Lexikoa

PROSTITUCIÓN

Presentación. La prostitución es un hecho recurrente en todas las sociedades y momentos históricos. Sin embargo, tanto su consideración social como la regulación jurídica de que ha sido objeto han variado a lo largo de los siglos en función de la situación política concreta, de la evolución de la mentalidad y de las costumbres. Aunque ha resultado siempre difícil abordar una definición convincente y de validez general, puede entenderse por prostitución la actividad sexual que tanto mujeres como hombres realizan a cambio de un pago o contraprestación. Tradicionalmente ha sido la prostitución ejercida por las mujeres la que ha merecido la atención de historiadores, juristas, canonistas, médicos y autoridades públicas. La masculina, en cambio, no ha sido objeto del mismo tratamiento ni ha suscitado intentos análogos de regulación. Resulta así que la historia institucional de la prostitución tiende a identificarse con la ejercida por las mujeres y es a ésta, en exclusiva, a la que vamos a referirnos. En lo que respecta a los problemas de su delimitación conceptual, si bien la prestación sexual la encontramos siempre como parte inamovible en los intentos de definición de la prostitución, ha sido, sin embargo, objeto de controversia el número de relaciones que es necesario haber mantenido para considerar a una mujer prostituta. Del mismo modo, y debido a que promiscuidad y prostitución tendían a confundirse, se polemizó con frecuencia sobre la licitud o no de considerar prostituta a quien, aun manteniendo relaciones sexuales con muchos hombres, no recibía remuneración alguna por ello. A esta dificultad de abarcar coherentemente el fenómeno ha contribuido la variedad de formas que el ejercicio de la prostitución presenta y de mujeres que la ejercen: desde las prostitutas de burdel y calle, el escalafón más bajo, dedicadas a los clientes de nivel económico inferior, hasta las situadas en el nivel más alto, que en el pasado han ocupado el espacio público con frecuencia vedado a las esposas, sin olvidar a quienes sólo ocasionalmente ejercen la prostitución o son explotadas por sus propios maridos y familiares. En la obra Contra Neera, falsamente atribuida a Demóstenes, pero representativa de la Atenas del s. IV a.C., se encuentra esta nítida clasificación: «tenemos las hetairas para el placer del espíritu, las concubinas para el de los sentidos y las mujeres para darnos los hijos». Desde el punto de vista jurídico, tres actitudes básicas han sido adoptadas y han ido alternándose frente a la prostitución: la política prohibicionista, que persigue a las mujeres públicas y considera la prostitución ilegal; el reglamentarismo, en el que el Estado asume la existencia de la prostitución como un mal menor y somete su ejercicio a una regulación concreta; y, por último, el abolicionismo, que ni la prohibe ni la legaliza, de modo que la acepta, prohibe su reglamentación y persigue y reprime a quienes inducen o se lucran de ella.