Lexique

CLIMA 1961-1990

FACTORES GEOGRÁFICOS: la latitud, el mar, el relieve.

La latitud de Euskal Herria, entre los 42º N y los 43,5º N, sitúa al país en la franja templada del hemisferio norte. Esta latitud determina que la inclinación del Sol sobre el horizonte al mediodía varíe entre un máximo de unos 70º en el solsticio de verano (21 de junio) y un mínimo de 25º en el solsticio de invierno (21 de diciembre), y que la duración del día oscile entre las 16 horas del máximo veraniego y las 9 horas aproximadamente del mínimo invernal. Teniendo además en cuenta la nubosidad, se calcula que para el conjunto de Euskal Herria la potencia media anual de radiación solar es de unos 150 vatios por metro cuadrado, equivalente a una energía recibida de 3,6 kilovatios-hora por metro cuadrado y día. La potencia de la insolación es muy diferente a lo largo del año: alcanza unos 235 vatios por metro cuadrado en el mes de junio, pero es cuatro veces inferior, unos 55 vatios por metro cuadrado, en el mes de diciembre. Las diferencias son también muy importantes entre el norte y el sur, y sobre todo en verano: a principios de julio, y con unas condiciones medias de nubosidad varía entre unos 200 vatios por metro cuadrado en Donostia-San Sebastián (Gipuzkoa) y unos 290 vatios por metro cuadrado en Tudela (Navarra). La posición de Euskal Herria en las latitudes medias determina que los vientos más frecuentes sean los provenientes del sector oeste, con borrascas y frentes asociados. Esto tiene una importancia climática fundamental, pues al encontrarse el país en la costa oeste del continente eurasiático, las masas de aire que con más frecuencia lo alcanzan han cruzado previamente el Atlántico, con lo que llegan cargadas de humedad y suavizadas térmicamente. Se ha calculado que durante más del 75 % de los días las masas de aire que llegan a Euskal Herria son de procedencia atlántica. En invierno preponderan las masas de aire marítimo polar, que provienen de Norteamérica o de las latitudes altas del Atlántico Norte. La superficie del océano las va calentando por su base, lo que combinado con su alto grado de humedad, producen una atmósfera inestable que propicia chubascos y precipitaciones intensas al llegar a la costa. Otras veces las masas de aire atlánticas son más cálidas y proceden del suroeste del Atlántico Norte. Cuando en verano el anticiclón subtropical de las Azores se extiende e invade el sur de Europa, son estas masas de aire marítimo tropical las que preponderan en Euskal Herria. Aparte del Atlántico, la influencia del Mediterráneo tiene también una cierta importancia en el clima vasco. Este influjo se manifiesta especialmente en la Rioja y en la Ribera, en donde con cierta frecuencia se producen precipitaciones con la llegada desde el sureste de masas de aire húmedas del Mediterráneo. También alguna vez ocurre que en invierno, con borrascas profundas estancadas en la cuenca mediterránea occidental, llegan hasta la costa vasca masas de aire de retorno a través del suroeste de Francia. No es raro que en invierno este tipo de masa de aire, fría y muy húmeda, ocasione nevadas en Euskal Herria. El propio mar Cantábrico tiene una influencia directa importante en el clima vasco. Los vientos flojos del norte son muy frecuentes en verano, debido a que el país suele quedar situado en el borde oriental del anticiclón de las Azores y, por lo tanto, la dirección general del flujo es del sector norte. De esta forma se refuerzan las brisas marinas, con lo que los índices de humedad en la costa alcanzan los niveles máximos precisamente en la estación estival. En segundo lugar, el viento veraniego del norte favorece el estancamiento de las aguas superficiales en el vértice oriental del Cantábrico. Se produce así un recalentamiento estival de la superficie del mar que induce una fuerte evaporación y la posibilidad de que ocurran grandes aguaceros en la costa vasca. Así, mientras que en Galicia en el mes de agosto la temperatura marina superficial alcanza apenas los 18º C, en las aguas de la costa vasca se rebasan a veces los 23º C. Estas condiciones marinas locales imprimen un carácter