A partir de 1898. El movimiento euskerista surgido entre los vascos surpirenaicos en el último decenio del siglo XIX nos regaló la preciosa novelita hagiográfica del insigne D. Domingo de Aguirre: Auñamendiko Lorea (La flor del Pirineo). Bilbao, 1898, alusiva a la extraordinaria sierva de Dios, Sta. Rictrudis (612-688). La devoción a S. Veremundo iba cundiendo en Navarra, y el P. Miguel de Soto Sandoval, O.S.B., publicó en Pamplona en 1899 la 3.ª edición de la vida del glorioso San Veremundo. En nuestro siglo, la literatura hagiográfica de asunto vasco ha seguido desarrollándose, y supera en cantidad y calidad a la de los anteriores. Se lleva la palma la concerniente a San Ignacio de Loyola, pero no escasean las de otros modelos de virtud cristiana. En 1902 sale la importante obra del P. Antonio Astrain, S. I., Historia de la Compañía de Jesús en la Asistencia de España. Tomo I, San Ignacio de Loyola, 1540-1556, 418 pp. en 8.8. Madrid. Rivadeneyra. En 1906 aparece la Vida del Mártir Vizcaíno Beato Valentín de Berrio-Ochoa, de la Orden de Predicadores, por el P. Manuel de M. Sainz, de la misma Orden. Vergara, Imprenta del Smo. Rosario. 330 pp. de 18 por 11,8. Un excelso poeta mexicano, Amado Nervo, publicó en Madrid, en 1910, una bella biografía de nuestra, por tantos títulos gloriosa, Sor Juana Inés de la Cruz, sin más rótulo que el de su genealogía vasca: Juana de Asbaje. En Barcelona, año 1915, publicó el P. Fr. Bernardino Izaguirre, O. M., un tomo de Biografías, entre las que figura (pp. 129-180) la del P. Fr. Pío Sarobe, de Astigarraga, Guipúzcoa, virtuosísimo misionero del valle de Jauja, Perú, muerto durante una misión cuaresmal en Huancayo, el 8 de marzo de 1910. Ignatius von Loyola. Por Funk. Berlín, 1913. Siguen una serie de ignacianas, ya generales, ya parciales: Studien zur Geschichte der Gesellschaft Iesu. I. Loyola. Von Heinrich Böhemer. Bonn. 1914; o sea: Estudios sobre la historia de la Compañía de Jesús. I. Loyola. Por Enrique Böhemer. San Ignacio de Loyola. Autobiografía. Por el P. J. M. March. Barcelona, 1920. San Ignacio de Azpeitia, por Juan María Pérez de Arregui, S. I. Madrid, 1921. Vida breve de S. Ignacio de Loyola, por el P. Antonio de Astrain, S. I. Bilbao, 1921. Biografía del Padre Fray José María Larroca y Esteba, Maestro General de la Orden de Predicadores, por el P. Paulino Alvarez, O. P., Vergara, Tipog. del Smo. Rosario, 1921. Forma parte de la obra "Santos, Bienaventurados, Venerables, de la Orden de Predicadores", vol. III, pp. 782-802. El P. Larroca ( 1813- 1891) fue donostiarra y euskaldun, varón de singular virtud, que aceptó gustoso para Colegio a cargo de sus frailes, el famoso Seminario Patriótico Vascongado, de Bergara, erigió la Escuela Práctica de Estudios bíblicos, de San Esteban, en Jerusalén y la Universidad de Friburgo de Suiza. San Ignacio de Loyola en Montserrat. Estudio crítico y documentado de los hechos ignacianos relacionados con Montserrat, Manresa y Barcelona. Por el P. Juan Creixell. Barcelona, 1922. Sant Ignasi de Loyola (en catalán). Por el P. Ignacio Casanovas. Barcelona, 1922. San Ignacio de Loyola. Por Benjamín Marcos. Madrid, 1923. El cultísimo canónigo J. B. Daranatz, en un artículo de la hermosa revista Gure Herria, setiembre de 1923, pp. 513-527, titulado Un Trapiste bosque: Dominique Sarrote, colaborador de Juan Bautista Garat (1773-1847) recoge importantes datos de la vida de este último, que como es notorio, fundó en Hasparren, su pueblo natal, el Instituto de los "Misioneros de Hasparren", y publicó, según creo, el folleto euskérico "Zeruko Gakhoa..." (Llave del cielo...), Bayona, 1825, reeditado en 1845. San Miguel de Garikoits sostuvo con este virtuoso abate respetuosa correspondencia epistolar. Beato Miguel Garicoits, por Benjamín Bordachar. 