado a Galíndez, escrito por Roberto A. Vaccarezza, del que damos aquí una muestra:

"Ha retoñado el Gernikako Arbola
poco después de la masacre horrible,
como si el jugo de toda tu tierra
dijera terco: ¡El roble no se rinde!
Desde aquel día mismo de tu muerte
eres del Santoral de héroes civiles.
Ha retoñado el Arbol de Guernica
y en nuestros corazones siempre vives
ya en las veintiún repúblicas de América
tendrás el homenaje de los libres
y hasta en esa ciudad dominicana
no tendrá estatua el vil que ahora la oprime
pero tú tienes el amor del pueblo
dominicano. ¡Jesús de Galíndez!"

Pedro de Basaldúa publica la primera biografía Jesús de Galíndez, Buenos Aires, 1956, reeditada en Bilbao en 1981; Andrés María de Irujo, escribe en Boletín del Instituto Americano de Estudios Vascos, Buenos Aires, n.° 25, 1956; Euzkadi, de Bayonne, 1959, n.° 1, dedicado a Galíndez; Martín de Ugalde, en Caracas, 1960, "Un silencio de cuatro años", reproducido por el semanario Euzkadi, Bilbao 1981, n.° 222; Jesús María de Leizaola, "Carta de D. Jesús M.ª de Leizaola al Presidente de la República Dominicana pidiendo se dé luz pública al secuestro". Dirigida al Presidente Excmo. Sr. D. Juan Bosch, desde París, con fecha de 4-4-1963. El Lehendakari hace referencia a la información difundida por El Caribe -sobre el hallazgo de los restos de Galíndez-. Y afirma en su carta, textualmente:

"Los vascos no hemos creído nunca que el pueblo dominicano tuviera responsabilidad alguna en el caso Galíndez".

Este documento ha sido reproducido en el semanario Euzkadi de Bilbao, n.° 222. Vicente de Amézaga en su obra El hombre vasco le dedica varias páginas. El profesor valenciano Vicente Llorens, refugiado en Santo Domingo cerca de seis años, en su obra Memorias de una emigración, Barcelona -Ariel-, 1975, relata las actividades de Galíndez en Santo Domingo. Francisco de Abrisqueta, en Boletín del Instituto Americano de Estudios Vascos, n.° 60, Buenos Aires, 1965, da a conocer al público En la colina me espera, obra poética del desaparecido que es casi un testamento de quien presentía su trágico fin. El que esto escribe cree que Galindez publicó en vida esta creación en la revista "Hogar" de Santo Domingo, revista de Carmita Amestoy, que se editaba alternando cuadernillos en rosa, azul y blanco. El que suscribe recibió del mismo Galíndez un recorte en rosa de esta composición poética, en Santiago de Chile, lo que prueba que la publicó en vida. Como precursor de estas semblanzas de Jesús de Galíndez, existe la tomada al vivo por Mariano Estornés Lasa, que abarca desde el encuentro de ambos en Burdeos, con cesión del boleto de embarque de Galíndez a Estornés y subsiguiente estancia en Santo Domingo con otros refugiados como Jon Oñatibia, Iñaki de Urreiztieta, etc. Esta semblanza de Galíndez a sus veinticinco años aparece en Gentes Vascas en América, San Sebastián, 1960, capitulo 11, "Josu Amurrio".

Además de los citados, son numerosos los vascos y escritores de otras procedencias que abordan el tema: Enrique de Gandía, Manuel de Irujo, Pierre Lafitte, Ildefonso Gurruchaga, Gabino Garriga, P. Berasaluce, Koldo San Sebastián, K. Mujika, N. Ormaetxea, Víctor Raúl Haya de la Torre, G. Ireland, Javier Malagón, R. L. Pidre, L. Mercier, G. E. Ornes, T. Reyes Cerda. A estos nombres habría que agregar eminentes redactores de periódicos del mundo entero.

