Kontzeptua

Pop-Rock en Euskal Herria

La década de los 70 fue una especie de transición entre la música más minimalista y tradicional de los 60 y el estallido rockero de los 80. Un periodo de tanteos estilísticos a caballo entre dos épocas tan señaladas para la creación musical de Euskal Herria. Hay una fecha emblemática de aquellos tiempos: el 27 de marzo de 1976, celebración de la iniciativa 24 ordu euskeraz, en el velódromo donostiarra de Anoeta, con más de 10.000 asistentes. La organizaba Herri Irratia y participaron los hermanos Artze, Bedaxagar, Lete, Knörr, Laboa, Lertxundi, Lupe, Mendibil, Oskarbi o Peio eta Pantxoa y la trikitixa de Sakabi eta Egañazpi, más otras actividades.

Destaca en Álava la existencia de Gorka Knörr, bastante popular en su día con canciones como Araba, Azken agurraren negarra (Morts pour la patrie) o Zergatik ?, con varios discos grabados (Araba kantari, Nik nahi dudana, Guttunak), alguno más reciente (Gogoaren taupadak, 2000), y luego conocido como hombre político. Patxi Villamor tuvo cierta popularidad con el disco Nora goaz, del año 1977, y regresó en 1980 con Esperantz a, pero sin excesivo eco popular. El grupo jazzero-rockero Fausto fue también uno de los proyectos pioneros vitorianos de música realmente moderna. De la capital alavesa es el muy veterano batería Ángel Celada que, además de sus serias aventuras jazzísticas, ha tenido mil y una experiencias rockeras. Él fue batería de la primigenia Orquesta Mondragón, nacida en San Sebastián en 1976, y ha creado escuela hasta en casa: su propio hijo Víctor.

Pero la escena popera vitoriana, y por ende la alavesa, parece haber sido con ventaja la más lenta de Euskal Herria del sur, aunque en los años ochenta su empuje fuera ciertamente explosivo: Hertzainak, La Polla Records, Cicatriz, Potato y un largo etcétera.

La pionera revista algortarra Muskaria se preguntaba precisamente en el año 1980, Eta Gasteiz zer? y concluía su articulista Zeledonius Monk diciendo:

"¿Por qué tan poco movimiento real en Gasteiz? Es importante la ausencia de una radio que se haga eco de lo poco, de lo muy poco, que salga por aquí. además, el asunto de las realizaciones de conciertos con gentes de otras partes: son muy pocas por la increíble escasez de locales asequibles. Las individualidades que han salido por aquí lo han hecho a contracorriente. Gorka Knörr, Patxi Villamor, Lantzale, Fausto."

El nacimiento en Bilbao en 1971 de Oskorri marca un punto de inflexión en la música popular euskaldun contemporánea porque se convirtió con el tiempo en la experiencia grupal más longeva y prolífica. Ha residido en Bilbao, alrededor de Natxo de Felipe y Antxon Latxa, aunque desde su inicio muchos de sus integrantres hayan procedido de otras localidades. Ha labrado una trayectoria de evolución y enriquecimiento musical: años antes de que los sonidos de fusión invadieran el mercado occidental, Oskorri practicaba ya una mixtura de raíces tradicionales euskaldunes y nuevas vías de influencia pop o jazz. Descubrió al gran público a autores literarios euskaldunes tan lejanos entre sí como Gabriel Aresti y Mosen Beñat Etxepare. Ha sabido además capear altibajos en el gusto musical de los aficionados. Iniciativas como la de los espectáculos con textos infantiles Katuen testamentua y Marijane kanta zan!, su saga The Pub Ibiltaria, o la publicación de los cancioneros Ehun eta hamaikatxo kantu (Elkar, 1990) y Euripean kantari (2001) mantienen a Oskorri como una de las grandes propuestas de la música popular vasca. Con la notable colaboración de Kepa Junkera, renovador de la trikitixa. Aunque sin demasiada competencia cercana porque apenas si existen en el viejo Señorío bizkaitarra otros intentos de fusión grupal, aparte de experimentos menos vistosos como el del grupo "celta" Lauburu, que incluía en sus filas a algún músico anglosajón.

Gontzal Mendibil y Xeberri fueron otra de las propuestas de "modernización" de la canción en euskera. Mendibil continuó insistiendo en un terreno pop y su obra última rompe en cierto modo con el pasado porque se trata de representaciones o colaboraciones colectivas como el espectáculo musical en clave de teatro Iparragirre hegalaria, protagonizado por los habitantes de su pueblo natal, Zeanuri. Maite Idirin o Lupe fueron algunas de las escasas voces femeninas euskaldunes en Bizkaia. Otro cantautor, que aun perdura en escena y grabando de vez en cuando, es Joseba Gotzon. Escorado en sus últimas apariciones propias hacia el lado romántico del pop. Mendibil, Gotzon y el ipartarra Niko Etxart han paseado por el mundo un espectáculo conjunto a favor de la selección vasca de fútbol. Y fueron otros apellidos cantores vizcaínos Bittor Egurrola, Joseba Etxeberria, etc. Pero el gran grupo pop bilbaíno de los setenta-ochenta sería Mocedades, que tomaron el relevo del éxito de manos de Los Mitos.

