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Bilbao. II República y Guerra Civil 1931-1937

Artículo principal Bilbao. Historia

Ver además:

  1. Bilbao 1900-1931
  2. Bilbao. 1939-1975

En este trabajo intentaremos trazar el estado actual de la investigación y señalar los vacíos que habría que cubrir en los distintos "territorios" del pasado de Bilbao: la evolución de la población, la historia antropológica, la economía, la sociedad y los movimientos obreros, la educación y la cultura y la vida política y administrativa. Por último, nos referiremos a los pocos estudios existentes sobre la conciencia que, en cada etapa de la vida de la Villa, tenían los bilbaínos de sí mismos, y sobre la imagen del Otro -de los Otros- que transmitían los habitantes de Bilbao.

En la II República Bilbao se caracterizó por ser una ciudad muy plural políticamente, de mayoría izquierdista pero con gran implantación nacionalista, y muy conflictiva desde su instauración, el 14 de abril de 1931, hasta la revolución de octubre de 1934. En cambio, en 1936-1937 fue una especie de oasis republicano y nacionalista y llegó a ser, como sede del primer Gobierno vasco, la capital de la Euskadi autónoma que nació y murió en la Guerra Civil.

El pluralismo político de la sociedad bilbaína fue muy intenso en los años treinta. A él contribuyeron dos grandes partidos electorales de masas, el PNV y el PSOE, con sus potentes sindicatos afines (STV y UGT), cuyo mayor arraigo y rivalidad se dio en la villa del Nervión y su hinterland. En el Bilbao de los años treinta actuaban fuerzas políticas muy diversas y la mayoría de ellas se expresaban a través de bastantes periódicos. La prensa de la época se caracterizaba por ser de opinión política y en buena medida de partido. Así, de los ocho diarios existentes, el único verdaderamente independiente era El Noticiero bilbaíno, de la familia Echevarría.

A diferencia de la mayor parte del resto de Euskadi, en Bilbao las derechas estaban representadas no por el carlismo o Comunión Tradicionalista (CT), que era débil y no disponía de ningún diario en la capital vizcaína (tenía los semanarios El Fusil y Oriamendi), sino por el monarquismo alfonsino, vinculado a la gran burguesía industrial y financiera, al igual que en la Restauración. La organización que sirvió de enlace entre los viejos partidos conservador y liberal, desaparecidos con la proclamación de la República, y Renovación Española, el nuevo partido alfonsino de carácter autoritario y antidemocrático nacido en 1933, fue la Juventud Monárquica de Bilbao, que llegó a contar con unos mil afiliados y se integró en 1934 en Renovación Española. Los monárquicos , dirigidos por José Félix de Lequerica, Pilar Careaga y el joven José María de Areilza, se expresaban por medio de los diarios El Pueblo Vasco, de los Ybarra, y El Nervión, de los Gandarias, enemigos de la República. Apenas quedaron monárquicos que mantuvieran sus convicciones liberales y democráticas: fue el caso de Gregorio Balparda, ex alcalde de Bilbao y ex diputado a Cortes.

El periódico derechista más influyente y de mayor tirada era La Gaceta del Norte, inspirado por José María de Urquijo, cuya impronta esencial era el catolicismo militante, que se plasmó en un marcado antirrepublicanismo, sufriendo por ello varias multas y suspensiones gubernativas. Este diario era el portavoz de los católicos neutros o independientes y preconizaba la unión de todos los católicos vascos, nacionalistas y no nacionalistas, en las elecciones. Esto lo consiguió en 1931 con la coalición del PNV y la CT pro Estatuto de Estella; pero no en 1933, año en que apoyó la candidatura del PNV, ni en 1936, cuando el periódico de Urquijo atacó duramente al PNV (había roto con él en el verano de 1934) y se sumó al Bloque contrarrevolucionario de carlistas, alfonsinos y cedistas.

La Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA), el partido católico conservador fundado por José María Gil Robles en 1933, se constituyó al año siguiente en Bilbao con el nombre de Acción Popular y bajo la presidencia de Miguel Goldaracena, pero tuvo escasa fuerza y careció de un periódico propio. Igualmente, fue un grupo muy minoritario Falange Española, creado por José Antonio Primo de Rivera en 1933. En Euskadi nunca se presentó a las elecciones y en Bilbao apenas superó el centenar de afiliados, jóvenes en su mayoría, entre ellos el mencionado Areilza y el escritor Rafael Sánchez Mazas.

El nacionalismo vasco se hallaba dividido en dos partidos (PNV y ANV), más un pequeño grupo radical e independentista escindido del PNV en 1934, liderado por Elías Gallastegui (Gudari) y conocido por el nombre del semanario bilbaíno Jagi-Jagi, órgano de la Federación de Montañeros (Mendigoxales) de Bizkaia. Por su debilidad no concurrió a las urnas.

El PNV era con diferencia el partido con mayor implantación, organización y prensa en Bilbao. Publicaba tres diarios: su portavoz oficial Euzkadi (con unos 25.000 ejemplares de tirada en 1936), el vespertino La Tarde y el deportivo Excelsius, además de varios semanarios políticos (Bizkaitarra, Mendigoxale, Euzko, Aberri) y la revista cultural Euzkerea. Contaba con la pujante Juventud Vasca de Bilbao, con una nutrida organización femenina (Emakume Abertzale Batza), con numerosos grupos satélites de todo tipo y con batzokis en bastantes barrios. En 1936 el PNV tenía trece centros y 12.500 afiliados en Bilbao, donde se ubicaban también su dirección nacional (el EBB) y su sede principal (Sabin Etxea). Los nacionalistas navarros se quejaban del "centralismo bilbaíno" en el seno del partido. A lo largo de la República el PNV evolucionó desde posiciones integristas hacia planteamientos demócrata-cristianos, fruto de la nueva generación encabezada por José Antonio Aguirre y Manuel Irujo.