1923. Autobiographie de Saint Ignace, par E. Thibaut. Bruges, 1924. Un eminente jesuita guipuzcoano, doctorado en Historia, en Munich, ahondando más aún en la vida de su santo Padre, dio a la imprenta en Bilbao, corriendo el año 1925, un libro de título comprometedor: Nuevos datos sobre S. Ignacio, por el P. Pedro Leturia. Pocas existencias tan sugestivas para hagiógrafos y aun novelistas, como la del seglar noble y encumbrado que profesa de lego capuchino y llega a misionero en Africa y América: de ahí que D. Joaquín Argamasilla publicase en Pamplona, año de 1925, un nuevo libro sobre Don Tiburcio de Redin y Cruzat. Nadie ignora en nuestro país vasco lo que significó para el euskerismo y para la santificación de los fieles la gloriosa institución Yaungoiko-Zale, formada por sacerdotes euskaldunes de cuyas plumas salieron libros y revistas excelentes; pues bien, ya antes de 1927, dos egregios miembros de aquella asociación, los Pbros. Gabriel de Manterola y Martín de Oyartzabal publicaron Santuen bizitz laburrak (Breves vidas de santos). El arte del grabado artístico fue puesto también al servicio de la hagiografía, y siguiendo el ejemplo del P. Jorge Schurhammer, S. I., que en 1922 había dado a la publicidad en Aquisgrán dos obras de este carácter referentes a S. Francisco Jabier, tituladas: Franziskus Xaverius. Ein Leben in Bildern. Kunstausgabe mit Kommentar (Francisco Jabier. Su vida en imágenes. Edición artística comentada), y Ein Xaveriusleben in Bildern. Volkausagabe (Vida de Jabier en imágenes. Edición popular); el P. Francisco Apalategi editó en Bilbao, año 1928, Loyola Iñigo Deunaren Bizitza, irudiz apainduta (Vida de S. Ignacio de Loyola, en grabados). Los discípulos de Garikoits seguían divulgando la biografía del ínclito Fundador, que contaba ya entre otras con la de Urbano Croharé: Un alma fuerte, 1921, y aparecen Fioretti (Florecillas), por el P. Dionisio Buzy, general del Instituto desde 1935; Miguel Garicoits, por Pedro Fernesolle ( 1928), y Vida de Miguel Garicoits, por Francisco Veuillot. Un amigo de Garikoits, que sería el fundador de las Siervas de María, de Anglet, a una legua de Bayona, Venerable Luis Eduardo Cestac y Amitessarobe, merecía también ampliamente un relator de sus heroicas virtudes, y lo tuvo en el capellán de Nuestra Señora del Refugio, canónigo P. Bordarrampe, que en 1928 sacó a luz, en Bayona, el libro Le vénérable Louis-Edouard Cestac, sa vie, son oeuvre, vertida al español por S. M. X., Euskal-Echea, en 1941. La zumayarra Angeles Sorazu y Aizpurua (1873-1921), que fue por 17 años Superiora General de las Concepcionistas Franciscanas, autora de más de un libro de alta mística, engrosó nuestra hagiografía con un texto autobiográfico valioso: Vida de la Rda. Madre Angeles Sorazu. Primera parte o Autobiografía: Mi historia. Revisada y anotada por el Rdo. P. Nazario Pérez, S. I. Valladolid, 1929. En 1930 vieron la luz, Apuntes ignacianos, por el P. Pedro Leturia, Madrid, y