Udalak

CONDADO DE TREVIÑO

Extenso municipio del partido judicial de Miranda de Ebro que forma parte de la provincia de Burgos. La capital Treviño- está situada a la orilla derecha del río Ayuda, al pie de una loma sobre la que se alza el castillo del lugar, a 0º 56' 10" longitud E. y 42º 44' 05" latitud N. Riega su término de E. a O. el Ayuda que recibe numerosos afluentes en su recorrido siendo los más importantes el río Rojo, el Saraso, el del Molino, el de San Vicente y el Arrieta. Altitud: 552 m. Limita al N. con Nanclares de Oca, Subijana de Álava, y término de Vitoria, al E. con Arlucea, Marquínez y Urarte, al O. con La Puebla de Arganzón, Armiñón y Berantevilla, y al S. con Zambrana, Peñacerrada, Pipaón, Lagrán y Bernedo.
En 1556 contaba con 240 feligreses; 1593: 113 hijos buenos y 31 hidalgos; 1776: de 80 a 90 vecinos; fines del s. XVIII: 30 vecinos, 43 moradores y 5 viudas; 1801: 69 vecinos; 1824: 530 moradores; 1925: 438 moradores; 1960: 2.926; 1979: 1.509; 1986: 1.109; 1991: 907. En 1994 la población de derecho asciende a 910 habitantes, de los que 495 son varones y 415 mujeres.

Población en 1960: Ver tabla en imágenes
Castellano. Se desconoce la fecha en que se perdió el euskera. Probablemente, a fines del s. XVI, se hablaba el vasco (J. Caro Baroja: Materiales para una historia de la lengua vasca en su relación con la latina, «Acta Salmanticensia», Filosofía y Letras, t. I, 1945-46, pp. 16-17). Sin embargo, a fines del s. XVIII, el euskera había desaparecido de esta zona (Varios: «G. H. L. V. », Auñam., 1960, t. I, pp. 61-66).
Dista 20 km. de Vitoria, sede del obispado y 99 de Burgos, capital administrativa. La Legua del Rey. Recibe este nombre el tramo correspondiente al Condado de Treviño de la carretera N-1, de 5.500 m. Ruta internacional desde tiempo inmemorial, y principal comunicación del reino de Castilla con Europa, fue desde la Edad Media camino real de postas. Estuvo su mantenimiento a cargo de la Corona, dependió del Ministerio de Fomento desde su creación en 1851 y, en 1870, fue cedido formalmente a la provincia de Alava. A pesar de ello y de la elevada siniestralidad de este recorrido, que soporta cerca de 30.000 vehículos diarios, gran parte de ellos de gran tonelaje, el Estado ha interferido repetidamente las facultades de actuación de Alava en este tramo, aduciendo la pertenencia administrativa de Treviño a Burgos, no obstante la salvedad referida a esta carretera. En 1989, el Gobierno central interpuso un recurso de inconstitucionalidad -aún pendiente de resolución (1997)- contra el Plan General de Carreteras del País Vasco, que contempla el acondicionamiento de la Legua del Rey.
Treviño vive de la agricultura y de la ganadería. Comercialmente, pertenece al área de Vitoria. La principal feria agrícola-ganadera a la que acuden los treviñeses es la de los jueves en Vitoria.

Parroquia de San Pedro

Pórtico, de fines del siglo XVII, finalizado por Domingo de Ibarrola. Gran arco apoyado en pilares cilíndricos que además de dar acceso a la portada principal del templo lo hace a la galería porticada con arcos de fuertes sillares. Bóveda nervada.

Buena portada, del siglo XIII avanzado. Arco apuntado apeado en seis pares de columnas de fuste liso y con variados capiteles: flores, esfinges, aves, leones alados y otras figuras. Intercolumnios con capiteles florales y carátulas. Jambas con decoración floral y ángeles y, con mascarones, en el intradós. Interesantísimas arquivoltas: La interior con hojarasca, testas humanas, seres fantásticos y ángel en la clave; la segunda, baquetonada con santa en la clave; la tercera, análoga a la primera, siendo curiosas una realista oveja y, en la clave, una mujer; la cuarta baquetonada; la quinta con hojas de encina agrupadas; la sexta con signos del zodiaco, representaciones de meses del año y de monje, caballero, dama, etc. Signos lapidarios de tipo judío.

Fábrica con planta de cruz latina, cabecera recta, crucero y nave de tres tramos, más estrecho el del coro. Bóvedas de arista y de medio cañón de lunetos, estas del siglo XVIII. Arcos descansando en pilastras.

Al exterior, bella imagen pétrea de la Virgen Blanca con Niño y pisando al dragón, del siglo XIII, dando vista a la Plaza de la villa. Peana muy decorada, con dos caras humanas, entre racimos, hojas y otras figuras humanas, otra figura y un león. Hornacina con doselete gótico, flanqueada por medias columnas con decoración vegetal en los capiteles y apeos en ménsulas con rostros humanos.

Retablo mayor barroco, churrigueresco, de comienzos del siglo XVIII, obra de José López de Frías. Retablo-cascarón, dorado, muy ornamentado. Banco, cuerpo principal de cinco calles y remate. Impresionante Sagrario-ostensorio en forma de templete con diez columnas salomónicas y remate en cúpula; relieve del Ecce Homo en la puerta del sagrario. Banco con cuatro hornacinas entre ménsulas barrocas con ángeles desnudos; se conservan las tallas de San Lorenzo y de San Bartolomé. En la calle central del cuerpo principal, camarín con escultura de San Pedro en cátedra aplastando al diablo y al error y coronado por interesante medallón. Columnas salomónicas enmarcan las calles laterales con hornacinas aveneradas con imágenes de San Miguel y de San Nicolás a la izquierda y, a la derecha, de San Juan Bautista y de Sto. Tomás de Canterbury, recuerdo de las cuatro parroquias, que además de la subsistente, tuvo Treviño. En el remate, también muy decorado, imagen de la Asunción y medallón con Dios Padre.