Grupos vizcaínos entre rockeros, rock-jazzeros y de variantes similares fueron Crisis, Acera, Cocktail, Aster, Danger, Amanita, City Rockers, Corrupción, Crimen y Castigo, Cumen, Enbor, Kartoffen, Laster, Mauricio Vicio y su Conjunto, Leikes, Maldoror, Feet, Fase, Evohe y muchos otros. El protopunk vizcaíno lo protagonizaron Las Vulpes, MCD, Nacional 634 o Eskorbuto.

Destacaron, a caballo entre las dos décadas, intérpretes como Antton Valverde, Imanol Larzabal, Iñaki Auzmendi, Urko, Fernando Unsain, Ibai Rekondo, Jon Bergaretxe (no confundir con otro cantante euskaldun, más reciente, de idéntico nombre y de Oiartzun), Antton Haranburu, Miren Aranburu, Aitor Badiola, etc. Aunque la raíz estilística de todos ellos fuera tradicional, la evolución de quienes continuaron en la brecha creativa se abrió, lógicamente, a esquemas de fusión o influencia con el pop, el jazz y otros sonidos contemporáneos. Valverde ha acumulado una obra muy personal en la que destaca su versión musical del poeta vizcaíno Lauaxeta y las colaboraciones con su viejo compañero Xabier Lete. Ambos han tenido una presencia pública irregular y Lete ha añadido a su notable colección de canción popular una importante incursión en el bertsolarismo. Imanol grabó primero como Michel Etxegaray, debido a las dificultades generales de la música euskaldun con la censura franquista, aumentadas en su caso por haber tenido que exiliarse. Después ha acumulado una extensa obra con la novedad última de interpretar en castellano. Colaboró largamente con el folk-rock de los bretones Gwendal, y más recientemente con Paco Ibáñez en una grabación que el vasco-parisino hizo en euskera. Joxean Larrañaga Urko, de San Sebastián, popularizó algunas canciones- himno de contenido vasquista (Guk euskaraz ) o románticas (Maite maite maitia ) y ha coleccionado una obra irregular con capítulos como el de la grabación de aires populares de su ciudad, incursiones en el reggae o una revisión del poeta madrileño José Bergamín, que pasó sus últimos años en la capital guipuzcoana, y en la que contó fugazmente con el cantautor sureño José Menese.

El hondarribitarra Txomin Artola cumplía los esquemas más típicos del folk-pop de influencia anglosajón (a pesar de no usar la armónica), por su forma de modular vocalmente y la manera de acompañarse a la guitarra. Además de por el cariz hippy de sus temáticas (incluida su versión euskaldunizada del poeta naturalista Walt Whitman), por el minimalismo urbano de canciones como Goizeko euri artean, composición que sería "poperizada" por Haizea, el interesante experimento musical del propio Artola, Amaia Zubiria y otros músicos, que Txomin abandonó antes de la segunda y última grabación, Ontz gaua, tras la que el pionero experimento se disolvió. Txomin ha acumulado una importante obra propia, más los discos realizados a dúo con Amaia Zubiria y la unión artística más última con su propio hijo Urbil. En Eibar nacería Izukaitz en el año 1974, con Fran Lasuen y Bixente Martinez (músicos ambos también de Oskorri) en la parte instrumental y Odile Krutzeta a la voz. Su agradable folk-pop corrió parecida suerte al de Haizea: se disolvieron con dos discos grabados. Tanto Lasuen como Martínez han intervenido después en diferentes proyectos: Txatanuga Futz Band o Eguen Banda, el primero, e Hiru Truku o Igelaren Banda el segundo.

Iñaki Eizmendi, de Andoain, tuvo una corta pero original labor musical en clave de pop personal en la que destacó su emotiva capacidad vocal y un estilo musical urbano renovador en discos como Gureak ez diren, kale ixileen, bi milagarren samiña y o el doble LP Zaldi erratu hatsa (1981). Se dedicó después a labores televisivas de producción. Otras voces de los años 70-80 fueron el ya mentado grupo bilbaíno Mocedades -quizás la expresión musical vizcaína más exitosa en el mercado español-, del que se descolgaron primero el dúo Sergio y Estibaliz y después Amaia Uranga, quien ya en la madurez grabó un disco íntegramente en euskera para la casa donostiarra Elkar. Una experiencia personal fue la de Patxi Andion, intérprete de voz clásica radicado en Madrid que revisó en su día al bardo Iparagirre.

En la muga costera entre Gipuzkoa y Bizkaia (Mutriku-Ondarroa) se formó el grupo verbenero Indar Trabes del que surgiría Itoiz, primero en un estilo sinfónico y luego afianzado como máximo exponente del pop-rock euskaldun de los 70-80 y considerado eslabón clave en la evolución de la música joven euskaldun.

