Kontzeptua

La conquista de Navarra

La conquista de Navarra fue el resultado de un largo y complejo proceso acaecido entre 1512 y 1529 y jalonado de campañas militares, negociaciones diplomáticas, represión política y cambios institucionales. En el contexto de la rivalidad franco-española por la hegemonía europea y con el trasfondo de la fractura abierta por la guerra civil entre agramonteses y beamonteses, Navarra no sólo dejó de ser un estado independiente sino también una única entidad política. La parte peninsular o Alta Navarra pasaría a formar parte de la monarquía española (1515) y la norpirenaica o Baja Navarra de la francesa (1620), aunque manteniendo en ambos casos el estatus de reino.

A finales de 1511, estalló la guerra entre Francia y la Santa Liga liderada por Fernando de Aragón. Los ejércitos español e inglés se disponían a invadir Guyena cuando el 17 de julio de 1512, los Reyes de Navarra, Juan III de Labrit (Albret) y Catalina I de Foix, firmaron una alianza defensiva con Francia que comprometía su neutralidad. Cuatro días más tarde un ejército español invadió Navarra desde Álava y, tras vencer débiles resistencias, llegó hasta Pamplona, que capituló el 25 de julio. A la espera de la ayuda francesa, los navarros trataron de resistir entorno a Lumbier, pero la aplastante superioridad militar les obligó a aceptar la Tregua de Pamplona (29 de julio) por la que Juan III debía abandonar Navarra y dejar temporalmente el reino en manos del rey de España.

En agosto y septiembre fueron capitulando las principales plazas de la Zona Media y un ejército aragonés sometió las de la Ribera Tudelana. En virtud de una bula papal que excomulgaba a los reyes de Navarra, Fernando de Aragón pasó a titularse Rey de Navarra. Paralelamente, el ejército español ocupó Baja Navarra, pero, abandonado por los ingleses, quedó en inferioridad ante el ejército franco-navarro. Éste inició a principios de octubre una contraofensiva apoyada por la sublevación interior, pero ésta sólo triunfó en Estella y algunos castillos de la Zona Media. Juan III penetró con sus tropas por el valle de Salazar mientras que otros dos cuerpos de ejército avanzaron por Baja Navarra y Gipuzkoa. Los españoles consiguieron refugiarse en Pamplona, ciudad a la que los franco-navarros impusieron un férreo sitio. El fracaso de los intentos de asalto, el desabastecimiento e indisciplina de las tropas y la amenaza del invierno y del ejército español de socorro obligaron a levantar el cerco (30 de noviembre) y a replegarse al norte de los Pirineos.

La tregua franco-española firmada a principios de 1513 impidió a Juan III proseguir la guerra. Una nueva bula papal confirmó su excomunión y la privación de sus estados. El 23 de marzo, tras comprometerse a respetar el estatus político del reino, Fernando de Aragón fue jurado como Rey por las Cortes de Navarra, integradas casi exclusivamente por beamonteses. En junio se completaba la conquista con la toma de Amaiur y el sometimiento de Baja Navarra.

Aprovechando el aislamiento internacional de los monarcas navarros, España consolidó su conquista mediante un ejército de ocupación, un nuevo sistema defensivo y la depuración de las instituciones navarras. Para el gobierno político-militar se designó a un virrey y para el judicial a un regente que presidiría un Real Consejo. Paralelamente, trató de atraerse a las élites navarras mediante el respeto a las instituciones, el premio a sus partidarios, el castigo de los disidentes y la promulgación de una amplia amnistía. No obstante, las Cortes navarras denunciaron repetidamente contrafueros, como la designación de extranjeros para los cargos del reino.

La renovación de la alianza franco-navarra (23 de Marzo de 1515) rompió el aislamiento de los monarcas navarros, pero el posterior tratado entre Francisco I y el futuro Carlos I impuso el plazo de un año para una solución amistosa. Sin embargo, Fernando de Aragón incorporó Navarra a Castilla (11 de julio de 1515) y a su muerte se produjo un nuevo intento independentista protagonizado por ambas parcialidades navarras. A principios de febrero de 1516 los beamonteses se hicieron con el control de Pamplona y los agramonteses levantaron Olite, Tafalla y Sangüesa. La rápida reacción española permitió someter esas localidades y evitar que confluyeran en Roncesvalles las columnas de Juan III y el Mariscal de Navarra. Éste fue capturado en Isaba (25 de marzo de 1516) y Saint-Jean-Pied-de-Port fue recuperado por los españoles cinco días más tarde.