En los brazos del crucero, retablos laterales barrocos, churriguerescos, del Santo Cristo y de la Virgen del Rosario. Destaca la imagen del Cristo Crucificado con un brazo desclavado.

Otros retablos barrocos, churriguerescos, de San Raimundo de Peñafort y de San José, este último con talla de Sta. Lucia, de transición del Gótico al Renacimiento.

Soto-coro del siglo XVII. Coro del siglo XVIII. Buena sillería, también del siglo XVIII.

Capilla bautismal bajo la torre. Acceso por arco apuntado. Pila bautismal medieval con taza decorada con guirnalda, espigas y escamas.

Dos sacristías; una del siglo XVI, otra del XVIII. Buena orfebrería.

Esbelta torre. Primer cuerpo de planta cuadrada y rematado por cornisa, balaustre y flameros sobre pilastras. Cuerpo octogonal de campanas, con vanos de medio punto y rematado por arquitrabe, con triglifos y cornisa. Tercer cuerpo, octogonal, con óculos, rematada en cúpula ovoidal y linterna con vanos de medio punto.

En esta parroquia esta depositada la imagen de Ntra. Sra de Uralde, en Araico (Condado de Treviño), gótica, del filo de los siglos XV-XVI, con el Niño en brazos a diferencia de las Andra-Maris. También están las tablas del retablo de Arana (Condado de Treviño) de fines del siglo XV.

Ermita de San Juan Bautista

Antigua parroquia. En la entrada, inscripción recordando la creación (1251) de la parroquia.

Sobre restos del templo gótico, la ermita de planta rectangular que conserva la parte inferior del ábside poligonal original con contrafuertes y restos de dos ventanales. En la nave, los tramos están separados por arcos fajones, teniendo uno de ellos bóveda de cañón de lunetos y otro techumbre de madera. Restos de los pilares góticos, con decoración vegetal en un fuste y en los capiteles. Restos de columnas y sillares, algunos con marcas de canteros.

Al norte, escalera de acceso al desaparecido campanario. Está abierto hacia la iglesia por arco apuntado y corre en espiral dentro de un grueso pilar; otro arco apuntado se abre hacia el interior del templo dando acceso al coro.

Ayuntamiento

Parte del palacio de los Manrique de Lara, obra del siglo XVI.

Alberto GARATE GOÑI (2006)

  • Astiazaran Achabal, Mª Isabel: "Puntos de encuentro y comportamientos tipológicos en la arquitectura barroca vasca" en Cuadernos de artes plásticas y monumentales. Ondare (19). Donostia-S. Sebastián. Eusko Ikaskuntza-Sociedad de Estudios Vascos.
  • Bilbao López, Garbiñe: Pilas bautismales medievales en Álava. Ornamentación y simbolismo en Cuadernos de sección. Arte plásticas y monumentales (15) pp 275-284. Donostia- S. Sebastián. Eusko Ikaskuntza-Sociedad de Estudios Vascos, 1996.
  • Lahoz, M. Lucia: Gotikoko artea Araban. El arte del gótico en Álava. Vitoria-Gasteiz. Arabako Foru Aldundia-Diputación Foral de Álava, 1999.
  • López de Ocariz, José Javier: Pays basque roman. Álava, Bizcaye, Guipúzcoa. Abbaye Sainte Marie de la pierre-qui-vire. Zodiaque, 1997.
  • Portilla Vitoria, Micaela y Eguia López de Sabando, José: Catálogo monumental de la diócesis de Vitoria. Tomo II. Obispado y Caja de ahorros municipal de Vitoria, 1968.
  • Alberto GARATE GOÑI (2006)

Ya desde el s. XVI se puede documentar la división del condado en 4 cuadrillas: la cuadrilla de Abajo, que celebraba sus reuniones en la iglesia de San Juan del actual despoblado de Faido; la del Val de Lauri que se reunía en la ermita de Nuestra Señora de Arcena; la del Val de Tobera con sede para sus juntas en Arana; finalmente, la de Somo de Ayuda, que se reunía en la iglesia de Fuidio. Hacia 1785 agrupaba a 46 aldeas y una villa, la de Treviño, distribuidas en torno a cuatro Cuadrillas:

1) Cuadrilla de Abaxo: Araico, Burgueta, Cucho, Grandival, Muergas, Ozana u Ozalla, Pangua y San Esteban.
2) Cuadrilla del Río Somo Ayuda: Albaina, Baxauri, Fuidio, Laño, Marauri, Mesanza, Obécuri, Samiano, Ogueta, Saraso y Torre.
3) Cuadrilla de Val de Lauri: Aguillo, Ajarte, Arrieta, Ascarza, Busto, Doroño, Golernio, Lezana, Ochate, Ocilla y Ladrera, San Vicentejo, Uzquano, Imíruri, y Zurvitu. 4) Cuadrilla de Val de Tovera: Arana, Argote, Armentia, Caricedo, Dordóniz, Franco, Moraza, Mosçador, Pedruzo, San Martín Galvarín, San Martín Zar, Taravero y Villanueva Tovera. [A. G. S. Nomenclator de Floridablanca. Tomo I. Provincia de Burgos. Año 1785].