Juan Carlos Pérez fue su apellido central. Grabaron su primer disco homónimo en 1978 y la canción Lau teilatu sería desde entonces una de las melodías pop más conocidas de Euskadi. J.C. Perez ha continuado luego como compositor de músicas televisivas y hasta clásicas, sin abandonar su faceta rockera autónoma. Hubo más grupos sinfónico rockeros como los donostiarras Sakre (con el disco Bizitako gauzak, de 1977) o los también donostiarras Atman, entre otros.

Entre los años setenta y los ochenta existieron en la capital guipuzcoana propuestas de claro cariz anglosajón como los muy rockeros Brakaman, que grabaron un LP, y sobre todo la Orquesta Mondragón, del teatrero Javier Gurruchaga y el guitarrista Jaime Stinus, luego emigrado a Barcelona para dedicarse a labores de producción musical. Ruper Ordorika había nacido en Oñati, pero vivía entre Vitoria y Bilbao. En la capital vizcaína conocería a otras mentes inquietas que formarían la llamada Pott Banda (Jimu Iturralde, Jon Juaristi, Bernardo Atxaga, Joseba Sarrionaindia). Ruper se decidió a cantar en público hacia 1976, grabó su primer disco (Hautsi da anphora ) ya en 1980 y ha personificado en su posterior trayectoria la nueva imagen del cantautor de los 80: rockerizado y acompañado por un grupo instrumental.

Además de los ya comentados Etxamendi eta Larralde, sobresalen Manex Pagola, Jean-Mixel Bedaxagar y sobre todo Peio eta Pantxoa, que consiguieron un espectacular éxito de ventas con su disco doble de 1975 e himnos patrióticos tipo Itziarren semea. Más nombres activos de la canción ipartarra han sido el grupo Guk (Beñat Sarasola, Joannes Borda, Eneko Labèguerie, Pampi Lakarien), el lírico pastor Erramun Martikorena y otros. Entre los 70 y 80 funcionó el grupo Urria, con un par de grabaciones. De él saldría Beñat Axiary, cantante experimental embarcado en numerosos proyectos estilísticos independientes y cabeza pensante de las jornadas alternativas Errobiko festibala que se vienen celebrando cada verano en la localidad de Itxassou, Lapurdi.

En 1974 apareció en Iparralde la influyente propuesta rockera Errobi (salida del grupo Orquesta del Fuego), con Michel Ducau y Anje Duhalde y con apoyos temporales como el del bajista y luego prolífico productor en Euskadi sur, Jean Phocas. Toda una inflexión estilística (Michel, Anje y el resto de los músicos procedían de la música tradicional, de la de verbenas, del jazz y hasta del conservatorio) al norte del Bidasoa, con hitos como el disco en directo Bizi bizian, grabado en Tolosa y Azkoitia en 1978 y pionero de una fórmula discográfica que se ha repetido desde entonces en docenas de experiencias similares entre los grupos rockeros de Euskal Herria. Tras la disolución de Errobi, Duhalde estuvo en el grupo de verbenas Akelarre y luego ha continuado una larga trayectoria en solitario. Ducau formó Zaldibobo y ha grabado con su mujer Caroline Philips.

Otro destacado rockero ipartarra es Niko Etxart, de Zuberoa, que comenzó actuando y grabando en París para editar su primer disco en Euskadi en 1979. El fue el iniciador de grupos como Ximinorak o Minxoriak y, aún en activo como cantante, es el responsable del estudio de grabación Kilikas. Otros nombres musicales de ultrapuertos han sido Pantxika y Gexan, Roger Idiart, Jojo eta Ramontxo, la muy bella voz de Maddi Oihenart, Pier Paul Berzaitz y otros.

La pamplonesa María Ostiz fue una excelsa voz del pop hispano más meloso y el también navarro e invidente Serafín Zubiri ha recogido el testigo del género popero romántico en los últimos años. También navarro, pero en clave artística e ideológica bien distinta de los anteriores, Joxe Anjel Irigarai fue en su día apellido influyente en el colectivo euskaldun Ez dok Amairu y dejó grabadas canciones populares como Erribera. Existieron grupos euskaldunes como Ortzadar y se oyó a cantautores muy radicalizados ideológicamente, tipo Fermín Valencia (Pamplona), Muruzabal (San Martín de Unx) o Iosu Goya (Bera-Vera de Bidasoa); todos en desnuda clave folk.

Grupos como Los Rebeldes introducirían en los años 70 el amor por las melenas y la postcultura hippy. El Disco-Club 29 de la calle Navarrería y otros locales de la zona fueron los primeros en programar ruidos foráneos, muy pronto abrazados por la juventud iruñarra en forma sobre todo de rock duro. De las cenizas de los grupos pioneros saldrían experiencias como Tubos de Plata, Sparto, Ligarza, Mugre, Kafarnaún, Kaifás, Ligarza, Nerón, School, Tocamás y otras variantes como los protopunk Tensión, de Burlada. Magdalena, grupo de rock sinfónico, grabó el primer LP rockero navarro, titulado Lanean sartzen, en el sello donostiarra IZ.