Acción Nacionalista Vasca (ANV), pequeño partido aconfesional y de izquierda moderada, nació en Bilbao en 1930 separándose del PNV por divergencias en la cuestión religiosa y en la política de alianzas. Después de Barakaldo, en donde se llamaba Juventud Vasca de Barakaldo, su núcleo principal estuvo en la capital vizcaína, cuyo centro (Euzko Etxea) reunía a más de medio millar de socios. En Bilbao publicó los efímeros periódicos Nacionalista y Acción Vasca y dispuso de redacción su diario Tierra Vasca, impreso en San Sebastián en la República y en la villa del Nervión en la Guerra Civil. El bilbainismo de ANV le llevó a calificar a Bilbao de "cerebro y capital de Euskadi". ANV fue en buena medida una creación bilbaína, obra de profesionales liberales como el doctor Justo Gárate, el periodista José Olivares Larrondo (Tellagorri) y el arquitecto Tomás Bilbao, el sustituto de Manuel Irujo como ministro del Gobierno republicano en la Guerra Civil.

Las izquierdas estaban muy arraigadas en Bilbao, distrito controlado por la Conjunción republicano-socialista desde 1910. Su fortaleza estribaba en la constante alianza electoral entre los republicanos de clases medias y el movimiento obrero socialista, que se mantuvo de 1931 a 1936. La izquierda era el sector que tenía menos periódicos, pero contaba con el principal diario de Bilbao y del norte de España, El Liberal. En esos años, cuando la familia de Indalecio Prieto se lo compró al capitalista republicano Horacio Echevarrieta, tiraba unos 30.000 ejemplares y fue el mejor defensor que tuvo la II República en Euskadi.

Los republicanos , con dirigentes autonomistas como Ramón Madariaga y Ramón Aldasoro, se agrupaban en el Partido Republicano Autónomo de Bizkaia, que alcanzó unos 2.000 miembros. Tras la instauración del nuevo régimen en abril de 1931, los partidos republicanos españoles crearon sus propios centros en las provincias vascas y los denominados autónomos tendieron a incorporarse a ellos. En el caso de Bilbao, el Partido Republicano Autónomo ingresó en bloque en 1932 en Acción Republicana de Manuel Azaña, que se transformó en Izquierda Republicana en 1934. Ésta fue la principal organización republicana en Bilbao, donde también existían el Partido Radical de Juan Gallano, el Partido Radical Socialista de Vicente Fatrás y la Unión Republicana de Alfredo Espinosa. Los republicanos editaron el semanario Frente y, en la Guerra Civil, el diario Unión.

El PSOE era el partido más importante de las izquierdas en Bilbao, con cerca de mil afiliados, el semanario La Lucha de Clases y un gran líder, Indalecio Prieto, ministro de varios Gobiernos españoles en 1931-33 y en 1936-38. El socialismo bilbaíno -y vasco en general- era sinónimo de prietismo, esto es, un socialismo democrático, reformista y republicano. El único sector del socialismo vasco que se adhirió al ala radical de Francisco Largo Caballero fueron las Juventudes Socialistas, que tenían 3.500 miembros en Bizkaia al fusionarse con las Comunistas para formar las Juventudes Socialistas Unificadas en 1936.

Las organizaciones obreras revolucionarias eran claramente minoritarias en Bilbao. La CNT contaba con unos centenares de sindicados y el PCE no alcanzaba los 200 militantes en 1935, cuando se creó el Partido Comunista de Euskadi en Bilbao. En el comunismo vizcaíno destacaron el viejo dirigente histórico socialista Facundo Perezagua, Leandro Carro y Dolores Ibárruri (Pasionaria). Ambas organizaciones no publicaron periódicos en Bilbao durante la República, pero sí en la Guerra Civil. CNT del Norte y la revista Horizontes, los anarquistas; Euzkadi Roja, los comunistas.

Al igual que el conjunto del País Vasco, Bilbao se caracterizó por ser muy conflictivo, en especial desde abril de 1931 hasta octubre de 1934, debido a la confluencia de causas socioeconómicas, religiosas y políticas.

La conflictividad social estuvo motivada por la depresión económica de los años treinta, que afectó intensamente a los principales sectores de la industria vizcaína: la siderometalurgia, la minería y la construcción naval. El descenso de la producción provocó un gran aumento del paro obrero, que en 1933, el año más grave de la crisis, ascendió a 25.000 parados en Bizkaia; 7.000 de ellos se hallaban inscritos en la Bolsa de Trabajo del Ayuntamiento de Bilbao. Un caso significativo fue el de los astilleros Euskalduna, propiedad del naviero nacionalista Ramón de la Sota y feudo de Solidaridad de Trabajadores Vascos (STV), que redujeron a la mitad su plantilla, pasando de 3.500 obreros y empleados en 1930 a 1.700 en 1934.

Como consecuencia de tan mala coyuntura económica fueron frecuentes los conflictos laborales, sobre todo en 1931, sobresaliendo las huelgas de Altos Hornos de Vizcaya a finales de dicho año y de Babcock Wilcox a comienzos de 1932. Estos conflictos fueron promovidos principalmente por los sindicatos comunistas y anarquistas, minoritarios pero muy radicalizados. En cambio, la moderación y la negociación, procurando evitar huelgas, caracterizaron la actuación de las centrales sindicales mayoritarias en Bizkaia: la socialista UGT (con 30.000 afiliados) y la nacionalista STV (con 18.000), en auge. Sin embargo, la rivalidad entre ambas y el hecho de estar la UGT en el Gobierno, con su dirigente Largo Caballero de ministro de Trabajo, dieron lugar a acuerdos entre comunistas, anarquistas y solidarios vascos, quienes se enfrentaron a la hegemonía ugetista en dicha provincia durante el primer bienio republicano. Desde 1934, coincidiendo con la mejoría de la situación económica, la conflictividad laboral disminuyó y los sindicatos tendieron a colaborar y a aproximarse entre ellos, como prueba la proliferación de las Alianzas Obreras en Bizkaia en 1935.

