Lexikoa

VIAJERO (HISTORIA)

Viajeros en el siglo XIX.
Juan Mañé y Flaquer.
Fue un periodista catalán que tuvo gran éxito en su tiempo, cuyos artículos en La Epoca fueron muy leídos y comentados. Los primeros salieron en el semanario El Angel exterminador, siendo director. Fue profesor, crítico teatral y autor de libros, como Las cartas provinciales, la paz y los fueros. Cuando Cánovas del Castillo, al terminar la segunda guerra civil, suspendió los fueros vasco-navarros, el catalán salió en defensa de éstos y, aunque amigo y consejero del famoso político, publicó su libro, titulado El Oasis. Viaje al París de los Fueros, cuyo primer tomo, de los tres, apareció en 1878. El periodista era un enamorado de Vasconia, de sus instituciones forales, de sus tradiciones y de su honrado sistema administrativo. En su libro nos dice que "desde que las demás provincias o antiguos reinos de España fueron perdiendo sus fueros, el País Vasco-Navarro empezó a ser un Oasis en la monarquía española, puesto que en él se conservaron las libertades de la verdadera monarquía cristiana, ahora arrebatados por el liberalismo pagano o racionalista, que ni sabe imitarlas, ni sabe gozarlas, ni respetarlas". En su libro se propone "dar a conocer los usos, las costumbres, las tradiciones, las instituciones y las virtudes de un pueblo singular, hermano nuestro, pero que ofrece al mundo el instructivo espectáculo de no empuñar las armas, hace seis siglos, sino en defensa de sus instituciones, al paso que el resto de España derrama siempre lo mejor de su sangre para derribar las que se le han dado la víspera". Respecto a las clases sociales que hay en Navarra, nos dice que la primera clase está constituida por la nobleza: mayor o menor. La nobleza mayor comienza en el s. XII con los ricos-hommes y desaparece con la anexión de Navarra al reino de Castilla. La nobleza menor está constituida por los caballeros que después serán hidalgos de linaje. A estos infanzones de linaje se unen los de privilegio o carta, labradores a quienes el rey concede la hidalguía. Estos se llamaban infanzones de abarca, por el calzado que usaban. Y añade:

"Sin embargo, la clase más numerosa en Navarra fue la de labradores, que primero se llamaban rústicos, mezquinos o collazos, luego villanos y finalmente labradores. Estaban excluidos de la nobleza, adheridos al terreno y menos considerados que los judíos, siendo muy probable que, a semejanza de Aragón, disfrutaran los señores del derecho de vida y muerte sobre dicha clase. A la de los labradores, aunque sin tierras que labrar, pertenecían los jornaleros llamados villanos, azaderos o aixaderos, por la azada que usaban, pagaban la mitad de la pecha de los labradores y disfrutaban de las tierras comunes...".