San Ignacio de Loyola, por el P. Ignacio Casanovas, S. I., Madrid. Y en el mismo año, o el siguiente, 1931, se dio un caso singular en la materia que tratamos. Un padre, católico ejemplar y de muy larga actuación en el Senado español, catedrático y periodista sobresaliente, compuso y editó la biografía de un virtuoso hijo suyo, en el libro titulado: Recuerdos de una vida de dolor. Páginas eucarísticas, Jesús González de Echavarri. Por José María González de Echavarri y Vivanco. El joven había muerto en olor de santidad el 22 de mayo de 1929. En París, uno de los escenarios principales de la virtuosa actividad del patriarca azpeitiarra, salió de las prensas otra voluminosa y espléndida biografía, en 1934: Saint Ignace de Loyola, par le Pére Paul Dudon, 664 pp. 3 grabados. Antes de 1935 vieron la luz dos libritos euskéricos: Loyola'tar Iñaki Deuna, por Norbait, y Mikel Garikoits Zorundunaren Bizitza (Vida del Beato M. de Garikoits), de I. B. Etcheberry. Sabido es que S. Ignacio estuvo en Montserrat por marzo de 1522, donde hizo larga confesión general, veló sus armas de caballero y las entregó para que fuesen colgadas en el altar de Nuestra Señora: ¿quién mejor que un religioso de aquel santo monasterio para referirnos pormenores del suceso? De ello se encargó nada menos que el Padre Fray Anselmo Albareda, barcelonés, cultor egregio de su lengua patria, historiador meritísimo, nombrado por Pío XI prefecto de la Biblioteca Vaticana, con la publicación de San Ignacio en Montserrat, 1935. Fue mérito del P. Romualdo Galdós, S. I., procurar la publicación por la Tipografía de la Pontificia Universidad Gregoriana, de Roma, del libro Relación del martirio de los 26 cristianos crucificados en Nagasaki, el 5 de febrero de 1597, que escribió el P. Luis Frois, jesuita contemporáneo del hecho: uno de aquellos mártires fue nuestro compatriota San Martín de la Ascensión. La obra tiene 138 páginas, y fue editada en 1935. Un Saint basque, le Bienhereux Michel Garicoits, por Gaetan Bernoville. París, 1936. Don Rodrigo Jiménez de Rada, por el P. Javier Gorosterratzu. Pamplona, 1925. Lo estudia como "gran estadista, escritor y prelado", y es un "estudio documentado" de la vida del genial navarro. El fundador de la catedral de Toledo, por Eduardo Estella Zelaya, archivero de la misma. Toledo, 1926. Don Rodrigo Jiménez de Rada, por Manuel Ballesteros Gaibrois. Barcelona, Editorial Labor. 232 pp. y 16 ilustraciones. 1936. En la p. 227 leemos: "¿Fue tan sólo un hombre excepcional o un santo? No tenemos nosotros autoridad alguna para poder emitir dictamen sobre tan delicado asunto. Roma tiene la palabra desde hace siete siglos. D. Rodrigo tiene hechos magníficos en vida, que bien pueden llevarlo a los altares. Muchos de los actos que el santo rey Fernando llevó a cabo, son inspiración directa de D. Rodrigo... D. Rodrigo murió en olor de santidad: su cadáver está incorrupto (en el monasterio de Santa María de Huerta, partido judicial de Medinaceli, provincia de Soria, en su Capilla mayor, al lado del Evangelio), y muchos fervorosos creyentes dan testimonio de actos milagrosos que le son atribuidos". Le T. R. Pére A. Etchecopar, por el Padre Pedro Feroessole. París, Spes. (anterior a 1938). Se trata del gran amigo y confidente de Garikoits, vasco también, de pura cepa, tercer general del Instituto de Padres Bayoneses, desde 1873 hasta 1897.