La conflictividad por motivos religiosos fue muy importante en el País Vasco. La cuestión religiosa fue una de las claves de la II República, una línea de ruptura de su sistema de partidos y la causa principal de la escasa integración de Euskadi en el régimen republicano al restarle legitimidad y al ser un factor de inestabilidad. Sus manifestaciones más graves se dieron en el bienio azañista, como reacción a la política anticlerical del Gobierno y de las Cortes Constituyentes, al afectar mucho a los católicos vascos la quema de conventos, la expulsión del obispo de Vitoria Mateo Múgica y la detención de su vicario Justo Echeguren en 1931, el polémico artículo 26 de la Constitución republicana, la disolución de la Compañía de Jesús en 1932, la ley de congregaciones religiosas de 1933, etc. La virulenta protesta de la prensa católica y nacionalista vasca dio lugar a su suspensión por el Gobierno de Alcalá-Zamora en el verano de 1931, dejando de salir uno o dos meses los diarios Euzkadi, La Tarde y La Gaceta del Norte.

El PNV y las derechas rechazaron la propuesta de Prieto y el Ayuntamiento de Bilbao para crear la Universidad pública vasca en la sede de la Universidad de Deusto, incautada a los jesuitas en 1932. Al año siguiente, el divorcio entre la mayoría municipal de izquierdas y los católicos bilbaínos estalló al aprobar la demolición del monumento al Sagrado Corazón de Jesús los concejales republicanos y socialistas, con la oposición frontal de los nacionalistas y monárquicos, provocando manifestaciones de católicos y disturbios de orden público ante el enorme monumento en la Gran Vía, erigido durante la Dictadura de Primo de Rivera.

El tema religioso era el que más acercaba al PNV a las derechas y el que más le alejaba de las izquierdas. Pero desde el segundo semestre de 1933, al término del bienio azañista, dejó de ser conflictivo y los católicos vascos, nacionalistas y españolistas, pasaron a enfrentarse en las elecciones, desapareciendo así su unidad de los comienzos de la República. Al final de ésta, el factor religioso perdió gran parte de su incidencia política en Euskadi, lo cual contribuyó a la mejora de las relaciones entre el nacionalismo y las izquierdas, que mitigaron su anticlericalismo.

La conflictividad política fue la más acusada por la gran rivalidad existente entre el PNV y el PSOE desde su fundación en Bilbao a finales del siglo XIX. Ningún partido era hegemónico pues había equilibrio de fuerzas entre las derechas y las izquierdas. La lucha política adquirió con frecuencia un carácter violento, con muertos y heridos en la capital vizcaína y los pueblos de su entorno, debido a que los partidos disponían de grupos juveniles de choque: los requetés carlistas, los mendigoxales nacionalistas, las milicias socialistas y comunistas. La confrontación ideológica y la violencia política fueron muy intensas entre el PNV y el Bloque republicano-socialista durante el primer bienio, culminando con los graves sucesos de mayo de 1933 acaecidos en Bilbao, con ocasión de la visita del presidente Alcalá-Zamora y la huelga general declarada por STV, así como en Barakaldo, Sestao y Galdakao, sucesos que fueron debatidos en las Cortes.

La cuestión autonómica, la columna vertebral de la política vasca en la República, tenía mucho que ver con esta exacerbación de la contienda política. En 1931, la defensa o el ataque al Estatuto de Estella dividió en dos bloques antagónicos a derechas (PNV incluido) e izquierdas. El Ayuntamiento de Bilbao lo rechazó y no acudió a la Asamblea de Estella, donde lo aprobaron tres cuartas partes de los municipios vasco-navarros.

En 1932-1933, los nacionalistas y los republicano-socialistas apoyaron el Estatuto de las Comisiones Gestoras provinciales, pero su falta de entendimiento hizo que el proceso autonómico marchase lentamente. Esto contribuyó a la radicalización independentista de un sector del PNV, sobre todo sus juventudes en Bilbao y el semanario Jagi-Jagi, muy perseguido por el gobernador civil de Bizkaia. Al mismo tiempo, las izquierdas perdían interés por la autonomía, porque la mayoría del País Vasco no era republicana y porque sería rentabilizada por el PNV; de ahí que propugnasen republicanizar Euskadi antes de aprobar el Estatuto. En cambio, ANV y algunos republicanos vasquistas opinaban lo contrario: el retraso autonómico era una de las causas de la violencia política desatada.

La violencia disminuyó desde el verano de 1933 y el Estatuto fue plebiscitado con éxito el 5 de noviembre, a pesar de que en el último momento las izquierdas bilbaínas, a través de El Liberal y La Lucha de Clases, se desmarcaron de él y propugnaron la abstención en el referéndum por celebrarse dos semanas antes de las elecciones legislativas y por falta de garantías democráticas al no permitir el Gobierno de Martínez Barrio la presencia de interventores de los partidos. Aun así, el Estatuto alcanzó una votación abrumadora en Bilbao (el 94% de su electorado votó afirmativamente), incluso en los distritos obreros, feudos del socialismo, de Estación (91%) y Bilbao la Vieja (89%), votación superior a la de Bizkaia (88%) y a la de Euskadi (84%), lo cual corrobora la existencia de numerosos fraudes en el plebiscito autonómico vasco.

Resultado del referéndum del Estatuto vasco en Bilbao. 5-11-1933
DistritosElectoresVotos SÍ%Votos NO y abstenciones%
Atxuri8.3567.92294,84345,2
Santiago8.6828.34096,13423,9
Bilbao la Vieja8.1567.24288,891411,2
Estación7.4266.756916709
San Vicente8.9498.44594,45045,6
Diputación10.65410.07294,55825,5
La Casilla8.9758.51294,84635,2
Hospital12.20311.594956095
Deusto10.1149.58294,75325,3
Begoña9.5168.91293,75956,3
BILBAO93.03187.38693,95.6456,1

En el bienio radical-cedista o contrarreformador, la confrontación política cambió en Bilbao. En 1934 la conflictividad entre el PNV y el PSOE tendió a desaparecer, mientras aumentaba el enfrentamiento entre las derechas y las izquierdas (éstas llevaron a cabo dos huelgas generales de carácter político a principios de dicho año en Bilbao), así como entre el PNV y las derechas al bloquear éstas el Estatuto en las Cortes.