La represión del legitimismo se encomendó a un nuevo virrey, el duque de Nájera, cuñado del cabecilla beamontés, conde de Lerín. El Mariscal y los capitanes capturados fueron conducidos a Atienza (Guadalajara) y, para evitar futuras sublevaciones, los castillos y villas navarras no incluidas en el nuevo sistema defensivo fueron derruidos.

Tras la muerte de los Reyes de Navarra, los derechos dinásticos recayeron en su primogénito, el príncipe Enrique II. El 13 de agosto de 1516, el tratado franco-español de Noyón abrió nuevamente la vía diplomática al comprometerse Carlos I a restituir el reino una vez asentada su autoridad en España. Paralelamente, en Navarra el despótico gobierno del virrey indignó a los agramonteses y soliviantó a la mayoría de los beamonteses, muchos de los cuales se alinearon con el legitimismo.

A partir de 1518, el incumplimiento por Carlos I de sus compromisos diplomáticos, la lucha franco-española por la dignidad imperial y la rebelión comunera pusieron el conflicto nuevamente en la vía militar. La guerra civil castellana obligó a sacar de Navarra a la mayoría del ejército de ocupación.

El 9 de mayo el Señor de Lesparre (Asparrots) entró en Navarra al frente de un ejército francés y, gracias al levantamiento del reino, su avance se convirtió en un paseo militar. El 17 de mayo, Pamplona sublevó, obligando a la guarnición castellana a refugiarse en el castillo. Las milicias navarras derrotaron en Yesa y Obanos a las guarniciones españolas en retirada. El 19 de mayo Pamplona y otras localidades juraron a Enrique II en Villava/Atarrabia y seis días más tarde se rindió el castillo de la capital.

Durante la última semana de mayo, tras el levantamiento de Tafalla y Estella y la adhesión de Tudela, el ejército francés culminó la recuperación del reino. Tras saquear Los Arcos, entonces un enclave castellano, a principios de junio Lesparre sitió Logroño para reavivar la rebelión comunera. Pero la enérgica contraofensiva castellana, los problemas de abastecimiento y la indisciplina de sus tropas le obligaron a volver a Navarra (11 de junio).

Por otro lado, comenzó a restablecerse la Administración navarra y Enrique II solicitó a sus señoríos norpirenaicos dinero y tropas para acudir a Pamplona y defender el reino recuperado.

Consciente de su inferioridad militar, Lesparre dejó Viana el 19 de junio. Tras descender hacia la Ribera y remontar el río Arga, se hizo fuerte en el paso hacia Pamplona. Con el fin de encerrarse en la ciudad a la espera de un ejército de socorro, ordenó el reclutamiento de 4.000 navarros y el abastecimiento de la capital. Por su parte, las milicias navarras rechazaron los ataques contra Estella y Pamplona. El ejército español, que había cruzado el Ebro el 21 de junio, se dirigió hacia Pamplona por el bajo valle del Ega. Estella se rindió el día 28 de junio y dos días más tarde los españoles flanquearon las posiciones franco-navarras por el alto de Erreniega cortando a Lesparré la retirada hacia la capital. El general, sin esperar a los refuerzos navarros en camino, atacó a los españoles en Noáin (30 de junio de 1521) pero, muy inferior en tropas, fue derrotado y él mismo capturado. El resto del ejército franco-navarro se replegó hacia Baja Navarra, pero no pudo evitar que la vanguardia del ejército español dirigida por el Conde de Lerín tomara Saint-Jean-Pied-de-Port y destruyera esa fortaleza y la de El Peñón.

