Poetas

Bergamín Gutiérrez, José

Literato, uno de los poetas y pensadores más célebres de la llamada Generación del 27. Nació en Madrid en 1895 y murió en San Sebastián, en 1983, siendo enterrado en la ciudad de Hondarribia (Fuenterrabía), lugar de veraneo de su familia en su infancia y juventud.

Su padre, Francisco Bergamín, fue ministro de la Monarquía alfonsina, en los albores del siglo XX, y como tal fue el responsable del primer cese de Miguel de Unamuno (1904) como rector de la Universidad de Salamanca. Desde muy joven tuvo una estrecha relación con el País Vasco y con los vascos. Precisamente en Hondarribia conoció a la que luego sería su esposa, hija a su vez del escritor y autor teatral Carlos Arniches, ilustre veraneante de la ciudad. También aquí conoció a Eduardo Ugarte, el fundador y director, junto con Lorca, del grupo teatral La Barraca, autor teatral con quien emparentó a su vez Bergamín, al casarse Ugarte con otra de las hijas de Arniches. También tuvo una relación de amistad, aunque luego se distanciara, con el vasco Juan Larrea, con quien dirigió la revista España Peregrina, ya en el exilio mexicano, así como la Junta de Cultura de la República en aquél país, tras la guerra civil de 1936-1939.

Bergamín fue promotor de importantes empresas culturales, antes de la guerra civil. Director y editor de la revista de pensamiento y literatura Cruz y Raya (fundada en 1933) en la que se expresaron los más importantes escritores de la Generación del 27, pero también fueron considerados los de la Generación del 98, sobre todo Unamuno, por quien Bergamín sentía verdadera devoción intelectual.

Bergamín fue de los intelectuales republicanos de mayor prestigio y autor de una obra original, a caballo entre la filosofía y el ejercicio de ingenio, a la que sumó también la poesía. Unamuno y Machado fueron dos figuras de su mayor estima. Su persona y obra aparecen como representación del intelectual irreverente, que no encontró acomodo ni en la cultura, la política y la vida de su tiempo, auque intervino en ellas de manera acentuada. Su papel de impulsor de actividades editoriales en el exilio americano fue decisivo. Desde que en 1921 comienza a colaborar en la revista Índice, que edita el premio Nobel Juan Ramón Jiménez, su presencia en la vida cultural española fue constante. Conoció pronto a Unamuno, de quien se consideró un alumno aventajado y un verdadero amigo. De él celebró y adquirió su pasión por el pensamiento. No incidió en esta relación el hecho de que su padre, Francisco Bergamín, ministro de la Monarquía, hubiera sido quien, en 1904, cesó como rector de Salamanca a Unamuno de manera arbitraria. El filósofo vasco se aparecería después en buena parte del pensamiento de Bergamín. Tuvo también excelente relación con los movimientos cristianos intelectuales de Francia de su tiempo, país que le otorgó la Legión de Honor.

Como ha escrito José Esteban, Bergamín fue sin duda "una de las figuras más apasionantes del siglo XX español. Protagonista de sus principales acontecimientos políticos y culturales, su drama como escritor y combatiente en pro de una determinada España, le hacen hoy símbolo de toda una generación de escritores y de españoles". Bergamín se aparece como un hombre de pensamiento, que participó con denodado esfuerzo en la política, más como mentor que como activista, y que concentró sobre su pensamiento la aparente paradoja de invocar al mismo tiempo la teología católica y el ideario marxista. No obstante, fue uno de los intelectuales más claros frente al desarrollo y utilización de la violencia. Ya en 1934, y con motivo de la revolución de Asturias, escribió un artículo antológico en la revista por él fundada Cruz y Raya, en la que advertía, tanto al Estado como a los revolucionarios, de los caminos errados del uso de la fuerza.

Su primer libro, El cohete y la estrella (1923) fue una colección de aforismos, que promovió Juan Ramón Jiménez y recibió de inmediato los elogios de Unamuno, Pedro Salinas, Azorín, Antonio Espina y Melchor Fernández Almagro. Posteriormente publica Tres escenas en ángulo recto y Caracteres. Se enfrentó a la dictadura de Primo de Rivera y participó con fervor en el advenimiento de la II República (1931), en cuyo periodo ocupó el cargo de Director General de Seguros, en el primer Ministerio de Trabajo, siendo ministro Largo Caballero. En su revista Cruz y Raya se dedicó a propagar el ideario republicano. Presidió la Alianza de Intelectuales Antifascistas, y Agregado Cultural en la Embajada española en París, desde cuyo cargo se preocupó de buscar apoyos para la causa republicana en plena guerra civil.