En el tenso verano de 1934, nacionalistas y republicano-socialistas se aproximaron entre sí y se enfrentaron al Gobierno de Samper (Partido Radical), apoyado por la CEDA, en defensa del Concierto económico, que consideraban amenazado por el denominado estatuto del vino (la desgravación fiscal de su consumo perjudicaba a las haciendas vascas). El Ayuntamiento de Bilbao encabezó la rebelión de los municipios vascos, por lo que el gobernador civil de Bizkaia destituyó a su alcalde, el republicano Ernesto Ercoreca, y a cinco tenientes de alcalde. El resto de la corporación dimitió, siendo sustituida por una comisión gestora derechista. La mayoría de los concejales socialistas, republicanos y nacionalistas fueron detenidos, encarcelados y juzgados, siendo inhabilitados seis. Tras el triunfo electoral del Frente Popular, en 1936 todos ellos fueron amnistiados y repuestos en sus cargos en el Ayuntamiento.

La culminación de la gran conflictividad política en la República fue la revolución de octubre de 1934, organizada en Bilbao por varios concejales socialistas. A pesar de disponer de hombres y armamento en abundancia, y a diferencia de otras localidades vascas (Eibar, Arrasate-Mondragón, los pueblos de la margen izquierda de la Ría), en Bilbao no hubo revolución propiamente dicha ni insurrección. Pero la huelga general, que duró la semana del 5 al 12 (en la que no se publicó la prensa), fue sangrienta en la capital vizcaína, pues los tiroteos entre los piquetes y las fuerzas de orden público causaron 16 de los 40 muertos que hubo en el País Vasco. El fracaso de la revolución de octubre en Bilbao se debió a la pasividad de la dirección socialista, que fue detenida enseguida, y a la enérgica actuación del gobernador civil, que conocía de antemano los preparativos revolucionarios.

La represión gubernativa, que contó con la colaboración de las derechas, fue muy dura y hubo numerosos detenidos en la cárcel de Larrínaga y en un barco-prisión fondeado en la Ría. Se centró sobre todo en los partidos y sindicatos obreros (PSOE, PCE y UGT), pero alcanzó también a STV y al PNV, cuyos centros bilbaínos fueron clausurados y los miembros del BBB, encarcelados dos meses. La persecución al nacionalismo fue injustificada, pues el PNV no había participado en la revolución sino que se había mantenido neutral, y contribuyó a profundizar el abismo que ya le separaba de las derechas monárquicas y católicas, quienes le acusaron de haber sido cómplice de la revolución socialista.

La triangulación política de Bilbao, surgida en 1900, continuó en la República, pero fue en detrimento del lado monárquico y en beneficio de los otros dos lados, el nacionalista y el republicano-socialista. La debacle de los monárquicos en 1931 se dio también en la villa del Nervión: no tuvieron más que tres concejales en abril, no presentaron candidatura en los comicios de junio y dieron sus sufragios a la del PNV De ahí que el triángulo político bilbaíno no fuese equilátero sino isósceles, al tener una fuerza similar el nacionalismo y las izquierdas, si bien con predominio de estas últimas en las elecciones: el Bloque republicano-socialista venció en Bilbao en las municipales de 1931 y en las generales de 1931 y 1936, siendo únicamente derrotado por el PNV en las legislativas de 1933.

Al proclamarse la República, Bilbao contaba con 153.000 habitantes y estaba dividido en diez distritos: Atxuri y Santiago (Casco Viejo), Diputación y San Vicente (centro burgués del Ensanche, antigua anteiglesia de Abando), Hospital y La Casilla (extrarradio del Ensanche), Estación y Bilbao la Vieja (barrios obreros de hegemonía socialista), Begoña y Deusto (anteiglesias anexionadas durante la Dictadura de Primo de Rivera). En 1931 sólo tenían derecho de sufragio los varones mayores de 25 años, por lo que los electores eran 36.000, menos de una cuarta parte de su población.

A las elecciones que provocaron la caída de la Monarquía de Alfonso XIII concurrieron cinco candidaturas en la capital de Bizkaia: dos incompletas, de los carlistas y los comunistas, que no consiguieron ningún concejal, y tres completas, de los monárquicos, el PNV y el Bloque antidinástico, formado por los republicanos, el PSOE y ANV El Bloque ganó en todos los distritos (salvo el de Hospital) y obtuvo 29 concejales: once socialistas, once republicanos y siete de ANV (muy beneficiada por ir en esa coalición). El PNV logró catorce y los alfonsinos, tres. Esta clara mayoría de las izquierdas se reforzó al repetirse la votación en Bilbao la Vieja el 31 de mayo, perdiendo dos concejales el PNV y saliendo en su lugar un socialista y un republicano. Por tanto, el Ayuntamiento de Bilbao en la República se compuso de doce socialistas, doce republicanos, doce del PNV, siete de ANV y tres monárquicos; de modo que los republicano-socialistas, siempre aliados, dispusieron de mayoría absoluta sin necesidad de contar con Acción Vasca, que pronto abandonó el Bloque.

