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ORNITOLOGÍA

Vertiente meridional. La vertiente meridional del País Vasco, considerablemente más extensa que la vertiente atlántica, es la que alberga una mayor variedad de biotopos. Son cuatro: pinares, quejigales, encinares y carrascales y estepas.

Pinares
En este apartado vamos a referirnos a los pinares que prosperan de modo natural en diversas partes de Navarra y Alava. La especie que los forma es el pino albar (Pinus sylvestris) que aunque originalmente tendría una distribución muy limitada en la actualidad ha invadido apreciables porciones de terreno abierto anteriormente ocupados por hayedos y robledales que en su día la mano del hombre los eliminó. Este tipo de bosque posee, al igual que el robledal, un buen estrato arbustivo lo que supone una buena cobertura para las aves con el consiguiente alto nivel de presencia de las mismas. Aquí la cifra oscila en torno a 100 aves/10 ha. Una de las diferencias en este aspecto con los robledales es que durante el período invernal los pinares albares mantienen un alto nivel de aves. Ello es debido a la mayor cobertura que estos árboles de hoja perenne ofrecen durante la fría estación. El piquituerto, el carbonero garrapinos, el herrerillo capuchino, el reyezuelo listado y la paloma torcaz (ésta durante el invierno) son las especies caracterizadoras de nuestros pinares naturales.

Quejigales
Los quejigales son también conocidos como robledales secos. La especie que los constituye es el quejigo (Quercus faginea) y otros híbridos de robles afines. Es el bosque que se instala entre los robledales y hayedos atlánticos por un lado y los encinares típicamente mediterráneos por otro. Esta situación de bosque de transición hace que la avifauna que en ellos se instala participe de las características de ambos ambientes y logre concitar un alto número de especies, aproximadamente unas 60. La densidad de aves que soporta este tipo de bosque es, merced a la alta riqueza, también alta. Aunque la situación de conservación de cada uno hace variar notablemente el número de aves que puede albergar, los mejor conservados pueden llegar a las 120 aves/10 ha. Por la mencionada característica de zona de transición no hay especies de aves que la caractericen de manera concreta. Hay que prestar más atención a las densidades de unas u otras especies y se puede encontrar un doble gradiente. De norte a sur disminuyen en presencia aquellas especies con mayor afinidad a los bosques húmedos (zorzales) y de sur a norte van siendo más escasas las típicas especies mediterráneas (curracas). Quizá es el mosquitero papialbo, por su alta densidad, la especie que mejor represente a esta formación boscosa.

Encinares y carrascales
Los encinares son los bosques climáticos de la vertiente mediterránea ibérica. La encina y la carrasca (Quercus ilex) son los árboles que los forman. Su asentamiento en las zonas más secas hace que la avifauna que forma su comunidad sea bastante diferente a la de los valles cantábricos. De hecho es lo que en ornitología se llama gremio (conjunto de especies muy afines entre sí), en este caso concretamente el gremio de las currucas, el que mejor representa a las especies de aves que acoge este bosque. Especies tales como la curruca mirlona, la cabecinegra, la carrasqueña o la rabilarga son ésas que a todos nos vienen a la mente cuando evocamos los cálidos encinares mediterráneos. Son alrededor de 60 las especies de aves que habitan los encinares mediterráneos y la densidad de aves que se reúnen bajo sus ramas es relativamente baja, unas 50 aves/10 ha.

Estepas
En el País Vasco también hay paisajes abiertos, cálidos y secos carentes de formaciones boscosas y provistos de vegetación rala. Se sitúan en el sur del territorio y más específicamente en el extremo meridional de Navarra. La avifauna de estos ambientes es pobre y poco densa como así lo imponen las condiciones físicas en las que tienen que desarrollarse. A pesar de esto, es un biotopo interesante por la diversidad que confiere al conjunto de biotopos del País. Las especies caracterizadores de este biotopo son, por un lado, el gremio de los aláudidos: cogujadas común y montesina, alondras común y de Dupont y la terrera común y, por otro, la ganga, la ortega, la avutarda y el sisón y el alcaraván. Excepto los aláudidos, que en lugares especialmente favorables pueden alcanzar densidades apreciables, la norma general es que en las estepas la densidad de aves sea muy baja sin llegar siquiera a alcanzar la decena de aves por 10 ha. Es indudablemente el contrapunto al bosque atlántico.