Medicina

Areilza Arregui, Enrique

Médico vizcaino nacido en Bilbao el 6 de febrero de 1860. Fallecido en la misma ciudad el 14 de junio de 1926.

Personalidad determinante en el desarrollo de la medicina vasca, su labor fue fundamental en el avance de la cirugía, la clínica, y de la medicina preventiva y social.

Nacido en la calle de San Francisco, era hijo de Julián de Areilza, veterinario y propietario de una ferrería, de familia carlista, y de Ramona de Arregui, mujer de religiosidad severa, que dirigiría en la II Guerra carlista (1872-1876) un núcleo de información y espionaje entre el Bilbao sitiado y el cuartel general de Carlos VII, que la asediaba.

La muerte prematura de su padre (1867) puso a la familia en dificultades económicas, paliadas por la intervención de su tío Miguel de Areilza, hombre de posición y que llegaría a ser mariscal de campo del Ejército carlista, quien se hizo cargo de la formación de sus sobrinos.

Cursa la carrera en la Universidad de Valladolid entre 1876 y 1879. Marcha luego a París, donde realiza estancias clínicas con Polaillon y Goselin en los hospitales de la Pitié y la Charité.

Su periodo parisino fue decisivo en la formación de un espíritu abierto, que ya había chocado con el integrismo materno, y agnóstico. También, en la amplitud y diversidad de sus intereses intelectuales. Se inició en las religiones orientales y en el hipnotismo, tomando contacto con la escuela de Charcot.

Regresa a Bilbao en 1880 tras doctorarse en Madrid con la tesis Valor de la cura de Lister en las heridas contusas. Gana la plaza de primer director de los hospitales mineros de Triano, en Gallarta y La Arboleda, tomando posesión del puesto en diciembre del mismo año 1880. Los hospitales se inauguran en el enero siguiente.

Aquí desarrollará su trabajo por espacio de dos décadas. Fruto de la labor en Triano fueron sus aportaciones a la cirugía para el tratamiento de facturas craneales y pélvicas, accidentes frecuentes entre los mineros, estudios que dio a la luz en 1887 y 1891. Fue asimismo uno de los pioneros en España de las trepanaciones craneales con técnicas modernas.

Al frente de su equipo logró controlar la alarmante mortalidad obrera, causada tanto por accidentes como por enfermedades epidémicas. Llevó así a cabo una labor decisiva por mejorar las condiciones alimentarias y de higiene de los mineros, alertando sobre el carácter social, más que médico, del problema: "Nuestros anhelos deben dirigirse a suprimir los trabajos intensivos y a aumentar los salarios".

En 1885, organizó en Vizcaya la campaña contra la epidemia general de cólera que hizo estragos entre la población minera.

Experimentó Areilza una "etapa fuerista". Se contó entre los organizadores del banquete homenaje a Sabino Arana en el txakoli (establecimientos rurales, de carácter popular, de degustación de este vino) de Larrazabal el 3 de junio de 1893, acto considerado fundacional del nacionalismo.

En marzo de 1894 -en carta a Pedro Jiménez Ilundáin, uno de sus más íntimos amigos- desde Viena, tras llegarle las noticias de la "Gamazada" y referirse al nacionalismo húngaro, dice: "Los bohemios a su vez están ahora despertando. Al ver esta resurrección de razas después de haber sufrido el despotismo centralizador crea usted que me dieron ganas de entonar el "Guernicaco" en la Plaza Mayor de Praga y gritar ¡viva Euskaria! y ¡abajo el centralismo!.

El fuerismo del liberal Areilza tenía un carácter más nostálgico que nacionalista y era, como el del Unamuno de esta época, de acusados tintes republicanos y federalistas.

Arana, en carta a Aranzadi y refiriéndose a la aparición de su Bizkaya por su independencia, señala: "aquí fue el primer llamamiento que me hicieron los fueristas ateos, y la primera vez que fracasaron sus intentos". Y, en carta posterior: "comunicáronme mis amigos que había gustado tanto (el libro) a ciertos elementos, que pensaban obsequiarme con un banquete. Estos elementos eran: cabezas y X (Dr. Areilza) médico afamado, ateo que no tiene reparo en declarar sus ideas."

Esta Vizcaya finisecular de la industrialización y la inmigración, caldos de cultivo del socialismo y del nacionalismo, y las décadas posteriores que estos movimientos y sus interrelaciones determinaron, fueron el escenario de la vida de Areilza.