En cuanto a la esclavitud, tal como se conoció en los imperios romano y gótico, no se hallan vestigios de ella en Navarra. Parece que la esclavitud urbana se limitaba a los no cristianos. En el siglo XVI, desaparecen todas estas clases, refundiéndose en dos: la de los hidalgos y la de los labradores. Mañé y Flaquer nos habla de la insaculación, costumbre que durante mucho tiempo se guardó en Navarra para elegir a los representantes y diputados. Nos dice cómo una de las mayores curiosidades que se enseñan en Navarra son tres urnas de plata que servían para la insaculación. Insacular vale tanto como poner en el saco o cántaro el nombre de las personas que se han de sortear. Este método adoptaron los pueblos de España cristiana que, durante la Edad Media, se habían acostumbrado al sistema representativo por medio de elecciones. Navarra fue de los primeros pueblos que lo adoptaron. Mañé y Flaquer nos habla del paisaje del País Vasco atlántico, poblado de caseríos. Lo mismo que la masía catalana es una necesidad de cultivo en un país accidentado. Es la unidad de la población rural y como el baluarte de la familia agrícola, con cierta reminiscencia de la familia patriarcal. En el País Vasco la propiedad está sumamente dividida. Son muchos los pequeños propietarios que tienen necesidad de ser cultivadores de sus tierras para poder vivir de sus productos. En los terrenos donde no hay montes de aprovechamiento común, los dueños de las fincas ceden al casero un pedazo de monte, a fin de que saque de él leña para su familia y helecho y argoma para su ganado. La población de esta comarca se distingue por la belleza de sus formas, la cultura de su trato y la severidad de sus costumbres. El carácter más general de los naturales de Vasconia es, según Mañé y Flaquer, el linfático, debido, al parecer, al clima y sobre todo a la mucha humedad de la atmósfera. Sin embargo, este temperamento propio de los jóvenes que produce fisonomías hermosas y hasta distinguidas en las últimas clases, se modifica con la edad. Y el temperamento linfático, cuando se hacen hombres se convierte en sanguíneo. Las labores del campo y los juegos favoritos les dan una constitución muscular envidiable, unas formas viriles y una notable robustez. El autor termina su Oasis con una exaltación de la raza vasca que ha sabido vencer las inclemencias del tiempo y la ingratitud del terreno. Ha recorrido Mañé y Flaquer el país de los antiguos bárdulos y de los vascones y ha podido convencerse de que, excepto en la Ribera de Navarra, la llanada de Alava y alguna pequeña comarca del País Vasco, el terreno es ingrato, el clima desapacible y sólo habitable el país por una raza laboriosa, sobria, modesta, resignada, virtuosa. Esta raza ha sabido hallar en sus sentimientos cristianos una fuente de inspiración para las mejores leyes y las mejores costumbres, que han convertido en paraíso lo que para una raza menos dotada fuera un infierno, una guarida de bandidos, como lo fueron comarcas españolas más favorecidas por la naturaleza.

Guillermo Humboldt.
El barón de Humboldt (1767-1835) fue un gran filólogo, crítico, poeta y político alemán. Fue varias veces ministro del Gobierno, fundador de la Universidad de Berlín. Estuvo bastante tiempo en Vasconia, donde aprendió el euskera y nos dejó varias cartas con impresiones de sus viajes por este país. Son muy interesantes sus estudios filológicos sobre la lengua vasca. En una de sus cartas nos habla de sus amigos de Gernika y Azpeitia. Nos dice que su vuelta a París, desde Bilbao, no fue muy agradable. Le persiguió una lluvia casi continua desde Portugalete hasta Bayona y le retuvo dos días en Gernika una inundación. Sin embargo, en los claros pudo gozar de la bella situación de Bermeo, del lindo puerto de Lekeitio y pondera el aspecto pintoresco y bello del paisaje que atraviesa. Hace observaciones muy atinadas sobre la Vasconia occidental que le ha dejado recuerdos muy dulces y siente pena por no haberse quedado más tiempo en un país que tanto le atraía y gozado de la compañía de personas, cuya amistad le hubiera gustado disfrutar. Vuelto a Bayona recorre la Vasconia francesa. Pero ¡qué diferencia entre este país y la Vasconia occidental! Los habitantes de la Vasconia francesa tienen quizá cierta ligereza y gracia, en lo que sobrepasan a los vizcaínos. Sobre todo su lenguaje le parece mucho más dulce que el de los habitantes del Señorío, aunque allí comenzó un poco a comprender lo que decían y balbucear algunas frases. Pero carecen -dice- de las cualidades sólidas y esenciales de los vascos occidentales. "Así como estos últimos -añade- son la parte más ilustrada de los españoles, los vascos franceses son supersticiosos y aparecen en medio de los franceses llenos de prejuicios. Sienten que no forman como los vascos occidentales un cuerpo político respetable y distinguido y por ello carecen del carácter que necesariamente resulta de ese sentimiento. Todos los dichosos efectos que produce el sentimiento de libertad y de una perfecta igualdad de derechos se encuentran evidentemente expresados en el carácter de la nación vasca occidental. Ella es el único país que he visto jamás en el que la cultura intelectual y moral sea verdaderamente popular, en el que las primeras y las últimas clases de la sociedad no están separadas por una distancia inmensa, en el que la instrucción y las luces de las altas han penetrado en las bajas, y en el que la honradez, la franqueza, el inocente candor de éstas no ha llegado a ser extraño a las altas".

