Lexique

ROMANTICISMO

El primer romanticismo: la impronta alemana del grupo de Astarloa. Los años del primer tiempo romántico contemplan muy particularmente en Europa el peso paradigmático de un Romanticismo de cuño alemán, que se desplazará a Francia en el horizonte de 1830. Ese foco alemán tuvo en Jena y Berlín sus núcleos más destacados. Preparado por el Sturm und Drang, de la mano de Goethe, Schiller, Jacobi, Herder y otros, el Romanticismo alemán sentará las bases de un saber romántico que no ignora las aportaciones de un Rousseau respecto al puro racionalismo ilustrado. El redescubrimiento y exaltación de la Naturaleza, la búsqueda de la aprehensión total de lo concreto, que anima al pensar alemán, lleva a una visión antropológica fundamentada en la vinculación y dependencia existente entre el hombre y su contexto social e histórico. Sociedad, tradición e historia, en íntima relación, preceden al individuo concreto y resultan ineludibles para el conocimiento mismo del hombre. Son instancias de la realidad que, en términos de origen y finalidad, no pueden reducirse a la mera suma de intereses individuales. Como la Naturaleza, tienen vida propia, constituyen un organismo vivo. Cada pueblo, cada nación es una unidad orgánica con vida propia, cada pueblo está dotado de un espíritu peculiar: el Volksgeist. El espíritu de cada pueblo da vida a una cultura propia y peculiar. Lengua y derecho son las dos manifestaciones esenciales que permiten reconocer la existencia de un pueblo. La lengua expresa la sensibilidad de una nación, el derecho brota de su conciencia jurídico-política. Lengua y derecho no son un producto consciente del hombre, al contrario, obran de una forma inconsciente en el hombre. Cada pueblo, cada nación, por el hecho de estar constituida como tal, mantiene su derecho a la 'libertad'. La libertad garantiza el ejercicio de su misión colectiva en la historia, la respuesta, la fidelidad a su espíritu peculiar. Este primer romanticismo, de una significación y proyección esencialmente cultural, mucho antes que política, contó en Euskalerria con una vía de recepción privilegiada e inmediata, en el tránsito mismo de siglo, gracias a las estancias de W. Humboldt. Personalidad destacada de los núcleos de Jena y Berlín, e interesado por la peculiaridad vasca, Humboldt contactó en sus viajes al País Vasco con la élite intelectual local difundiendo, de modo particular, sus propias teorías lingüísticas y las ideas de su maestro Herder. Pablo Pedro Astarloa viene a ser la figura principal de ese círculo vasco, articulando alrededor suyo otros nombres como Juan Antonio Moguel, Juan Bautista Erro y Juan Antonio Zamacola. No es únicamente la huella alemana lo que confiere notas singulares a la obra del grupo, sino el hecho de que tan temprano influjo quede patente en una producción que responde a un contexto bien preciso: la reacción local a la ofensiva uniformadora ilustrada planteada por Godoy desde 1794-1796 contra el régimen foral vasco-navarro. Una ofensiva en la que se llegó a comprometer a la propia Real Academia de la Historia. Los volúmenes relativos a las Provincias Vascongadas y Navarra del Diccionario geográfico-histórico de la Real Academia de la Historia (1802) -los únicos del plan de la obra que llegaron a publicarse- y los tomos de Juan Antonio Llorente (1806-1808) y Tomás González (1829-1830) definen el marco intelectual de aquella presión contra el sistema foral. A la hora de la réplica, junto a Moguel, Astarloa (1803) y Erro (1807, 1815), acude también Aranguren y Sobrado (1807). Lengua y Derecho, en especial, se agolpan en las manifestaciones del, grupo. Las particulares circunstancias de movilización explican en parte, el carácter de esa producción. En 1821 Humboldt desautorizaba el método de Astarloa, pero los excesos más elocuentes se debieron a la mano de Erro, en quien es posible detectar asimismo actitudes contrarrevolucionarias, políticas e intelectuales: una cierta afinidad de pensamiento con el francés De Maistre -sin que pueda extenderse a la totalidad del grupo-, que viene a subrayar la todavía deficiente recepción del saber romántico por parte vasca, tanto por vías directas como indirectas (el pensamiento contrarrevolucionario francés, con independencia del grado en que influyera en el ámbito vasco, tiene en sí mismo poca relevancia como difusor dei primer romanticismo alemán). La Historia adquiere singular protagonismo en la obra de Zamacola (1818), enmarcada en esa misma polémica. Zamacola manifiesta asimismo el incipiente pluralismo político de los intelectuales vascos: su trabajo fue escrito en el exilio que motivó su apuesta afrancesada por José Bonaparte. Supo llevar la respuesta a Llorente -afrancesado como él a esas alturas- sin seguir paso a paso sus afirmaciones, escribiendo, por el contrario, la historia del País (Historia de las Naciones Bascas de una y otra parte del Pirineo Septentrional). Es en ese trabajo donde mayormente se refleja la impronta de Herder en Euskalerria. El propio Herder se había interesado por el mundo vasco. En Ideas para una filosofía de la historia (1784-1791) dejó constancia del conocimiento que tenía de los trabajos del guipuzcoano Larramendi así como de los autores más representativos del XVII: el navarro Moret o el vascofrancés Oihenart. En esa misma obra, Herder barruntaba la llegada de un Macpherson vasco que recompondría el genio nacional de los vascos. La producción de este grupo vasco ligado a Astarloa caería pronto en el olvido. Será reeditada en los inicios del tercer tiempo romántico y no es difícil encontrar su huella en las ideas, lingüísticas sobre todo, de Sabino Arana. Durante el segundo romanticismo, únicamente la obra de Zamacola tuvo cierta pervivencia: a raíz de la síntesis divulgativa que de la misma hiciera su hijo en el Semanario Pintoresco Español de Madrid al término de la primera guerra carlista; el sentimiento complaciente de la paz le empujaba a acercar al público las costumbres de las provincias vascongadas, «más desconocidas para los mismos peninsulares que las remotas regiones del polo» (A. Iza Zamácola y Villar, 1839).