Concepto

Batalla de Roncesvalles

Magnitud de la batalla. El primer testimonio, el de los nuevos Annales Regii, testifica que el ataque vasco recayó sobre la retaguardia «poniendo en gran desorden a todo el ejército»: ...totum exercitum magno tumulto perturbant. Se vio, pues, involucrado todo el ejército y sumido en un gran desorden. Dice también que murieron la mayor parte de los áulicos a los que el rey había dado el mando de los cuerpos del ejército: ...plerique aulicorum, quos rex copiis praefecerat, interfecti sunt. La magnitud del desastre fue tal que nubló el corazón de Carlos: cuius vulneris acceptio dolor magnam partem rerum feliciter in Hispania gestarum in corde regis obnubilavit. Veinte años más tarde, Eginhard nos aclara que el ataque se lanzó sobre la retaguardia y sobre las tropas que cubrían la marcha del grueso del ejército: ...extremam impedimentorum partem et eos qui, novissimi agminis incedentes subsidio, praecedentes tuebantur. Nos dice también que los arrojaron contra el fondo del valle y que se trabó el combate aniquilándolos hasta el último: desuper incursantes in subjectam vallem deiciunt, consertoque cum eis proelio usque ad unum ommes interficiunt ac... Entiéndase bien; se trabó el combate entre guerreros, ágiles y armados ligeramente, y los guerreros francos, dotados de armas pesadas. Fue una gran batalla porque sucumbió una buena parte del magno ejército: in quo proelio... El Astrónomo, que escribía sesenta años más tarde, también habla del desastre de Carlos a mano de los vascos. En el poeta Saxon, todavía persiste la verdad histórica escueta, pero ya se deriva en cierto modo a querer convertir a aquellos guerreros dotados de armas ligeras, ágiles y decididos, en abominable horda de ladrones: ...latronum turba nefanda. Cuida de decir que el rey iba adelante y que sólo quedaba la retaguardia, contradiciéndose con los anteriores testimonios que nos hablan de todo el ejército implicado en la batalla. Es por esto, sin duda, que el historiador R. Fawtier no vacila en decir: «Charles avait été battu lui-même et ce sera sa seule défaite personnelle... Le 15 août 778 il était là, et il a do fuir et, qui sait? peut-être a-t-on dû se faire tuer pour assurer sa fuite...» (R. Fawtier, La Chanson de Roland, pp. 176-177). Leyendo los anales oficiosos se entrevé y se adivina lo que callan, la retirada de Carlos y quién sabe, como dice Fawtier, su huida. Las fuentes oficiales jamás hubieran consignado tamaña afrenta al honor francés. El escenario natural se prestaba a una hábil utilización militar según la táctica de las emboscadas guerrilleras. El mando que la concibió, además de saber sacar el máximo partido a la configuración del terreno y a sus boscajes, supo combinar la emboscada guerrillera y la lucha cuerpo a cuerpo en un combate en toda la regla. Por el poeta Saxon se sabe que las emboscadas y acometidas pudieron ser varias y, por su éxito contra tan potente ejército, coordinadas genialmente. ¿Quién planeó y dirigió la batalla? ¿Ximeno el Fuerte? ¿Eneko? Las fases de la acción fueron éstas: 1. Convocatoria de milicias locales (valles y ciudades). 2. Concentración en Roncesvalles. 3. Disposición de las emboscadas. 4. Espera. 5. Introducción del ejército franco en el camino entre Roncesvalles y Lepoeder. 6. Ataque con armas arrojadizas desde las cumbres y laderas. 7. Arrojo contra el fondo del valle. 8. Combate y matanza. 9. Apropiación del botín. Noche. 10. Dispersión. Por la magnitud del resultado y por la claridad de los testimonios, escritos, además, por cronistas francos, es ridículo querer tratar el desastre de Roncesvalles como una «escaramuza» encumbrada por la leyenda. Esos testimonios, concisos y dramáticos, son muy anteriores, en dos siglos por lo menos, a la aparición de la «Chanson de Roland». Desde luego, la operación maestra consistió en dividir el ejército franco en dos, acumulando el ataque sobre la retaguardia y tropas de cobertura del resto de la armada. De este modo pudo caer en la trampa una gran parte del ejército mientras se imposibilitaba a la vanguardia a acudir en socorro sin riesgo inminente de introducirse en la misma, la hondanada del valle cubierta de selvas de hayas. La muerte de los jefes de casi todos los cuerpos de ejército es un exponente de lo ocurrido. El ejército franco llevaba en su seno contingentes de aquitanos pero no de vascones recientemente conquistados entre el Garona y los Pirineos. Es preciso situarnos en el s. VIII para percatarnos de lo difícil que sería a Carlos obtener una información de lo que en realidad se tramaba entre los vascos. Sus agentes deberían conocer en primer lugar la lengua vasca entonces masivamente hablada. Ante sí tenía un mundo cerradamente monolingüe y de difícil espionaje. Indudablemente que Carlos tuvo autoridades propias en las ciudades norteñas pero de vida e influencia precaria. El interior del país no dejaba de ser siempre un enigma. Cuando Carlos arrasa los muros de Pamplona nos dicen los Annales Regii y los Mettenses que lo hace para evitar la rebelión de los vascones y navarros. Se refiere a todos aquellos vascos afianzados y al amparo de Pamplona como plaza fuerte y centro de insidia. No se pierda de vista que Pamplona es una porción de una Vasconia que no termina sino en el Garona. La lengua se constituye en un obstáculo informativo nada desdeñable. De otra parte, las malas comunicaciones y caminos y la extensísima ruralidad montañesa. Carlos destruye Pamplona pero la emboscada de Roncesvalles ha sido minuciosamente preparada. El Emperador ha debido saber algo pero no sabe a ciencia cierta qué. Quizá lo reduce a ilidad y dificultades de aprovisionamientos. Mal informado, se limita a castigar a los vascones destruyendo su ciudad pero no toma medidas preventivas ante una posible emboscada que no ha previsto como lo hiciera años más tarde, en 812, Ludovico Pío. Estas precauciones prueban que entre los francos vivía fresco el recuerdo del desastre de Roncesvalles. Quizá los aquitanos, los llamados a informar al Emperador, callaron y dejaron hacer. Quizá hubo incluso defección e información en favor de los vascones.