En el primer aniversario del secuestro de Galíndez las entidades republicanas en exilio, estatales, vascas y catalanas organizaron un acto conmemorativo. Tomaron la palabra el ex senador mejicano Alejandro Carrillo, el ex ministro republicano Indalecio Prieto y el Delegado del Gobierno Vasco en México José Luis de Irisarri.

Veintidós años después, el 2 de abril, organizado por la Junta Municipal del PNV de Amurrio, en el frontón abarrotado, a pesar del temporal de agua y viento, se desarrolló otro brillante acto. En la amplia tribuna aparecía un gran retrato del homenajeado. En grandes caracteres una frase de su testamento: "Me declaro cristiano y vasco...". Los pasquines que anunciaban el acto portaban el busto de Galíndez sobre el centro de la ikurriña. Intervinieron el senador Michel de Unzueta, José Estornés Lasa, Vidarte y los parlamentarios Cuerda y Ajuriaguerra. Finalmente se pudo escuchar un mensaje del Lehendakari Leizaola en cinta magnetofónica.

En su testamento expresa este deseo:

"Me declaro cristiano y vasco. Como tal quiero ser enterrado en la fe y en la tierra de mis antepasados cuando esto sea posible. Y ruego a quien se haga cargo de mi cuerpo y de mis bienes que mis restos sean llevados un día a Amurrio en la provincia de Álava, Euzkadi, para ser enterrado allí; quisiera que fuese en la finca que mi padre tiene en Larrabeobe, en la parte alta donde se divisan las montañas de mi Patria..."

Félix Martínez Suárez, art. citado. El Universal, Caracas, 1960.

"Un ex alumno de Jesús de Galíndez declaró hace unas semanas al periódico dominicano El Caribe que el cuerpo de su profesor se halla enterrado en San José de Ocoa, a unos kilómetros de Santo Domingo. Explicó que el 23 de septiembre de 1956 (seis meses después de su desaparición), al pasar por aquel paraje vio sacar un cadáver del río y se dio cuenta de que era el de Galíndez. Quienes lo extrajeron -afirmó-, y luego le dieron sepultura secretamente, eran miembros de un partido de oposición. Durante cinco años guardó el secreto bien escondido en el cofre fuerte de su miedo, y hoy, desaparecido Trujillo, se ha decidido a revelar lo que vio con sus propios ojos".

Reproducido en el semanario Euzkadi de Bilbao, n.° 222, bajo el título La estatua del recuerdo, (artículo sin firma.)

Transcribimos parte de lo que debió ser su última prosa poemática, encontrada entre sus papeles. Ya nos lo anuncia, desolado:

"Madrugada de una noche, víspera de Navidad, la gran ciudad neoyorkina duerme en silencio. Y la pluma corre sola, pergeñando cuartillas que nunca verán la luz del día porque fueron demasiado sinceras. Esta sola se salvó".

Lleva este titulo: Soy vasco: algunos se ríen y otros me odian. Se publicó integro en el semanario Euzkadi de Bilbao, n.° 222. Ya estaba amenazado de muerte. El cerco infame, por teléfono, por correo, por la calle, en su mismo despacho, se cerraba, implacable. Angustiado, escribía:

"Soy vasco... Algunos se ríen, otros me odian. Es todo lo que me queda cuando el desaliento me domina y camino por las calles a la deriva. Soy vasco, y allá lejos hay un pueblo al que pertenezco. Yo no soy nada, un amasijo de pasiones y anhelos sin colmar. Pero soy parte de ese pueblo. Al que veo en mis sueños despierto; vestido de gudari camino de la montaña, le veo en las romerías y al caer la tarde por una estrada, le veo en el esfuerzo del frontón y en los pescadores que salen a la mar, le veo cantando y rezando, le veo en la continuidad de los siglos. Estoy solo, solo con mis angustias. Pero seguiré, seguiré adelante aunque nadie me comprenda en esta Babilonia. Y algún día me tenderé a dormir junto al chopo que escogí en lo alto de la colina; en el valle solitario de mi pueblo, a solas con mi tierra y mi lluvia. Estas me comprenderán al fin...".