Areilza, junto con el pintor Ignacio Zuloaga, presidió una de las tertulias intelectuales más avanzadas de Bilbao, foco de ateísmo confesional.

A principios de siglo llega Miguel de Unamuno, desde Salamanca, para pasar sus vacaciones y establece contacto con ésta y otras tertulias liberales como la del Lyon d'Or, a la que también pertenecía Areilza, retomando con éste una gran amistad que venía de la época escolar.

Ingresa en círculo ateo de los Basterra, Eguilor, Sánchez Mazas, Mourlane, Jiménez Ilundáin y Areilza. para constituirse en la excepción. Unamuno es un creyente dado a la polémica y el choque con Areilza fue tal que casi llegó a zozobrar su fuerte y sincera amistad. Con el tiempo sus actitudes religiosas, ya divergentes, tomaron caminos extremos: Unamuno, hacia una mística de la condición humana y carnal y Areilza hacia un ateísmo positivista.

Entre 1898-1899 presidió la Academia de Ciencias Médicas de Bilbao, con la que colaboraba activamente desde su creación en 1895. El mismo 1898 abre consultorio en la Villa. El prestigio del que ya gozaba por su ciencia médica y su desinterés, que le granjearía enorme fama entre la clase obrera, hacen que su consulta se vea desbordada. Inaugura así en 1900 una clínica privada con el nombre de "Sanatorio Bilbaino".

Al filo del cambio de siglo, el gran escritor republicano valenciano Vicente Blasco Ibáñez viajó a Bilbao en busca de datos del ambiente obrero. De sus visitas a Triano y del trato con su director, nació el Doctor Luis Aresti, trasunto de Areilza y protagonista de su novela El Intruso (1904), ambientada en las tensiones sociales y políticas del Gran Bilbao.

En 1904 fue nombrado jefe de sala de Medicina Interna del Hospital Civil de Bilbao, situado en Atxuri. Un mes más tarde hubo de renunciar por incompatibilidad con la dirección de Triano. El Hospital Civil será uno de los más importantes aspectos de su vida profesional, catorce años más tarde y en su nuevo emplazamiento de Basurto.

En 1905 casa con Emilia Martínez Rodas Arana, hija única de Francisco Martínez Rodas, diputado e importante naviero oscense establecido en Vizcaya en la última guerra.

Su trabajo en Triano le había enfrentado desde el comienzo de su actividad profesional al grave problema de la tuberculosis en Vizcaya, en especial la infantil.

En 1909 consiguió de la Diputación la aprobación de un proyecto para la construcción de un preventorio antituberculoso infantil. Para ello, elaboró junto a los doctores Luis Larrínaga -su discípulo en el servicio de cirugía de Triano y quien sería su más estrecho colaborador en la puesta en marcha del nuevo sanatorio y el primer director del mismo- y Felipe Llano, una memoria que sirvió a este último, diputado provincial, para presentar la moción en junio de aquel año.

Encabezando una comisión de médicos, entre ellos Larrínaga, visitó los más importantes centros europeos de este género. Asimismo, tras visitar todas las playas vizcainas, se decidió su ubicación en Górliz. Los planos, debidos al arquitecto provincial Mario Camiña, fueron aprobados en 1910. El proyecto fue premiado en la "Esposicione Internazionale d'Igiene Sociale" celebrada en Roma en 1912. Nació así el Sanatorio Marino y Helioterápico de Górliz, construido e inaugurado en junio de 1919. En 1921 Areilza publicó en Bilbao una memoria sobre El Sanatorio de Górliz.

Presidió la primera Junta del Colegio Médico de Vizcaya, fundado en 1917 y que tuvo sus antecedentes en el Colegio Médico Farmacéutico del Nervión (1895). Areilza se encargó de la redacción del reglamento de la institución. Una de las primeras labores desarrolladas por ésta fue, a petición del Ayuntamiento bilbaino, elaborar un estudio de las consecuencias de la epidemia gripal de 1918 en la población.

En 1918 accede a la dirección facultativa del Hospital Civil, ya ubicado en Basurto, que ocuparía hasta su muerte. Comenzó su labor reformando el Cuarto de Socorro, implantando normas de asepsia de las que carecía, y organizando turnos de médicos y practicantes. Instauró asimismo los servicios de Anatomía Patológica y de Obstetricia y Ginecología.

