Historia II. El principal objeto de la expedición de los navarros era el principado de Acaya, del cual logró apoderarse, con no pocas intrigas, la reina D.ª Juana I de Nápoles; esta señora lo cedió después a la religión de San Juan, y el gran maestre Heredia se hallaba ocupando la Morea cuando se dejaron ver los navarros; conquistaron en el primer empuje a Vostitza; Mahiot de Coquerell tomó posesión de la comarca, como baile del emperador Jaime de Baux; pero luego, pactando ciertas condiciones, se concertó con los caballeros de San Juan, que continuaron dominando la tierra. Este ejemplo le imitaron otros capitanes de la Compañía, pero el mayor número de ellos, con sus cabos Pedro de San Superano y Bernardo Varvassa, se mantuvieron fieles al Emperador, se negaron a servir a los Hospitalarios y éstos tuvieron, en agosto de 1381, que retirarse. Desde Vostitza, y por mar, los navarros se dirigieron contra Zonclón, de cuyo puerto y castillo se apoderaron; dícese que entonces recibió el castillo el nombre de Chasteaux Navarres, castillo de los navarros, que después se dijo Navarinon, en griego hoy Navarinoi, siempre en plural. El Castellum Navarrinum, o Navarino de nuestros días, fue la plaza fuerte y principal de la dominación navarra. Pero la crónica griega de Morea, escrita muchos años antes de las hazañas de la Compañía navarra, afirma que el Zonclón, que es la antigua Pilos, se llamaba Avarinos, con lo cual cae por tierra la leyenda de la moderna denominación. A esta conquista se siguieron la de Andrusa en la Mesenia y la de Castellania de Calamata. Los navarros gobernaron la Morea; aparentemente, en nombre de su príncipe Jaime de Baux, pero, en realidad, independientes de su soberanía.
Carlos III, sucesor de la reina Juana de Nápoles, arrojó de Corfú a los navarros. El 7 de julio de 1383 falleció en Tarento el emperador Jaime. Mahiot de Coquerell, que se intitulaba baile de Acaya y de Lepanto, consiguió establecer en aquélla una nueva estirpe de señores feudales que allí se mantuvieron por espacio de medio siglo, pero sin fundar una verdadera nacionalidad.
Los navarros prosiguieron su vida de Compañía aventurera, vendiendo sus servicios a quien mejor se los pagaba. El año 1396, Pedro de San Superano, que era otro de los caudillos principales de la Compañía, cambió su título de vicario por el de príncipe de Acaya debajo de la soberanía de Nápoles, y así dio el golpe mortal a las ambiciones de todas las casas reinantes que se disputaban la Morea; murió el año 1386 Mahiot de Coquerell, y quedó por único caudillo supremo Pedro de San Superano, llamado también Pedro el Bordo (Borte) de St. Exupery. De la incierta época, las relaciones entre los cabos navarros y el rey D. Pedro de Aragón merecen el nombre de muy afectuosas. De esta época es la carta del rey a San Superano, suyos son estos párrafos: "al declararse sabedor de las buenas obras que hacen cada día los navarros y continúan haciendo a las tierras del ducado y a sus habitantes"; por lo que ordena a su nuevo vicario que cuando llegue a Atenas sea una misma cosa con ellos, "atendida la deuda de sangre y de gran amistad que hay entre nos y el rey de Navarra, señor vuestro".