A finales de septiembre un ejército franco-navarro inició el contraataque. El nuevo virrey español, el Conde de Miranda, se hizo fuerte en Pamplona. Aunque Pedro de Navarra levantó los valles pirenaicos y el propio Enrique II acudió con sus tropas, la ofensiva se dirigió hacia Gipuzkoa, tomando las fortalezas de Amaiur, Irun Irantzu y finalmente Hondarribia (18 de octubre). La falta de dinero y las grandes lluvias pospusieron las operaciones militares hasta la primavera de 1522.

Tras establecer un mini-estado legitimista en la Navarra cantábrica y fracasar en las tomas de Orreaga-Roncesvalles, Doneztebe-Santesteban y San Marcial, los franco-navarros no pudieron impedir que el ejército hispano-beamontés tomara y destruyera el castillo de Amaiur (19 de julio de 1522). La subsiguiente represión política y el exilio o muerte de sus principales líderes -en especial, el Mariscal de Navarra- minaron al legitimismo navarro.

El 23 de agosto de 1523, los Estados de Navarra (en realidad, de la Baja Navarra) reunidos en Saint Palais juraron a Enrique II, quien poco después renovó su alianza con Francisco I. En la Alta Navarra las Cortes, ante los continuos contrafueros, se rebelaron contra los intentos del emperador de reforzar su poder. En octubre, Carlos V llegó a Pamplona para organizar la invasión de Francia y exigió a Enrique II paso libre por sus dominios. Tras la negativa del navarro, en noviembre de 1523, un ejército español culminó la ocupación de Baja Navarra y atacó Bearne.

El recrudecimiento del invierno obligó a los españoles a abandonar nuevamente Baja Navarra a principios de 1524. Decidido a recuperar Hondarribia, Carlos V aceptó la negociación con Pedro de Navarra, que comandaba la guarnición franco-navarra de la villa y, a cambio de su entrega, concedió una amplia amnistía, el Perdón de Hondarribia (19 de febrero).

El conflicto navarro dio un nuevo giro en febrero de 1525 con la captura en la batalla de Pavía de los reyes de Francia y de Navarra. Poco después, el gobierno español de Navarra sufrió un vacío de poder, durante el que el Real Consejo emprendió una campaña antibrujeril y reocupó pacíficamente la Baja Navarra (15 de septiembre de 1525). Francisco I fue obligado a abandonar la causa Navarra, pero Enrique II consiguió escapar de Pavía (13 de diciembre) y confirmó la alianza franco-navarra casándose con la hermana del monarca francés.

En octubre de 1527, el Rey de Navarra expulsó a las tropas españolas de Baja Navarra e instauró una estructura política a imagen de la Alta Navarra, que en adelante se denominará Royaume de Navarre. La Paz de las Damas dos años después marcó el final del enfrentamiento militar, aunque la "cuestión navarra" siguió presente en las relaciones internacionales europeas durante todo el siglo.

  • ADOT LERGA, Álvaro. Juan de Albret y Catalina de Foix o le defensa del Estado navarro (1483-1517). Pamplona/Iruña: Pamiela, 2005.
  • BOISSONNADE, Prosper. Historia de la incorporación de Navarra a Castilla. Pamplona: Gobierno de Navarra, 2005.
  • ESARTE MUNIAIN, Pedro. Navarra, 1512-1530. Conquista, ocupación y sometimiento militar, civil y eclesiástico. Pamplona/Iruña: Pamiela, 2001.
  • HUICI GOÑI, Maria Puy. En torno a la Conquista de Navarra. Torres de Elorz: la autora, 1993.
  • MONTEANO SORBET, Peio Joseba. La Guerra de Navarra (1512-1529). Crónica de la conquista española. Pamplona/Iruña: Pamiela, 2010.
  • NAVASCUÉS ALARCÓN, Pedro (a) Miguel de Orreaga. Amaiur, los últimos navarros. Tafalla: Txalaparta, 2008.
  • OSTOLAZA ELIZONDO, Isabel; PANIZO SANTOS, Juan Ignacio y BERZAL TEJERO, Maria Jesús, Fernando el Católico y la empresa de Navarra (1512-1516). Pamplona: Gobierno de Navarra, 2011.