Prosper de Lagarde.
Este escritor francés nos ha dejado una obra sobre su viaje a Vasconia con numerosas observaciones sobre su carácter, su lengua y sus costumbres. El título es Voyage dans le Pays Basque (1835). A veces habla expresamente de los navarros. Sobre el carácter de los vascos nos dice que son valientes y religiosos, impetuosos y apasionados, sin dejar de ser festivos. De trato fácil y de original agudeza soportan alegremente las cargas de la vida. Orgullosos e invencibles sacrifican todo por la libertad que aman más que la existencia. Añade que han escrito muy poco sobre los hechos de su historia. Poseen únicamente tradiciones orales e ignoran sus personajes históricos. Sobre sus cualidades guerreras hace interesantes observaciones. Igualmente sobre el contrabando y el juego de pelota. Dice que no concibe un joven sin su pelota y que también las mujeres se entregan a este juego.

Richard Ford.
Nació en Londres, en 1796, y murió en 1858. Viajó por todo el continente y reunió una nueva colección de cuadros y de libros, con predominio del tema español. Había defendido a los carlistas en un libro sobre la guerra de España (1837). Defendía igualmente los Fueros y afirmaba que la intolerancia y el despotismo estaban en el lado de los Gobiernos liberales de España. En 1845 publica su conocida obra A hand-book for travellers in Spain (Guía de viajes en España). Es uno de los libros de viajes más brillantes de la literatura europea. En la primera parte se refiere, entre otras provincias, a las provincias vascas y Aragón. En el capítulo que se refiere a las vascas trae una introducción dedicada a los Fueros y a la guerra carlista, con descripción de costumbres y danzas vascas. La parte sobre Navarra comienza con la afirmación de que las ciudades navarras carecen de atractivo, pero el campo está lleno de encantos para el deportista, el pintor y el naturalista. Navarra -añade- es la Vasconia antigua. Según Ford, las comunicaciones pirenaicas son extremadamente difíciles y monopolio prácticamente de los contrabandistas. Describe a los navarros, habitantes de las montañas, como notables por sus normas físicas, ligeras y ágiles. De costumbres morigeradas, con gran resistencia para la fatiga y privaciones, un extraordinario valor personal y gusto por las aventuras peligrosas. Escribe que los navarros, los cristianos y los mahometanos, olvidando sus antiguas rencillas, se unieron con un mayor odio a los "gabachos", nombre que fue usado por primera vez contra los franceses, afirma.

L. Louis Lande.
El año 1877 visitó el Vasconia el escritor francés L. Louis Lande y ese mismo año publicó en la Revue de Deux Mondes, un largo trabajo titulado, Trois mois de voyage dans le Pays Basque. Lo tradujo Martín de Anguiozar, en la "Revista Internacional de Estudios Vascos", en 1930. Al año siguiente de publicar el autor una serie de artículos en la revista parisina, los recogió en un libro con el título Basques et Navarrais. Souvenirs d'un voyage dans le Nord de l'Espagne, Paris, 1878. Lande fue comisionado por la citada revista para estudiar el País Vasco-Navarro. Un año antes de llegar a Navarra por Dantxarinea había terminado la guerra carlista, cuyos trágicos rasgos aparecían por todas partes. Lande es un escritor de primera calidad. Por eso le comisionó la acreditada revista. Sobre todo es un gran pintor de paisajes con fuerza colorista y relieve. La descripción del valle del Baztán podía ser digna de Victor Hugo o de Teófilo Gautier. De Pamplona nos da una animada litografía del Paseo de la Taconera, lleno de bullicio y de alegría. Más tarde, nos describe la catedral. Por cierto, coincide con Victor Hugo en el desagrado que le produce la fachada neoclásica. Sin embargo, le entusiasma el claustro con su armonía y proporciones y sus puertas de piedra, minuciosamente talladas con exquisita delicadeza de sus columnas y la ligereza de sus arcos. En Gernika le llama la atención el árbol foral que ha sido celebrado por la poesía y la elocuencia de todos los tiempos, símbolo de la libertad. Tras las viejas villas cubiertas con el polvo del pasado le llama la atención hallar en Bilbao una ciudad verdaderamente moderna por su aspecto, por su animación y por sus edificios. Cree que antiguamente una granja o caserío se componía únicamente de un manzanal, cuyos frutos daban sidra y en el cual el casero sembraba avena y centeno, más cierta extensión de bosque para pasto de los animales y la explotación del carbón.

Ignacio ELIZALDE ARMENDARIZ

Ver TURISMO.