Las villas de La Puebla de Arganzón, Añastro, Pariza y Saseta quedaban fuera de este marco, permaneciendo bajo jurisdicción del duque de Frías posiblemente hasta los primeros años del s. XIX en los que el Condado adquirió su configuración presente. Según Landázuri (1921), las villas de Añastro, Pariza y Saseta se separaron del Condado al hacerse villas de por sí en 1743 la primera y en torno a ese año las otras. Sin embargo, sobre la Puebla de Arganzón existe poca evidencia de que perteneciera o hubiera pertenecido al Condado en ningún momento hasta 1787-1845. El estado noble de la villa, en unión con los restantes hidalgos del condado, celebraba sus juntas anuales el día de Santiago en la ermita de San Roque de Treviño, en Franco o en San Vicentejo. (Ref. M. J. Portilla y J. Eguía López Sabando: «Catálogo Monumental de la Diócesis de Vitoria», t. II, Arciprestazgo de Treviño-Albaina y Campezo, Vitoria, 1968, p. 208). Desde que se dio el señorío de la villa y tierra a la casa Manrique de Lara, ésta designó los alcaides del castillo y de justicia mayor. A fines del s. XVIII seguían ejerciendo este derecho; conocemos los nombres de Manuel Ruiz de Montoya, y el de su sucesor, Andrés de Urbina, nombrado por el conde de Treviño y duque de Nájera en 1778. (Ref. M. J. Portilla, op. cit.).
HISTORIA.
Prehistoria.Han sido localizadas estciones de talla de sílex (D. Estavillo) en la Cuenca del río Ayuda, en Grandival, Caicedo, Araiko y Muergas: restos de tallas, mazos, proyectiles, picos, azadas, raspadores, puntas de lanza y de flecha, cuchillos, hachas, tranchets. Otro yacimiento paleolítico de talla, descubierto recientemente, es el de Murba, situado entre Torre y Samiano. Estavillo descubrió también restos de pobaldos al aire libre con cerámicas, hachas pulimentadas y molinos de mano. Del Neolítico al Bronce caben señalarse los yacimientos de Montico de Txarratu, en Albaina; Peña del Mazo, en Aguillo; Marifanzon y Las Tejeras, en Araiko; La Calzada, en Añastro; Peñalta y La CAntera en Burgueta; La Sierra, Uralde y LA Verja, en Cucho; Dordóniz; Mendiguri-Mazolea, en Laño; San Cristóbal, San Miguel y Zurbaldai, en Ozana; El Calvario, En San Martín de Zar; La Fuente y Los Campos, en TAravero; Crócega y El Romeral, en Villanueva de Tobera
Edad del Hierro y Romanización. Entre otros hallazgos se pueden citar una vasija de cerámica excisa en San Formerio, fechable en el Hierro I; del Hierro II varios objetos metálicos en Doroño, entre los que cabe destacar un torque con decoración en relieve que representa una serpiente; en cuanto a la Romanización, un ara votiva dedicada a Júpiter en Saraso, y lápidas funerarias en Albaina, San Esteban, San Martín de Galvarín y Saraso; por último, fragmentos de una estela hallada en San Andrés (Argote), decorada con un personaje tocado con una especie de bonete y portador de escudo y lanza, encuadrable en el grupo de las llamadas del jinete y fechable en el Bajo Imperio.
Las primeras noticias documentales de Treviño (Ribo de Ibita).
La zona alta del río Ayuda consta, con sus 35 pueblos, entre las poblaciones alavesas (ferro per Alava) del extremo occidental del reino de Pamplona que pagaban tributo al monasterio de San Millán (Voto de San Millán, año 1025) en el s. XI. Parece ser que las aceifas musulmanas llegaron hasta el valle y que hubo una población cenobítica de origen oscuro. Hubo treviñeses entre las tropas de Lope Iñiguez, IV Señor de Vizcaya, en la batalla de Acinas (931).
Fundación de Treviño por Sancho el Sabio: 1161. Hubo en esta localidad un fuerte castillo navarro. En varios documentos constan los nombres de algunos de sus alcaides. En el 1076 ocupaba tal puesto Lope Iñiguez; en el 1077 encontramos en el mismo cargo a Diego Sánchez, que tenía también el castillo de Término; a fines del s. XII era alcaide del castillo Alvaro Muñoz, hombre de confianza de Sancho VI el Sabio de Navarra. Esta no fue la única medida de D. Sancho para reforzar la defensa territorial siempre amenazada por los castellanos. Con la finalidad de afianzar la recuperación de aquel extremo de su reino, en 1161 concedió a la villa de Treviño el fuero (texto desaparecido) que más tarde otorgaría Alfonso VIII de Castilla a Lapuebla de Arganzón en 1190 y Fernando III a Labastida en 1242, variante del fuero de Logroño. En 1179 concedió D. Sancho a los alaveses sus heredades tradicionales excepto los castillos y Treviño, que conservó para sí. En un diploma de 1187 otorgado por el mismo monarca a favor del monasterio de Iratxe cita a Jimeno de Berrueta como tenente del castillo de Treviño.

Treviño, Condado de Treviño. Lápida fundacional de la iglesia de San Juan (actualmente ermita). Traducción: "Para memoria futura, Don Fortunio de Marquínez, Arçipreste de Treviño, mandó esculpir en esta lápida, que esta villa y su iglesia fue poblada por Don Sancho Rey de Navarra y por el obispo de Calahorra Don Rodrigo, en el año del Señor 1161 y pasó después al dominio del Rey de Castilla Don Alfonso, en permuta por Miranda, Mendavia, Larraga y otras villas del reino de Navarra que tenía bajo su dominio dicho Rey de Castilla el año de 1200. Y, finalmente, esta iglesia fue dedicada por Don Aznar, Obispo de Calahorra y la Calzada, por las preces del referido Arcipreste Fortunio, el año del Señor 1251, en el mes de julio, reinando Don Fernando en Castilla y siendo Prestamero de Treviño Diego López, en honor de San Juan Bautista en el segundo domingo del mismo mes de julio. El Obispo de Calahorra Don Aznar consagró esta iglesia y puso en ella las reliquias de los santos mártires Emeterio y Celedonio y concedió cuarenta días de indulgencia a todos los que, en cualquier año, acudan a ella en el aniversario de su dedicación a orar por dicho obispo y los bienhechores de esta iglesia".


