Concepto

Guerra de la Convención en Euskal Herria

En 1789 los representantes de las tres provincias de Iparralde veían con buenos ojos las reformas que ofrecía la Revolución, sobre todo las reformas fiscales y judiciales. A pesar de ello, no estaban de acuerdo con el cariz, que ya entonces estaba tomando la Revolución. Muestra de ello es el poco éxito que tuvo el reclutamiento para la guerra, los casos de deserción y las posiciones a favor de España. Además de ello la guerra suponía un gran esfuerzo para la población, demandándoles muchas veces provisiones que no tenían ni para ellos, creando hambrunas en la población.

En el sur de Euskal Herria el distanciamiento con respecto a la España absolutista era cada vez mayor, pues estaba en duda el respeto a los fueros. En las provincias vascas las ideas que traía consigo la Revolución Francesa eran vistas con buenos ojos en los entornos burgueses e ilustrados, y eran difundidas mediante asociaciones como la Sociedad Vascongada de Amigos del País. España veía en ello un peligro para su régimen.

Por parte francesa, el 30 de abril de 1793 se crea la armada de los Pirineos Occidentales. En sus inicios tuvo 8000 soldados, en su final eran cerca de 70.000 sus miembros. Por parte española, Carlos IV puso a 22000 soldados bajo las órdenes del general Ventura Caro. A estos hay que sumar la legión real dirigida por el Marqués de Saint Simón, los 4.000 mozos puestos por las instituciones forales a las órdenes del Marqués de Narros y los 16.000 puestos por Navarra.

Los núcleos militares se sitúan por un lado de la frontera en Hendaya, San Juan de Luz, Senpere, Sara, Urruña, San Juan Pie de Puerto y los valles de la montaña y por el otro lado en San Marcial, Vera, Baztan y Luzaide. La población civil de estos lugares se encontrará en medio de la guerra. En un primer momento España tomará la iniciativa y ocupará Hendaya y Sara. El ejército español todavía conserva su fuerza de la época del imperio colonial, aunque esta esté en las últimas. Rápidamente, en junio, la iniciativa pasa al lado francés que bajo las ordenes del general Moncey en el verano de 1794 se adentra en los valles del Baztan y de Oiartzun. En Agosto toma San Sebastián, que no opone ninguna resistencia, y en 1795 llega hasta el valle del Ebro.

El 22 de Julio de 1795, España y Francia firman la paz de Basilea que demuestra la superioridad francesa. España recupera los territorios vascos y catalanes y Francia recibe una parte de Santo Domingo.

Como ya hemos mencionado la Guerra de la convención no suscito grandes apoyos en ninguna de las dos partes de Euskal Herria. Por diferentes razones a los ciudadanos vascos se les acusará de colaborar con el enemigo. Como consecuencia de ello, Madrid pondrá en duda la vigencia de los fueros y por la parte francesa se encarcelará y ejecutará a numerosos ciudadanos además de vaciar a pueblos enteros deportando a sus habitantes.

Cuando los Franceses ocupan San Sebastián la ciudad no opone resistencia, es más abre sus puertas al ejército francés. El ministro de Carlos IV, Godoy calificará a Donostia de traidora e intentará suprimir los fueros. Así la describió Godoy:

"La ocupación de San Sebastián no fue un hecho de armas. Varios politicastros guipuzcoanos se dejaron seducir por el general Adrien de Moncey, quien les prometió convertir la provincia en República independiente. Estos crédulos hombres...entregaron la ciudad a los franceses..."

Las Juntas de Guipúzcoa negocian con Francia la creación de una provincia independiente unida a Francia. En un principio los franceses mediante los negociadores Pinet eta Cavaignac, no aceptan la propuesta y lo que quieren es anexionar Guipúzcoa a Francia. Así declaran en el Comité de Salud Pública: "la province du Guipuscoa sera gouvernée comme pays conquis" ["La provincia de Guipuzcoa será gobernada como un pueblo conquistado"].

Los miembros de las Juntas de Guipúzcoa son detenidos y encarcelados en Baiona. En ese momento se reúne una junta especial para la guerra en Mondragón, en la que participan representantes de 18 municipios. Piden ayuda a Vizcaya y Álava.

