Topónimos

TIERRA LLANA

El territorio vizcaíno se hallaba dividido en «tierra llana», la de las anteiglesias y el territorio de las villas. Uno carecía de murallas, el otro, no. Las «tierras», que en Vizcaya se llamaban «Anteiglesias» y en Alava «Tierras esparsas», en Guipúzcoa se denominaban así, Tierras o Valles (¿balladak?) y Universidad, Colación y Comunidad y su constitución jurídica se caracterizaba por el «Fuero de la tierra», que era el fuero indígena, de tipo consuetudinario, no escrito, sino puramente de tradición y transmisión oral, lo que en el lenguaje del país se ha llamado «buenos usos y costumbres», formados al amparo de la Iglesia. Las Villas, en cambio, recibieron de los reyes, sus fundadores, Fueros que iban consignados por escrito en documentos que aun hoy se conservan en algunos casos. Este hecho diferencial (oral; escrito), andando el tiempo, dio quizás ocasión a que, por lo menos prácticamente, se subestimase la constitución jurídica de las «tierras» con sus Batzarres, sobreestimando, por el contrario, la de las Villas con sus Concejos, porque éstas podían ostentar sus Fueros en documento escrito. La tierra llana se organiza en merindades y en anteiglesias. Así, en Vizcaya, en el s. XIV, existían seis merindades: Busturia, Uribe, Arratia, Bedia, Zornotza y Markina, regidas por prestameros, merinos y alcaldes de fuero, designados por el Señor y Junta de Merindad. Las anteiglesias estaban gobernadas por un fiel regidor y cabo de milicias nombrados por la Junta de Parada o asamblea vecinal. En el s. XVI había 26 anteiglesias en la Merindad de Busturia, 32 en la de Uribe, 7 en la de Arratia, 3 en la de Zornotza, 2 en la de Markina, 2 en la de Uribe y una en la de Bedia.

Carmen CASTELLS