Paso a la Corona castellana. Según recoge el arzobispo de Toledo Rodrigo Ximénez de Rada, Treviño (villa o castillo) no fue conquistado en 1200 como el resto de los lugares de Vitoria, Ibida, Alava y Guipúzcoa por el rey castellano Alfonso VIII el Noble, sino que más tarde le fue dado a cambio de Inzura, localidad de correspondencia incierta, pero situada, al parecer, dentro de los límites del antiguo reino navarro (cfr. De Rebus Hispaniae, Lib. VII, Cap. XXXII pág. 172 de la edición matritense de 1793) [v. INZURA. En el original latino se escribe Trevennium]. Quedó de esta forma Treviño en poder de Castilla.
El próspero siglo XIII. En el s. XIII se produce en la zona una gran expansión demográfica, según se desprende de la Carta del obispo de Calahorra Jerónimo Aznar, fechada en 1257. Este documento recoge 38 aldeas nuevas en el territorio del actual arciprestazgo de Treviño, sobre las 35 que figuraban en el «Voto de San Millán». Esta expansión se produce, sobre todo, hacia las tierras abiertas. En este siglo, las aldeas treviñesas salen hasta Ozana y Muergas, se adelantan hasta las mismas riberas del Ayuda y se esparcen por el costado occidental de los Montes de Vitoria. Este empuje demográfico nos ha dejado como testimonio los templos del románico. Treviño, villa de realengo, recibe privilegios y mercedes de los reyes, lo cual le permite vivir momentos de esplendor. En 1254, el rey Alfonso X de Castilla confirma, desde Burgos, las costumbres y franquicias de la villa, dándole y fijando sus términos desde San Román y Corres hasta Pipaón y de otra parte «fasta el agua ques dicha Zadorra». Confirma, igualmente, la carta de fuero Jerónimo de Aznar, obispo de Calahorra, gran benefactor de las iglesias de Treviño. En el 1270, el rey Alfonso X exime a la villa del tributo de portazgo. (Ref. M. J. Portilla, op. cit.).
La quema de 1276. En 1276 fue quemado en Treviño, por orden del príncipe Sancho, que estaba en lucha con los infantes de la Cerda por la cuestión sucesoria, Simón Ruiz de los Cameros, por haber facilitado el paso a Aragón a la reina madre Doña Violante y a sus nietos los infantes de la Cerda.
Una visita del rey Alfonso X. El 16 de enero de 1281 estuvo el rey Alfonso X de Castilla en Treviño, desde donde dirigió una carta sobre la provisión de beneficios en la villa de Vitoria.
Confirmadas sus franquicias. Reinando Sancho IV de Castilla y León, la villa y el castillo de Treviño estuvieron en manos de Don Lope Díaz de Haro hasta que fue muerto por los ballesteros del rey en Alfaro. Entonces (1288) las gentes de la villa se levantaron a favor del rey Sancho y tomaron el castillo, que aún alzaba pendones por el partido del conde Lope Díaz. Como recompensa a este gesto, el 6 de diciembre de 1289 Sancho IV confirma las franquicias de Treviño. Treviño y sus aldeas contribuyeron a la toma (1292) de Tarifa.
Acuerda sus Ordenanzas. El 6 de agosto de 1296 (Haro) el concejo de Treviño, así como también Vitoria, Logroño, Santo Domingo, Miranda, Briones, Labastida, Salinas de Añana, Peñacerrada, Salvatierra y otros, acordaron sus Ordenanzas. (Ref. Diplomatario de Salinas de Añana, SEV, 1984).
Más confirmaciones de derechos. El rey Fernando IV continuó favoreciendo a la villa. El 27 de julio de 1302 confirma en Burgos todas sus franquicias. El 2 de noviembre de 1307, Fernando IV firma en Tordehumos un diploma de exención de moneda forera para Treviño y su tierra. En una escritura fechada el 9 de febrero de 1338 consta cómo se dio a Roy Pérez de Abecia el derecho y señorío de Armiñón, que, hasta entonces, lo tenía el señor de Llodio. En el documento se declaraba que se hacía sin perjuicio del derecho que los de Estavillo y Treviño tenían a pastar cortar espliego, etc., en todo el termino de Armiñón. (Ref. J. J. de L.: Compendios Históricos de la Ciudad y Villas de Alava, Vitoria, 1928, p. 83).
En régimen de Hermandad: 1358. En 1358 se reunieron en Haro, formando Hermandad, los representantes de las siguientes localidades: Vitoria, Logroño, Nájera, Santo Domingo, Miranda, Treviño, Briones, Salinas de Añana, Salinillas, Labastida, Portilla, Lapuebla de Arganzón, Peñacerrada, Santa Cruz de Campezo y Haro. (Ref. Ramírez Olano, E. y González de Echávarri, V.: «Memoria ...», Vitoria, 1904, p. 37).
Entrega a los Manrique de Lara: 1366. En el convenio de 1332 firmado entre el Rey Alfonso XI de Castilla (llamado de la «voluntaria entrega») y los cofrades de Arriaga, el monarca se comprometió a conservar toda Alava en el realengo. Incumpliendo lo acordado, la monarquía castellana no tuvo, sin embargo, empacho en entregar cerca de 70 jurisdicciones señoriales a la nobleza alavesa. El 8 de abril de 1366, con carta fechada en Burgos, Enrique II de Trastamara concedió a Pedro Manrique «por donación pura y perpetua para siempre jamás la villa de Treviño de Uda, con todas sus aldeas y con todos sus términos y con todas las otras cosas que le pertenecen». En 1367, en los preliminares de la batalla de Nájera, Enrique II de Trastamara el autor de la «merced», se asentó en Añastro, a espaldas de Zaldiaran, y escaló esta altura estableciendo en ella sus reales mientras llegaba a la Llanada alavesa su hermano Pedro, acompañado del Príncipe de Gales. Cuando Pedro decidió abandonar Alava y pasar a Castilla por las riberas riojanas del Ebro, Enrique, cruzando Treviño y los pasos de Peñacerrada, le salió al encuentro en la Rioja, donde iba a darse la batalla de Nájera.