Empeñado en "dar a las cosas el valor que les corresponde, tanto en la vida como en el pensamiento", Bergamín ensayó en Cruz y Raya la liberalidad más amplia, invitando a sus páginas a escritores de todas las ideologías. En la revista, "revista de acción y negación", Bergamín expuso su pensamiento cívico y religioso, siendo un adelantado del pensamiento cristiano de izquierdas, así como su inequívoca adscripción republicana, en la que creyó hasta sus últimos días. En 1936, muerta la revista y con la guerra civil de frente, Bergamín se movilizada y forma parte de empresas culturales y publicaciones republicanas, como El Mono Azul, Hora de España o Cuadernos de Madrid. Bergamín presidió en 1937 el Primer Congreso de Escritores Antifascistas en Valencia, saliendo al exilio en México, tras la pérdida de la guerra. Posteriormente estuvo viviendo en Venezuela y Uruguay.

Su papel cultural en el exilio republicano se concentró en la creación de la revista España Peregrina, en colaboración con el vasco Juan Larrea, y en la edición de libros de los grandes escritores españoles del siglo así como algunos clásicos. Su nombre estará asociado a la edición de la poesía de Machado -que editó de manera completa en la editorial Séneca por él creada en el exilio- y al hecho de haber recibido de Lorca el manuscrito, tantas veces perdido y hallado, de Poeta en Nueva York. El escritor Gonzalo Santonja ha contado buena parte de ese exilio en Al otro lado del mar, Bergamín y la Editorial Séneca: (México, 1939-1949), publicado en 1997, año en que la Comunidad de Madrid le dedicó un homenaje a Bergamín. Pudo volver al país en 1958, pero su decidida oposición al sistema político le costó persecución. Su solidaridad con los mineros de Asturias, provocando la creación del manifiesto llamado de los "Ciento un dálmatas", le obliga a irse en 1963 de nuevo al exilio. Volvió de nuevo en 1970. Vivió en Madrid durante muchos años y se mostró crítico y contrario al proceso de la transición política, tras la muerte de Franco. Con motivo de las primeras elecciones democráticas publicó en 1977 su manifiesto Error monarquía, un alegato contra la instauración monárquica. Durante varios años escribió artículo en la revista Sábado Gráfico .

En 1982, en los últimos días de su vida, vino a vivir a San Sebastián, "cansado de ser español", por desilusión con la Transición y sus derivaciones ("el franquismo sin Franco"), participando en actos políticos a favor de la coalición Herri Batasuna. Publicó durante un tiempo artículos en "Punto y Hora" y en el periódico Egin, por alguno de los cuales (firmado como J. Abiraneta, aparecido el 19 de octubre de 1982) fue procesado, pleito que quedó en suspensión a su muerte acaecida el 28 de agosto de 1983. Fue enterrado en el cementerio de Hondarribia. El País Vasco vivía en aquellos días el drama de las inundaciones. Aunque estaba incomunicado, a su entierro acudieron muchos amigos de toda España, entre otros, Jaime Salinas, entonces un alto cargo en el Ministerio de Cultura. Bergamín tuvo siempre un gran afecto por su padre, el poeta Pedro Salinas y, cuando le otorgaron el premio Menéndez Pelayo de la Universidad Internacional Menéndez Pelayo de Santander, aceptó recibir tal honor "porque esta Universidad la fundó mi amigo el republicano Salinas", en el periodo de la Segunda República.

La obra de Bergamín ha seguido ocupando un puesto en la vida cultural. La reedición de sus obras -fundamentalmente, por la editorial Turner y Pre-Textos- han permitido sostener en las dos últimas décadas la memoria de una obra, que merece constantes ensayos y estudios, como los de Nigel Dennis, Gonzalo Santonja o Gonzalo Penalva. Santonja ha realizado también para la editorial guipuzcoana Hiru una antología de sus textos más incisivos, Cristal del tiempo. En 1989, Pilar Lorenzo publicó el libro José Bergamín para niños. Libros como Aforismo de la cabeza pensante, El arte de Birlibirloque o La música callada del toreo, se siguen reeditando, junto con su poesía. "Revista de Occidente" le ha dedicó (1995) un monográfico a la obra de este poeta y pensador, a quien interesó de por vida el aforismo, la paradoja, el saber popular y el toreo. Dedicó a éste algunas de sus páginas más conspicuas, y procuraba atraer hacia el arte del torero Paula (para quien escribió un libro) a quienes no conocían, o denostaban el mismo. "El toreo -escribió Bergamín- es un doble ejercicio físico metafísico de integración espiritual en el que se valora el significado de lo humano heroicamente o puramente: en cuerpo y alma, aparentemente inmortal".

La poesía completa de Bergamín se halla recogida en un conjunto de libros: Sonetos, rimas, Del otoño y los mirlos, Apartada orilla, Velado desvelo, Esperando la mano de nieve, Canto rodado y Hora última.