PSOEJosé Muñoz; Eulogio Urréjola; Rufino Laiseca; Jenaro Ortega; Juan Nadal; Paulino G. Beltrán; Fermín Zarza; Santiago Aznar; Julián Zugazagoitia; Ángel Lacort; Luis de la Plaza; Fulgencio Mateos
RepublicanosErnesto Ercoreca; Alejandro Martínez; Mario Areizaga; Francisco Rasche; Manuel Carabias; Alfredo Espinosa; Ambrosio Garbisu; Emilio Díaz; Wenceslao López; José Ojembarrena; Jesús Sáenz; Andrés Arriortúa
ANVJosé Mª Gochi; Miguel L. Elorriaga; Juan Arregui; Nicolás Madariaga; José D. Arana; Tomás Bilbao; Luciano Gorostiaga
PNVEugenio Olabarrieta; Juan José Basterra; Lucio Badosa; Eugenio Abrisqueta; José Larrañaga; Ángel Arambarri; José Ochoa; Francisco Gabiña; Tomás Olascoaga; Juan Abando; Manuel G Audicana ; Juan Garayo
MonárquicosJuan M. Velasco; José Mª Olabarría; Pablo Acha

En abril de 1931, las izquierdas bilbaínas (el Bloque y el PCE) sumaron el 52% de los votantes, frente al 48% alcanzado por las derechas (el PNV, el carlismo y el monarquismo). Cinco años más tarde, las izquierdas seguían teniendo una ligera mayoría: su candidato a alcalde, el socialista Paulino Gómez Beltrán, consiguió 34.800 votos (51%), mientras que el nacionalista Federico Zabala Allende, apoyado por las derechas, sacó 33.700 (49%), en las municipales nonatas de abril de 1936. Así pues, Bilbao era una ciudad con una mayoría política de izquierdas, aunque su ventaja sobre el PNV era reducida y podía invertirse.

En la República Bilbao constituyó la circunscripción de Bizkaia-capital junto con 24 municipios de las márgenes del Nervión y las zonas adyacentes, concentrando el voto de izquierdas por su carácter urbano e industrial. En cambio, el PNV tenía una neta hegemonía en la circunscripción de Bizkaia-provincia, agraria y pesquera. Esta división favoreció a las izquierdas, que así podían lograr cuatro diputados en Bizkaia-capital (eran elegidos seis: cuatro por las mayorías y dos por las minorías). En las tres elecciones generales de la República, el triunfo en esta circunscripción se decidió en Bilbao, en donde las fuerzas estaban más equilibradas: la candidatura ganadora en la capital venció también en el conjunto de su circunscripción.

En junio de 1931 concurrieron cuatro candidaturas: dos pequeños partidos, el PCE y ANV, que acudieron en solitario sin ningún éxito, y dos grandes coaliciones, el Bloque republicano-socialista y la alianza del PNV y la CT pro Estatuto de Estella, si bien sus cuatro candidatos eran nacionalistas, como prueba de la muy desigual implantación de ambos partidos en Bizkaia-capital. El electorado bilbaíno se polarizó en torno a estas dos opciones, duramente enfrentadas por las cuestiones religiosa y autonómica, entrecruzadas por el clerical Estatuto de Estella, que fue denunciado por Prieto como el intento de convertir a Euskadi en el "Gibraltar del Vaticano" mediante un Concordato vasco con la Santa Sede.

El Bloque de izquierdas venció con claridad tanto en la capital (15.700 votos versus 12.500) como en los pueblos de la circunscripción. En Bilbao ganó en seis distritos, empató en uno (Diputación) y perdió en tres (Hospital, San Vicente y Santiago). Sus cuatro diputados fueron los socialistas Indalecio Prieto y Luis Araquistáin y los republicanos Ramón Aldasoro y Vicente Fatrás. Por las minorías salieron los nacionalistas José Horn y Manuel Eguileor. Pero en el resto del País Vasco la victoria correspondió a la coalición de Estella. En 1931 el izquierdismo de Bilbao divergía del conservadurismo católico de la Bizkaia rural y de las otras provincias vascas, pero coincidía con la abrumadora mayoría republicano-socialista de las Cortes Constituyentes.

Tras el final del bienio azañista y la ruptura del Bloque republicano-socialista en 1933, la situación política había variado sustancialmente, al igual que el censo electoral, que se había duplicado gracias al sufragio femenino introducido por la Constitución de 1931. El PNV había roto su alianza con el carlismo por la retirada de Navarra del Estatuto vasco en 1932 y se presentaba en solitario, contando con la gran baza del reciente éxito del referéndum autonómico. Carlistas y alfonsinos se unieron en la coalición derechista, que disputaba al PNV el voto católico independiente. "La Gaceta del Norte" se decidió a favor de la candidatura nacionalista por ser la única capaz de derrotar a la potente candidatura de las izquierdas. Éstas, desgastadas por sus dos años en el Gobierno y divididas en casi toda España, acudían bastante unidas en Bizkaia debido al liderazgo de Prieto, a quien acompañaban por Bilbao el ex presidente Azaña (Acción Republicana), el ex ministro Marcelino Domingo (Partido Radical Socialista Independiente) y el ex diputado Julián Zugazagoitia (PSOE). Además, hubo dos candidaturas testimoniales: la del PCE y la del Partido Radical Socialista de Gordón Ordás. Acción Nacionalista Vasca no se presentó y acordó votar al PNV por su decidido apoyo al Estatuto de autonomía, objetivo prioritario de ANV Así pues, en Bizkaia se había pasado de la polarización de 1931 a la triangulación derechas/PNV/izquierdas. La campaña se centró en atacar o defender la obra realizada por los Gobiernos de Azaña, en especial en materia religiosa, durante el primer bienio republicano.

Capitalizando el refrendo popular del Estatuto, en noviembre de 1933 el PNV logró la mayor victoria de toda su historia en unas elecciones generales (con un total de doce diputados), convirtiéndose en el primer partido de Euskadi, y superó al Bloque republicano-socialista en Bilbao por primera y única vez antes de la Guerra Civil. Su triunfo en la circunscripción se fraguó en la capital (con 31.500 votos frente a los 24.500 de las izquierdas y los 12.500 de las derechas), ganando en siete distritos (todos menos Bilbao la Vieja, Estación y La Casilla), pues en los pueblos el PNV y el Bloque resultaron igualados. Fueron elegidos diputados los nacionalistas José Horn, Manuel Robles Aranguiz, Juan Antonio Careaga y Ramón Bikuña, junto con Prieto y Azaña, los dos únicos diputados de izquierdas en el País Vasco. En esta ocasión el voto de los coincidió con el del electorado vasco, así como con el giro hacia el centro y la derecha de la opinión pública española.