La historia de la Morea está compuesta de muchos y complicados episodios, largos de referir; diré sólo que la Compañía sostuvo guerras gloriosas con los nuevos duques italianos de Atenas, y con el príncipe griego de Laconia o Misithra, y que alternaron en los fastos de la por mí omitida historia las negociaciones diplomáticas y las luchas guerreras. Teodoro Paleólogo, que era uno de los ocupantes del Peloponeso, se enemistó con los navarros por cuestiones de límites, y un día, el 4 de junio de 1395, sus albaneses cayeron sobre las tropas de San Superano, las batieron e hicieron prisionero a éste; entonces comenzó la irremediable decadencia del poderío navarro en Morea, hábilmente apuntalada, a veces, con fructíferas alianzas, cual lo fue la del rescatado San Superano con el rey Ladislao de Nápoles; fue el último destello de su gloria. Los triunfos de Evrenos-beg, lugarteniente de Bayaceto, inscribieron a San Superano en el rolde de los tributarios de la Puerta. En noviembre de 1402 murió el insigne caudillo navarro, que supo levantarse del polvo de la ruta de las Compañías al elevado predicamento de Príncipe de Acaya, que sólo llevaron caballeros de muy limpia prosapia y príncipes de regia estirpe. Fue hombre de intrépida resolución, de consumada destreza diplomática, muy entendido en el arte militar, pero de poquísimos escrúpulos, por lo que solía aliarse con los otomanos, sin que le retrajeran del contubernio sus dignidades de vicario o gobernador general de la Curia en el Peloponeso y de gonfalonero de la Iglesia.
La conquista de Tebas por Juan de Urtubia es una de las gestas más insignes de la Compañía navarra; merece, por tanto, ser dada a conocer con el mayor número posible de pormenores. Desgraciadamente, son muy escasas las noticias biográficas respectivas al denodado caudillo; años antes de embarcarse en Tortosa la Compañía navarra, para ponerse a las órdenes del infante D. Luis, recibió el hazañoso capitán varias gracias y mercedes de su rey D. Carlos: en 1374, una asignación de 1.000 florines de oro aragoneses y los emolumentos de los molinos del puente de Tudela; un documento del año 1375 habla de los gastos de Juan de Urtubia en Gascuña, por ciertos negocios que interesaban al rey; acaso esos gastos provenían del alistamiento de gentes en el citado país ultrapirenaico. En el embarque de Tortosa, aunque simple escudero, llevaba cincuenta hombres de armas a su servicio; mientras sirvió a los Hospitalarios de Rodas capitaneaba, por lo menos, cien. Urtubia invadió el ducado de Atenas en los primeros meses de 1379. Después determinó apoderarse de Tebas, aprovechando hábilmente la ausencia de Bernardo Ballester, acaso el más firme sostén de la dominación catalana en Beocia, y el descuido en que vivían los magnates de la ciudad. Se ignora el nombre de sus defensores, a pesar de que existían personajes muy calificados; el asedio tuvo la eficacia de un conjuro para apaciguar las discordias catalanas y alcanzar la unión requerida por la presencia de los audaces navarros. Galcerán de Peralta, antiguo castellano, y Pedro Balter, notario de ella, acudieron con tropas escogidas; trabóse recio combate, adverso a los catalanes, y sus caudillos cayeron prisioneros. Era Galcerán de Peralta ardientísimo, eficacísimo y señaladísimo mantenedor de la Casa aragonesa, la cual en aquellas circunstancias no podía recibir golpe más certero. Luis Fadrique de Aragón, vicario general, al año siguiente quiso reconquistar a Tebas, pero los navarros lo evitaron aliándose con los Hospitalarios de Rodas. Dentro de dicha ciudad bullían y maquinaban muchos enemigos de la anexión del ducado a Cataluña, entre los cuales se contaban no pocos catalanes; se dice que por estos motivos abrieron los descontentos las puertas a los navarros, a quienes apoyaron también los muchos extranjeros que en aquellas tierras moraban y los mismos naturales. La conquista de Tebas marca el crepúsculo de la dominación navarra en Grecia. Pocas noticias nos quedan respectivas a la duración y episodios de su poderío en Morea, donde se perpetuaron durante cuatro lustros.