particular, de fuerte humedad, al verano de la vertiente cantábrica de Euskal Herria. El relieve de Euskal Herria ocasiona diferencias notables en los parámetros climáticos de sus diversas zonas orográficas. Pero en primer lugar conviene anotar la influencia del relieve de la Península Ibérica. El carácter macizo de la Península, con una importante altitud media - 660 metros - y numerosos obstáculos montañosos, hace que los frecuentes flujos atlánticos del suroeste, que son los preponderantes durante el invierno, lleguen a Euskal Herria con sus características hídricas y térmicas muy modificadas. El principal efecto, conocido como "efecto föhn" (foehn), es que las masas de aire oceánico que atraviesan la Península en dirección SW-NE se desecan y, posteriormente, al descender hacia el Cantábrico y las llanuras del sudoeste de Francia, se calientan ensiblemente. Ocurre que una masa de aire al ascender pierde presión y se enfría. En consecuencia se produce saturación del vapor de agua, condensación y precipitaciones. Esto es lo que le pasa al aire procedente del Atlántico cuando atraviesa la Península. Luego, una vez desecado, el aire que desciende hacia el Cantábrico, se calienta por compresión. Pero la masa de aire seco se calienta más al descender que lo que se enfrió la masa de aire húmedo al ascender, ya que cuando aún estaba húmeda la condensación producía un calor que compensaba en parte la pérdida por expansión. Por lo tanto, por el simple hecho de atravesar la Península, el viento del sector sur que desciende hacia el Cantábrico o hacia la Aquitania produce un calentamiento notorio en los observatorios de la franja costera del norte, más agudo cuanto más bajo sea el nivel altitudinal en el que se encuentren. El calentamiento, además, se amplifica debido a que la bajada acusada de la humedad relativa del aire limpia el cielo de bruma con lo que la insolación directa se hace más intensa. Lo analizamos con más detalle en el parágrafo dedicado al viento. Cuando el flujo es del sector norte, los montes vascos son un paso hacia el sur entre las altas alineaciones montañosas de la Cordillera Cantábrica y de los Pirineos. Entonces pueden soplar fuertes vientos y el relieve vasco, actuando a modo de rampa ascendente, actúa de disparador hacia arriba de las masas de aire, provocando la condensación de la humedad del aire, nubes y precipitaciones. Es por ello que la costa vasca es, con diferencia, la más lluviosa de todo el Cantábrico, mientras que en las áreas a sotavento de los relieves vascos y, especialmente, en las tierras de la Rioja alavesa y en toda la mitad sur de Navarra -en donde el aire es ya descendente cuando sopla del norte- las precipitaciones son más bien escasas. Así, mientras que la zona montañosa del macizo de Cinco Villas, al norte de Navarra, es una de las áreas más lluviosas de Europa, pues llueve de media anual más de 2.500 mm., el extremo sur de la Ribera de Navarra es una de las más secas, con menos de 400 mm. de lluvia al año. De unas condiciones hiperhúmedas se pasa en poco más de 100 kilómetros a unas condiciones esteparias. Aparte de las diferencias de insolación ligadas a la nubosidad, la sinuosidad del relieve del país hace que, debido a las sombras creadas por la topografía, las diferencias de insolación entre lugares próximos durante las primeras y las últimas horas del día puedan ser también grandes. Este factor tiene cierta importancia en la distribución de la vegetación natural, especialmente en la zona costera. Aquí los encinares cantábricos y los robledales se sitúan por lo general en lugares de mayor radiación mientras que los bosques mixtos se localizan en zonas más sombrías. Los prados son soleados mientras que los pastos y matorrales ocupan terrenos de peor insolación. Los pinares de repoblación, por el contrario, parece que son bastante indiferentes a las variaciones de intensidad de la radiación. Para algunas actividades agrícolas la buena orientación de las pendientes es sin embargo fundamental. Tal es el caso de los cultivos de vid para la elaboración del txakolí, que ocupan vertientes siempre inclinadas hacia el sur.