La triangulación de la vida política de Bilbao se había consolidado y extendido a toda Vasconia en 1936. Tras el bienio radical-cedista, estéril para el proceso autonómico vasco, la ruptura entre el PNV y las derechas era total y volvieron a competir en las urnas, fracasando las presiones del Vaticano al PNV para que se aliase con la CEDA Ésta se incorporó al Bloque contrarrevolucionario de la Comunión Tradicionalista y Renovación Española en el País Vasco (salvo en Álava). Por su parte, las izquierdas iban más unidas que nunca en el Frente Popular, integrado por Unión Republicana, Izquierda Republicana, el PSOE, el PCE y ANV

La intensa bipolarización derechas/Frente Popular en la España de 1936 perjudicó al PNV, ubicado ya en el centro del espectro político, pues sufrió los ataques de ambas coaliciones, en especial de las derechas antimarxistas y antiseparatistas, a las que esta vez apoyaba La Gaceta del Norte. El programa del Frente Popular de Euskadi se centraba en la amnistía a los presos y represaliados por la revolución de octubre y en la aprobación del Estatuto, que así no quedaba monopolizado por el PNV El lema de éste fue: "Por la civilización cristiana, por la libertad de la patria y por la justicia social".

En Bilbao, en febrero de 1936 el PNV perdió 9.000 votantes (obtuvo 22.400), mientras que las derechas ganaron 4.000 (en total, 16.600) y el Frente Popular subió 8.000 (32.700 votantes). Las izquierdas superaron al PNV más claramente que en 1931 y vencieron en siete de los diez distritos , teniendo mayoría el PNV en el de Santiago y las derechas en los dos del centro del Ensanche. El PNV fue el gran derrotado pues perdió dos escaños y se quedó con los dos por las minorías: Horn y Robles Aranguiz. Los cuatro diputados del Frente Popular fueron Prieto y Zugazagoitia (PSOE), Mariano Ruiz Funes (Izquierda Republicana) y Leandro Carro (PCE). Este último fue el primer y único diputado comunista en la historia de Euskadi.

Elecciones municipales y legislativas en Bilbao en la II República
En cada distrito figura la candidatura que obtuvo el mayor número de votos.
DistritosMunicipal 12-IV-1931Legislativa 28-06-1931Legislativa 19-11-1933Legislativa 16-02-1936Municipal 2-04-1936
AtxuriIzquierdaIzquierdaPNVIzquierdaIzquierda
SantiagoIzquierdaPNVPNVPNVPNV
Bilbao la ViejaIzquierdaIzquierdaIzquierdaIzquierdaIzquierda
EstaciónIzquierdaIzquierdaIzquierdaIzquierdaIzquierda
San VicenteIzquierdaPNVPNVDerechaPNV
DiputaciónIzquierdaIzquierda/PNVPNVDerechaPNV
La CasillaIzquierdaIzquierdaIzquierdaIzquierdaIzquierda
HospitalPNVPNVPNVIzquierdaPNV
DeustoIzquierdaIzquierdaPNVIzquierdaPNV
BegoñaIzquierdaIzquierdaPNVIzquierdaPNV

Como en 1931, la mayoría izquierdista de Bilbao fue divergente del resto del País Vasco (con mayoría nacionalista en Bizkaia-provincia y Gipuzkoa, mayoría carlista en Álava y copo derechista en Navarra), pero coincidente con el conjunto de España al conseguir el Frente Popular la mayoría absoluta en las Cortes de 1936.

En la primavera de 1936, Bilbao vivía un clima de más paz social y menos violencia política que la mayor parte de España. Por eso, cabe hablar del oasis bilbaíno y vizcaíno, que era consecuencia de la entente cordial existente entre el PNV y las izquierdas para la rápida aprobación parlamentaria del Estatuto vasco. Dicha entente fue sellada por sus líderes Aguirre y Prieto en el homenaje al ex presidente catalán Francesc Macià organizado por el Ayuntamiento de Bilbao, con motivo de dar su nombre a una calle de Deusto el 14 de abril de 1936. Esos dos diputados vizcaínos fueron los principales artífices del Estatuto de 1936.

Es cierto que algunos políticos derechistas y oficiales del regimiento de Garellano preparaban un pronunciamiento militar contra la República. Pero Bilbao y su provincia se daban por perdidos por el general Mola, el director de la conspiración y comandante militar de Pamplona, por varios factores: la gran fortaleza del movimiento obrero vizcaíno, la debilidad de las fuerzas derechistas, la no colaboración del PNV con éstas y la fidelidad al régimen republicano de los mandos superiores del ejército y de los cuerpos de seguridad sitos en Bilbao.

El 18 de julio de 1936, la sublevación fracasó rotundamente en Bilbao, la única capital vasca donde no se produjo y el poder republicano, representado por el gobernador civil Echeverría Novoa, mantuvo el control de la situación contando con el apoyo de dichos mandos, del Frente Popular y del PNV Fue en Bilbao y en Bizkaia donde este partido se posicionó más claramente a favor de la República y en contra del golpe mediante la famosa nota escrita por el BBB, presidido por Juan Ajuriaguerra, y publicada sin firma en su diario Euzkadi el 19 de julio. Los militares rebeldes no fueron capaces de sacar a la calle las tropas del cuartel de Garellano, vigilado por fuerzas izquierdistas armadas. La mayoría de ellos fueron encarcelados y meses después juzgados por el Tribunal Popular de Euskadi, siendo fusilados cinco jefes y oficiales. Los conspiradores civiles tampoco llegaron a intervenir; unos fueron detenidos y otros huyeron.