En 1382 la Compañía navarra se alió con el vizconde de Rocaberti, caudillo de los catalanes, por donde se puede suponer que se había retirado de la Beocia y unido a sus hermanos del Peloponeso. Juan de Urtubia no logró, como su compañero Mahiot de Coquerell, fundar ningún principado; tampoco figura su nombre entre los que firmaron la paz con Venecia en 2 de enero de 1382, ni en la lista de los navarros que en 1390 se habían ya repartido los feudos del Peloponeso. La Compañía navarra, desde esa funesta fecha, desaparece de la historia. El 23 de setiembre de 1983 se estrenó en el XXXI Festival de Cine de San Sebastián La conquista de Albania por la Gran Compañía Navarra, largo film en el que se relatan los acontecimientos reseñados, bajo la dirección de Alfonso Ungría (productor Angel Amigo, guionista Arantza Urretavizcaya, actor principal Xabier Elorriaga encarnando a D. Luis de Navarra. Ref. Campión, A.: Navarra en su vida histórica, Pamplona, 1925, pp. 271-280; Archivo Enciclopedia General Ilustrada del País Vasco.
Carlos III, sucesor de la reina Juana de Nápoles, arrojó de Corfú a los navarros. El 7 de julio de 1383 falleció en Tarento el emperador Jaime. Mahiot de Coquerell, que se intitulaba baile de Acaya y de Lepanto, consiguió establecer en aquélla una nueva estirpe de señores feudales que allí se mantuvieron por espacio de medio siglo, pero sin fundar una verdadera nacionalidad.
Los navarros prosiguieron su vida de Compañía aventurera, vendiendo sus servicios a quien mejor se los pagaba. El año 1396, Pedro de San Superano, que era otro de los caudillos principales de la Compañía, cambió su título de vicario por el de príncipe de Acaya debajo de la soberanía de Nápoles, y así dio el golpe mortal a las ambiciones de todas las casas reinantes que se disputaban la Morea; murió el año 1386 Mahiot de Coquerell, y quedó por único caudillo supremo Pedro de San Superano, llamado también Pedro el Bordo (Borte) de St. Exupery. De la incierta época, las relaciones entre los cabos navarros y el rey D. Pedro de Aragón merecen el nombre de muy afectuosas. De esta época es la carta del rey a San Superano, suyos son estos párrafos: "al declararse sabedor de las buenas obras que hacen cada día los navarros y continúan haciendo a las tierras del ducado y a sus habitantes"; por lo que ordena a su nuevo vicario que cuando llegue a Atenas sea una misma cosa con ellos, "atendida la deuda de sangre y de gran amistad que hay entre nos y el rey de Navarra, señor vuestro".
La historia de la Morea está compuesta de muchos y complicados episodios, largos de referir; diré sólo que la Compañía sostuvo guerras gloriosas con los nuevos duques italianos de Atenas, y con el príncipe griego de Laconia o Misithra, y que alternaron en los fastos de la por mí omitida historia las negociaciones diplomáticas y las luchas guerreras. Teodoro Paleólogo, que era uno de los ocupantes del Peloponeso, se enemistó con los navarros por cuestiones de límites, y un día, el 4 de junio de 1395, sus albaneses cayeron sobre las tropas de San Superano, las batieron e hicieron prisionero a éste; entonces comenzó la irremediable decadencia del poderío navarro en Morea, hábilmente apuntalada, a veces, con fructíferas alianzas, cual lo fue la del rescatado San Superano con el rey Ladislao de Nápoles; fue el último destello de su gloria. Los triunfos de Evrenos-beg, lugarteniente de Bayaceto, inscribieron a San Superano en el rolde de los tributarios de la Puerta. En noviembre de 1402 murió el insigne caudillo navarro, que supo levantarse del polvo de la ruta de las Compañías al elevado predicamento de Príncipe de Acaya, que sólo llevaron caballeros de muy limpia prosapia y príncipes de regia estirpe. Fue hombre de intrépida resolución, de consumada destreza diplomática, muy entendido en el arte militar, pero de poquísimos escrúpulos, por lo que solía aliarse con los otomanos, sin que le retrajeran del contubernio sus dignidades de vicario o gobernador general de la Curia en el Peloponeso y de gonfalonero de la Iglesia.