El General Moncey, consciente de la realidad diferenciada de las provincias vascas, propone al Comité de Salud Pública el respeto de los fueros y la creación de una república independiente que agruparía a las provincias de Álava, Vizcaya y Guipúzcoa y que estaría bajo protectorado francés. La propuesta no tendrá éxito en los núcleos de poder de Francia y sólo servirá para crear alguna esperanza entre los guipuzcoanos.

Vizcaya querrá seguir el ejemplo de Guipúzcoa, pero desistirá al ver como acaban las negociaciones. A pesar de que las juntas de Vizcaya mostrarán en sus escritos fidelidad al Reino de España, la realidad es diferente. Muchos vizcaínos se negarán a alistarse y sobre todo, a luchar fuera de Vizcaya. El historiador Manex Goyenetche tiene dudas sobre la razón de la entrada tardía de las tropas francesas en Bilbao, pone en duda que fuera por la capacidad de resistencia del bando español: "no sería por que las tropas francesas estuvieron afectadas por el tifus?". De todas maneras, en 1795, cuando las tropas francesas entraron en Bilbao el pueblo no opuso resistencia.

Navarra tenía problemas comerciales e institucionales con España. La presión por parte del Reino de España era cada vez mayor en los asuntos comerciales y fiscales. En las cortes de Navarra aparecen puntos de vista enfrentados. Por una parte, los de la zona de la montaña y los de Pamplona ven con buenos ojos las ideas que vienen de Francia y son favorables a mantener las aduanas entre Navarra y Castilla ya que ello les beneficia en el comercio con Francia. Los del sur de Navarra sin embargo, son favorables a quitar las aduanas mercantiles con España y por ello actuarán a favor de España. Los fueros navarros son puestos en entredicho continuamente desde Madrid, son vistos como un obstáculo y sus leyes no son respetadas, lo que causa enfado entre la ciudadanía. Nadie de Pamplona se alistó en el ejército, poniendo en práctica el derecho foral. Según el historiador Iñaki Egaña, los voluntarios reclutados en la zona montañosa se escapaban y permitían que los franceses entraran en tierras navarras. Además, Navarra solo pondrá 5000 soldados para la guerra y esperará hasta 1794 para hacerlo.

Según el historiador Manex Goyenetche los vascos no se negaban a acabar con el Antiguo Regimén, pero tampoco estaban conformes con la forma en que se estaba construyendo el nuevo modelo político y administrativo. Según los convencionales la posición de los vascos no era sino un "complot de la aristocracia".

El camino que estaba tomando la revolución en 1793, no era visto con buenos ojos en Euskal Herria. Al fin y al cabo ponía en duda las leyes autóctonas y las instituciones vascas veían su supervivencia en peligro. Cuando empezó la guerra, la campaña de reclutamiento no tuvo éxito y los representantes de Francia comenzaron a tomar medidas, especialmente en Lapurdi. Estamos en la época del Terror, y todo aquel que no está con la República es considerado contrarrevolucionario, favorable a la iglesia, y por lo tanto peligroso para la nueva nación francesa. Los sabotajes y los levantamientos aumentan y Urruña, Ziburu y San Juan de Luz son sitiadas. Los labortanos serán acusados de ayudar a los españoles y de unirse a los curas.

Los representantes del estado Francés, Pinet y Cavaignac se encuentran en Iparralde, y mientras defienden que Guipúzcoa debe ponerse bajo dominio francés, en Iparralde actúan contra todo aquel que según ellos está en contra de la revolución. Las ejecuciones y los encarcelamientos se multiplican. El 3 de Marzo de 1794 adoptan el decreto de encarcelamiento de los vascos. Anteriormente, en Febrero, España había desarrollado una gran ofensiva y 47 vascos del Bataillon de chasseurs habían desertado. Después de esto llegaron las detenciones y las deportaciones. Sara, Itsasu y Ascain serán nombrados pueblos traidores y sus vecinos deportados. He aquí lo que dice el último párrafo del decreto:

"Les habitants des Communes infâmes de Sare, d'Itxassou, d'Ascain seront enlevés de leurs domiciles et conduits dans les départements intérieurs"(...)" tous les habitants des communes d'Espelette Ainhoa et Souraïde, sur le compte desquels il sera élevé ou s'élèvera un soupçon de haine pour la révolution et d'amour pour les espagnols, seront avec leurs familles entières soumis à la même peine"

["Los habitantes de las comunas ínfames de Sara, Itxasu y Ascain, seran movidos de sus hogares y llevados a departamentos del interior (...) todos los habitantes de las comunas de Ezpeleta, Ainhoa y Zuraide, de los que se sospeche odio a la republica y amor a España, tendran el mismo castigo junto a sus familias."]