Por este doble motivo, ausencia de sublevación y mantenimiento del poder republicano, Bilbao, a diferencia de San Sebastián, no vivió un intenso proceso revolucionario en el verano de 1936 y la situación fue relativamente tranquila, en comparación con lo sucedido en Gipuzkoa. Así, el "oasis" vizcaíno, de carácter republicano y nacionalista, surgido en vísperas de la Guerra Civil, subsistió en cierta medida.

El pluralismo político bilbaíno se redujo por la represión a las derechas, que con su adhesión al alzamiento militar se habían colocado fuera de la legalidad; pero continuó existiendo, más que en ningún otro lugar de las dos zonas en que quedó dividido el Estado español, como prueba la heterogeneidad ideológica de las fuerzas políticas y sindicales que defendían la República: nacionalistas, republicanos, socialistas, comunistas y anarquistas. Muestras de ello fueron su numerosa prensa y las polémicas periodísticas entre dichas fuerzas sobre la naturaleza de la guerra en Euskadi o sobre la relación entre la cuestión social y el problema nacional. Nunca en la historia Bilbao tuvo tantos periódicos como en el año escaso que duró la guerra, cuando se publicaron 16 diarios y otros tantos semanarios o revistas políticos y sindicales, además de las publicaciones económicas, profesionales y religiosas (caso de El Mensajero del Corazón de Jesús).

Prensa de Bilbao en la Guerra Civil (julio de 1936/junio de 1937)
Derechista (incautada) El Nervión, El Pueblo Vasco y La Gaceta del Norte
Independiente El Noticiero bilbaíno y Hoja Oficial del Lunes
PNV Euzkadi, La Tarde, Excelsius, Eguna (en euskara) y Gudari
STV Lan Deya y Euzko Langille
Nacionalista radical Patria Libre
ANV Tierra Vasca
Republicana Unión
PSOE-UGT El Liberal, La Lucha de Clases y Vida Nueva
JSU de Euskadi Joven Guardia
PC de Euskadi Euzkadi Roja, Erri y El Pionero
CNT C.N.T. del Norte y Horizontes
Femenina antifascista Mujeres
Gobierno Vasco Diario Oficial del País Vasco, Servicio de Información de Gobierno de Euzkadi y Ereintza (Consejería de Agricultura)
Ejército Vasco Gudari (PNV), Creación (Izquierda Republicana), Disciplina, Alerta, Ofensiva y Frente Ferroviario (PC de Euskadi)

Todos los sectores pro republicanos participaron en los dos órganos de poder que gobernaron sucesivamente Bizkaia en el verano de 1936: el Comisariado y la Junta de Defensa. Ésta fue presidida por el gobernador civil y en ella tuvo clara mayoría el Frente Popular y escasa representación el PNV, que no se correspondía con su gran implantación en Bizkaia. Aunque hubo muchos menos desmanes que en Gipuzkoa, la Junta de Defensa no pudo evitar dos matanzas en los barcos-prisiones atracados en la Ría de Bilbao el 25 de septiembre y el 2 de octubre, como represalias por los bombardeos de la aviación de Mola, siendo asesinados más de un centenar de presos de derechas.

En octubre de 1936, tras la aprobación del Estatuto por las Cortes republicanas y la formación del primer Gobierno vasco, de coalición PNV/Frente Popular, presidido por José Antonio Aguirre, Bilbao se convirtió en la capital del Estado vasco, que de hecho existió durante casi nueve meses por el enorme ensanchamiento del régimen autonómico que se dio a consecuencia del conflicto bélico y del aislamiento de la Euskadi autónoma (reducida a Bizkaia y con pequeños enclaves en Álava y Gipuzkoa) del resto de la España republicana, así como por el sumo interés del PNV por dotarse de un embrión de Estado. Toda la administración vasca tuvo su sede en Bilbao: la Presidencia del Gobierno (en el Hotel Carlton), sus once Consejerías, la Audiencia Territorial, el Tribunal Popular, el Tribunal Militar, la Academia Militar, la Universidad con su Facultad de Medicina (en el Hospital Civil), el Colegio Notarial, la Cruz Roja de Euskadi y los numerosos organismos creados por el Gobierno vasco, que concentró todos los poderes.

En su seno la hegemonía pasó al PNV, que ostentó la Presidencia y los Departamentos más importantes (Defensa, Gobernación, Hacienda y Justicia y Cultura) y asumió el mayor protagonismo político y militar, hasta entonces desempeñado por el Frente Popular, aun contando los cinco partidos de esta coalición más Consejerías: Industria, Trabajo y Asistencia Social (PSOE), Comercio y Abastecimientos y Sanidad (republicanos), Obras Públicas (PCE) y Agricultura (ANV). El giro del Gobierno vasco hacia la moderación acentuó el carácter excepcional de Bizkaia dentro de la zona republicana, manifiesto sobre todo en la ausencia de revolución social, permaneciendo la banca y las grandes empresas en manos privadas sin ser colectivizadas, y en el respeto a las iglesias, abiertas al culto, y al clero, colaborando los sacerdotes afines al nacionalismo en la administración autonómica (en especial, en cultura) y en el ejército vasco (los capellanes de gudaris de los batallones del PNV). Así quedó patente en los dos cortometrajes cinematográficos producidos por el Gobierno de Aguirre. Entierro del benemérito sacerdote vasco José María de Korta y Semana Santa en Bilbao (1937).