Manrique vende Estavillo. En una sentencia que dio el alcalde de Vitoria en 1375, consta que Pedro Manrique, señor de Treviño, vendió a Juan Hurtado de Mendoza la aldea de Estavillo, con todos sus privilegios y exenciones. En un testimonio del 22 de mayo de 1405 se reconoce que la aldea de Estavillo no estaba ya unida a Treviño, pues se dice: en la aldea de Estavillo, aldea que fue de la dicha villa de Treviño. Este testimonio se dio con motivo de la resistencia que se opuso a Gómez Manrique, adelantado mayor de Castilla, que quería extender su jurisdicción a Estavillo y Treviño. (Ref. J. J. de L.: op. cit).
Treviño en la Hermandad de Álava. A comienzos de 1417 se reunieron por medio de comisionados las poblaciones de Vitoria, Treviño y Salvatierra, que constituían Hermandad; formaron un cuaderno de 34 ordenanzas a fin de perseguir a los malhechores, organizando la Hermandad de Alava. (Ref. Fortunato Grandes: Apuntes Históricos de Salvatierra, Vitoria, 1905, p. 71). Tales ordenanzas fueron refrendadas por Juan II el 6 de febrero de 1417, solicitándose que otras villas y lugares entrasen a formar parte de la Hermandad alavesa (Ref. Cartulario Real de la Provincia de Alava, SEV, 1983), embrión de la moderna provincia de Alava.
Convertido en Condado: 1453. Los Manrique de Lara ostentaron desde el 1453 el título de Condes de Treviño, por concesión hecha a Diego Gómez Manrique, biznieto del primer señor del territorio. A un hijo de éste, PedroManrique de Lara, se le concedería por parte de los Reyes Católicos, el 30 de agosto de 1482. el titulo de Duque de Nájera. A lo largo del s. XV en el que se va forjando la unidad alavesa, Treviño queda al margen de este proceso. Entre tanto, el poder de los Manrique crece en el reino y en su tierra y condado. Pedro Manrique de Lara n. en 1443 y en 1458 entró en el goce de los estados de su padre, el conde llego Gómez Manrique. Su madre de doña María de Sandoval. Tuvo por sobrenombre «El Fuerte». Fue señor de Amusco y Capitán General de Castilla. Destrozó a los de Borja y Tarazona sobre Alcalá, causando en 1463 más de 400 muertos. Desde los 19 años se le dio esta jefatura militar. Casó en 1465 con doña Guiomar de Castro, hija de los condes de Monsanto, dama de la reina doña Juana, mujer de Enrique IV. En 1467, después de la batalla de Olmedo, ofreció al rey 200 caballos. En los disturbios de Castilla se declaró por doña Isabel y combatió a doña Juana. A los efectos de la historia vasca es muy importante su contribución a la victoria en la batalla de Munguía. V. MUNGIA, Batalla de. En 1968 pasó a ostentar el título José M.ª Travesedo y Martínez de las Rivas, Conde de Oñate, con dignidad de Grandeza de España.
El palacio de los condes. En el s. XVI construyeron su palacio los condes de Treviño, que eran, ya desde 1593, Duques de Nájera.
Primera petición de reincorporación a Álava: 1646.
En un proceso muy semejante a lo que sería la incorporación de Oñate a Guipúzcoa o las Encartaciones a Vizcaya, una representación treviñesa solicitó la reintegración en la provincia: «El licenciado Martín de Angulo, comisario del Santo Oficio, Beneficiado en C. D. de la Villa de Treviño; el licenciado Juan Martínez de Santiago, Beneficiado en Albaina; Pedro Calvo, Beneficiado del lugar de Araico, Pedro Pérez y Francisco Salazar de Gurendes, vecinos de la villa de Treviño, como hombres de la Junta y Regimiento, Concejo; así como vecinos y moradores de la Villa y del Condado, prestando caución para todos y obligándoles a traer poder, con ratificación de todo lo hecho y que se hiciere, envían a los señores Martín Domínguez de Aldama, Andrés García, Tomás de Salazar y Juan Bautista Rodríguez de Mendarózqueta, para que presenten ante las Juntas Generales de Alava de que «se sirva esta provincia de admitirlos en ella, precediendo licencia de Su Majestad, con indulto y declaración de ser la dicha Villa y Condado exenta de todo»... «Decimos que la dicha Villa y sus lugares (Treviño) fueran Hermandades de esta Provincia, como parece del Cuaderno Real y de los papeles que se han visto del archivo de vuestras villas, y que, por accidentes que ocurrieron se separó y convirtió en hermandad de la Villa, separada de su cuerpo natural, experimentando desconveniencias que le despeñan a su última ruina. Reconociendo que la preservación de los males que le oprimen se libra sólo al restituirse a ser miembro y porque de V.ª S., cuyos fomentos espera, la inspira tanto la salud y vida que le falta, o la injuria que la separó de la protección natural y benignidad de Vds.»... «La reprimen a que en cierto modo parezca tener odio, como todas las cosas, de ir a su centro y, recíprocamente, ser abrazadas por él. Y por estas consideraciones solicitan la piedad de Vds. Suplicamos se sirva de recurrir con su gremio y fomentar en él al dicho Condado ... »... «Porque pedimos y suplicamos a V.ª S. que, atendiendo a su generosa piedad reciba al dicho Condado para cuando consiga la dicha incorporación e indulto, con las calidades y condiciones dichas en su gremio en la forma que arriba referimos, que con ello resarcirá la dicha Villa y Condado y sus lugares y nosotros la merced vuestra que nos promete la esclarecida nobleza y grandeza de Vuestra Señoría». El obstáculo, insalvable, iba a ser el de diferente régimen jurídico-fiscal; el hecho de que los treviñeses pagaran la temida gabela se conceptuó como una amenaza para el resto de la provincia en caso de incorporación. La provincia exigió que, antes, solventara Treviño esta cuestión y que, luego, «entre libre como salió». Los representantes de Treviño dieron por buena la condición y ofrecieron «la calidad y condición que, si no se consiguiese en todo la dicha exención, con pretexto de subrección, lesión de regalía o por otra cualquier causa, y su Majestad, que Dios guarde a sus progenitores, derogase en todo o en parte dicho indulto y exención, quede al libre albedrío absoluto de V.