Esta medida también afectará a los pueblos de Luhuso, Lekorne, Makea, Larresoro, Biriatu y Cambo. En un principio los habitantes de esos pueblos serán encerrados en las iglesias, para después ser conducidas a Las Landas y por último son llevados a los departamentos de Lot, Lot et Garonne, Gers, Las Landas, Bajos Pirineos y Altos Pirineos. Sus bienes son confiscados y las familias separadas. Son transportadas en muy malas condiciones y como consecuencia de ello una cuarta parte de los 4000 deportados morirán en el camino. Después de la caída de Robespierre, en otoño de 1794, se organizará el regreso a sus lugares de origen y serán considerados como víctimas por parte de la nueva Convención. La Convención actuará contra los que adoptaron la medida de la deportación, pero los verdaderos responsables no serán castigados. Todos los bienes de los deportados se habrán perdido o habrán sido robados. La petición hecha por el directorio de Ustaritz es reflejo de la situación:

"Les ci-devant communes de Sare, Itxassou, Ascain, Biriatou et Serres, dont les habitants internés il y a huit mois par mesure de sûreté générale, n'ont pas été cultivées. Les habitants qui viennent d'obtenir la liberté de se retirer dans leurs foyers, demandent à grands cris des subsistances sans qu'on puisse leur procurer les moyens de satisfaire à ce premier besoin de l'homme, la faim."

["Las tierras de las comunas de Sara, Itsasu, Ascain, Biriatu y Serres, cuyos habitantes han estado deportados durante ocho meses por medidas de seguridad, no han sido cultivadas. Los ciudadanos que han obtenido su libertad, al volver a sus casas, piden a gritos algo que comer, necesida d que no podemos satisfacer; la primera necesidad del hombre: el hambre".]

El 22 de Julio de 1795 España y Francia firman la paz de Basilea. El representante Francés reconoce las instituciones forales de Guipúzcoa en abril y acuerda ayudar a los republicanos de Guipúzcoa. En las negociaciones no sucederá así: Francia tratará de anexionarse Guipúzcoa pero no lo logrará. Al final, nos encontraremos con el mismo mapa geopolítico que antes de la guerra y se le dará una parte de la isla de Santo Domingo a Francia. Está claro que la posición de Francia con respecto a los vascos será contradictoria en varios momentos, síntoma de la falta de cohesión entre los miembros de la Convención.

En lo que respecta a las consecuencias de la guerra, el historiador Xose Estévez enumera algunos de ellos. En el aspecto económico, las tierras vascas se ven afectadas y varios municipios tienen que vender tierras para hacer frente a las deudas. Con la privatización de las tierras los impuestos también subirán y con ello el enfado de las clases populares. En el aspecto social en esta guerra también se dejarán ver las diferencias entre los propios vascos. Por un lado la burguesía liberal que ve con buenos ojos las nuevas ideas que vienen y por otro lado la nobleza, contraria al absolutismo de los Borbones y favorable a los fueros. Aun y todo, las dos partes defenderán las instituciones forales. España, vista la resistencia habida durante la guerra, dirá en adelante que los fueros son un obstáculo para el desarrollo económico.

Según varios historiadores, en las provincias de Hegoalde encontramos ya el germen del conflicto que se vivirá en las Guerras Carlistas. En todo caso, el desarrollo de la Revolución Francesa y de manera especial el impacto que la Guerra de la Convención tuvo en Euskal Herria, realzó y agudizó el conflicto existente entre las instituciones forales vascas y las Cortes Españolas y truncó definitivamente las esperanzas de una reforma en pro del reconocimiento de la realidad vasca en Iparralde.

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