Lexique

UTILLAJE


Consideraciones generales. El sustantivo utensilio engloba a todas las herramientas o instrumentos de un oficio, una práctica o un arte. Al conjunto de los necesarios para una industria concreta denominamos utillaje, término derivado del francés «outillage» y «outil», provenientes a su vez del latín «utensilia». En euskera el vocablo «tresnak» sirve para designar tanto los utensilios domésticos y trebejos, como los útiles de oficios (aunque también está muy generalizado el término «herramientak»). Telesforo Aranzadi escribió que «el hombre es el animal que emplea útiles», afirmación que parece pasar por alto el hecho que ciertas especies animales se sirven igualmente de elementos naturales. Lo que distingue al humano es más bien su capacidad para fabricar útiles, siendo además la primera y primordial manifestación inteligente de nuestra especie. Podemos fácilmente suponer que, a semejanza de los irracionales, las primeras manipulaciones tendrían como fin la obtención de alimentos sirviéndose de ramas o piedras tal y como se hallaban en el hábitat. Más adelante el antropoide primitivo elegiría con criterios de eficacia determinados elementos defensivos contra las amenazas de depredadores o congéneres. El tercer y tal vez definitivo paso, fue la preparación de útiles con distintas características. En esta progresión, pasó, así, de emplear el útil «en bruto», a alterarlo para funciones concretas, con la incorporación del pulimento y talla, cuya evolución marcará los períodos de la prehistoria. La huella humana más antigua en el País Vasco se remonta al Paleolítico Inferior, hacia el 150.000 A.C. De entonces se conservan algunas piezas aisladas de sílex y de cuarcita, destacando el hacha de mano bifaz. Entre el año 100.000 y el 34.000 antes de nuestra Era se desarrolla el llamado Paleolítico Medio y la cultura Musteriense. Crece la población y también el número y calidad de los útiles: además de pedernal y cuarcita, los hay también de arenisca, diversas piedras volcánicas e incluso calizas. Durante el Paleolítico Superior el Homo Sapiens Sapiens, nuestro directo antepasado, consigue una mayor destreza en la confección de elementos de piedra, al tiempo que surge toda una industria del hueso. La diversificación se manifiesta en la confección de útiles para curtir, coser, unir, raspar, cortar, perforar...; para la caza y la pesca, como arpones, anzuelos, puntas de flecha...; o decorativos con piedras perforadas, cuentas de collar, etc. El Neolítico, que arraiga en el País Vasco hacia el 3.500 A.C., se caracteriza por los grandes cambios culturales: se pasa de la depredación pura, a la explotación agrícola y ganadera, nacen las artes cerámicas, pero continúa el perfeccionamiento del trabajo en piedra. De forma evolutiva hacia el II milenio A.C. (en fecha difícil de precisar para el conjunto de la tierra vasca), entramos en la llamada Edad del Bronce, a la que sigue la del Hierro en el I milenio A.C.; períodos en que aparecen ambos metales y con ellos los útiles de dichos materiales, en sustitución de los instrumentos pétreos. En las excavaciones de los poblados de aquellas épocas, se han hallado piezas metálicas para atavíos (hebillas, fíbulas, broches...), y armas (puntas, hachas, espadas). Sin embargo, la lengua vasca atestigua la larga pervivencia de la piedra en la confección de los útiles tradicionales. Con el prefijo «aitz» (piedra) se forman los sustantivos «aizkora» (hacha), «aiztxurra», «aitxur» o «aitzur» (azada), «aietz» (machete), etc. Asimismo los útiles domésticos no abandonarán del todo la madera y el barro: ya que de madera eran los platos y cucharas, y de metal sólo algún cuchillo y un par de pucheros. La alfarería sigue aplicándose a la confección de escudillas, jarras, vasos, y otros elementos como candeleros, escurridores o contrapesos de los primitivos telares entre otros. También la madera siguió siendo materia prima fundamental para el utillaje de ciertos oficios. De madera eran los arados (de hierro sólo la reja), los lagares incluido el tornillo sinfín, los mayales, amén de yugos, kaikus, medidas de capacidad, argizaolas y demás. Aún hoy, muchos de nuestros trebejos de cocina se hacen con madera y barro. Por tradición y economía, el trabajo de la madera ha pervivido en Euskal Herria a través de tallistas y artesanos que, con la maestría acumulada durante siglos, la han convertido en elemento característico de la cultura popular y productiva vasca. Ver ARTESANIA. En el plano antropológico, conviene saber que ciertos útiles tuvieron entre nosotros una doble función material y espiritual. Es el caso del hacha que, según constata José Miguel de Barandiarán, entre los vascos se consideraba elemento mágico y protector, formando parte importante del ajuar funerario durante el Neolítico. Más cerca de nuestros días, hallamos abundantes testimonios del empleo de hachas para la defensa del hogar contra las tormentas en las comunidades rurales. El metal se generaliza desde el final del primer milenio con la aplicación de la energía hidráulica a las ferrerías mayores (de obtención) y menores (de confección de útiles). La profusión de ferrerías y la calidad de sus producciones, hicieron del País Vasco una de las principales regiones exportadoras de hierro y derivados hacia Europa. Ver FERRERIA, HIERRO. Con el perfeccionamiento de la tecnología metalúrgica, los menestrales medievales crean nuevos utillajes que beneficiarán el trabajo de los gremios. En ocasiones los propios carpinteros, zapateros, canteros, sastres, pastores, pescadores, campesinos o transportistas confeccionan o adaptan sus útiles, pero más comúnmente son los herreros los encargados de esta labor. A diferencia de las exigencias productivas de la modernidad, que atienden a criterios esencialmente economicistas, durante siglos en la manufactura de útiles se priorizaba la calidad por encima de la cantidad. Así, a la progresiva complejización de los útiles durante la gran explosión gremialista, se opone desde la Edad Moderna el maquinismo y la seriación.