ª S. anular todo ello y volver a separar y excluir de sí la dicha Villa y Condado de Treviño». En las Juntas del 22 de noviembre de 1646, el Diputado General propuso la incorporación de un territorio que «lo fue (alavés) antiguamente, para cuya verificación en una Junta Particular que hubo pidieron se abriese el Archivo de esta Provincia, y que en él se buscasen los papeles por donde constaría de dicho asunto. Se abrió, y en él se halló razón y claridad de que de la dicha Villa y Condado de Treviño, pero no de cuándo se separó de ella, ni por qué causa». Pero, pese a la prometida exención tributaria como exigencia insoslayable, los procuradores de varias Hermandades alavesas se opusieron al reingreso del Condado: Juan de Vicuña, de Salvatierra; Juan González de Langarica, de Axpárrena; Martín López de Lazárraga, de Barrundia; Juan Fernández de Ocáriz, de Iruraiz, y Juan de Aroca (o Elorza), de Campezo, El portavoz de Salvatierra desconfiaba. La conveniencia de la admisión de la Villa sus adherentes podía causar en los ánimos mucha conveniencia (mucha satisfacción), puesto que, cuantos más fuesen los vecinos de la provincia, tantas mayores serían las conveniencias y respeto, «de forma que no se deteriore lo gravoso de los repartimientos». No obstante, la Provincia debe atender más «a las sospechas y riesgo de lo venidero, que no a las conveniencias del presente, porque es evidente que Su Majestad en todos los tiempos podría llamarse a engaño, y los de su minoridad que la Hacienda Real tiene. Por cuanto en estos lugares que pretenden unirse con esta Provincia están ya introducidas todas las pavilas, millones e imposiciones que en todos los demás lugares de Castilla». El de Salvatierra tomaba como ejemplo lo que sucedía en Guipúzcoa, por lo bien que hacía «en no querer admitir en la Provincia ni Juntas a la Villa de Oñate siendo que es una de las repúblicas más libertadas que se conoce en estas provincias, que además de gozar los honores de dicha Provincia no viene a ser contribuyente en ninguna separación ni servicio de gente. Resiste y da su total repugnancia sólo por no dar motivo ni ocasión a Su Majestad a que presuma que, por haber admitido a Oñate, tome por ese camino ocasión para que en otras repúblicas se entienda que sean de la misma calidad». Se adhirieron al de Salvatierra, Iruraiz, Axpárrena, Barrundia, Campezo, Arana y Araia. Pero los demás Diputado General y Procuradores, dijeron «que se cumplió y ejecute lo que esta Provincia en esta Junta tiene resuelto y acordado, en la admisión de la dicha Villa y Condado y que de ello se den los testimonios que se pidiesen». Los escribanos, funcionarios de la época que velaban por la legalidad, como hoy hacen los Secretarios en las Corporaciones locales, advirtieron sin embargo a los enviados treviñeses que no habían traído poder «ley en bien», otorgado por la dicha Villa y Condado en bastante forma, con aprobación y ratificación de la petición inserta. Pero ese defecto de forma se subsanó, con la extensión del mencionado poder, expresando el objeto del mismo, con la autentificación de otro escribano, y con las firmas de 390 vecinos representantes de sus correspondientes familias en cuarenta y cuatro lugares del territorio. Pese a todo lo expuesto y a la aprobación de la incorporación por las Juntas, la autorización real, probablemente con el añadido de la oposición señorial, no se produjo y Treviño persistió en su estado. El acuerdo consta en una solicitud de 1661 (Pastor, 1984: 87): «Respecto de estar la dicha Villa y Condado de Treviño admitido por esta Provincia, por una de sus Hermandades, con las condiciones que contiene el Decreto hecho por ella en esa razón en su Junta General, que celebró el año pasado de mil y seiscientos y cuarenta y dos, para conseguir la venia y facultad de Su Majestad convenía a la dicha Villa y Condado el sacar testimonio por donde constase el haber sido unida con esta Provincia, para representallo a Su Majestad y hacer en su razón las diligencias convenientes para conseguirlo».
Auge y declive demográfico: siglos XVIII-XIX. Según Rosario Porres (1983) el proceso de pérdida continuada de habitantes que ha venido caracterizando al Condado de Treviño no es, ciertamente, un fenómeno nuevo pero ofrece una imagen de esta comarca totalmente opuesta a la que ofrecía en el s. XVIII, en el cual era el crecimiento el rasgo más definitorio de su población. Antes se vió afectado en mayor o menor medida por la crisis del s. XVII disminuyendo el número de sus habitantes. El trigo no pudo hacer frente, como sí lo hicieron el maíz y el viñedo en la zona costera del País Vasco y en la Rioja respectivamente, a un proceso de ruralización provocado por una crisis eminentemente urbana. La villa de Treviño pierde dos de sus tres parroquias a fines de siglo; en 1695 las parroquias de San Juan y de Santa María desaparecen siendo desde entonces la de San Pedro la encargada de llevar, entre otras cosas, los registros parroquiales de toda la villa de Treviño. El Condado de Treviño no se mantendrá ajeno a estos condicionamientos ni siquiera en la segunda mitad del s. XVIII. Por eso, aun cuando el número de bautizados excede siempre al de difuntos, la población acaba estancándose o disminuyendo. Resalta Porres la especial virulencia de la crisis de los años 1679-80 en la que tanto Treviño como Lapuebla de Arganzón alcanzaron una de las cotas de mortalidad más