Ordres Religieux

FRANCISCANOS

Pamplona. Desde el año 1230 aproximadamente en que se fundó vivían los franciscanos en el Convento de San Pedro de Ribas, en las afueras de la ciudad. Como estaban alejados del centro urbano nadie les molestaba. Pero el 7 de noviembre de 1245 Inocencio IV les permitió acercarse a la ciudad y construir un nuevo convento en las cercanías de la parroquia de San Lorenzo. El Papa les puso como condición que pidiesen la primera piedra al diocesano del lugar y en caso de negativa podrían solicitarla a cualquier otro obispo. La iglesia vio en la nueva instalación una concurrencia peligrosa y pudo más el interés que su misión evangélica, iniciando una ofensiva de injurias a los franciscanos que culminó con un asalto al Convento de San Pedro de Riba, el de extramuros. Los franciscanos respondieron con injurias a las injurias. En el ataque hirieron gravemente a dos frailes y a otros los tuvieron tres días presos a pan y agua. El conflicto no se aplacó hasta que por mediación del cardenal Hugo de Santa Cara O. P. se llegó a una transacción ratificada por Inocencio IV el 2 de setiembre de 1247 que suponía la derrota total para el obispo y sus canónigos. [Ref. Goñi Gaztambide: Los obispos de Pamplona del siglo XIII. "P. de V.", n. 66, p. 126-127]. En 1820, con motivo de la proclamación de la Constitución de Cádiz en España, dos frailes, fray Pedro Pascual y Fray Javier Ochoa, se significaron por sus tendencias constitucionales publicando artículos en ese sentido. Se les llamaba en Pamplona Riego y Quiroga. En una reunión tumultuosa, secundados por algunos otros frailes, despojaron al guardián de la gestión económica e implantaron un sistema democrático de gobierno. El mismo día dirigieron al definidor de la provincia un manifiesto suscrito por diez y ocho religiosos. En dicho manifiesto se llenaba de injurias al ministro general de la Orden y se arrogaban atribuciones que hasta entonces no les correspondían. Algunos cabecillas del pronunciamiento acabaron secularizándose. La vicaría de Pamplona se erigió a petición de la Comunidad de Franciscanas Misioneras de María. El definitorio provincial aceptó la petición el 31 de enero de 1931 estudiándose las oportunas bases aprobadas después por el definitorio de julio del mismo año. El personal en 1933 consistía en el P. vicario y un lego.