Bilbao era una ciudad en guerra y este hecho modificó profundamente la vida cotidiana de sus moradores. La escasez de alimentos obligó al racionamiento de los productos de primera necesidad como el pan, la leche, el aceite, el arroz o el azúcar, mientras la carne y los huevos brillaban por su ausencia e incluso en ocasiones el pescado. Hubo momentos en que la población pasó hambre. El plato más socorrido de los bilbaínos fueron los garbanzos mejicanos, pues habían llegado al puerto de Bilbao en grandes cantidades en vísperas del estallido bélico. Esta situación de penuria económica se agravó por el bloqueo marítimo a que le sometió la armada franquista durante algún tiempo y por tratarse de una ciudad superpoblada con la llegada de decenas de miles de refugiados procedentes de Gipuzkoa y de pueblos vizcaínos. Para ellos, la Consejería de Asistencia Social organizó comedores y alojamientos colectivos, que fueron sufragados mediante la incautación de los cines. Éstos supusieron la mejor distracción para los bilbaínos, quienes se evadían de la dramática realidad contemplando películas americanas y españolas de la época.

Bilbao sufrió varios bombardeos de la aviación alemana al servicio de Franco, ante los cuales se encontraba casi totalmente inerme por la escasez de aviones republicanos, teniendo sus habitantes que guarecerse en los refugios antiaéreos habilitados al efecto. Poco después de un bombardeo se produjo la única grave excepción al control del orden público mantenido por el Gobierno vasco. En la tarde del 4 de enero de 1937, la muchedumbre enfervorizada y milicianos armados de los batallones Malatesta, de la CNT, y Asturias, de la UGT, asaltaron las cárceles bilbaínas y asesinaron a 224 presos, entre ellos varios dirigentes derechistas, como el ex alcalde monárquico de Bilbao Adolfo Careaga y el antiguo jefe del Partido Integrista Juan Olazábal. El Gobierno de Aguirre reconoció su responsabilidad política ante tan trágicos sucesos y nombró juez especial al diputado nacionalista Julio Jáuregui, quien procesó a los principales responsables materiales de la matanza. En adelante, el Ejecutivo vasco reforzó la guardia de las cárceles y evitó que se volviese a atentar contra la vida de los presos, poniendo en libertad a unos 2.000 que quedaban la víspera de la caída de Bilbao.

La quinta columna actuaba en la villa y, según la prensa izquierdista, no era demasiado perseguida por la recién creada policía autónoma (Ertzaña). Pero fueron descubiertas dos redes de espionaje: la más importante la encabezaba el cónsul de Austria Guillermo Wakonigg, quien fue condenado a muerte y fusilado en el cementerio de Derio. El Tribunal Popular de Euskadi impuso 29 penas de muerte por delitos relacionados con la guerra, de las cuales 19 fueron ejecutadas y diez indultadas.

En la primavera de 1937, con la ofensiva militar de Mola sobre Bizkaia y tras la destrucción de Durango y Gernika por los bombardeos de la Legión Cóndor, la situación se hizo cada vez más angustiosa para Bilbao y comenzó la evacuación de una parte de su población, marchando en primer lugar más de 20.000 niños vascos en barcos a varios países europeos, en su mayoría a Francia.

El 11 de junio, el ejército de Franco rompía el cinturón de hierro, la línea defensiva construida por el Gobierno vasco en torno a la capital vizcaína, que resultó un fiasco por la defección del ingeniero Alejandro Goicoechea. Bilbao estaba perdido, pues era indefendible militarmente dada la abrumadora superioridad aérea y artillera de las fuerzas atacantes, a pesar de las arengas a la resistencia numantina lanzadas por la prensa bilbaína hasta su desaparición el 18 de junio.

Unos días antes, el Gobierno de Aguirre había abandonado Bilbao y había dejado el mando a una Junta de Defensa, presidida por el consejero nacionalista Jesús María Leizaola. Dicha Junta se encargó de entregar intacta la villa, sin daños personales ni destrucciones materiales, con la sola excepción de la voladura de los puentes sobre la Ría. También se ocupó de que no se ejecutase la orden, dada por el ministro Prieto, de destruir los altos hornos de Barakaldo y Sestao para que no sirviesen a la economía de guerra del bando franquista. Éste los militarizó y consiguió en pocos meses que la producción industrial vizcaína fuese muy superior a la habida en la etapa del Gobierno vasco.

El 19 de junio de 1937, los tercios de requetés, por vez primera en la historia, tomaban Bilbao, que así perdió la capitalidad de ese efímero Estado vasco y toda autonomía, incluso el Concierto económico, que fue derogado para Gipuzkoa y Bizkaia por decreto-ley de Franco, dado en Burgos el 23 de junio. Cumpliéndose el vaticinio del presidente Azaña en su Diario, varios batallones nacionalistas abandonaron la contienda y se rindieron en Bilbao y Barakaldo, hecho que algún autor ha denominado el pacto de Bilbao, precedente inmediato de la capitulación de buena parte del ejército vasco en el polémico pacto de Santoña a finales de agosto. Esto confirmaba la opinión de Azaña de que el nacionalismo vasco combatía más por la autonomía y semiindependencia de Euskadi que por la República española.

En junio de 1937 se extinguió el rico pluralismo político de Bilbao, que había nacido en la Restauración, había alcanzado su apogeo durante la II República y había subsistido en parte en el primer año de la Guerra Civil. Así, de los abundantes periódicos tan sólo continuaron publicándose La Gaceta del Norte y El Pueblo Vasco, que habían sido incautados y fueron recuperados por sus propietarios. Desde 1938 hasta el final de la Dictadura de Franco, la prensa diaria de Bilbao se redujo a tres cabeceras: el vespertino falangista Hierro, La Gaceta del Norte y El Correo Español-El Pueblo Vasco.

La democracia bilbaína desapareció, pues su mayoría sociopolítica había sido silenciada y proscrita, con las izquierdas y los nacionalistas encarcelados o exiliados. No en vano Bilbao había sido conquistado por las armas, como resaltó su nuevo alcalde, José María de Areilza, quien proclamó la muerte de la Euskadi autónoma, que fue fruto del pacto entre el nacionalismo de Aguirre y el socialismo de Prieto. Desde el verano de 1937, el Bilbao uniforme del Estado franquista fue la antítesis del Bilbao plural de la II República.

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