Convocó un concurso para crear un Cuerpo de Médicos Internos. Incorpora así a la labor hospitalaria, la clínica -pionera en Vizcaya- poniendo en marcha una labor docente de formación de especialistas. Pone su biblioteca a disposición de los internos.

El problema de la falta de estudios de Medicina en Vizcaya, que obligaba secularmente a los estudiantes a marchar fuera, especialmente a las universidades de Valladolid y Zaragoza, se había agudizado, al igual que el de la sanidad pública, con la industrialización.

A este primer y decisivo paso por establecer estudios médicos superiores que supuso la labor de Areilza en Basurto -al igual que la que llevó a cabo en el aspecto asistencial y de prevención en Triano y Górliz- le siguió su intento de creación de una Facultad de Medicina. Chocó con la dictadura de Primo de Rivera: una Real Orden de 1924 denegó su petición alegando no era necesario "crear una Universidad más".

También intervino en un importante proyecto asistencial, auspiciado por Indalecio Prieto, para paliar el elevado número de lisiados por accidentes laborales. El diputado socialista, quien había apoyado a Areilza en otros proyectos como el de Gorliz, propuso la creación de una escuela-taller para reinsertar laboralmente a los obreros incapacitados, como los que existían en Europa y Estados Unidos.

La Diputación encargó a Areilza un proyecto, para lo cual dirigió un viaje de estudio por el Continente con el fin de recoger las técnicas más avanzadas. Se puso así en marcha en 1926 la "Escuela de lisiados y tullidos".

Muere Areilza en Bilbao, tras una rápida enfermedad, el 14 de junio de 1926. Del prestigio y respeto de que gozaba dan fe los variados artículos necrológicos de firmas y medios de muy diversa ideología. Así, el de Ramiro de Maeztu en "El Sol", el de Prieto en "El Liberal", Manuel de La Sota en "Excelsior" o los de Juan de La Cruz y José Félix de Lequerica en "El Pueblo Vasco".

Unamuno, en carta a Somonte y a Zugazagoitia fechada al día siguiente del fallecimiento, dice: "comprenderán ustedes el efecto que me ha producido la noticia del fin de Areilza. Fue bueno, y esto basta. Nos unió desde que nos conocimos una íntima hermandad de inquietud y de preocupación. Nos juntamos y animamos a la sombra del mismo misterio".

El mismo año 1926 se levantó un monumento a su memoria, obra de Moisés Huerta, frente al sanatorio de Górliz. Dos años más tarde se inauguró un busto, debido al mismo escultor, en los jardines del Hospital Civil, frente al pabellón que lleva su nombre. Una importante arteria del Ensanche bilbaino lleva el nombre de "Alameda del Doctor Areilza". Asimismo, el Museo de Bellas Artes conserva un magnífico retrato suyo, obra de Manuel Losada. En 1929 la Junta del Hospital Civil acordó la formación de una Biblioteca para consulta del cuerpo facultativo. Su viuda donó la biblioteca médica del doctor Areilza a la institución.

Fue Areilza persona de talante abierto, culto y políglota, de focos de interés intelectuales muy amplios y actitudes próximas a los Noventayochistas (movimiento intelectual español surgido en torno a 1898).

Vivió las inquietudes culturales y sociales de su tiempo, manteniendo siempre su independencia y libertad intelectual. Así, en 1923, al producirse la Dictadura de Primo, rechazaría la alcaldía de Portugalete.

Su palabra, según Maeztu, "era dictamen no sólo en Medicina, sino en negocios y política". Ingenioso y mordaz, era un espectador lúcido de su medio: "El desahogo bilbaino es el lujo en vestir con elegancia a los niños y gastar dinero en las elecciones".

Testimonio fundamental para conocer a Areilza y el Bilbao de su tiempo es el Epistolario que en 1964 (Ediciones de la Librería Arturo, Bilbao) editó su hijo José María de Areilza. En él recoge la correspondencia con Jiménez Ilundáin y con Telesforo de Aranzadi; de las cartas de este último había sido depositario Justo Gárate.

No obstante su talla internacional, se mantuvo siempre en Bilbao dedicado al progreso médico y sanitario de la sociedad en la que vivía. A su muerte, Salaberría diría que Areilza "se había sacrificado a los dioses severos de la Villa".

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