La conquista de Tebas por Juan de Urtubia es una de las gestas más insignes de la Compañía navarra; merece, por tanto, ser dada a conocer con el mayor número posible de pormenores. Desgraciadamente, son muy escasas las noticias biográficas respectivas al denodado caudillo; años antes de embarcarse en Tortosa la Compañía navarra, para ponerse a las órdenes del infante D. Luis, recibió el hazañoso capitán varias gracias y mercedes de su rey D. Carlos: en 1374, una asignación de 1.000 florines de oro aragoneses y los emolumentos de los molinos del puente de Tudela; un documento del año 1375 habla de los gastos de Juan de Urtubia en Gascuña, por ciertos negocios que interesaban al rey; acaso esos gastos provenían del alistamiento de gentes en el citado país ultrapirenaico. En el embarque de Tortosa, aunque simple escudero, llevaba cincuenta hombres de armas a su servicio; mientras sirvió a los Hospitalarios de Rodas capitaneaba, por lo menos, cien. Urtubia invadió el ducado de Atenas en los primeros meses de 1379. Después determinó apoderarse de Tebas, aprovechando hábilmente la ausencia de Bernardo Ballester, acaso el más firme sostén de la dominación catalana en Beocia, y el descuido en que vivían los magnates de la ciudad. Se ignora el nombre de sus defensores, a pesar de que existían personajes muy calificados; el asedio tuvo la eficacia de un conjuro para apaciguar las discordias catalanas y alcanzar la unión requerida por la presencia de los audaces navarros. Galcerán de Peralta, antiguo castellano, y Pedro Balter, notario de ella, acudieron con tropas escogidas; trabóse recio combate, adverso a los catalanes, y sus caudillos cayeron prisioneros. Era Galcerán de Peralta ardientísimo, eficacísimo y señaladísimo mantenedor de la Casa aragonesa, la cual en aquellas circunstancias no podía recibir golpe más certero. Luis Fadrique de Aragón, vicario general, al año siguiente quiso reconquistar a Tebas, pero los navarros lo evitaron aliándose con los Hospitalarios de Rodas. Dentro de dicha ciudad bullían y maquinaban muchos enemigos de la anexión del ducado a Cataluña, entre los cuales se contaban no pocos catalanes; se dice que por estos motivos abrieron los descontentos las puertas a los navarros, a quienes apoyaron también los muchos extranjeros que en aquellas tierras moraban y los mismos naturales. La conquista de Tebas marca el crepúsculo de la dominación navarra en Grecia. Pocas noticias nos quedan respectivas a la duración y episodios de su poderío en Morea, donde se perpetuaron durante cuatro lustros.
En 1382 la Compañía navarra se alió con el vizconde de Rocaberti, caudillo de los catalanes, por donde se puede suponer que se había retirado de la Beocia y unido a sus hermanos del Peloponeso. Juan de Urtubia no logró, como su compañero Mahiot de Coquerell, fundar ningún principado; tampoco figura su nombre entre los que firmaron la paz con Venecia en 2 de enero de 1382, ni en la lista de los navarros que en 1390 se habían ya repartido los feudos del Peloponeso. La Compañía navarra, desde esa funesta fecha, desaparece de la historia. El 23 de setiembre de 1983 se estrenó en el XXXI Festival de Cine de San Sebastián La conquista de Albania por la Gran Compañía Navarra, largo film en el que se relatan los acontecimientos reseñados, bajo la dirección de Alfonso Ungría (productor Angel Amigo, guionista Arantza Urretavizcaya, actor principal Xabier Elorriaga encarnando a D. Luis de Navarra. Ref. Campión, A.: Navarra en su vida histórica, Pamplona, 1925, pp. 271-280; Archivo Enciclopedia General Ilustrada del País Vasco.