altas. En el s. XVIII, la primera gran crisis es la de 1705-9 cuya incidencia es la mayor del siglo, no sólo por su mortalidad sino por sus secuelas en el campo de los bautizados, cuyo descenso se dejará sentir a lo largo de varios años. Ahora bien, señala Porres, estas crisis, a las que vendrán a suceder otras a lo largo de todo el s. XVIII (1735-52, 1763-64, 1785, 1795) denotan la aparición de dificultades pero no permiten conocer cuál era el montante de la población ni su evolución. Sin embargo, para la segunda mitad de siglo los datos procedentes de los censos facilitan la labor y permiten confirmar a esta etapa como la más optimista desde el punto de vista de la demografía del Condado. Las crisis de subsistencia siguen haciendo mella en la población, sobre todo si tenemos en cuenta que en este territorio las condiciones de la tierra, muy repartida en cuanto a su propiedad pero de escasa calidad -en su mayor parte son de secano y el 95,43% de ella debe permanecer un año sí y otro no en barbecho- no permiten altos rendimientos, la población vive en un nivel de pura subsistencia. A pesar de todo, la incidencia de esas crisis, cada vez más espaciadas, disminuye a medida que avanzamos en el tiempo. Por ello, de los 3.504 habitantes con los que aproximadamente contaba el Condado, junto con Lapuebla, en 1753, se pasa a 3.934 y 4.210 en 1768 y 1787 respectivamente. La población, emigra poco y si lo hace es en general a las villas del Condado. En este sentido, sigue Porres, juegan un gran papel los factores geográficos. Así la villa de Treviño atrae fundamentalmente a las gentes del Condado, sin que falten por supuesto los casos de origen alavés, riojano y en menor medida navarro, aragonés e incluso de gentes de la meseta (Toledo, Madrid, etc.). Sin embargo, parece más que probable que la situación cambiara en el s. XIX en lo que a movimientos migratorios se refiere. Es evidente que la decadencia de esta comarca comienza en los primeros años del s. XIX, en los que la guerra napoleónica y la primera carlista pudieron iniciar un proceso que ha venido sustentándose hasta el s. XX.
Incluido en la provincia de Burgos: 1833. Al efectuar Javier de Burgos la división de España en provincias, Treviño, enclave señorial, fue asignado por RD a la de Burgos, por ser la provincia de régimen común más inmediata (podía haber pasado a Logroño). Por aquel entonces, según observa Landázuri (1921), los condes se limitaban a nombrar al alcaide o gobernador y al justicia mayor.
Guerras carlistas. En octubre de 1833 comienza el primer conflicto armado carlista, a la muerte de Fernando VII. El territorio vasco en concreto se vería envuelto en dos largas guerras, además de Cataluña y Aragón, aunque también repercute en otros territorios. Así en el condado de Treviño, el 11 de mayo de 1835, después de un corto sitio, se entrega la guarnición liberal de Treviño. Son las fechas en las que más extenso es el territorio carlista en el Norte. En la segunda guerra carlista (1872-1876), al año de comenzar la guerra, es decir, en 1873, la evidente ascensión del carlismo se manifestó en Alava en el aumento del número de partidas. Las hay nuevas en el Condado de Treviño, donde aparece Cándido Sobrón, que actuará ya hasta el final de la guerra. V. ZUMELZU.
Segundo intento de reincorporación a Álava. Durante el Movimiento autonomista de 1917-1919, la Cámara de Comercio e Industria de la Provincia de Alava solicitó a la comisión extra parlamentaria vasca que se incluyera el Condado de Treviño en el Estatuto Vasco, iniciativa que fue bien acogida por la Diputación alavesa. Como se sabe, la caída del Gobierno Romanones arrastró consigo a dicho Estatuto Vasco y, con él, toda posibilidad de reincorporación de Treviño a Alava [ADFA, leg. DH 5741.9].
Tercer intento de reincorporación a Álava. Tiene lugar en el último período de vida de la II República. En mayo de 1936 Lapuebla solicita a la CCGG de la Diputación de Alava que apoye sus gestiones para la reincorporación. La CCGG respaldó la petición dirigiéndola a la Comisión estatutaria del Congreso de Diputados que, en plena guerra, había de aprobar el Estatuto Vasco de Autonomía sin Treviño.
Cuarto intento de reincorporación a Álava. El proceso se inicia en plena guerra. Solicita el inicio la comisión gestora del ayuntamiento de Lapuebla que se dirige al ayuntamiento del C. de Treviño para que se haga conjuntamente la petición. Esos días 20 y 22 de junio de 1940 éste acuerda por unanimidad iniciar el expediente de agregción del Condado entero a Alava. Lidera el movimiento el alcalde y farmacéutico Venancio Arrieta que convoca un referéndum entre los cabeza de familia.
Firmas para la reincorporación a Álava. Una amplia recogida de firmas a favor del sí apoyó el acuerdo de los ediles. La Diputación de Alava abundó en los argumentos obvios de siempre: «Lógica consecuencia de lo expuesto es que la vida de los habitantes de Treviño en cuanto se refiere a sus necesidades comerciales, económicas de toda índole, bancarias, notariales, compra de elementos indispensables, venta en el mercado de sus artículos, se realiza en todo y por todo en Vitoria. Prácticamente, pues, Treviño hace su vida en relación con Vitoria y, sin embargo. en cuanto surge cualquier asunto oficial, tienen que atravesar una distancia cinco veces mayor para llegar a Burgos; supone todo ello peores comunicaciones, pérdida de tiempo, mayores gastos, y una serie interminable de dificultades que con sólo pensar en su situación aparecen suficientemente claras y precisas. La reconocida penuria de sus habitantes se acrecienta con todo