Personalidad vizcaina. Apoderado de Balmaseda en las Juntas Generales de Bizkaia en 1829, 1830, 1831, 1844, 1846, 1848 y 1852.
Tomó parte, entre otras comisiones, en la de Caminos (1848) y Ferrocarriles (1852). Fue Síndico segundo de las Juntas Generales (1846) y, en 1854, fue elegido Diputado General de Bizkaia por la parcialidad gamboína, compartiendo el puesto con el Diputado oñacino Juan Echevarría La Llana. En 1877, siendo Padre de la Provincia, escribió a la Diputación de Gipuzkoa la siguiente carta motivada por la penosa situación por la que atravesaba el País:
"Tengo a la vista la circular de v. s. fecha 20 del actual convocando a la Comisión permanente nombrada por las últimas Juntas Generales del Señorío para entender en los asuntos a que dio origen la ley de 21 de julio de 1876, a una sesión de la mayor importancia y trascendencia, cuya gravedad nunca se encarecerá bastante. Una fuerte caída que he sufrido en mi edad avanzada me priva de poder prestar mi asistencia, pero no por eso dejaré de consignar mi opinión, ratificando cada vez con más motivo, la que hace años vengo sosteniendo, al considerar, que realizada que fuese la poda emprendida mucho tiempo hace en el frondoso Árbol que simboliza las libertades vascongadas, era consiguiente que la segur levantada, descargase por fin sobre su trono.
En Vizcaya radica el Árbol, y a Vizcaya está reservada su defensa en el último atrincheramiento presentando al Gobierno del Rey Alfonso XII, enteramente desnuda y franca la cuestión del derecho que tiene el país aforado a separarse, pacífica y amistosamente de la Corona de Castilla; procediendo al intento dentro de la más estricta legalidad, con todos los miramientos de buenos hermanos, y conciliando la justicia con la conveniencia de la Nación al realizarse este pacto. El país aforado, era libre e independiente, y al incorporarse respectiva y voluntariamente a la Corona de Castilla, lo hizo sin perder absolutamente nada de su especial modo de ser, así fue reconocido y ratificado con la solemnidad del juramento, por una serie continuada de Monarcas, durante una serie no interrumpida de siglos.
Es pues llegado el caso, de que el país aforado, solicite legalmente la reparación de los desafueros inferidos, o se le reconozca el incuestionable derecho de formar entre el Pirineo y el Ebro, un Estado independiente, a la manera de una pequeña Suiza que siendo declarado neutral, sirva al misma tiempo de una verdadera salvaguardia para España, evitando por esta parte una invasión extranjera. Si el Gobierno, desconociendo el derecho y la conveniencia se obstinase en llevar a cabo la abolición foral, soy de parecer, de que el país debe permanecer tranquilo y resignado, echándose al suelo y dejando hacer, pero causando las más solemnes protestas, sin convenir en nada voluntariamente, para no inutilizar a los venideros en el uso de su derecho y libertad de acción, y conservando la esperanza en la justicia de Dios, y en que tal vez el tiempo y los acontecimientos, traigan consigo lícitamente, su entera libertad e independencia".
Hemos reproducido estas líneas por creer que en las mismas puede ya encontrarse un pensamiento paradigmático de lo que va a ser el aranismo.