ello». «Enclavados como están los de Treviño en una verdadera isla, rodeados de tierra alavesa absolutamente por todas partes, en cuanto salen los treviñeses de su reducido territorio se ven obligados a pasar por carreteras de Alava y tienen por necesidad que convivir con una duplicidad, legislativa que lejos de proporcionarles mayor facilidad para sus relaciones y comercio les ocasiona innegables complicaciones». «Es tan claro, Excmo. Sr., tan claro la justicia, la necesidad y la razón de la petición de los ayuntamientos del Condado de Treviño en representación de todo el vecindario, de ser incorporados a Alava. que el informe de esta Corporación ante las razones históricas, geográficas, económicas, sociales, etcétera, no puede ni debe ser otro que corroborar y rubricar la súplica que los citados Ayuntamientos hicieran y en sus consecuencias, solicitar de V. E. se digne tomar en consideración este informe y sea promulgada una Ley reincorporando el Condado de Treviño a la Provincia de Alava para todos los efectos administrativos, gubernativos, culturales, judiciales, económicos y militares». El dictamen contrario de la Academia de la Historia (Gaibrois) basado en la continuidad histórica del dominio de Castilla sobre el condado, deja en vía muerta el proceso de reincorporación. La prensa burgalesa calificó a los treviñeses promotores del expediente de agregación de «rojos». Quinto intento: 1958. Se produce como consecuencia del Concordato de ese año al tratar la Iglesia de hacer coincidir las administraciones civil y religiosa (diócesis de Vitoria creada en 1949 sólo para Alava). Se efectúa el 3 de agosto de 1958 público concejo en cada localidad del condado cosechando la consulta (mal llamada referéndum) un abrumador sí a la propuesta de agregación a Alava. (Pastor, 1984: 116-120, relación pueblo por pueblo). El informe desfavorable de la Diputación de Burgos paralizó el proceso. Sexto intento. Una vez restablecida la democracia representativa, los treviñeses hacen un nuevo esfuerzo amparándose, esta vez, en el Estatuto Vasco de Autonomía. En éste consta, entre otros requisitos, el que los ayuntamientos pertenecientes al enclave son los que deben de efectuar la solicitud. El 26 de enero de 1980 el ayuntamiento de Treviño aprobó por unanimidad una moción en la que se solicitaba la reincorporación del ex condado al territorio de Alava y a la Comunidad Autónoma del País Vasco. Componían el ayuntamiento que aprobó la moción, 7 concejales presentados por la UCD y 2 independientes. El alcalde, Alfredo González Ochoa, presentado por UCD, era también partidario del sí. El 31 del mismo mes, UCD de Burgos cesa en sus cargos al alcalde y seis concejales del condado lo que provoca las protestas de UCD de Alava y su acusación a la filial burgalesa de haber «caído en la trampa del PNV». Los concejales de Lapuebla, también de UCD, fueron asimismo cesados, y su reunión impedida por la Guardia Civil el 30 de enero. El Gobierno Civil anuló, por defectos de forma, el acuerdo del ayuntamiento de C. de Treviño y la junta electoral de Burgos desestimó el recurso presentado por los concejales cesados. En mayo de ese mismo año la sala de lo contencioso-administrativo de la Audiencia Territorial de Burgos desestimó asimismo el recurso presentado contra los concejales de Lapuebla declarando no haber lugar a que los demandantes no pudieran seguir ejerciendo su cargo en calidad de independientes. El descontento en Treviño alcanzó niveles inauditos con visitas intimidatorias del Gobernador Civil y de un diputado de Burgos rechazadas por la población y los ediles cesados, tanto en Treviño como en Lapuebla, pero el Ayuntamiento de Lapuebla celebró el 16 de octubre el pleno en el que, por fin, se adoptó el acuerdo de reincorporación. Tanto éste como el de Treviño fueron entregados al Lehendakari vasco pocos días después. El siguiente paso estatutario era oir a la Diputación de Burgos, que respondió que no existía «normativa específica sobre el plazo, firma y efectos de tal evacuación». A continuación el expediente fue enviado al Gobierno central para que autorizase el referéndum establecido en el Estatuto de Autonomía (10 de febrero de 1981). Los acontecimientos que suceden a nivel de Estado (23 F y sus consecuencias) relegaron la prosecución de la reivindicación nuevamente.
Cerrojazo: el Estatuto de Castilla y León (1983). Una vez cumplidos todos los requisitos consignados en el Estatuto Vasco de Autonomía sólo faltaba el referéndum que el Gobierno debía autorizar. Pero en 1983 Castilla y León aprueban un Estatuto contradictorio al de Gernika; según la nueva ley no basta con «oir» a las autoridades burgalesas y de la nueva autonomía sino que éstas deben aprobar la desagregación solicitada. En vista de ello, el Gobierno Vasco elevó un recurso de inconstitucionalidad (1985) ante el Tribunal Constitucional que, en julio de 1986, decidió por mayoría rechazar. De esta forma se hacía caso omiso otra vez a la voluntad treviñesa y se establecía el peligroso precedente de aceptar que la virtualidad de los estatutos de autonomía ya no viniera dada por su aprobación por las Cortes Generales sino por la facultad normativa de las propias comunidades autónomas, en este caso por el Estatuto no sometido a referéndum de una de ellas (Castilla y León). Treviño y Lapuebla pasan además a formar parte de una comunidad autónoma regida ahora desde Valladolid. V. LAPUEBLA DE ARGANZON.
Forma parte del arciprestazgo alavés Treviño-Albaina de la diócesis de Vitoria.

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Ainhoa AROZAMENA AYALA